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domingo, 16 de junio de 2019

Reitero una vez más.

Guillermo Almeyra / II Y Último
En mi larga vida he dicho y hecho muchas estupideces, pero jamás por interés propio sino, simplemente, porque entonces era más pendejo que hoy. Llegué a México en 1979 invitado a trabajar en el periódico Uno más Uno, dirigido por Manuel Becerra Acosta, y en la UNAM para estar en nuestro continente previendo importantes cambios y dejé para eso mi trabajo en la FAO, en Roma, donde tenía un sueldo superior.
En varias oportunidades rechacé chayotes, intentos de soborno, privilegios. Hoy, sumando mis ingresos totales con los de mi compañera desde hace 60 años, vivimos como espartanos, con el equivalente a medio salario mínimo francés, optando entre comer y comprar un libro. Por consiguiente, cuando elogio un nombramiento no me vendo.
Podré quizás equivocarme, pero sé corregirme y, además, no ignoro que los intelectuales confían demasiado en sus ideas y políticamente pueden ser muy ingenuos y hasta infantiles, como Einstein y los otros padres de la bomba atómica que creían que ésta acabaría con las guerras y pasaron por alto que Estados Unidos era capitalista, tenía un negro pasado imperialista y que los militares no eran damas caritativas. Por eso ni me hago cargo de cada una de las posiciones adoptadas en el pasado por gente que hoy respeto ni tampoco por lo que podrían hacer en el futuro.
Con respecto a Víctor Toledo o a Luciano Concheiro y otros funcionarios honestos y capaces, creo que sobrestiman su capacidad de convencer y subestiman la densidad y consistencia de las posiciones y relaciones existentes en el semiestado capitalista mexicano. En el mejor de los casos, me atrevo a predecir, en algún momento tendrán que renunciar azotando la puerta de salida, como hizo el ecologista Nicolas Hulot cuando se dio cuenta de que Emmanuel Macron lo utilizaba para engañar a los ecologistas, mientras ejecutaba la política depredadora del gran capital y desmentía una a una sus promesas electorales respecto a la eliminación de sus usinas atómicas, la política energética o el fin de la caza de fauna silvestre.
Los incendios provocados, la dependencia de Petróleos Mexicanos y del hidrocarburo, los desastres ecológicos y sociales colaterales que provocarán la usina térmica en Huexca, Morelos, el Tren Maya y el Corredor Transístmico, son una especie de bombas de tiempo que hay que desarmar lo antes posible y que pondrán a prueba a Toledo como ecologista y como funcionario estatal. Muchas veces tendrá que enfrentar la disyuntiva entre protestar en nombre de sus principios o callar y tragar sapos e incluso mentir en nombre de la cohesión del gabinete ministerial y, como por principio siempre pienso lo mejor de la gente de valor, espero que optará por los intereses del pueblo mexicano y de la entera humanidad sin traicionar sus ideas.
Dicho esto, paso a lo que para mí podría favorecer la construcción de una alternativa al capitalismo: la autorganización y el protagonismo de los deseosos de una sociedad mejor y más justa mediante el registro de las necesidades materiales y sociales comunidad por comunidad cuantificando los recursos disponibles y las carencias desde el punto de vista del empleo, la seguridad, la sanidad, la educación, la vivienda, los servicios indispensables –electricidad y agua potable– para elaborar planes locales de desarrollo aprobados por asamblea y seguido por asambleas en su aplicación diaria.
Así se constituirían en un proceso colectivo verdaderas comunas autónomas que darían la base para la autogestión social generalizada y reducirían drásticamente la violencia contra la mujeres. La formación por doquier de grupos vecinales de vigilancia, de policías comunitarias y de grupos de autodefensa pondría a raya a la delincuencia y controlaría la formación social de la juventud. Si las asambleas funcionan y controlan y la población participa masivamente, el peligro de utilización de la fuerza por grupos de delincuentes sería mucho menor, pues no podrían contar –como hoy– con el apoyo de las fuerzas armadas, las policías estatales o las autoridades corruptas.
Todo lo anterior debería ser completado con un esfuerzo especial y prioritario en la educación popular, con maestros bilingües bien remunerados, centros de enseñanza y universidades con recursos y salarios razonables y grupos de estudiantes de posgrado becados en el exterior, tal como hizo la paupérrima China en la década de los años 50, para sacar de su atraso a un país que no lee y, por tanto, no puede pensar, investigar o escribir.
Los obreros que se presentaron en Tamaulipas como candidatos independientes lograron más votos que el PRI. No hay que depender de los partidos del sistema: los trabajadores pueden organizarse democrática e independientemente si los grupos anticapitalistas les ayudan creando bibliotecas populares, Casas del Pueblo, cooperativas, círculos de instrucción y discusión gratuitos.
No hay tiempo para esperar y recibir desde arriba lo que se puede empezar a construir colectivamente desde abajo. La seguridad y la autoestima vienen trabajando y cosechando resultados. Lo que está en juego requiere, sobre todo, iniciativa y audacia.
almeyraguillermo@gmail.com

El Presidente, los migrantes y la intolerancia
El señalamiento hecho ayer por el presidente Andrés Manuel López Obrador en el contexto de su gira por Chihuahua, en el sentido de que las personas migrantes no merecen repudio y rechazo sino buen trato y apoyo, puede contribuir a moderar las expresiones de inconformidad que, en algunas ciudades de la República ubicadas en la ruta de los flujos migratorios, han encontrado eco en buena parte de la ciudadanía.
Tras exhortar a los hombres y mujeres que acudieron a un acto de presentación de programas sociales a no actuar de manera mezquina, (porque) eso se llama xenofobia, el jefe del Ejecutivo federal llamó a “no rechazar al extranjero (…) ni maltratar al forastero”, por la elemental razón de que todos los seres humanos, no importa dónde hayan nacido, tienen derecho a recibir buen trato por parte de sus semejantes.
La consideración presidencial une sentido común y sensibilidad social, y resulta muy oportuna frente a la ola de manifestaciones ofensivas contra los migrantes que, especialmente en redes sociales, han empezado a proliferar en semanas recientes, y que muestran una inquietante tendencia a subir de tono. Y es que los lugares comunes muchas veces repetidos, aun cuando no se ajusten a la realidad, encuentran fácil recepción en espacios donde carencias de diversa índole afectan a gente que, en circunstancias normales, suele ser cordial y amigable.
Se ha probado de manera irrefutable, por ejemplo, que el argumento muchas veces repetido por la derecha de todas las naciones, según el cual los migrantes (y los extranjeros en general) le quitan a los nacionales las pocas oportunidades de trabajo con que éstos cuentan, es insostenible, en primer lugar porque en términos cuantitativos el porcentaje de personas foráneas que tratan de incorporarse al ámbito laboral de los países de acogida es mínimo, y en segundo porque los trabajos que eventualmente desempeñan son, en general, despreciados por las personas locales. Las labores de recolección agrícola en California, necesarias para la economía, pero que ningún estadunidense wasp quiere hacer, son un buen ejemplo de ello.
Al margen, sin embargo, de lo que puede ser una discusión teórica acerca de la relación entre personas en tránsito y residentes, en lo inmediato es preciso impedir que la campaña antimigrante siga reuniendo adeptos, porque eso podría ser, en un futuro inmediato, el detonante de situaciones de violencia que a nadie convienen.
Naturalmente que la migración es un problema complejo en el que participan muchos factores sociales y culturales que pueden provocar roces entre los recién llegados (o en tránsito) y las comunidades que habitan sus poblados o ciudades natales, pero en tal caso, y tomando en cuenta que se trata de situaciones temporales, es necesario poner la tolerancia por encima de la confrontación, el entendimiento entre personas antes que la animadversión hacia el otro, más aún cuando el otro esté pasando por una indeseable situación de penuria y desarraigo.