viernes, 20 de febrero de 2026

Extrema violencia del gobierno de Argentina ante huelga general.

Paristas acusan de traidores a gobernadores que apoyan la reforma laboral
▲ Personas que se manifestaron frente al Congreso argentino fueron desalojadas por la policía de Buenos Aires con chorros de agua a presión.Foto Afp
Stella Calloni   Corresponsal
Periódico La Jornada
Viernes 20 de febrero de 2026, p. 21
Buenos Aires., Extrema violencia y ciudades militarizadas, marcaron el paro general convocado por la Confederación General del Trabajo (CGT), que tuvo un acatamiento de 90 por ciento, al paralizar el transporte público, a lo que se sumaron denuncias del opositor bloque peronista de Unión por la Patria, Izquierda Unida y otros partidos fragmentados, sobre la traición de varios gobernadores, entre ellos algunos de esta corriente, que ordenaron a sus congresistas acompañar al oficialismo y aprobar la reforma laboral impulsada por el presidente, el ultraderechista Javier Milei, que anulará no sólo derechos de los trabajadores, sino regresa al país 100 años atrás.
Esto evidenció que el país vive una dictadura encubierta, una falsa democracia, cuando el Estado controla a los legisladores, la justicia, los medios de comunicación y entrega la nación a Estados Unidos, Israel y Gran Bretaña, como se ha denunciado, mediante la alianza derechista Juntos por el Cambio (Propuesta Republicana) y Unión Cívica Radical, ambos fragmentados.
Milei, bailando en Washington
Mientras Milei estaba en Estados Unidos, junto al presidente Donald Trump, donde apareció abrazado y cantando con su par Victor Orban, primer ministro de Hungría, en la reunión inaugural de la llamada Junta por la Paz, Argentina vivió una de las jornada más graves, después de las amenazas de la ministra de Seguridad, Alejandra Monteverde, quien acorraló a la prensa local y extranjera como denunció la Asociación de Corresponsales. La reforma laboral oficialista elimina también el estatuto del periodista y leyes constitucionales.
El paro general se cumplió en todo el país con fuertes movilizaciones en esta capital y en ciudades como Rosario, La Plata y Mar del Plata, entre otras. Jorge Solá, del Sindicato del Seguro, resaltó “el enorme acatamiento del paro general” y recordó que su organización realizó 12 movilizaciones y cuatro paros “en poco más de dos años y un mes del gobierno de Milei”, al destacar que “hemos sido consecuentes y responsables, no solamente en mantener la paz social ante la protesta, la negación al diálogo y los reclamos que hemos hecho, no solamente por las pérdidas de puestos de trabajo, del poder adquisitivo y de las prestaciones de salud, sino por el rompimiento del tejido social y productivo que se lleva adelante”.
Indicó que “este proyecto retrocede 100 años en derechos individuales, colectivos y en la búsqueda que tiene como corazón la transferencia de recursos de los trabajadores hacia el sector empleador”.
Octavio Argüello, de Camioneros, y Cristian Jerónimo, del combativo Sindicato de Empleados del Vidrio, agradecieron a los trabajadores que se adhirieron a la huelga y criticaron, no sólo al gobierno de Milei, sino a los gobernadores y legisladores que apoyaron la reforma laboral.
Argüello advirtió a los diputados: “no traicionen más a su pueblo. Llegaron por el voto de los trabajadores, del pueblo, no lo traicionen porque tenemos memoria”.
Jerónimo señaló que “no vamos a parar hasta que cambie el rumbo político y económico”, y vaticinó que “volveremos a construir una nación que otra vez le dé oportunidad a los 47 millones de argentinos”.
La imagen de una represión extremadamente violenta fue más fuerte, pero similar a lo sucedido la semana anterior contra un escaso número de manifestantes pacíficos, golpeados y brutalmente heridos, entre ellos, varios jubilados, la vanguardia de la resistencia, periodistas y fotógrafos lesionados.
Al cierre de esta edición se libraba una batalla en la Cámara de Diputados con momentos críticos y escandalosos. Se esperaba que el debate se extendiera buena parte de la noche. Quitaron micrófonos a los opositores, con un apresuramiento que evidenció las carreras de último momento de los oficialistas “libertarios” para buscar legisladores y sentarlos, ya que la discusión es punto por punto, y en esto saca a la luz la temible realidad de un proyecto que condena al país a la miseria, la desocupación, la persecución y la barrida de todos los derechos que convirtieron a Argentina en un país respetado.

Levantamiento indígena contra la privatización de ríos en Brasil
Una vez que sabemos que ni la derecha ni la izquierda van a hacer nada para salvar a la humanidad de la catástrofe, es el turno de los pueblos que están poniendo el cuerpo, y la sangre, para defender la vida y la naturaleza. Foto Ap / archivo   Foto autor
Raúl Zibechi
20 de febrero de 2026 00:01
Hoy se cumplen 30 días de la acampada de unas 600 personas de 14 pueblos indígenas de la Amazonia frente al puerto de Cargill, en Santarem. Exigen al gobierno de Lula que revoque el decreto 12 mil 600 que prevé dragar el río y que transformará las aguas del río Tapajós en una vía fluvial privatizada para transporte de soja y otros cereales*. 
Aunque el gobierno se retractó días atrás del dragado, mantiene la privatización de los ríos Tapajós, Madeira y Tocantins como parte del Programa Nacional de Desestatización, lo que significa que se traspasa la gestión y mantenimiento de esas vías, que suman 280 kilómetros sólo en el Tapajós, a grandes empresas multinacionales vinculadas al agronegocio. Esto implica la construcción de nuevos puertos privados en los que se transformará en un corredor fluvial sin haber consultado a los pueblos que viven en y con el río. 
Los monocultivos de soja y maíz están destruyendo la Amazonia, deforestando la selva y envenenando las aguas y el medio ambiente por el abuso de pesticidas. Lo que está sucediendo con uno de los principales afluentes del Amazonas, el Tapajós, es sencillamente alucinante: trenes de hasta 35 barcazas transportan granos hacia China y Europa, fueron construidos o están en proyecto 41 puertos sobre ese río donde el año pasado circularon más de 15 millones de toneladas. 
La contaminación por mercurio por la minería, legal e ilegal, y la remoción del fondo del río son los restos mayores para los pueblos. Según Rafael Zilio, al concebir un río como mera “hidrovía”, “el Estado y las grandes corporaciones del sector minero y del agronegocio perpetúan la devastación ambiental en la Amazonia”. 
En el último mes, también fueron bloqueadas la carretera al aeropuerto y el propio aeropuerto de Santarém durante algunas horas. Silvia Adoue recuerda que “los munduruku no esperaron la demarcación de su territorio por el Estado”, como pueblo procedieron a “la autodemarcación en alianza con las comunidades de pescadores”, lo que enseña la capacidad de “articulación entre pueblos con perspectivas de mundo diferentes”. 
Esta es una pequeña e incompleta síntesis de una resistencia por la vida que lleva muchos años en pie. Creo que podemos señalar algunas conclusiones de esta notable lucha. 
La primera es que se produce bajo un gobierno progresista, cuando el secretario de la Presidencia es Guilherme Boulos y siendo ministra de Pueblos Indígenas Sonia Guajajara, ambos del “radical” Partido del Socialismo y la Libertad (PSOL). Quien crea que ellos pueden hacer algo diferente a lo que desea el gran capital, está muy equivocado. Porque son los mejores representantes de las ambiciones de las multinacionales, ante el vergonzoso silencio del movimiento sindical y del Movimiento Sin Tierra (MST), cuyo objetivo principal es la relección de Lula. 
La segunda es que el capitalismo pretende, y está implementando, la completa privatización de la naturaleza para acumular más y más capital. Convertir a los grandes ríos amazónicos en carreteras fluviales plagadas de infraestructuras, es garantía de su destrucción y del aniquilamiento de los pueblos que habitan las riberas. 
La acumulación de capital no tiene límites, salvo lo que pueden hacer los pueblos y los movimientos para frenarla. Mientras los de arriba, de izquierda o de derecha y hasta los “radicales”, avalan al agronegocio, enarbolan un discurso “correcto” en el que se permiten mentir y hasta asegurar que apoyan las demandas de los pueblos originarios. El propio Boulos se había comprometido a realizar consultas antes de que comenzaran las obras, cuestión que nunca cumplió. 
La lucha es muy desigual. Cargill factura 154 mil millones de dólares cada año, cuenta con el apoyo del Estado y del gobierno brasileño, mientras los pueblos son relativamente pequeños (los munduruku son 13 mil personas), y no cuentan más que con el apoyo de otros pueblos similares, como se hizo evidente estos días. 
La tercera se relaciona con la decisión de defender la vida y la dignidad de los pueblos. El informe de Sumauma destaca que estos pueblos están en “la primera línea de resistencia al agrocapitalismo global”. Aunque son pocos, están decididos y firmes y no van a retroceder. Una mujer munduruku dijo: “Los blancos ven el río como mercancía, para nosotros es vida”. Es justo lo que vienen diciendo los pueblos originarios de todas las geografías, desde Wall Mapu hasta Mesoamérica. 
Esta resistencia en la adversidad debería ser fuente de aprendizaje para todos y todas. Una vez que sabemos que ni la derecha ni la izquierda van a hacer nada para salvar a la humanidad de la catástrofe, es el turno de los pueblos que están poniendo el cuerpo, y la sangre, para defender la vida y la naturaleza. 
*Información recogida de Silvia Adoue, Desinformémonos 5/02/2026; Rafael Zilio, Desinformémonos 11/02/2026; Guilherme Guerreiro Neto, Sumauma, 12/02/2026, y del colectivo Aldea Urbana
(https://www.youtube.com/live/vs-bSMviJw).

Cuba, espejo del mundo
Servicio de taxi en La Habana. Foto Jair Cabrera Torres   Foto autor
Pedro Miguel
20 de febrero de 2026 00:04
El régimen estadunidense está empeñado en situar a Cuba en la Edad de Piedra. El bloqueo, militar o arancelario, de las importaciones petroleras cubanas es devastador para cualquier economía, y más para la cubana, gravemente erosionada por décadas de embargo y de una agresividad imperial que se manifiesta en todos los terrenos. En esta circunstancia, la isla tiene una salida y sólo una: despetrolizar su sistema energético. 
Es un objetivo que parece irrealizable por su desmesura, por la escasez de recursos para consumarlo y por el poco tiempo disponible. Pero el país caribeño está a la altura del desafío; lo demostró a principios de los años 90 del siglo pasado, cuando el derrumbe de la Unión Soviética lo colocó en un escenario que parecía ser terminal y que, sin embargo, pudo ser superado a costa de enormes esfuerzos y sacrificios. 
Ciertamente, la tarea titánica de remplazar los hidrocarburos como fuente principal y casi única de generación eléctrica para la red y como combustibles para la locomoción no puede hacerse en una semana, en un mes o en un año. Los tiempos (particularmente) duros serán de mediano y largo plazos. 
Se puede argumentar que el poner a la isla ante semejante operación es un chiste cruel. Pero la crueldad corresponde más bien a los halcones de Washington, con el secretario de Estado Marco Rubio a la cabeza, quienes se empeñan en imponer a las y los cubanos un castigo colectivo de esos que se catalogan como crimen de lesa humanidad. 
De cualquier forma, no hay alternativa. Incluso si ocurriera en corto tiempo un colapso del trumpismo –escenario que no puede descartarse, por la brutalidad y la obscenidad de un poder mundial ejercido sin ningún contrapeso legal ni ético–, el sistema energético cubano seguiría dependiendo del exterior, porque en la isla no se han descubierto yacimientos petrolíferos significativos y aunque se encontraran, organizar su explotación tomaría muchos años. La transición energética es, pues, indispensable y acuciante. 
Pero no hay que ver la necesidad sin la virtud: en Cuba están presentes en abundancia los factores que permiten generar energía sin hidrocarburos, como irradiación solar, corrientes de viento, yacimientos geotérmicos, corrientes submarinas, oleaje, biomasa y una cincuentena de ríos aprovechables para instalaciones microhidráulicas capaces de abastecer de electricidad a localidades ribereñas. Todo suma. 
La red pública seguirá siendo indispensable, sin duda, y será necesario alimentarla con plantas de gran escala principalmente fotovoltaicas y eólicas; sin ello, todo lo demás sería meramente paliativo. Pero hay una infinidad de necesidades que pueden ser resueltas con generación distribuida, echando mano de los recursos disponibles en cada localidad para crear sistemas autónomos de generación. Los motores de combustión interna pueden ser modificados para que consuman 85 por ciento de etanol y sólo 15 por ciento de gasolina, a una pequeña fracción del costo de un vehículo eléctrico. 
Para el resto del mundo, la situación cubana exige una colaboración activa y comprometida, no sólo por un elemental sentido de humanidad y como gesto de respaldo a la legalidad internacional, violentada por el gobierno de Estados Unidos, sino también porque lo que ocurre hoy en la isla ocurrirá, tarde o temprano, en todos los países, y sin necesidad de un Trump que corte de un machetazo el abasto de petróleo: los hidrocarburos se terminarán y existe el riesgo real y concreto de que algunas naciones no estén preparadas para enfrentar tal situación. 
Antes del plazo fatal, conforme se acerque la hora cero, los precios del crudo y del gas natural se irán a las nubes y las presiones geopolíticas por el control de los yacimientos se intensificarán. Países como Francia han avanzado mucho en su preparación para ese momento, con sus plantas de energía nuclear, pero en la mayor parte de África y América Latina la transición energética seguirá siendo una asignatura pendiente. 
En el caso de México, con sus menguantes reservas de crudo, y en muchos otros, la situación cubana es un espejo en el que hay que mirarse. Las últimas décadas de disponibilidad de crudo deben ser aprovechadas para conseguir una diversificación energética basada en fuentes limpias y renovables y eso exige decisiones de Estado y planes para varios sexenios. La agresión imperial del momento exige acudir en ayuda de la isla. 
Por humanismo, por la necesidad de reafirmar la postura nacional de respeto a la soberanía y la autodeterminación y de promoción de la paz y la cooperación y porque entre los pueblos de Cuba y México hay vínculos históricos excepcionalmente largos, asentados y perdurables, hay que ayudar a la sociedad cubana a superar la amenaza existencial sobre su país que ha lanzado el trumpismo. Pero es también momento de emprender un esfuerzo sostenido y de gran escala para ir abandonando la quema de petróleo y gas como fuentes energéticas primarias.
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