domingo, 12 de julio de 2020

Cuatro apuntes sobre un país que se derrite.

Eric Nepomuceno
Al anochecer del viernes se supo que en 24 horas Brasil tuvo mil 270 nuevas víctimas fatales del Covid-19. Casi 53 por hora. Casi una por minuto. Con eso, superó la marca de las 70 mil muertes causadas por el coronavirus, y la del millón 800 mil infectados
Vale recordar: oficialmente, el primer caso de una víctima de Covid-19 registrado en Brasil ocurrió el 26 de febrero. El 19 de junio, es decir, pasados 114 días, se llegó a un millón de infectados.
Ahora, las proyecciones de investigadores, universidades y especialistas indican que entre martes y miércoles de esta semana llegaremos a dos millones de infectados y 80 mil muertos.
En solamente 25 días se llegará al doble de contaminados por el coronavirus; es decir, casi cinco veces más.
Hay un detalle aterrador en esos números: es que no son reales.
Hay indicios, acorde a centros de investigación, de que en verdad serán, esta semana, 12 millones de infectados y que cuando se llegue a la marca de 80 mil muertos las víctimas fatales serán de por lo menos 130 mil.
Bolsonaro dio seguidas e intensas muestras públicas de desprecio absoluto a la ciencia, la lógica y la lucidez, instando a sus seguidores más fanáticos a ignorar la realidad.
Provocó aglomeraciones, participó de manifestaciones antidemocráticas y dijo y reiteró que las mascarillas sanitarias son cosas de maricón. Al tiempo: llama la atención la reiterada mención de Bolsonaro a la cuestión de la sexualidad. Te adoro, pero de manera hetero, insiste al demostrar afección por otro hombre.
Además, la falta de una política nacional coordinada de combate al avance de la pandemia fue reemplazada por una política genocida impuesta a partir de la presidencia de la República, ejercida por un genocida desequilibrado, y está directamente relacionada a la tragedia que no hace más que crecer y crecer en Brasil.
Desde hace casi dos meses un general del Ejército está al frente, como interino, del Ministerio de Salud. Todos los puestos clave están esparcidos entre uniformados. Los esfuerzos conjuntos tienen un solo objetivo: enmascarar la realidad.
Bolsonaro admitió el pasado martes que contrajo el Covid-19. Y en seguida empezó a aparecer en las redes sociales tejiendo loas a la cloroquina, tan criticada por autoridades sanitarias, médicos, investigadores y la misma Organización Mundial de Salud no sólo como inocua, sino arriesgada cuando se usa como arma de combate al Covid-19.
No tiene ninguna eficacia científica comprobada, y puede causar daños colaterales gravísimos, incluso fatales.
Se empieza a dudar, en Brasil, que Bolsonaro haya efectivamente sido infectado. ¿Por qué?
Por la propaganda desenfrenada que hace de la cloroquina, cuyos mayores productores o son cercanos del clan presidencial, o es el propio Ejército.
Y además, Bolsonaro es Bolsonaro. Y como su ídolo Donald Trump elogió la cloroquina como algo mágico, sigue a su guía.
Trump, es verdad, impuso una política que fue casi-casi tan genocida como la de Bolsonaro. Pero luego desistió de propagar las maravillas de la cloroquina.
El sueño central del ultraderechista brasileño era emular a su ídolo. Pues está a punto de superarlo en estupidez, desequilibrio y genocidio.
2. El viernes se confirmó el nombre del nuevo ministro de Educación. Se trata de Milton Ribeiro, un pastor evangélico que se dice abierto al diálogo. Bolsonaro asegura que se trata de alguien determinado a seguir y defender los valores de la familia cristiana.
Milton Ribeiro, en un pasado reciente, que borró de las redes sociales, defendió que los niños deben ser educados con dolor, es decir, maltratados con violencia, y dijo que el ataque (y asesinato) de una joven de 17 años por un profesor de 33 debería ser entendido como resultado de una pasión enloquecida, ya que la muchacha había dado al asesino muestras de que también estaba enamorada, reproduciendo lo que veía en televisión.
Es el cuarto ministro de Educación nombrado por Bolsonaro.
El primero fue un colombiano ultraderechista que no se llevaba bien con el idioma hablado en Brasil. El segundo, un brasileño que asesinaba el mismo idioma. El tercero, un tipo que mentía en el currículo. Y ahora, esta bestia.
3. Mientras se destroza el medio-ambiente, las quemas en la Amazonia se multiplican y naciones indígenas son diezmadas.
Los más poderosos empresarios del agro-negocio se levantan contra el ultraderechista que ayudaron a llegar al poder: presionan por medidas urgentes contra la devastación desenfrenada no sólo permitida, también incentivada, y de repente empiezan a defender lo que antes depreciaban.
Es que fondos multimillonarios amenazan con sacar sus inversiones de Brasil; naciones europeas amenazan con suspender importaciones del agro-negocio, y el país sudamericano se transformó en un paria global.
4. Hasta la niña fea de Oaxaca, el más doloroso de mis abandonos, desapareció. ¿Y por dónde anda Julieta Venegas y su patio?
¿Hasta cuándo aguantaré?

Mirar al sur
Amenaza de genocidio para pueblos indígenas de Brasil, Covid podría ser la puntilla: expertos
Ángel Guerra Cabrera
Nadia Rubaii y Julio Araujo Junior, investigadores sobre genocidio de las universidades de Binghamton y Estatal de Río de Janeiro denuncian en The Conversation las políticas seguidas por el presidente Jair Bolsonaro contra los pueblos indígenas de Brasil. Los madereros, mineros y agricultores han violado agresivamente los derechos de los pueblos originarios a la autodeterminación, al aislamiento y a la tierra… a veces con el respaldo explícito del gobierno de Bolsonaro. Recuerdan que una de las primeras medidas del ultraderechista fue suprimir las protecciones ambientales en la región, vitales para la supervivencia de los pueblos originarios. La deforestación ha aumentado un 34 por ciento desde 2018, pero en tierras indígenas ha alcanzado un 80 por ciento, subrayan. Puntualizan que seis partidos políticos han denunciado esta emergencia en el Tribunal Supremo.
Añaden que según el derecho internacional el delito de genocidio requiere la intención de destruir, total o parcialmente un grupo basado en su nacionalidad, etnia, raza o religión. Aunque a menudo implica matanzas explícitas, también puede incluir causar daños graves a una población y destruir su forma de vida.
Como expertos en la prevención de atrocidades masivas y los derechos indígenas, continúan: Hemos observado con alarma cómo Brasil mostraba señales de que este último tipo de genocidio estaba en marcha. Los factores de riesgo y las señales de advertencia pueden estar latentes durante años en un país, es un proceso. “Ahora el Covid-19, que está matando a cientos de personas indígenas, podría ser la puntilla… la ‘chispa’ que conduzca a una mortandad masiva. Por su parte, el contagiado Bolsonaro vetó disposiciones sustantivas de una ley para atenuar la vulnerabilidad de los indígenas al nuevo coronavirus, pese a que ya afecta a 10 mil 341 y 408 han muerto según cifras conservadoras. Los originarios están a horas por agua o aire del médico más cercano, su sistema inmune es deficiente y es casi imposible que mantengan el distanciamiento social, reportan organizaciones indígenas.
Twitter: @aguerraguerra