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domingo, 18 de agosto de 2024

Los entusiastas, ayer de izquierdas, hoy militan en la sociedad de mercado.

Marcos Roitman Rosenmann
Fueron muchos. Las revoluciones despiertan entusiasmo. Pero a medida que se profundizan los cambios sociales, toman una prudente distancia, reconvirtiéndose en fanáticos defensores del libre mercado y la meritocracia. Escritores, ensayistas, filósofos, actores, sociólogos, profesionales mil, en América Latina y Europa Occidental, han terminado dando vítores a Bill Clinton, Barack Obama o Joe Biden, presidentes del Partido Demócrata, pertenecientes al establishment estadunidense. Sin embargo, sus gobiernos están llenos de violaciones a los derechos humanos. Constituyen un atentado a los valores democráticos. Muros en la frontera con México, detenciones ilegales, expulsiones de inmigrantes en caliente, venta de armas a gobiernos genocidas, bloqueos y sanciones arbitrarias e inhumanas. Obvian que Estados Unidos posee una de las estructuras sociales más desiguales del mundo occidental. Un orden social asimétrico controlado por las compañías de seguros, empresas farmacéuticas, armamentísticas y la banca. El complejo industrial militar, financiero, tecnológico. Quienes claman por seguir su camino, ayer entusiastas antimperialistas, hoy defienden el imperio.
En América Latina, al igual que en la Europa culta y occidental, muchos de los otrora entusiastas, son personas letradas. Sus nombres figuran en los textos de historia. Sus novelas, poemas, ensayos, son lectura obligada en los ministerios de Educación. Su pensamiento ha sido divulgado, estudiado y elogiado. Me remito a quienes, en su día, formaron parte de la gran familia de la izquierda latinoamericana y mundial. Familia rota en pedazos, con divorcios violentos. Fueron entusiastas marxistas, guevaristas, gramscianos, troskistas, maoístas, leninistas, hoy dicen caerse del guindo. Han visto la luz y proclaman la buena nueva. El capitalismo es la salvación. Estados Unidos su faro y la sociedad de mercado, la mejor de las sociedades posibles. Ellos se comprometen a ser su conciencia crítica. Se trataría de ajustar el engranaje. Entre otras, la desigualdad de género, los derechos a minorías étnicas, la brecha racial, el calentamiento global, las identidades sexuales o el libre acceso a Internet. Tareas abrazadas con la misma fogosidad entusiasta que en su etapa izquierdista. Baste recordar al octogenario ex ministro de Salvador Allende, Fernando Flores, en la actualidad un gran empresario. Adjuró del socialismo y apoya a la derecha abiertamente. En 2010 fue nombrado, durante el gobierno de Sebastián Piñera, presidente del Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad. Un entusiasta de la Unidad Popular, vivió el exilio en Estados Unidos. En la actualidad, un defensor a ultranza de los derechos del capital y un anticomunista visceral. Es un ejemplo, pongan ustedes los nombres en cualquier país.
En su ensayo ¡Escucha blanco! (1952), Franz Fanon definió a los entusiastas. “Este libro debería haberlo escrito hace tres años… Pero entonces, las verdades nos quemaban. Hoy podemos decirlas sin fiebre. (…) Su intención no es entusiasmar. Desconfiamos del entusiasmo. (…) El entusiasmo es por excelencia el arma de los impotentes, de los que calientan el hierro para forjarlo inmediatamente”. ¡Cuánta razón! Los ex revolucionarios se han transformado en fanáticos globalistas del orden del capital. Recurriendo a una analogía, Franz Fanon calificaba a los entusiastas conversos como parte de la alienación cultural, donde el negro pierde su identidad. Por penosa que pueda sernos esta constatación, estamos obligados a hacerla: para el negro sólo hay un destino. Y este destino es blanco. Para nuestros izquierdistas desilusionados del socialismo, redimirse de su pasado consiste en alabar la versión espuria de la democracia liberal. No hay alternativa, y si la hubiese, los hechos demuestran que no es deseable ni viable. La disyuntiva es en blanco y negro. Libertad o comunismo.
¿Cuándo se quebraron? ¿Qué les llevo a renunciar a los principios éticos del humanismo? ¿Por qué amasan tanto odio al socialismo? La respuesta no puede seguir la misma estela que los entusiastas, centrados en descalificar, insultar y adjetivar. Son emprendedores de cruzadas, armados con diatribas y tópicos. Aquí excluyo a los defensores de siempre de la sociedad de mercado ubicados en la razón neoliberal, apellídense como se apelliden.
Las tibiezas humanas y las ansias de protagonismo, compra voluntades. El dinero no siempre es el medio utilizado para sumar entusiastas a la militancia liberal. Estatus y poder no se reflejan siempre en una cuenta bancaria. Premios científicos, literarios, publicidad en medios de comunicación social, publicación de sus obras, visibilidad institucional, todo suma. Es la manera de patrocinar a los entusiastas conversos. Puede que algunos hayan ocupado puestos de responsabilidad en gobiernos, ser ex presidentes, ministros, senadores, diputados, la familia de los ex es amplia. En situación de crisis, ellos cobran relevancia, inciden en la opinión pública, tienen cobertura institucional, se les entrevista, sus columnas de opinión se traducen a diferentes idiomas y se reproducen ampliamente. La derecha política y social les da cobijo. En su nuevo rol de entusiastas, guardan un secreto, son el vivo retrato del personaje de Oscar Wilde: Dorian Grey. Hoy, Venezuela es el objetivo.

Chicago, “la tercera ciudad mexicana de EU”, acoge la Convención Demócrata
Interior del United Center en Chicago, Illinois, donde se llevará a cabo la Convención Nacional Demócrata, que confirmará a la fórmula de Kamala Harris y Tim Walz como candidatos a la presidencia y vicepresidencia de Estados Unidos. 
Foto Afp.   Foto autor
David Brooks y Jim Cason, corresponsales
17 de agosto de 2024 17:19
El blues urbano, los mártires de Chicago, las luchas centenarias de inmigrantes, el 68 y los “siete de Chicago”, las marchas de migrantes más grandes del siglo, la bolsa mercantil donde se decide la vida o muerte de productores agrarios a nivel mundial, Benito Juárez, la tercera ciudad mexicana del país, todo frente a un mar sin sal - el lago Michigan – que será escenario de la Convención Nacional Demócrata la próxima semana.
De repente aparece, sin nada que ofrezca previo aviso y en medio de una cuadra que antes era una plaza, Haymarket Square, el sitio donde nació los que se festeja alrededor del mundo - con la excepción de Estados Unidos - cada Primero de Mayo. Ahí hay un monumento medio raro, de figuras sin rostro, que registran los hechos del 4 de mayo de 1886, cuando durante un mitin del movimiento por la jornada laboral de 8 horas - el cual había organizado una mega marcha de 80 mil trabajadores el primero de mayo – alguien arrojó una bomba matando a varios policías y otros, por lo cual líderes anarquistas fueron culpados y cuatro de ellos enjuiciados y ejecutados, los que se conocen mundialmente como “los mártires de Chicago”.
Foto La Jornada
Placas alrededor de la base del monumento colocadas por centrales obreras y sindicatos de varias partes del mundo, incluyendo una del Frente Auténtico del Trabajo de México, otras de federaciones laborales de Alemania, Argentina, Francia y una del AFL-CIO, con mensajes sobre la solidaridad proletaria, mantienen vivos los fantasmas de este sitio que sigue teniendo vigencia contemporánea en la lucha y defensa de los derechos laborales tanto aquí como alrededor del mundo.
También ofrecen una advertencia a los que se atreven a resistir y rebelarse, de los extremos a que pueden llegar los represores de expresiones de lucha popular, algo que critican organizadores de una marcha de protesta que se esta organizando a las afueras de la convención demócrata.
Algunos señalan qué hay paralelos con lo sucedido en esta ciudad en el verano de 1968, cuando el Partido Demócrata realizo su convención nacional aquí en medio de una guerra cada vez más impopular (Vietnam), protestas estudiantiles nacionales, y poco después de que un presidente demócrata abandonó su candidatura para su relección (Lyndon B. Johnson) por esa guerra. En 1968, las protestas en Chicago de miles contra la guerra y por los derechos civiles fueron violentamente reprimidas en lo que algunos llamaron un motín policíaco, bajo ordenes de un alcalde y caudillo demócrata Richard Daley. Parte de la represión fue el famoso juicio de los supuestos líderes de las protestas que se bautizaron como los “7 de Chicago”. Pero hoy día, el alcalde es alguien considerado progresista egresado del gran sindicato de los maestros, y la cúpula demócrata desea evitar una repetición del 68 - vale recordar que perdieron la elección presidencial ese año - aunque algunos activistas y periodistas tienen nostalgia.
La convención se realizará en una ciudad que por sí sola sería la vigésima economía más grande del mundo. Es una ciudad llena de su pasado migrante - polacos, italianos, alemanes, irlandeses, puertorriqueños, centroamericanos pero sobre todo es en gran parte una metrópolis mexicana. La cultura mexicana tiene su estampa a través de la ciudad, desde la gastronomía a murales y artes plásticas y por supuesto en la música. Y hasta estatuas de Benito Juárez en pleno centro, el Museo Nacional de Arte Mexicano, y las federaciones y clubes de oriundos y los barrios mexicanos de Pilsen y La Villita, entre otros.
Estatua de Benito Juárez en Chicago, Illinois. Foto La Jornada
La “mexicanización” de Chicago tiene una historia compleja nutrida por décadas de inmigración de Michoacán, Guanajuato, Jalisco y varios estados más al punto de que hoy día una de cada cinco personas en esta ciudad se identifican como mexicanos.
La migración interna desde otras partes de Estados Unidos también ha moldeado esta ciudad, sobre todo por la de los afroestadunidenses de los campos del sur que llegaron a las industrias de esta urbe. El blues de Chicago es manifestación viva de esta migración, con el blues acústico rural que nace en el sur enchufándose a la electricidad industrial urbana. B.B. King, Buddy Guy (cuyo club sigue funcionando a veces con la presencia del icono) y otros sigue siendo parte de la ruta sonora que se escucha hoy día aquí.
Foto La Jornada
Aquí entre los discursos y foros del magno espectáculo de la Convención Nacional Demócrata, y las protestas afuera, esta ciudad sigue sabiendo como mantener el ánimo en medio de tiempos difíciles, e insistir que a pesar de todo lo que se padece y sufre, también se tiene que festejar otro día de vida, o sea, aquí se sabe cantar el blues.