Páginas

lunes, 6 de abril de 2026

En domingo de Pascua, el papa León XIV insta a líderes mundiales a poner fin a las guerras.

Reuters
05 de abril de 2026 10:35
El papa León XIV saluda a la multitud desde el balcón principal de la basílica de San Pedro para transmitir el mensaje Urbi et Orbi y la bendición a la ciudad y al mundo, en el marco de las celebraciones de Pascua, en la plaza de San Pedro del Vaticano, el 5 de abril de 2025. 
Foto: Afp   Foto autor
Vaticano. El papa León XIV instó ⁠este domingo, en su mensaje de Pascua, a ⁠los líderes mundiales a ⁠poner fin a los conflictos que asolan el mundo y a abandonar cualquier ambición de poder, conquista o dominación.
Robert Francis Prevost, quien se ha erigido en crítico abierto de la guerra de Irán, lamentó en un mensaje especial dirigido a las miles de personas reunidas en la Plaza de San Pedro que "nos estamos acostumbrando a la violencia, nos resignamos a ella y nos volvemos indiferentes".
"¡Que quienes tienen armas en sus manos las abandonen!", exhortó el primer Papa ⁠estadunidense. "¡Que quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz!".
León ⁠XIV no mencionó ningún conflicto específico en el mensaje, conocido como la bendición "Urbi et Orbi" (a la ciudad y al mundo). Fue inusualmente breve y directo.
El Papa, que también tiene la nacionalidad peruana, dijo que la ‌historia de ‌la Pascua, cuando la Biblia cuenta que Jesús resucitó de entre los muertos tres días después de no resistirse a su ejecución en la cruz, muestra que "la fuerza con la que Cristo resucitó no es violenta".
"En este día de fiesta, dejemos a un lado toda voluntad de disputa, de dominio y de poder, ‌e imploremos al Señor que conceda su paz al mundo asolado por las guerras y marcado por el odio y la indiferencia", instó el Papa.
León XIV, conocido por elegir cuidadosamente sus palabras, ha estado criticando enérgicamente los conflictos violentos del mundo en las últimas semanas y ha intensificado sus críticas a la guerra de Irán.
En un sermón para la vigilia de Pascua del sábado por la noche, instó a la gente a no sentirse adormecida por la magnitud de los conflictos que asolan el mundo, sino a trabajar por la paz.
Hizo un inusual llamamiento directo al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ⁠el martes, instándole a encontrar una "vía de salida" para poner fin a la guerra de Irán.
En su discurso desde el balcón de la Basílica de San ⁠Pedro este domingo a la plaza situada debajo, decorada con miles de flores de vivos colores para la festividad, León XIV ofreció breves saludos de Pascua en diez idiomas, entre ellos el latín, el árabe y el chino.
Prevost también anunció que volvería a la basílica el 11 de abril para celebrar una vigilia de oración por la paz.

México SA
Urge: Trump, al manicomio // Contradicción permanente // Paz, en manos de dos asesinos
Carlos Fernández-Vega
▲ Saturan gasolinera en Karachi, Paquistán en medio del aumento de los precios de la gasolina por el conflicto bélico de Estados Unidos e Israel contra Irán.Foto Afp
Queda claro que tras la ilegal agresión a Irán, la solución del conflicto en Medio Oriente rebasó todo límite político-militar y ha pasado al ámbito netamente siquiátrico, por lo que Donald Trump no puede permanecer en la Casa Blanca ni ésta sostener al genocida Benjamin Netanyahu. Si existe un interés real para solucionar lo que ocurre (desde hace alrededor de ocho décadas) en esa zona del planeta y a la par lograr un reordenamiento mundial, lo primero que hay que hacer es recluir al magnate naranja en un manicomio y en una cárcel de máxima seguridad a Bibi, su titiritero.
La ostentosa derrota político-militar (no se menciona la ética, porque carece de ella) en su más reciente aventura guerrerista (siempre para apoyar al genocida Netanyahu) ha llevado a Trump a dar patadas de ahogado, porque de su preanunciada “victoria en un par de días” ha pasado a un comportamiento alocado, a la contradicción permanente, al estire y afloje; a decir barbaridad y media, que lejos de promover rutas alternativas de solución sólo retroalimenta el conflicto. Entre lo más reciente, por ejemplo, Trump pasó de: “es posible que alcancemos un acuerdo, porque Irán quiere llegar a uno más que yo”, a proponer un alto el fuego (que la nación persa rechazó) y “encargar” a “otros” la reapertura del estrecho de Ormuz, “porque no necesitamos el petróleo” que por ahí se transporta, a amenazar con “enviar a la Edad de Piedra” a los iraníes, y a exigirles que “abran el estrecho, bastardos locos, o vivirán el infierno”.
Ayer, textualmente, en su Truth Social aseguró que el próximo martes “será el día de las centrales eléctricas y el día de los puentes, todo en uno, en Irán. ¡No habrá nada igual!”, en referencia a la importante ruta marítima que Teherán ha cerrado de facto (el estrecho de Ormuz) desde que Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra Irán hace más de un mes. “Abran el puto estrecho, bastardos locos, o vivirán en el infierno; ¡YA VERÁN!; ¡SÓLO MÍRENLO! Alabado sea Alá; si no hacen algo antes del martes por la noche, no tendrán centrales eléctricas ni puentes en pie” ( La Jornada).
Y en medio de esos vaivenes (palo o zanahoria), destituye a la cúpula militar estadunidense, bombardea instalaciones nucleares (dedicadas a generar electricidad; es decir, con fines pacíficos), escuelas (cómo olvidar a las 165 niñas asesinadas), viviendas civiles, fábricas de alimentos, puentes que facilitan el comercio internacional y demás objetivos no militares iraníes, con lo que refuerza su condición de criminal de guerra, al igual que Netanyahu en Gaza y ahora en el sur del Líbano.
La respuesta llegó de inmediato: el ministerio de Asuntos Exteriores de Irán condenó los ataques estadunidenses contra infraestructura civil en su país, y afirmó: “no lograrán doblegar a la población iraní. Esos ataques sólo transmiten la derrota y el colapso moral de un enemigo sumido en el caos; cada puente y edificio será reconstruido más fuerte y la verdadera pérdida será para Washington; lo que nunca se recuperará será el daño causado al prestigio de Estados Unidos”. Además, sostuvo, “el estrecho de Ormuz sigue abierto y sólo permanece cerrado para los buques de los países enemigos, y no hay razón para que ellos pasen por el estrecho; a quienes consideramos amigos les hemos permitido el paso” ( Rusia Today).
Tales amenazas, subrayó, “son un indicio de una mentalidad criminal y equivalen a una incitación a crímenes de guerra y de lesa humanidad; amenazar con atacar la infraestructura crítica de un país, el sector energético, significaría que se quiere poner en riesgo a toda la población; esto es criminal”. Por si hubiera duda, la Armada del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán advirtió que el estrecho de Ormuz “jamás volverá a ser como era, especialmente para Estados Unidos e Israel; es la verdadera arma de Irán; estamos completando los preparativos operativos para un nuevo orden en el golfo Pérsico” ( ídem).
En pocas palabras, la paz internacional no puede estar en manos de enfermos mentales como Trump y su titiritero, y en la medida en que no les ponga un hasta aquí, día a día crece la inestabilidad global. ¿Hasta cuándo, pues?
Las rebanadas del pastel
Como es su costumbre, en su agresión a Irán Trump socializa las pérdidas y privatiza las ganancias: “las petroleras se han fortalecido impulsadas por el precio del crudo, que en la guerra contra la nación persa ha escalado cerca de 60 por ciento, el mayor repunte de su historia. Y los beneficiarios (con precios por barril por arriba de 100 dólares) son magnates que apoyaron a Donald Trump, según especialistas” ( La Jornada, Clara Zepeda).
Twitter: @cafevega   cfvmexico_sa@hotmail.com

Desigualdad: un acercamiento
La eliminación de la pobreza es la obligación moral primordial y no la de reducir la desigualdad. La consecución de la primera puede, en efecto, en ciertas circunstancias, llevar a la reducción de la segunda. Foto Cuartoscuro / Archivo   Foto autor
León Bendesky
06 de abril de 2026 00:05
¿Es inmoral la desigualdad social? La cuestión ocupa un lugar prominente en los debates contemporáneos. Propongo aquí apenas un par de posturas con respecto a un extenso debate en el análisis de la sociedad. 
Harry G. Frankfurt, antiguo profesor de filosofía moral en diversas universidades de Estados Unidos, sostuvo que, en efecto, la brecha de los recursos económicos entre aquellos que tienen mucho dinero y los que tienen menos crecía muy rápido. Este fenómeno es claramente apreciable hoy en dos sectores diversos, como son el financiero y el de la tecnología asociada con la integración de las herramientas digitales; ambos afectan en modo decisivo el funcionamiento de la economía, las relaciones sociales y el control político. 
Ciertamente, quienes concentran una mayor riqueza tienen una significativa ventaja competitiva respecto a los demás. Se trata no sólo de lo más evidente, que es la mayor capacidad de consumo, sino que tal ventaja se extiende de modo notable y ostensible en la influencia social y política. 
La postura de Frankfurt al respecto es controvertida, como no podría ser de otra manera dada la naturaleza del debate que propició (Sobre la desigualdad, 2015). Sostiene que no hay nada intrínsecamente injusto en la desigualdad económica y lo relevante no es que todos tengan la misma cantidad de dinero (o riqueza), sino que todos tengan lo suficiente. La igualdad económica no la considera una idea moral convincente. El asunto esencial es la condición de escasez de recursos dinerarios y no dinerarios (acceso a servicios, educación, salud, vivienda, seguridad, etcétera) y no la brecha entre ricos y pobres. 
Hay en esto una contraposición con el liberalismo igualitario, que busca conciliar la libertad individual con la igualdad social. Rawls parte de la concepción de la justicia como equidad, donde se promueven las libertades básicas junto con la reducción de las desigualdades sociales y económicas. Considera el principio de las diferencias, que sólo se justifican si mejoran las condiciones de aquellos que se rezagan. Por otro lado, como contrapunto, está la radical crítica de Nietzsche sobre la pretensión del igualitarismo, del cual afirmaba que propicia una mentalidad de manada y suprime la excelencia individual. 
Para Frankfurt lo que importa es la suficiencia. La eliminación de la pobreza es la obligación moral primordial y no la de reducir la desigualdad. La consecución de la primera puede, en efecto, en ciertas circunstancias, llevar a la reducción de la segunda. Y señala que: “El objetivo principal es reparar una sociedad en la que muchos tienen carencias de distinto tipo y magnitud mientras que otros derivan una utilidad y una influencia que van a la par de tener mucho más que lo suficiente”. 
De lo que se trata según esta tesis es que todos tengan lo suficiente, más que todos tengan lo mismo. Se abre, entonces, un debate que plantea que no es asequible ni aun deseable la meta de una absoluta igualdad económica o algo que se le parezca. La cuestión concierne al nivel actual de la amplia desigualdad existente y su tendencia a acrecentarse y cómo esto repercute en la coexistencia de la pobreza o la escasez con la afluencia excesiva. 
Branko Milanović aborda esta última cuestión de la coexistencia de la pobreza con la afluencia. Argumenta, en contra de Frankfurt, que los elevados niveles de la desigualdad son, en efecto, problemáticos, y los son incluso en el caso en que todos mejoraran su posición relativa en cuanto a los ingresos. Por lo tanto, la desigualdad es un asunto relevante, puesto que proponer como objetivo tener lo suficiente hace a un lado los efectos políticos que provoca la elevada desigualdad económica y social asociada con la enorme brecha de los ingresos y la riqueza. 
Argumenta Milanović que atender primordialmente a “tener lo suficiente” por encima de lo que significa la desigualdad en términos relativos, es una manera de evadir las cuestiones estructurales asociadas con la distribución del ingreso. Esto se refiere a cómo se diseñan y cómo funcionan las economías y la manera en que se privilegia a los grupos que concentran la mayor parte del ingreso y la riqueza a lo largo del tiempo, a expensas de los otros. 
Frankfurt aplica el criterio moral para situar el asunto de la desigualdad en el otro extremo. Si asienta que el problema tiene que ver con la suficiencia en la parte baja de la pirámide de ingreso, lo hace también para la parte más alta. Los muy ricos tienen sin duda mucho más de lo necesario para vivir bien. Extraen una parte sustancial de la riqueza generada. Esto asemeja, dice, una forma de glotonería económica, a la manera de quienes comen en demasía para efectos nutricionales o por placer gastronómico. Y sigue: además del daño sicológico derivado de la glotonería, ésta presenta un espectáculo desagradable y moralmente ofensivo.

Miles de toneladas de alimentos y medicinas, detenidos por la guerra
Conflicto en Medio Oriente afecta a millones en Asia y África
▲ La ONU reporta que es la interrupción de la cadena de suministros más significativa desde 2020. En la imagen, una mujer de Kenia luego de recibir su ración de comida.Foto Ap
Ap
Periódico La Jornada   Lunes 6 de abril de 2026, p. 24
Tel Aviv., Grupos de ayuda advierten que la guerra en Medio Oriente trastocó su capacidad de llevar alimentos y medicinas a millones de personas necesitadas en todo el mundo y que el sufrimiento se agravará si la violencia continúa.
El conflicto no sólo ha cortado rutas marítimas vitales, creando una crisis energética global; también está alterando las cadenas de suministro de los grupos de ayuda, obligándolos a usar rutas más costosas y que consumen más tiempo.
Vías claves como el estrecho de Ormuz han quedado, en la práctica, cerradas, y también se han visto afectadas rutas desde centros estratégicos como Dubái, Doha y Abu Dhabi. Los costos de transporte se han disparado por el aumento del combustible y de las primas de seguro, lo que significa que con la misma cantidad de dinero se pueden entregar menos suministros.
El Programa Mundial de Alimentos afirma que tiene decenas de miles de toneladas de alimentos con fuertes retrasos en tránsito. El Comité Internacional de Rescate tiene medicamentos valorados en 130 mil dólares destinados al devastado Sudán varados en Dubái y casi 670 cajas de alimentos terapéuticos para niños con desnutrición severa en Somalia detenidas en India. El Fondo de Población de Naciones Unidas señala que ha retrasado el envío de equipos a 16 países.
Los fuertes recortes de Estados Unidos a la ayuda exterior ya habían debilitado a muchos grupos de ayuda, que sostienen que la guerra está agravando el problema.
La Organización de Naciones Unidas (ONU) dice que esta es la interrupción de la cadena de suministro más significativa desde la pandemia por covid-19, con aumentos de costos de hasta 20 por ciento en los envíos y demoras a medida que las mercancías son desviadas. Y la guerra está creando nuevas emergencias, como en Irán, y también en Líbano, donde al menos un millón de personas han sido desplazadas.
“La guerra contra Irán y la interrupción del estrecho de Ormuz corren el riesgo de sobrepasar los límites de las operaciones humanitarias”, advirtió Madiha Raza, directora asociada de asuntos públicos y comunicaciones para África del Comité Internacional de Rescate.
Incluso cuando cesen los combates, añadió, el impacto sobre las cadenas de suministro globales podría seguir retrasando durante meses una ayuda que salva vidas.
La guerra ha obligado a las organizaciones a encontrar nuevas formas de transportar mercancías: algunas están evitando el estrecho de Ormuz y el canal de Suez y desviando los buques alrededor de África, lo que añade semanas a la entrega. Otras están usando un método híbrido, que incluye transporte terrestre, marítimo y aéreo, lo que incrementa los costos.
Jean-Cedric Meeus, jefe de transporte y logística global de Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), explicó que su agencia está utilizando una combinación de rutas terrestres y aéreas para enviar vacunas a Nigeria e Irán a fin de que lleguen a tiempo para las campañas de vacunación, pero los costos se han disparado.
Alto costo de combustibles debilita la ayuda humanitaria
Antes de la guerra, Unicef enviaba vacunas a Irán en avión directamente desde proveedores de todo el mundo. Ahora está enviando las vacunas a Turquía en avión y trasladándolas por carretera a Irán, lo que ha incrementado los costos en 20 por ciento y ha añadido 10 días al tiempo de entrega, precisó.
Sav+ora tendrá que trasladar las mercancías en camión desde Dubái a través de Arabia Saudita y luego en barcaza cruzando el mar Rojo, indicó. La ruta añade 10 días e incrementa los costos en alrededor de 25 por ciento, en un momento en que más de 19 millones de sudaneses enfrentan inseguridad alimentaria aguda. La demora pone en riesgo a más de 90 centros de atención primaria de salud en todo Sudán de quedarse sin medicamentos esenciales, señaló.
Reservas podrían agotarse en cuestión de semanas
El alza de precios también significa que las organizaciones deben elegir qué priorizar: “Al final, sacrificas o el número de niños a los que atiendes o la cantidad de artículos que puedes permitirte comprar”, afirmó Janti Soeripto, presidenta de Save the Children en Estados Unidos. El grupo indicó que tiene reservas en los países donde trabaja, pero que algunas podrían agotarse en cuestión de semanas. El aumento de costos también está afectando la capacidad de las personas para buscar ayuda dentro de sus países.
Médicos Sin Fronteras dijo que el alza de los precios del combustible en toda Somalia –donde unos 6.5 millones de personas padecen inseguridad alimentaria aguda– ha elevado los costos de transporte y de los alimentos, dificultando que la gente reciba atención. En Nigeria, el Comité Internacional de Rescate afirma que los precios del combustible han aumentado 50 por ciento y que las clínicas tienen dificultades para alimentar equipos, como generadores, y los equipos móviles de salud han reducido sus operaciones.
Una de las mayores preocupaciones es el impacto que la guerra tendrá sobre el hambre mundial.
El Programa Mundial de Alimentos advierte que, si el conflicto continúa hasta junio, 45 millones de personas más padecerán hambre aguda, sumándose a los casi 320 millones de personas que enfrentan hambre en todo el mundo.
Alrededor de 30 por ciento del fertilizante mundial pasa por el estrecho de Ormuz y, con la temporada de siembra por delante en zonas como África oriental y el sur de Asia, los pequeños agricultores de países pobres se verán duramente afectados. Sudán importa más de la mitad de su fertilizante del golfo y Kenia aproximadamente 40 por ciento desde allí, según los grupos de ayuda.
El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, estableció un grupo de trabajo para facilitar el comercio de fertilizantes –modelado a partir de la Iniciativa de Grano del mar Negro–. Pero los grupos de ayuda dicen que eso no será suficiente. Si no hay un alto el fuego, sostienen, los gobiernos deben aportar más financiación para que las organizaciones respondan al aumento de costos.
Expertos humanitarios señalan que ha habido una respuesta internacional más lenta para financiar la ayuda durante esta guerra en comparación con conflictos anteriores como Ucrania, lo que podría reflejar una presión creciente para invertir en seguridad por encima de la ayuda, en un momento en que el mundo está convulsionado.
“Están tomando decisiones difíciles entre la seguridad de defensa y la ayuda humanitaria” comentó Sam Vigersky, investigador de asuntos internacionales en el Consejo de Relaciones Exteriores, que ha escrito sobre el impacto de la guerra en la ayuda.
“No es un problema de capacidad, es de política”
Indicó que cuando Estados Unidos entra en guerra, normalmente existen disposiciones para la ayuda, pero no se han estado “activando” esas disposiciones. “No es un problema de capacidad, es una decisión de política”, sostuvo.
Tommy Pigott, portavoz adjunto principal del Departamento de Estado de Estados Unidos, dijo que su nación ha sido el “país más generoso del mundo” en lo que respecta a la ayuda humanitaria.
El departamento indicó que liberaría 50 millones de dólares adicionales en asistencia de emergencia para Líbano, incluido para el Programa Mundial de Alimentos, y que trabaja estrechamente con Naciones Unidas y otros para atender las necesidades humanitarias.

La guerra contra Irán, amenaza a la comida
Además del desastre militar y político que significa para el gobierno estadunidense, la guerra contra Irán lanzada por Washington y Tel Aviv hace un mes se traduce también en consecuencias desastrosas para la economía, el comercio y la agricultura mundiales. Hace una semana, la Organización de Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (Unctad) dio a conocer un preocupante informe sobre las consecuencias potencialmente catastróficas que la prolongación del cierre del estrecho de Ormuz puede tener en el estrechamiento del suministro de fertilizantes para la agricultura mundial “en plena temporada de siembra de primavera, cuando los países y los agricultores suelen comprar fertilizantes para la próxima cosecha”. El organismo advierte que el rendimiento de los cultivos podría disminuir y que “las economías menos desarrolladas del mundo tienen la menor capacidad para absorber crisis y son las que sentirán los efectos con mayor intensidad”.
Ciertamente, el efecto más comentado de las dificultades a la navegación en ese paso marítimo introducidas por la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán es la disminución de los suministros petroleros –20 por ciento de ellos pasan por el estrecho de Ormuz– y el encarecimiento de los hidrocarburos en los mercados internacionales. A tal fenómeno deben agregarse el incremento de los seguros marítimos, la consiguiente subida de las tarifas de transporte, el impacto inflacionario resultante y “presiones sobre las finanzas públicas y presupuestos familiares”.
Aunque en México la producción nacional de hidrocarburos puede amortiguar en cierta medida el impacto de la carestía en este rubro, en el de fertilizantes nuestra balanza comercial es mucho más deficitaria: en 2024, el país exportó 339 millones de dólares de esos insumos agrícolas e importó mil 920 millones. En ese contexto, debe analizarse con especial preocupación el señalamiento de la Unctad en el sentido de que el aumento de los costos del combustible, los fertilizantes y el transporte pueden reducir la producción de alimentos y aumentar la inseguridad alimentaria, especialmente en países con alta dependencia de las importaciones.
Si bien en el sexenio pasado la producción nacional de fertilizantes se incrementó 145 por ciento, tal esfuerzo sigue siendo insuficiente y la dependencia del exterior es aún un punto sumamente vulnerable para el agro mexicano y, por consiguiente, para el abasto alimentario de la población. Con esas consideraciones en mente, es claro que la autosuficiencia alimentaria no sólo depende de que el país produzca su propia comida, sino también de que lo haga con insumos agrarios de origen nacional, lo que implica, entre otros temas, avanzar en la reconstrucción de la petroquímica secundaria, saqueada y desmantelada durante el periodo neoliberal, impulsar procesos de aprovechamiento de la biomasa que genera el agro y reforzar la colaboración entre el Estado y todas las modalidades de producción agraria.