domingo, 19 de febrero de 2023

Reconocimiento a Rafael Galván.

Antonio Gershenson
Es el turno del estado de Sonora, las miradas están en Puerto Peñasco, pequeña ciudad de pescadores que se dedicaron a la acuacultura por cientos de años. En el golfo de California se encuentran varias de las mejores especies de crustáceos, como el camarón (chano, azul y café), además de moluscos (ostiones) y peces, también muy apreciados, como la carpa, bagre y mojarra, que han significado el sostén económico por muchos años.
La acuacultura ha sido una de las actividades que ha mantenido a grandes pesqueras, medianas y las más modestas pesqueras. Y, a pesar de las grandes desventajas que enfrentaron los pescadores más desprotegidos, lograron sostener su fuente de trabajo hasta que ya no pudieron competir con las pesqueras bien equipadas ni con el desdén de las autoridades en turno.
Uno de los grandes problemas para la acuacultura en Sonora ha sido la falta de un verdadero programa que incluya a todos los grupos que viven de esa actividad.
En suma, la acuacultura local fue una fuente de trabajo importante para quienes se dedicaban a la pesca en pequeña escala. Sin embargo, las autoridades no siempre les ofrecieron las condiciones para desarrollar esa actividad en igualdad de condiciones laborales seguras ni de equidad comercial. El mar es de todos y especialmente de los pueblos sonorenses originaros que han vivido de los productos marinos.
La falta de garantías obligó a la población pesquera a buscar su sostén participando en la industria de la construcción. No obstante, después de la crisis económica estadunidense, cuando ya no fueron posibles los créditos para este tipo de proyectos en México y los préstamos de los bancos nacionales eran inaccesibles, un sinnúmero de trabajadores de la pesca quedaron en el abandono. Ni pesca ni albañilería. El empobrecimiento de la población se incrementó.
Así, desde sexenios atrás, la situación económica ha sido crítica. La migración y la desintegración de miles de familias han sido el resultado de la falta de atención por parte de los gobiernos neoliberales en turno; sin embargo, emigrar hacia Estados Unidos ya no es una garantía para salir de la pobreza.
Creció entonces la delincuencia organizada y el asedio de los cárteles sobre la población vulnerable. La oferta de riqueza pronta y segura permeó entre los sectores más necesitados. Obligados por las amenazas, o voluntariamente, regiones del estado norteño han caído en el mundo del narcotráfico.
Para miles de familia, la pesca y la construcción fueron una mediana solución a sus economías endebles. Los conflictos colectivos e individuales, tanto emocionales como de salud y atraso social, continúan siendo una realidad.
Pese a todo, la producción pesquera de Sonora todavía representa 35 por ciento a nivel nacional. Ese porcentaje podría aumentar con una mayor inversión para nuevos proyectos de pesca y de protección a la fauna marina en peligro de desaparecer.
Al parecer, el panorama adverso laboral, económico y social se resolverá pronto. No cuestionamos su origen político o partidista de quienes están al frente de esta posibilidad. Lo importante es resolver sin simulaciones y con la meta de beneficiar a la población.
Debemos tomar en cuenta que los gobiernos anteriores abandonaron a su suerte a los pueblos originarios y a la población en general, pero ahora sí existe una solución concreta. El sector energético, para el estado de Sonora, puede modificar esa realidad adversa.
El Plan Sonora ratifica los compromisos que la Cuarta Transformación (4T) tiene, desde su inicio, con la población más pobre del país. El presidente Andrés Manuel López Obrador se comprometió con la lucha por la soberanía energética y el plan mencionado es uno de los pasos para concretar la propuesta y la promesa.
Además de cumplir con el compromiso de avanzar con la utilización de las energías limpias, se abre una nueva etapa de desarrollo para la población sonorense que ha esperado una solución digna, de respeto e inclusión, por cientos de años.
A los seris, yaquis, cucapás, guarijíos, mayos, pápagos y pimas, nuestras congratulaciones. Ahora, con la 4T, serán incluidos en los beneficios del Plan Sonora.
Con la inauguración del megaproyecto, nombrado con justeza Campo Fotovoltáico Rafael Galván, comienza esta nueva etapa para Sonora. A partir de hoy (anteayer) va a significar electricidad para 60 mil hogares, y es apenas el inicio.
Twitter: @Antonio.Gershens   antonio.gershenson@gmail.com

De recesiones y cambio climático: la octava
José Antonio Rojas Nieto
Comentemos una vez más. Diversas estimaciones de técnicos nacionales e internacionales especializados en análisis de la desigualdad muestran condiciones terribles en términos de distribución de ingresos y riqueza en el mundo, pero también de distribución de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).
Sí, entre otros, los expertos del prestigiado Laboratorio Mundial de Desigualdad (WIL por las siglas en inglés de World Inequality Lab, https://inequalitylab.world/en/) muestran que la responsabilidad de la catástrofe climática que ya padecemos está altamente concentrada. No sólo hay profunda desigualdad en los efectos del cambio climático, también severas asimetrías en las contribuciones a esta catástrofe.
Sí, las emisiones de GEI –siempre observando la huella de carbono– están soportadas en la profunda desigualdad, no sólo entre países, también entre grupos poblacionales al interior de éstos. Por ello subrayan la necesidad –con la que no podemos menos que estar de acuerdo– de discernir quiénes emiten y dónde emiten los gases de efecto invernadero.
Perogrullo aconseja la urgencia de superar el análisis sectorial, incluso nacional de las emisiones globales, y recomienda identificar no sólo qué sectores o qué naciones son las de mayor responsabilidad en la devastación, sino qué grupos poblacionales son los mayores responsables. Para muestra un botón de los datos del Climate Inequality Report 2023. Retomemos unas de sus preguntas esenciales: ¿quién debe reducir sus emisiones?, ¿ dónde, a qué ritmo y cuándo, si en verdad se desea –se requiere– tener un balance de cero emisiones en 2050? (https://wid.world/wp-content/uploads/2023/01/CBV2023-ClimateInequalityReport-2.pdf). El 10 por ciento de la población mundial con los mayores ingresos es responsable de la mitad (48 por ciento) de las emisiones y solamente el uno por ciento de la población más rica produce más emisiones que la mitad de la población con menores ingresos en el mundo. La mitad pobre sólo emite 12 por ciento, básicamente por sus necesidades en el hogar y sus requerimientos de transporte. ¿De qué volúmenes anuales por persona se trata, según este reporte? De 1.4 toneladas de CO₂ equivalente en el caso de esa mitad pobre del mundo, de 28.7 toneladas para ese 10 por ciento rico y –admirémonos– de 101 toneladas de CO₂ equivalente por persona al año, para el caso del uno por ciento de la población mundial muy rica.
No olvidemos –insisten en señalarlo los técnicos del WIL– que la mitad pobre del mundo sólo cuenta con 2 por ciento de la riqueza mundial para soportar cualquier cambio orientado a resolver la crisis climática. Tampoco –insisten– en que el grupo poblacional del 10 por ciento de ricos cuenta con las tres cuartas partes de la riqueza (76 por ciento) para soportar cambios que obligan a invertir recursos. Y menos aún, que los muy ricos del uno por ciento de la población mundial concentra 38 por ciento de la riqueza acumulada, considerando –como indica el reporte del WIL– suma de activos financieros y no financieros netos de deudas. En todas estas estimaciones –se subraya en el reporte– se ha integrado la huella de carbono. Es decir, no sólo las emisiones producidas en el consumo –analizando los patrones típicos de cada grupo poblacional–, sino también las vinculadas a los procesos requeridos antes y después. Esto, sin duda, no debemos olvidarlo nunca, para hacer un juicio y una evaluación más rigurosos, pese a los asegunes que siempre comporta hacer comparaciones internacionales y poblacionales. Y menos aún ignorarlo al convocar a la sociedad a nuevos hábitos y al diseñar y evaluar políticas públicas que impulsen procesos virtuosos que enfrenten de forma eficiente y justa –nunca ignora orígenes y causas de la desigualdad– la catástrofe climática que ya vivimos. De veras
antoniorn@economia.unam.mx