miércoles, 31 de marzo de 2021

México SA

Economía, enferma desde hace 40 años // Hacienda vaticina crecimiento de 5 %
Carlos Fernández-Vega
▲ El titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Arturo Herrera, sacó su bola de cristal y en ella encontró un mágico mensaje: en 2022 la recuperación económica será mayor a la estimada previamente y el crecimiento del PIB rondaría 5 por ciento.Foto Yazmín Ortega Cortés
No se sabe si amaneció de buenas o de plano tiene el optimismo desbordado, pero el hecho es que el secretario de Hacienda, Arturo Herrera, sacó su bola de cristal y en ella encontró un mágico mensaje: en 2022 la recuperación económica será mayor a la estimada previamente y el crecimiento del producto interno bruto (PIB) rondaría 5 por ciento, una proporción similar a la por él mismo visualizada para el presente año. Ello, porque el panorama mejora y el rebote dependía de la forma en que nos hemos adaptado y respondido a la pandemia.
Sin embargo, aún si se materializara el presagio del optimista vidente de Hacienda y se consideraran los resultados del primer bienio de gobierno, entonces el balance del cuatrienio (2019-2022) sería positivo, pero extremadamente limitado, pues el promedio anual de crecimiento en ese periodo apenas sería de 0.35 por ciento.
De cualquier suerte, es viable el augurio de Herrera (que básicamente apuesta a la vacunación masiva y al paquete de estímulo del presidente Biden), porque en casi todas las crisis económicas que ha padecido el país –que son muchísimas– a la pronunciada caída del PIB en un año dado, al siguiente se registra un fuerte crecimiento, aunque no siempre dicho avance resulta suficiente para tapar el profundo cráter abierto por la sacudida.
Por ejemplo, en 1932 (con Pascual Ortiz Rubio en la Presidencia y producto de la Gran Depresión) la economía mexicana se hundió casi 15 por ciento, pero en 1933 el PIB mexicano registró un crecimiento cercano a 11 por ciento; en 1995 la crisis derivada de los llamados errores de diciembre provocó que el producto se desplomara 6.5 por ciento, aunque en 1996 se registró un crecimiento de 5.2 por ciento. Los mismo con la sacudida de 2009, cuando se hundió 6.75 por ciento y en 2010 avanzó 5.5 por ciento. En los tres casos las cifras positivas no alcanzaron a tapar el profundo hoyo causado por la sacudida. Entonces, el pronóstico de Herrera no resulta descabellado, pero hay que ver para creer.
Sin embargo, como bien lo advierte el Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC), “la inercia heredada por el modelo neoliberal –esperar los efectos de la reactivación de la economía estadunidense o el gasto social asistencial– no será suficiente para superar los desafíos de la nueva realidad estructural que vive el país. Por ello, México tiene la oportunidad de enfrentar la nueva realidad que se ha generado en la economía nacional y global si pondera adecuadamente los retos que se han creado a raíz de la recesión que se enfrenta”.
La reconstrucción de la economía mexicana puede avanzar a través de la ruta del desarrollo industrial para generar un entorno de inversión productiva que revierta los efectos estructurales de la minusvalía productiva que trascendió 2020 y que ha llevado a un nuevo retroceso del PIB en el primer trimestre de 2021, anota el IDIC.
La aparición del Covid-19 encontró un sistema productivo con baja capacidad para crear valor agregado, por ello el promedio de crecimiento durante la primera parte del siglo XXI (Fox-Peña Nieto) fue de 2 por ciento. Ahí se presentó el bicho: un problema de salud pública que encontró a una economía que ya estaba enferma desde hace 40 años, subraya el citado instituto.
Para el IDIC es necesario considerar la desaparición de muchos establecimientos en la economía mexicana, porque ello muestra no sólo la magnitud de la contracción en la coyuntura, sino la reducción en la capacidad de creación de empleo e inversión que el sistema productivo tendrá a corto y mediano plazos. Además, un primer trimestre (de 2021) con caída económica atribuible a la nueva realidad del sistema productivo: menor capacidad para generar crecimiento económico.
Las rebanadas del pastel
La Fiscalía General de la República investiga a Carlos Romero Deschamps por depósitos acumulados de 309 millones de pesos, reveló el presidente López Obrador, con base en información de la Unidad de Inteligencia Financiera. Qué bueno, pero la pesquisa no debe tomar mucho tiempo, porque el salario oficial del ex líder petrolero era de 28 mil 636.50 pesos netos mensuales, de tal forma que para reunir lícitamente la citada cantidad debió trabajar en Pemex 900 años, sin gastar un solo centavo de su estipendio. Entonces, ¿cuándo lo enchiqueran?
cfvmexico_sa@hotmail.com

Reformas y élites
Luis Linares Zapata
Detrás de cada una de las reformas llamadas estructurales, implantadas durante los 40 años de neoliberalismo, anidó un mentirosa campaña de propaganda. Pretendieron, y en cierta medida lograron, inducir en el ánimo colectivo la existencia de una maltrecha realidad que era imprescindible modificar. A continuación, quisieron exponer, a la ciudadanía, supuestas y múltiples bondades de tal o cual reforma. El horizonte al que podía accederse dibujaba una vida distinta, idealmente mejor que la saturada de problemas y limitantes. No había, en la realidad de estos supuestos nada que impidiera acceder a un iluso mundo mejor. Para lo cual se tenían que cambiar las leyes –incluso la Constitución– que impedían la modernidad. Y, a continuación obligada, llegaron como cascada indetenible las reformas que, según promesas, aseguraban el progreso. Ya fuera que se tratara de las relaciones laborales (precarizante), las pensiones (negocio bancario), educación (control sindical), salud (privatización), aparato judicial o las mismas elecciones (IFE-INE) y el rejuego partidario, la de telecomunicaciones, el tránsito de Fobaproa al IPAB (rescate bancario) la de transparencia y competencia económica (dogmas de mercado). Pero, entre todas éstas, una era la que se antojaba pletórica de venturas: la compleja y deseable industria energética (negocio privado externo).
En tan visionario y conveniente empeño se agruparon recursos y ambiciones que debían trastocar una arraigada cultura de años. Los promotores del esfuerzo constructivo de horizontes se catalogaron, a sí mismos, como los heraldos del porvenir. Se consolidó así un macizo grupo de poder al mando de instrumentos y recursos masivos. Todo debía caer por el mismo peso de la gravedad controlada desde la cúspide decisoria. Había retobos, incomprensiones y resistencias, oposiciones sociales y políticas que –prometían– serían superadas con facilidad. En primer lugar, por las bondades de las reformas propuestas. En posteriores etapas, por la capacidad operativa de las instituciones bajo el comando de las élites responsables. Si esto no fuera suficiente, se empeñarían los recursos financieros disponibles junto con la fuerza del Estado.
Ese fue, en apretado resumen, el proceso seguido para, según rezo del credo neoliberal, instaurar de principio a fin el modelo de gobierno concentrador que rigió a lo largo de cuatro decenios.
Durante tan cruento periodo, los mexicanos entraron en un largo y penoso tiempo de explotación inmisericorde. Las transferencias de la riqueza producida se canalizó, sin contemplaciones, hacia los merecedores de incontables privilegios. Fueron ellos, precisamente, los que las indujeron en grosero traslado de ideas nacidas en las metrópolis centrales. La mayoría del pueblo no entró en sus planes de mejora. Las justificaciones para aprobar las reformas ni siquiera hicieron referencia a quienes las llevarían, con penas varias, a término. En unas cuantas décadas la succión de recursos con destino a las cúpulas modificó el reparto de la riqueza y los ingresos: 80 por ciento para los pocos de arriba y 20 por ciento a los millones de abajo. De sopetón, aparecieron grupos de empresas y empresarios atiborrados de prestigios y cuantiosas utilidades, casi todos enganchados a las ubres públicas. Los acompañaban una capa de profesionistas, gerentes, asesores y trabajadores especializados (clase media) que les daban sustento. A cambio, recibían parte del pastel en alegres y fáciles remuneraciones. Al mismo tiempo se consolidaron también los indispensables intelectuales orgánicos a esos proyectos de cambio difundido como estructural. Las correas de trasmisión entre esa parte de la población y las cúpulas cumplieron su cometido en forma de manejables partidos políticos. Todo pareció transitar sobre ruedas. Salvo que el desastre que se alojaba en la base social crecía en la misma medida que lo hizo el saqueo.
Para consolidar tan injusto modelo fue necesario llenarlo con trampas legales y aceitarlo con creciente corrupción. Justificar el flagrante desequilibrio, en la apropiación de la riqueza producida, requirió de todo un enjambre de jueces a modo, legisladores aquiescentes, comunicadores y medios incrustados en el mismo cuerpo central. Las complicidades con agentes externos en varias formas (inversionistas) completaron el cuadro.
Es decir, todo un complejo mundo de participantes que poblaron el insostenible modo de vida ahora conocido a detalle. La rebelión de 2018 cambió, de súbito, el panorama. Surgió, con fuerza inusitada y decidida, una visión enfocada, de manera intransigente, hacia los de abajo. Trajo, también, el arribo de actores empeñados en trastocar el intolerable estado de cosas. Así, llegó el tiempo de las transformaciones actuales. Ellas implican sumergirse en un sinfín de rupturas y propuestas que, sin duda, provocan reacciones al afectar a un grueso núcleo acostumbrado al poder y los privilegios.