Las declaraciones del mandatario son sólo un episodio más en su campaña permanente de instigación al odio, criminalización de las personas en tránsito, golpeteo político y desinformación. Su discurso xenófobo se basa en la mentira sistemática, la explotación de prejuicios racistas y técnicas francamente fascistas de inducción del miedo a la diferencia.
Aunque se quisiera creer que el gobierno federal demócrata es de algún modo benévolo con los migrantes, lo cierto es que el año pasado la administración de Joe Biden quintuplicó las expulsiones de indocumentados y alcanzó el registro más alto en una década (es decir, que rompió la marca establecida por otro presidente demócrata, Barack Obama, conocido por la comunidad migrante como deportador en jefe).
Asimismo, la Casa Blanca está tan comprometida con el combate a la migración que suspendió el derecho a solicitar asilo, una flagrante violación a la legalidad internacional. Pese al cúmulo de datos que desmiente su alarmismo, la política de Abbott es inmune a los hechos, pues no se basa en el intento de solucionar un problema real, sino en la manipulación de la opinión pública con fines electoreros y de control social.
Mientras los ciudadanos viven aterrados por el peligro migrante, la entidad experimenta un retroceso histórico en materia de derechos humanos y protección ambiental, profundiza su conversión en un paraíso fiscal para los ultrarricos y desfinancia rubros esenciales para canalizar recursos al Estado policial. Parece ser también inmune a la ley, pues la Constitución estadunidense establece la política migratoria como una competencia exclusiva de Washington, por lo que cada una de las detenciones de individuos sin más motivo que su estatus migratorio constituye un delito por parte de los cuerpos de seguridad texanos.
Igualmente ilegal es la orden dada por el gobierno de Abbott a los agentes de la policía fronteriza para que empujen de vuelta al río Bravo a toda persona sorprendida en el intento de cruzarlo, incluidos niños pequeños y bebés que son amamantados por sus madres. Al triplicarse las alambradas de púas, se triplican también los riesgos de que dicha política homicida termine en tragedia, puesto que habrá más barreras donde las personas quedan atrapadas y sufren lesiones de diversa gravedad.
Debe reconocerse que el gobierno federal demócrata ha entablado batallas legales para frenar los aspectos más inhumanos de la cacería antimigrante desatada por Abbott y otros de sus correligionarios, pero la inminencia de las elecciones presidenciales y el gran peso de los sectores conservadores en entidades clave configuran un escenario sombrío para los derechos de los migrantes.
Alertas para el próximo gobierno
Antonio Gershenson
La gran expectativa para el próximo gobierno es mantener el rumbo de la 4T con firmeza, no sólo para mantener el desarrollo económico y social de la población mexicana, sino también para continuar la transformación cultural de las futuras generaciones.
La cultura política, que comenzó su fortalecimiento en la población en general algunas décadas antes de 2018, seguramente crecerá. De esta forma, podemos decir que contaremos con la organización ciudadana que apoyará al nuevo gobierno para hacer frente a aquellas corrientes destructivas de nuestro patrimonio nacional.
La transformación del país continuará. De hecho, es una tarea permanente que empezó con el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador y que no quedará suspendida con el cambio de mando en el Poder Ejecutivo. Esperemos que el gobierno y la ciudadanía trabajemos en conjunto, ya que los enemigos de la nación no son pequeños y están tanto en el exterior como al interior de nuestra sociedad.
El programa sexenal ya no se detendrá como en gobiernos anteriores. Las obras pendientes se concretarán y se desarrollarán otras nuevas, de acuerdo con la promesa que Claudia Sheinbaum Pardo, presidenta electa, afirmó en su discurso de entrega de la constancia que confirmó su triunfo.
El movimiento obrero, que tuvo su origen el 6 de marzo de 1876 y que propició la creación del Congreso Obrero Permanente, y cuyos integrantes prácticamente han quedado en el olvido, reavivarán el empeño por la solidaridad gremial. Por lo menos eso es lo que esperamos en el desarrollo del humanismo mexicano.
Ya no soportaríamos más líderes como Fidel Velázquez, Luis Napoleón Morones, Víctor Flores Morales, Elba Esther Gordillo, Carlos Romero Deschamps y tantos otros que se cobijaron con la impunidad que les otorgaron gobiernos anteriores y que deberán rendir cuentas tarde o temprano.
La vida sindical democrática, con justicia y apegada a las nuevas leyes que protegerán con mayor amplitud al gremio, es, al mismo tiempo, una forma de garantizar el desarrollo de esta nueva cultura política que iniciamos en 2018.
En alerta permanente, tendremos que seguir viviendo para defender la soberanía nacional. No podemos bajar la guardia en ningún momento, ya que la sombra permanente del hostigamiento de los gobiernos de Estados Unidos hacia el nuestro sigue y por mucho tiempo seguirá amenazando la buena vecindad entre los dos países.
Lamentablemente, por ahora en el área norte de nuestro continente no contamos tampoco con Canadá, país con las mismas prácticas neoliberales que su vecino del sur. Sin embargo, durante su campaña, Sheinbaum prometió que la diplomacia mexicana rescatada continuará desarrollándose bajo los principios juaristas: Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz.
La incertidumbre es la misma, ya sea que triunfe Donald Trump, el empresario conservador y millonario, dueño de alrededor de 4 mil 500 millones de dólares (según la revista Forbes) y miembro del Partido Republicano, o Kamala Harris, abogada –supuestamente progresista– del Partido Demócrata, de la que hasta el momento desconocemos su patrimonio personal. Las características de ambas personalidades no nos favorecen. Desearíamos equivocarnos.
Trump, con su política homofóbica, racista y déspota, no es garantía de que tomando el poder mantendrá una actitud de respeto hacia el nuevo gobierno y, por parte de Harris, la intromisión en los asuntos de México y el desprecio por la historia pacifista de nuestro país la tendrán sin cuidado. La política de la candidata demócrata, belicista y hegemonista, continuarán. Por el hecho de ser mujer, francamente, no consideramos que vaya a cambiar ni en 18 grados hacia una nueva política menos agresiva.
Como todas las corrientes de derecha del mundo, la impertinencia y agresividad hacia otras naciones son el sello de identidad de la política exterior estadunidense. Su franqueza, al declarar cualquier mentira en contra de algún gobierno progresista, pasa de ser un derecho a la libre opinión, a la diplomacia del cinismo pendenciero.
Para muestra, tenemos un ejemplo. Recientemente, el gobierno chino ha denunciado la intrusión de Washington en asuntos mexicanos. De acuerdo con el artículo del viernes pasado en La Jornada, de Iván Evair Saldaña, la Fundación Nacional para la Democracia (NED, por sus siglas en inglés) es la organización ejecutora para actuar a favor de los intereses estadunidenses en contra de la soberanía nacional y de otros países. No sabemos a qué derechos humanos, a qué tipo de democracia y libertad defienden Estados Unidos y sus golpeadores contratados.
Para nadie es un secreto que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) es una organización que ha perseguido a líderes y activistas progresistas de nuestro país y de todo el mundo. Tal vez, la CIA cree que es invisible para nuestros pueblos, pero no se han querido dar cuenta de que no hay mal que dure cien años ni cobardes que lo aguanten. Ya los conocemos y no nos intimidan.
Colaboró Ruxi Mendieta
X: @AntonioGershens antonio.gershenson@gmail.com