Escepticismo de China e India por la operación militar especial // Moscú critica que el plan de la ONU para liberar granos destina sólo 2.4% a las naciones pobres
▲ Líderes de las ocho naciones que integran la Organización de Cooperación de Shanghái se reunieron durante dos días en Samarkanda, Uzbekistán.Foto Afp
▲ El primer ministro de India, Narendra Modi, y el presidente ruso, Vladimir Putin.Foto Afp
Juan Pablo Duch Corresponsal
Periódico La Jornada Sábado 17 de septiembre de 2022, p. 21
Moscú. Al hacer anoche un balance de su participación en la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), que durante dos días se celebró en la ciudad uzbeka de Samarkanda, el presidente Vladimir Putin destacó que el refrendo de las relaciones con los países que forman parte de ésta –China e India, en primer término– crean condiciones para el desarrollo de la economía rusa, lo cual adquiere especial relevancia en el contexto de las sanciones de Estados Unidos y sus aliados.
El titular del Kremlin –al responder a las preguntas de los reporteros rusos que lo acompañaron en este viaje, cuya versión estenográfica difundió el servicio de prensa de la presidencia– acusó a los países occidentales de utilizar a Ucrania en lo que llamó su afán de provocar la desintegración de Rusia, igual que, dijo, lo hicieron antes hasta provocar el colapso de la Unión Soviética.
El mandatario ruso aprovechó sus encuentros cara a cara con los líderes de los estados miembros de la OCS –con los cuales refrendó los tradicionales nexos que mantiene Rusia con China, India, Pakistán, Kazajistán, Kirguistán, Uzbekistán y Tayikistán– para explicar de nuevo sus motivos para lanzar lo que llama operación especial militar en Ucrania, pero todo indica que Moscú no pudo conseguir el respaldo explícito de sus dos principales socios en Asia, que son Pekín y Delhi.
Llamó la atención de los comentaristas locales que en el comunicado oficial chino sobre el encuentro entre Putin y Xi Jinping (el jueves) ni siquiera hay una línea en la que se mencione a Ucrania y que, en las primeras palabras que pronunció en el fragmento que se vio en la televisión rusa, el jefe del Ejecutivo ruso manifestó que desde luego voy a intentar explicar nuestra posición, frase que hizo pensar que el líder chino, quien intenta mantener un difícil equilibrio en sus relaciones con Rusia y Estados Unidos, no está muy contento con la campaña militar rusa en Ucrania.
Aunque Putin y Xi se profesan muestras públicas de simpatía recíproca y se llaman mi querido amigo, el líder chino –al realizar una visita de Estado a Kazajistán previa a la cumbre de la OCS en Uzbekistán– evidenció la importancia que Pekín concede a Astana, como vuelve a denominarse la capital kazaja, en su iniciativa de la Franja y la Ruta como alternativa terrestre principal.
India, en cambio, abogó por negociar el fin de la guerra. Al comienzo de la reunión del presidente ruso con el primer ministro indio, Narendra Modi, le dijo a Putin, ayer, que sé que (esta) no es época de guerras y le recordó que para India democracia, diplomacia, diálogo son las herramientas más importantes para lograr soluciones.
Putin respondió a Modi: Hacemos todo lo posible por detener esto (la guerra), pero desgraciadamente el gobierno de Ucrania rechaza negociar, quiere alcanzar sus objetivos por la vía militar, como dicen en el campo de batalla.
Más tarde, a pregunta expresa de un reportero ruso, Putin insistió en que Ucrania se niega a negociar, aunque el presidente Volodymir Zelensky matizó el domingo que lo único que no acepta es diálogo con ultimatos. La primera condición para negociar (con Ucrania) es que ellos acepten. Pero ellos no quieren. El señor Zelensky ya dijo, no me acuerdo dónde, pero públicamente, que no está preparado y rechaza hablar con Rusia. No está preparado, y ni falta hace, señaló Putin, quien advirtió que la campaña militar continuará hasta liberar por completo el Donbás.
Mencionó por primera vez, muy de pasada, la contraofensiva ucrania en Járkov y otras regiones. Dicen que lanzaron una contraofensiva, veremos en qué acaba, indicó y, para atenuar el malestar que provocó el repliegue de las tropas en los sectores más belicistas, añadió: Hay que tomar en cuenta que no está combatiendo todo nuestro ejército, sólo los soldados que tienen contrato, pero, a pesar de ello, estamos avanzando en el Donbás, no a ritmo acelerado, pero sí sostenido y cada vez ocupamos nuevas posiciones.
Al no referirse de modo directo a la iniciativa que promueve el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, con quien se reunió este viernes, Putin dio a entender que no tiene sentido reunirse con Zelensky en Estambul mientras éste no acepte las condiciones rusas.
El mandatario ruso expresó su malestar por la forma en que se está cumpliendo el pacto para desbloquear los puertos turcos y exportar los cereales ucranios. Subrayó que de los 121 buques que han zarpado con granos, sólo tres se dirigieron a países pobres, algo así como únicamente 2.4 por ciento, dentro del programa alimentario de la Organización de Naciones Unidas.
El gobernante agregó que las tierras ucranias hace tiempo que son propiedad de compañías estadunidenses, que son las que sacan los cereales que les pertenecen en realidad.
Y en lo que tiene que ver con la otra cara del pacto, las exportaciones de fertilizantes rusos, que siguen enfrentando dificultades con el transporte, los seguros y otros aspectos logísticos, el jefe del Kremlin sostiene que la Comisión Europea tomó una decisión que tildó de vergonzosa: Sólo levantó las sanciones a los fertilizantes que van a los países de la Unión Europea. ¿Y qué pasó con su preocupación por los países pobres?, se preguntó.
Azerbaiyán y Armenia: choques en el segundo frente
Maciek Wisniewski
1. El martes pasado, por primera vez desde hace 30 años de un −en gran parte congelado− conflicto armenio-azerí sobre la enclave montañosa de Nagorno Karabaj (bit.ly/3RR1mvA), Azerbaiyán atacó las defensas aéreas y posiciones de artillería de su país vecino en territorio de la Armenia propia (al menos 100 militares armenios murieron, junto con unos 50 soldados azeríes). Este acto que sigue una serie de ataques de Bakú a posiciones de los separatistas armenios de la republiqueta de Artsaj de finales de julio (bit.ly/3eYGoMI), no sólo rompe la frágil tregua, sino que constituye una importante escalada. La guerra entre Armenia y Azerbaiyán estalló con la desintegración de la URSS y fue ganada por el lado armenio gracias al mayor acceso al equipo militar postsoviético y una ayuda de la diáspora armenia de Occidente. El alto el fuego se mantuvo desde 1995 hasta 2020, cuando Azerbaiyán −respaldado esta vez por abundantes ingresos del gas y petróleo y apoyado y armado por Turquía− tomó una revancha y reconquistó buena parte Nagorno Karabaj. Desde aquel entonces Azerbaiyán hacía todo para acaparar más y más de este territorio −reconocido internacionalmente como su parte, pero poblado por una mayoría armenia−, hasta ocupar ahora 10 kilómetros cuadrados dentro de la frontera armenia.
2. En todo este conflicto, la UE no es un observador imparcial como se presenta −mediando y queriendo introducir sus fuerzas de disuasión−, sino un facilitador del agresivo militarismo azerbaiyano que, a su vez, es un proxy del panturquismo y del expansionismo neootomano de Ankara. Al firmar un acuerdo para el suministro de gas con Bakú –para diversificarse más allá de Rusia y volverse hacia socios más fiables y fiables (supersic) (bit.ly/3xw8vto)− la UE está empoderando no sólo un país expansionista que, junto con Turquía, explícitamente clama “a acabar lo que quedó ‘pendiente’” tras el genocidio armenio al principio del siglo XX (sic), sino una dictadura hereditaria de los Aliyev, cuyos índices de la democracia están muy por debajo de los de... la propia Rusia o Bielorrusia (hasta aquí los tan sonados valores europeos ). Son estos realineamientos energéticos (politi.co/3BpyUKe) como consecuencia de la invasión rusa a Ucrania, junto con algunos llamados de “abrirle a Rusia ‘el segundo frente’” (bit.ly/3DrJkMg) los que están detrás de la escalada reciente.
3. Estos ataques se atribuyen tanto al aumento de confianza de Bakú, respaldada por la UE (y EU), como a la creciente incapacidad de Rusia para vigilar sus esferas de influencia a raíz de su desastrosa guerra en Ucrania. Si bien tras la guerra de 2020 −en la que Putin fungió como mediador negociando los términos de la tregua y enviando luego a Nagorno Karabaj 2 mil efectivos en una misión de paz y observación− Rusiasalió como uno de los ganadores, confirmando su influencia en el Cáucaso (Azerbaiyán y su patrón Turquía eran los principales victoriosos), hoy su posición regional se ve muy diferente: con problemas mayores en mente (contraofensiva ucrania), sin mucha capacidad de intervenir, perdiendo mucha par-te de su peso. El mejor ejemplo de ello es el rechazo para activar la cláusula de defensa mutua de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), la alianza militar postsoviética, de la que Ereván y Moscú son miembros, a pesar de que el ataque azerí fue en contra del propio territorio armenio −en el pasado este tratado nunca fue invocado, ya que no abarca a Nagorno Karabaj/Artsaj−, algo que evidenció tanto la debilidad de Rusia como la precaria situación de seguridad de Armenia.
4. El tipo de argumentos que Armenia es un aliado de Rusia, por tanto se lo merece o intentos de traducir el contexto de Nagorno Karabaj a las líneas del conflicto Rusia-Ucrania, son una simplificación excesiva. El prorrusismo de Ereván −que por ejemplo se ha distanciado de la invasión a Ucrania− es, en gran parte, resultado de la falta de opciones de una pequeña nación sandwicheada entre grandes potencias (Rusia, Turquía e Irán), y donde ni siquiera los pocos esquemas disponibles funcionan: tanto la OTSC como la Unión Euroasiática son organismos pro forma. Y si hay un aliado incondicional de Rusia en la región, es paradójicamente Azerbaiyán, uno de los principales compradores de armas rusas que dos días antes de la invasión rusa a Ucrania formalizó su alianza con ella (sic) (bit.ly/3eYDJTe), manteniéndose luego en silencio sobre el reconocimiento ruso a partes del territorio ucranio (Donietsk/Lugansk), cuando frente a Nagorno Karabaj es un arduo vocero del principio de integridad territorial.
5. Una de las ironías de la reciente escalación azerí-armenia que ya se salió de las fronteras de Nagorno Karabaj es que si bien es un punto que evidenció lo bajo de la capacidad de reacción rusa en el Cáucaso, ha sido precisamente la reconquista azerí de 2020 que sirvió de ejemplo para Putin (véase: bit.ly/3LhsSjD) −aun con todas las grandes diferencias del contexto, respecto el derecho internacional, etcétera−, de que con poco riesgo y poco costo sí se puede recobrar un territorio en disputa (aunque pareciera que al final el ocupante del Kremlin sacó de allí todas las lecciones equivocadas). Aun así, es sintomático que el lenguaje que precedió la invasión rusa a Ucrania que culpaba la misma víctima por la agresión –que Moscú sólo respondía a provocaciones ucranias, que reaccionaba a las violaciones del cese de fuego, a las atrocidades ucranias en contra de los civiles, etcétera− es exactamente el mismo que Azerbaiyán usó ahora para justificar su ataque a Armenia.

