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Foto/AFP
Washington, 20 de febrero .-- Pedro Yudel Bruzón buscaba a alguien en Estados Unidos que respaldara su intento de solicitar asilo, cuando llegó a una página en Facebook llena de publicaciones que pedían hasta 10.000 dólares por un patrocinador financiero.
Es parte de un mercado clandestino que surgió desde que el gobierno del presidente Joe Biden anunció que aceptaría 30.000 inmigrantes cada mes que llegaran por vía aérea desde Venezuela, Cuba, Nicaragua y Haití. Los solicitantes del programa probatorio humanitario (“Parole Process” o “proceso bajo palabra”, un programa para solicitantes de asilo) necesitan a alguien en Estados Unidos, por lo general un amigo o familiar, que prometa brindar apoyo financiero durante por lo menos dos años.
Bruzón, quien vive en Cuba, no conoce a nadie que pueda hacer eso, así que buscó en línea. Pero tampoco tiene dinero para pagar un patrocinador y no está seguro de que las ofertas —o quienes las hacen— sean reales. Le preocupa ser explotado o terminar como víctima de una estafa.
“Lo llaman ‘parole’ humanitario, pero no tiene nada que ver con ser humanitario”, dijo Bruzón, de 33 años, quien agregó que tiene dificultades para alimentarse a él y a su madre con lo que gana como guardia de seguridad en La Habana. “Todos quieren dinero, incluso las personas en la misma familia”.
No está claro cuántas personas en Estados Unidos pueden haber cobrado a los inmigrantes por patrocinarlos, pero los grupos de Facebook con nombres como “Sponsors U.S.” (Patrocinadores EE.UU.) tienen docenas de publicaciones que ofrecen y buscan patrocinadores financieros.
Varios abogados de migración dijeron que no pudieron encontrar una ley que prohíba a las personas cobrar dinero por patrocinar beneficiarios.
“Mientras todo esté correcto en el formulario y no haya declaraciones fraudulentas, puede ser legal”, dijo la abogada Taylor Levy, quien trabajó durante mucho tiempo en la frontera cercana a El Paso, Texas. “Pero lo que me preocupa son los riesgos en términos de ser traficados y explotados. Si involucra mentir, podría ser fraude”.
Además, señaló, “parece un contrasentido” pagarle a alguien para que prometa brindar apoyo financiero.
El abogado Leon Fresco, exasesor principal de Chuck Schumer, líder de la mayoría en el Senado, dijo que cobrar por ser patrocinador es una “zona gris” (un vacío legal) y que Estados Unidos debería enviar un mensaje contundente contra su práctica.
Kennji Kizuka, abogado y director de política de asilo de la organización no gubernamental International Rescue Committee (Comité Internacional de Rescate), que reubica a los recién llegados a Estados Unidos, dijo que este tipo de cosas suceden con cada programa estadounidense nuevo que beneficia a los migrantes.
“Parece que algunos simplemente van a tomar el dinero de la gente y la gente no obtendrá nada a cambio”, dijo Kizuka.
Levy dijo que tal explotación en torno a un programa estadounidense similar para ucranianos llevó al gobierno a publicar una guía en línea sobre cómo detectar y protegerse contra los ardides de trata de personas.
Una maquinación común con los programas de inmigración se conoce como fraude notarial e involucra a personas que se hacen llamar “notarios públicos” que cobran grandes sumas de dinero. En Latinoamérica, el término se refiere a abogados con credenciales especiales, lo que lleva a los migrantes a creer que son abogados que pueden brindar asesoramiento legal. En Estados Unidos, los notarios públicos simplemente están facultados para ser testigos de la firma de documentos legales y emitir juramentos.
En otro ardid, alguien se hace pasar por funcionario estadounidense y pide dinero. El gobierno de Estados Unidos señala: “No aceptamos Western Union, MoneyGram, PayPal ni tarjetas de regalo como pago por las tarifas de inmigración”.
El Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS, por sus siglas en inglés) advierte sobre posibles estafas con el programa humanitario para cubanos, haitianos, nicaragüenses y venezolanos que se implementó el mes pasado, y señala en línea que el programa es gratuito.
“Cumplir con nuestra misión humanitaria mientras se defiende la integridad del sistema de inmigración es una de las prioridades principales de USCIS”, dijo la agencia en respuesta a las preguntas sobre el potencial de explotación. Agrega que la agencia “examina cuidadosamente a cada persona de apoyo potencial a través de una serie de medidas de detección de fraude y seguridad.
“Además, USCIS revisa minuciosamente cada caso denunciado de fraude o mala conducta y puede remitir esos casos a los cuerpos policiales federales para una investigación adicional”, informa el comunicado.
La agencia no abordó si rechazó alguna solicitud debido al temor de que los patrocinadores potenciales podrían haber solicitado dinero.
El Departamento de Seguridad Nacional dice que, hasta el 25 de enero, se aceptaron 1.700 solicitudes para el programa probatorio humanitario de cubanos, haitianos y nicaragüenses, además de un número no revelado de venezolanos. Una demanda encabezada por Texas busca detener el programa, que podría permitir que 360.000 personas al año ingresen legalmente a Estados Unidos.
Una publicación en Facebook que anunciaba patrocinios pagados condujo a una persona que se identificó como ciudadano estadounidense que vive en Pensacola, Florida. Cuando se le informó que se comunicaba con un periodista, la persona se negó a hablar por teléfono y solo envió mensajes de texto.
La persona dijo a The Associated Press que había patrocinado a un tío y una tía cubanos por 10.000 dólares cada uno. Se negó a proporcionar información de contacto de esos familiares y luego dejó de responder a las preguntas.
Otro patrocinador potencial dijo a través de Facebook Messenger que cobran 2.000 dólares por persona, lo que incluye una tarifa de patrocinio, procesamiento de documentos y un boleto de avión. Las solicitudes de más información fueron derivadas a un número telefónico de República Dominicana que sonó sin respuesta.
Un hombre que publicó que busca un patrocinador dijo a la AP que le inquietaban algunas ofertas.
“Es muy fácil engañar a una persona desesperada, y hay una abundancia de ellos aquí”, explicó el hombre, quien se identificó como Pedro Manuel Carmenate, de La Habana. “Solo tienes que decirle a la gente lo que quiere escuchar”.
Por supuesto, no todos los patrocinadores cobran una tarifa. Una nueva iniciativa llamada Welcome.US (Bienvenido.EE.UU.) tiene como objetivo unir a estadounidenses con migrantes que no tienen quien los apoye. Además, las organizaciones sin fines de lucro tratan de difundir información precisa sobre el programa.
Sarah Ivory, directora ejecutiva de la organización sin fines de lucro USAHello (Hola Estados Unidos) que brinda información en línea en varios idiomas, dijo que la proliferación de ofertas de patrocinio pagado es “profundamente preocupante y previsible en grado frustrante”, lo que se refleja en cientos de consultas al grupo.
“Muchos informan que apenas tienen dinero para alimentarse a sí mismos, mucho menos para pagar un pasaporte o acordar con un patrocinador”, dijo Ivory.
Tal desesperación se refleja en las redes sociales.
“Busco patrocinador para dos personas por favor; mi esposo está en silla de ruedas”, se lee en una publicación de alguien que dice vivir en La Habana. “Daré mi casa con todo lo que hay dentro y pagaré 4.000 dólares por cada persona” patrocinada.
con información de Reuters
¿Por qué hay neonazis en México?
Héctor Alejandro Quintanar*
En noviembre de 1922, días después de la Marcha de Roma que llevó a Mussolini al poder, se fundó el Partido Fascista Mexicano, grupo opuesto a leyes agrarias de la Revolución Mexicana y con pretensión de interpelar a clases medias. Sus militantes eran holgazanes decadentes y fifíes nostálgicos del porfirismo, según describió Carleton Beals (¡seguramente con ánimos de polarizar!). Ese partido desapareció pronto por irrelevante, pero su pulsión no, menos aún en una década marcada por la guerra cristera. La impronta antiagrarista y religiosa que enarbolaron supo enquistarse en otras expresiones del espectro de las derechas. En la década de 1930, en reacción al cardenismo, este rastro se manifestó en grupos como Acción Revolucionaria Mexicanista, los camisas doradas (como los camisas pardas, de Hitler) que en México reprodujeron las tesis esenciales del nazismo: el anticomunismo y el racismo.
Europa vivía sus vaivenes. El primer fascismo italiano fue clasista, pero no se volvió racista, sino hasta ya estallada la Segunda Guerra Mundial. Hitler, en cambio, manifestó siempre como base de su ideario el odio racial. La derrota del Eje en 1945 parecía que daría fin a estas ideologías, pero no. El franquismo en España fue el fascismo que sobrevivió a la guerra, y parte de ello se debió a una estrategia de deslinde. Como dice Carlos Sola, Franco hizo frente a un panorama internacional en 1945 que con razón le reprochaba su comunión con Mussolini y Hitler, y su forma de distanciarse de sus ex aliados fue exacerbar el catolicismo, para distinguirse de las doctrinas paganas del nazismo.
En México eso no sólo tuvo resonancia en las derechas, sino que jugó un peso fundante en el Partido Acción Nacional, en cuyo seno convivieron siempre tanto democristianos como adláteres del fascismo y el nazismo, como el propio Gómez Morín, cuya simpatía nazi en la revista La Reacción (?) documentó Rafael Barajas. Al igual que en España, en México la impronta fascista sobrevivió en nichos ideológicos cercanos al catolicismo exacerbado y al anticomunismo, donde halló alguna identificación. Y eso es lo que preocupa, porque si bien es deshonesto acusar que toda derecha mexicana es profascista, la pregunta obligada es por qué los que sí son fascistas o pronazis se suman a parte de ese espectro. Esa pregunta hoy deben hacerse las organizaciones donde se aparezca el rostro marginal pero fluctuante del neonazismo o posfascismo.
Ejemplos concretos. El mexicano Salvador Borrego fue un pionero autor filonazi en español y sus libelos aún se encuentran en estanquillos. ¿Es un escritor marginal? Que responda el PAN mexiquense, que a través de Víctor Guerrero lo invitaba desde 1964 a dar charlas antijuaristas en su partido, que en pleno siglo XXI tiene militantes pronazis, como el dirigente Óscar Sánchez, o jóvenes de Jalisco que buscaban en 2014 formar un grupo pronazi.
Otro caso. El Frente Nacional por la Familia, formado en 2016, tiene como identidad oponerse a las familias homoparentales y el aborto. En la marcha que organizaron en septiembre de ese año en la Ciudad de México, uno de sus contingentes era un grupúsculo con símbolos nazis que al grito de ¡sieg heil! y ¡viva la familia natural! acosaban a un grupo LGBTT en el Metro.
Con el racismo de Hitler bien documentado desde siempre, cuesta creer que en 1933 haya tenido simpatizantes en un país mestizo como México. Que los siga habiendo en 2016 –o en 2023, organizando conciertos de rock neurótico– es surreal. Más que reflexionar sobre las estrambóticas contradicciones con que esos grupos justifiquen ser no arios y nazis, surge la pregunta: ¿cuál es el denominador común del fascismo, nazismo, posfascismo y neonazismo? Más allá de la estética militarista o la inclinación por un modelo dictatorial, pareciera que todos se sustentan en una visión jerárquica de la sociedad, donde una élite, por razones no escogidas de raza, género u origen de clase, debe tener preeminencia sobre otros, inferiores, que merecen dominio, exclusión o eliminación. Los naturalmente superiores deben mandar y los inferiores deben acatan. ¿Ah sí?
Veamos a la jerarquía nazi: Hitler, con enfermedades de predisposición genética; Goebbels, cojeaba por la polio infantil; Göring, hombre contrahecho y adicto a la morfina. ¿Es esa galería de reprimidos la raza superior? No: son una horda que instituyó la violencia en pos de una pureza que nadie puede tener. La contradicción sigue: cualquier mirada a líderes de extrema derecha contemporánea lo ratifica: Trump, el más estadunidense de los estadunidenses, tiene raíz alemana; el capitán antinmigrante en la República Checa es el japonés Tomio Okamura; Lutz Bachmann, líder del movimiento xenófobo Pegida en Alemania, ha estado preso por tráfico de drogas (¡Hitler no estaría orgulloso!), mientras a sus mojigangas racistas en Dresden frecuentan alemanes de origen turco.
El fascismo-nazismo de ayer y hoy, más que ideología, semeja un autoengaño destructivo, cuyos partidarios parecen proyectar en otros –los inferiores– sus propias inseguridades. ¿De qué otro modo podría entenderse que mexicanos, contra toda evidencia, hoy se identifiquen con esa postura, si ellos serían víctimas del odio racista en Europa?
¿Cómo combatir este problema? Sigamos la pista de Wright Mills, quien recomendaba exhibirlos. Ahí resalta lo siguiente. Los nazis alemanes odiaban a los judíos. Los neonazis estadunidenses odian a los negros. Los neonazis europeos odian a los islámicos. ¿A quién odian los neonazis mexicanos? Más bien todos los neonazis parecen odiar lo mismo: a los espejos.
* Académico de la Universidad de Hradec Králové, República Checa. Autor del libro Las raíces del Movimiento Regeneración Nacional
