miércoles, 26 de diciembre de 2018

60 años: el ejemplo cubano.

Pedro Salmerón Sanginés
La derecha sin ideas (¿dónde están quienes combatían al marxismo con base en Dilthey, Bergson, Croce, Ortega…?) que supone que la caída del modelo soviético es el fin de la historia (el triunfo eterno del capitalismo), descalifica todo proyecto que no se ajuste al canon neoliberal como comunista. Nada tiene de comunista un proyecto como el de Morena que no se plantea suprimir la propiedad privada de los medios de producción, sino alentarla, pero hablemos de comunismo. Reitero que hay que volver a poner en el centro de la discusión pública la economía política y recuperar, tras una despiadada crítica histórica, la idea del comunismo.
Advirtiendo que no tenemos intención ninguna de repetir el experimento cubano, en estos días que se cumplen 60 años del triunfo de la revolución, hay que recordar, más allá de las críticas de moda, que esa revolución fue un ejemplo en muchos sentidos. Quiero recordar dos.
El primero es elemental: una isla bajo asedio, sin recursos minerales ni energéticos, con población escasa y mayoritariamente rural, que en pocos años logró lo que parecía un milagro en América Latina: en sólo un año (1961, año de la educación), el porcentaje de analfabetos pasó de 23.6 por ciento a 3.9 por ciento y pocos años después, Cuba fue declarado por los organismos internacionales, libre de analfabetismo. Pensar en un país bajo asedio en que se desterró la desnutrición y en que todos los niños iban a la escuela, era un milagro. Pensemos que México tiene hoy una tasa de analfabetismo mayor que la de Cuba en 1962.
Pero el ejemplo cubano también fue un ejemplo de interpretación de la historia: durante el régimen de Stalin, el movimiento comunista se convirtió en una religión seglar que creó una auténtica iglesia con sus dogmas, sus rituales, su jerarquía y su inquisición (E. Teray). Para América Latina, esos dogmas (traducidos por Earl Browder o Vicente Lombardo Toledano, entre otros), esas leyes de la historia (tan ineluctables como las leyes del mercado en que creen los neoliberales), dictaban que en los países de economía subdesarrollada, semifeudal, que aún no habían desarrollado al máximo las potencialidades del capitalismo industrial, la revolución socialista era imposible. Intentarla, contraproducente.
Los estrategas de los partidos comunistas latinoamericanos decidieron que nuestros países estaban en esa situación y resolvieron que los comunistas debían impulsar la revolución democrático-burguesa, aliándose con la burguesía nacionalista para combatir al imperialismo y a la oligarquía terrateniente. Esa alianza (llamada frente popular por la Internacional Comunista de Stalin), debía establecer un gobierno nacional-popular que realizara la reforma agraria, la expropiación de las trasnacionales de los sectores estratégicos, la legalización de los partidos obreros y una política exterior independiente. Hecho eso, la revolución socialista llegaría ineluctablemente.
El triunfo de la revolución cubana acabó en esa lectura de la historia. Y posteriormente, el Che Guevara teorizó sobre ello: para el Che, ese esquema no sólo tenía el pecado del mecanicismo (en doble sentido: la ineluctabilidad de la Revolución; la ineluctabilidad de las etapas del desarrollo histórico): además, surgía de una lectura equivocada de la burguesía latinoamericana: la experiencia cubana mostró una burguesía que prefería la sumisión al imperialismo que la revolución democrático-burguesa.
Contra ese esquema, el Che planteaba que no son los hombres, los que hacen la revolución, es decir, que ésta no es un resultado de las leyes de la historia, sino de la acción de los revolucionarios. Así refutaba el Che las lecturas mecánicas del marxismo, cuyo exponente más importante en Latinoamérica era entonces Vicente Lombardo Toledano. Regis Debray dijo en un famoso libro (Revolución en la revolución) que una de las grandes lecciones del ejemplo cubano es que la revolución es posible. De ahí el célebre aforismo guevarista, El deber de todo revolucionario es hacer la revolución.
Además, como todo verdadero revolucionario, el Che proponía cambiar al hombre. Dice Michel Löwy (El pensamiento del Che Guevara): Para él también, la tarea suprema y última de la revolución era crear un hombre nuevo, un hombre comunista, negación dialéctica del individuo de la sociedad capitalista, transformado en hombre-mercancía enajenado o capaz de convertirse, gracias a la maquinaria imperialista, en un animal carnicero. La transformación radical de la sociedad exige la de las estructuras mentales de los individuos mediante la educación y la elevación del nivel cultural: El hombre comunista debe ser necesariamente un hombre interiormente más rico y más responsable, vinculado a los otros hombres por una relación de solidaridad real, de fraternidad universal concreta; un hombre que se reconoce en su obra y que, una vez rotas las cadenas de la enajenación, alcanza su plena condición humana.
Hay mucho que aprender, a 60 años de la revolución cubana.
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2018: irrupción del evangelismo político y pederastia clerical
Bernardo Barranco
La irrupción del evangelismo político en América Latina y la desgastante crisis de pederastia clerical son dos fenómenos persistentes que se caracterizaron en 2018. Vayamos por partes.
Los escándalos de la pederastia clerical continúan. En Chile, Irlanda, Pensilvania e Illinois, en Estados Unidos. Las denuncias acontecen ante respuestas desgastadas de la estructura eclesiástica. La crisis de pederastia no sólo ha sacudido al Vaticano sino incide en la conducción de la Iglesia del papa Francisco. Renuncia en pleno del episcopado chileno por pederastia.
En enero de 2018 el papa Francisco realiza, en Chile, una de las visitas más tensas de su pontificado. La sociedad chilena estaba muy sensible por la pederastia clerical y molesta con los encubrimientos de los obispos locales. El Papa en Chile defiende a los obispos, en especial a Juan Barros, obispo de Osorno señalado encubridor del pederasta Karadima. Esto crea una monumental indignación y Francisco se ve obligado a ordenar una investigación. El resultado es que el Papa estuvo mal informado. Así lo sostiene Francisco en una carta y en mayo convoca a todos los obispos chilenos a Roma. Después de un día de silencio y oración, todos y cada uno de los obispos le presenta su renuncia.
En agosto, se publicó en Pensilvania, Estados Unidos, el informe de Gran Jurado de la fiscalía, después de dos años de investigaciones. Que revela que durante 70 años ha habido más de 300 sacerdotes abusadores de por lo menos mil víctimas. Ese mismo mes, en la visita del Papa a Irlanda, muy sensible por los abusos sexuales de clérigos, se desata una rebelión del ex nuncio Carlo Maria Viganò, quien pidió la renuncia del papa Francisco al asegurar que conocía, desde junio de 2013, las acusaciones de abusos sexuales que pesan sobre el cardenal Theodore McCarrick, quien fue sancionado en junio pasado por el pontífice. El Papa convoca a una cumbre en febrero de 2019 para enfrentar globalmente la pederastia clerical en la Iglesia católica.El cardenal George Pell, ministro de Finanzas del Vaticano y considerado el número tres del papa Francisco, ha sido declarado culpable de haber abusado sexualmente de dos menores de edad en Australia. Y finalmente otro duro golpe, hace unos días: según reveló la fiscal general de Illinois, la Iglesia católica encubrió los nombres de al menos 500 sacerdotes acusados de abuso sexual a menores.
Por otro lado, en 2018 se experimentó en América Latina la irrupción de un evangelismo político pentecostal que se hizo presente en campañas electorales que cimbran el carácter laico del Estado. ¿Existe un voto religioso? ¿Estamos ante la emergencia del voto de obediencia pentescostal? El crecimiento de evangélicos en la región a más de 25 por ciento, replantea las estrategias de la clase política. Sobresale Brasil con el triunfo de Bolsonaro, México no escapa a esta ola con la peculiar presencia del PES en las elecciones del 2018. Si bien no alcanzó su registro como partido, tiene una numerosa bancada legislativa tanto en la Cámara de Diputados como en la de Senadores, una gubernatura y varias alcaldías. Y resalta, el comportamiento movedizo de Andrés Manuel López Obrador ante lo religioso en el ámbito político.
Otro hecho que sobresale en 2018, es la toma de posesión del cardenal Carlos Aguiar Retes, el 5 de febrero, como nuevo arzobispo de la arquidiócesis primada de México, sustituyendo a Norberto Rivera. Recibe una diócesis hecha pedazos, burocratizada, sin brío pastoral, Aguiar Retes prepara una posible división de la arquidiócesis como en San Pablo, Madrid o París. Y enfrenta una abigarrada oposición de laicos y clérigos norbertistas que se han atrincherado contra el nuevo arzobispo. En abril de 2018, en pleno proceso electoral en México, causó gran controversia, la revelación del obispo de Chilapa, Guerrero, Salvador Rangel, de que se había reunido con el crimen organizado para demandar agua y electricidad para algunas comunidades y que cese la violencia electoral, ya que en la zona se había asesinado a 13 candidatos. La mediación del prelado fue avalada por los obispos mexicanos pese a la reconvención de Gobernación y del INE. En octubre, a 50 años del movimiento estudiantil, de la masacre del 2 de octubre, se destaca la tibia y condescendiente actitud de casi todos los obispos, con excepción de Sergio Méndez Arceo, ante el gobierno represor de Gustavo Díaz Ordaz. No podemos cerrar este recuento sin destacar que en marzo el papa Francisco aprueba la canonización de monseñor Óscar Arnulfo Romero, llamado también Mártir de América, por su artero asesinato en San Salvador, en 1980. La ceremonia de canonización se llevó a cabo en Roma el 14 de octubre ante el beneplácito de las corrientes progresistas de católicos en América Latina.