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Ilán Semo
17 de julio de 2025 00:01
Zohran Kwame Mamdani nació en Kampala, Uganda, en 1991. De origen hindú, sus padres, Mahmood Mamdani, reconocido catedrático de estudios poscoloniales en la universidad de Columbia, y Mira Nair, directora de cine y coautora del guión de la célebre cinta Salaam Bombay!, emigraron a Estados Unidos en 1998.
Desde los años 70, ambos compartirían el mundo del activismo anticolonial, la lucha por la soberanía del pueblo palestino y las movilizaciones para hacer de EU una sociedad que reconozca el derecho a la diferencia y la justicia social. Su segundo nombre, Kwame, es una vindicación de K. Nkrumah, el paradigmático líder socialista que encabezó el movimiento por la independencia de Ghana en los años 40 y 50.
Si el nombre es destino, Zohran se encuentra, al menos hasta ahora, en el camino de afirmar esta profecía. Sólo que en la ciudad probablemente más cosmopolita del planeta: Nueva York. Es también la urbe en que creció desde los siete años. Asistió a la escuela pública y cursó una licenciatura en Bowdoin College, en la especialidad de estudios africanos.
En 2015, se unió a las organizaciones que apoyan el acceso a una vivienda digna en el distrito de Queens. No es cualquier distrito. Se trata de una vasta zona con 2.5 millones de habitantes, en su mayoría trabajadores y migrantes recién llegados. Golpeada particularmente por la devastación de la pandemia, Queens, gigantesco archipiélago de culturas, lenguas y costumbres, resume por su pluralidad y diversidad el espíritu que ha hecho de la migración un sinónimo de la nación.
En 2020, Mamdani devino concejal por el Partido Demócrata, cargo que refrendó sin oposición en 2022 y 2024. Basta con revisar su currículo como representante en la Asamblea Estatal de Nueva York para entender el consenso que hoy lo apoya en Queens: 20 propuestas de ley, de las cuales tres fueron aprobadas; promotor de tres comisiones de auxilio legal para inquilinos pobres en conflicto; presupuestos para desarrollar la construcción de viviendas sociales.
En esos años, ingresó a las filas de la organización Democratic Socialists of America (DSA). Fundada en los años 90 a raíz de una escisión en el Partido Socialista, DSA ha crecido de manera insólita en todo el país. En 2015, contaba con unos 6 mil miembros. Después de la campaña de Bernie Sanders en 2016 y de las redes sociales de grupos de apoyo durante la pandemia, su militancia aumentó a 90 mil inscritos.
Hoy supera 300 representantes electos, distribuidos entre el Congreso y los parlamentos y consejos locales. En principio, no es aventurado afirmar que esta peculiar organización está redefiniendo lo que significa hoy la izquierda y su idea sobre el socialismo. DSA no participa directamente en elecciones. En cambio, apoya candidaturas en el Partido Demócrata o bien independientes que coinciden con sus programas. Se trata de una suerte de gran y eficiente paraguas social con salidas políticas.
Sin duda, una versión insólita de la relación entre lo político y lo social en la tradición de la izquierda. Su práctica reside en defender posiciones del mundo del trabajo desde una perspectiva intersectorial. Con frecuencia se le confunde con una versión estadunidense de la socialdemocracia europea. Una analogía difícil de sostener.
Parte de la idea (negada por la socialdemocracia desde los años 50) de que socialismo y democracia son inseparables, y retoma el antiguo principio de Gramsci de la “lucha de posiciones”. Con ello ha logrado impulsar un giro en la política nacional en pleno auge de la ultraderecha. Lo insólito fue el triunfo de Mam dani en los comicios primarios del Partido Demócrata para definir su candidatura para las elecciones por la jefatura de la ciudad el próximo noviembre. Insólito porque en su campaña se declaró devoto musulmán, contra el genocidio en Gaza y en defensa de transformar a Nueva York en una ciudad accesible para los que menos tienen a través de una reforma fiscal que grave los ingresos mayores.
En su contra se desató una de las maquinarias mediáticas más poderosas de la actualidad: la prensa, la tv y las redes sociales de la ciudad. Aún así –o acaso por ello– aventajó por más de 10 por ciento a Mario Cuomo, el candidato del establishment. Quienes votaron por Mamdani fueron sectores cercanos a la inmigración, la clase media y la extensa franja cultural neoyorquina.
Le falta el voto del mundo del trabajo (casi siempre ausente en las elecciones primarias) para llegar sano y salvo a noviembre. Acusado de “terrorista” por su denuncia del genocidio palestino y de “comunista” por la propuesta de una reforma fiscal, Mamdani sigue cosechando simpatías en una población que si vive en Nueva York está muy lejos de sus beneficios.
Decisiva fue una parte del voto de la comunidad judía –sobre todo de los jóvenes–, aquella que se opone –desde EU– abiertamente al desquiciamiento militar de Benjamin Netanyahu. Cabe decir que expresa lo que ya se puede empezar a definir como un cisma judío.
Ilán Semo
17 de julio de 2025 00:01
Zohran Kwame Mamdani nació en Kampala, Uganda, en 1991. De origen hindú, sus padres, Mahmood Mamdani, reconocido catedrático de estudios poscoloniales en la universidad de Columbia, y Mira Nair, directora de cine y coautora del guión de la célebre cinta Salaam Bombay!, emigraron a Estados Unidos en 1998.
Desde los años 70, ambos compartirían el mundo del activismo anticolonial, la lucha por la soberanía del pueblo palestino y las movilizaciones para hacer de EU una sociedad que reconozca el derecho a la diferencia y la justicia social. Su segundo nombre, Kwame, es una vindicación de K. Nkrumah, el paradigmático líder socialista que encabezó el movimiento por la independencia de Ghana en los años 40 y 50.
Si el nombre es destino, Zohran se encuentra, al menos hasta ahora, en el camino de afirmar esta profecía. Sólo que en la ciudad probablemente más cosmopolita del planeta: Nueva York. Es también la urbe en que creció desde los siete años. Asistió a la escuela pública y cursó una licenciatura en Bowdoin College, en la especialidad de estudios africanos.
En 2015, se unió a las organizaciones que apoyan el acceso a una vivienda digna en el distrito de Queens. No es cualquier distrito. Se trata de una vasta zona con 2.5 millones de habitantes, en su mayoría trabajadores y migrantes recién llegados. Golpeada particularmente por la devastación de la pandemia, Queens, gigantesco archipiélago de culturas, lenguas y costumbres, resume por su pluralidad y diversidad el espíritu que ha hecho de la migración un sinónimo de la nación.
En 2020, Mamdani devino concejal por el Partido Demócrata, cargo que refrendó sin oposición en 2022 y 2024. Basta con revisar su currículo como representante en la Asamblea Estatal de Nueva York para entender el consenso que hoy lo apoya en Queens: 20 propuestas de ley, de las cuales tres fueron aprobadas; promotor de tres comisiones de auxilio legal para inquilinos pobres en conflicto; presupuestos para desarrollar la construcción de viviendas sociales.
En esos años, ingresó a las filas de la organización Democratic Socialists of America (DSA). Fundada en los años 90 a raíz de una escisión en el Partido Socialista, DSA ha crecido de manera insólita en todo el país. En 2015, contaba con unos 6 mil miembros. Después de la campaña de Bernie Sanders en 2016 y de las redes sociales de grupos de apoyo durante la pandemia, su militancia aumentó a 90 mil inscritos.
Hoy supera 300 representantes electos, distribuidos entre el Congreso y los parlamentos y consejos locales. En principio, no es aventurado afirmar que esta peculiar organización está redefiniendo lo que significa hoy la izquierda y su idea sobre el socialismo. DSA no participa directamente en elecciones. En cambio, apoya candidaturas en el Partido Demócrata o bien independientes que coinciden con sus programas. Se trata de una suerte de gran y eficiente paraguas social con salidas políticas.
Sin duda, una versión insólita de la relación entre lo político y lo social en la tradición de la izquierda. Su práctica reside en defender posiciones del mundo del trabajo desde una perspectiva intersectorial. Con frecuencia se le confunde con una versión estadunidense de la socialdemocracia europea. Una analogía difícil de sostener.
Parte de la idea (negada por la socialdemocracia desde los años 50) de que socialismo y democracia son inseparables, y retoma el antiguo principio de Gramsci de la “lucha de posiciones”. Con ello ha logrado impulsar un giro en la política nacional en pleno auge de la ultraderecha. Lo insólito fue el triunfo de Mam dani en los comicios primarios del Partido Demócrata para definir su candidatura para las elecciones por la jefatura de la ciudad el próximo noviembre. Insólito porque en su campaña se declaró devoto musulmán, contra el genocidio en Gaza y en defensa de transformar a Nueva York en una ciudad accesible para los que menos tienen a través de una reforma fiscal que grave los ingresos mayores.
En su contra se desató una de las maquinarias mediáticas más poderosas de la actualidad: la prensa, la tv y las redes sociales de la ciudad. Aún así –o acaso por ello– aventajó por más de 10 por ciento a Mario Cuomo, el candidato del establishment. Quienes votaron por Mamdani fueron sectores cercanos a la inmigración, la clase media y la extensa franja cultural neoyorquina.
Le falta el voto del mundo del trabajo (casi siempre ausente en las elecciones primarias) para llegar sano y salvo a noviembre. Acusado de “terrorista” por su denuncia del genocidio palestino y de “comunista” por la propuesta de una reforma fiscal, Mamdani sigue cosechando simpatías en una población que si vive en Nueva York está muy lejos de sus beneficios.
Decisiva fue una parte del voto de la comunidad judía –sobre todo de los jóvenes–, aquella que se opone –desde EU– abiertamente al desquiciamiento militar de Benjamin Netanyahu. Cabe decir que expresa lo que ya se puede empezar a definir como un cisma judío.
Conversé con Carney sobre la carta de Trump relativa a los aranceles: Sheinbaum
La Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, durante su conferencia matutina en Palacio Nacional, en la Ciudad de México, el 16 de julio de 2025. Foto Presidencia Foto autor
Néstor Jiménez y Emir Olivares
16 de julio de 2025 10:24
Ciudad de México. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo detalló este miércoles que en la conversación que sostuvo ayer con el primer ministro de Canadá, Mark Carney, dialogaron sobre la carta que les envió a cada uno el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la que les expone que aplicará aranceles a ambos países.
“Fue una llamada en la que, primero en el G7 nos reunimos y ahí planteamos fortalecer la colaboración con Canadá en distintas áreas, y obviamente, particularmente, en comercio. Ambos estamos de acuerdo en que es indispensable que se respete el tratado comercial, el T-MEC, y compartimos algunas experiencias sobre la carta que recibimos del presidente Trump”, señaló esta mañana la presidenta.
Recordó que en el caso de Canadá, en la carta enviada por el magnate estadunidense se refirió la aplicación del 35 por ciento de aranceles, así como del 30 por ciento en el caso de México. Adelantó que el mandatario canadiense vendrá a México, en una fecha aún por definir.
Además, en su conferencia de prensa matutina, la presidenta Sheinbaum Pardo también señaló que en la reunión que tuvo el martes con empresarios de diversos sectores en Palacio Nacional para dialogar en torno al Plan México, hablaron sobre los aranceles con los que amaga Estados Unidos a partir de agosto.
“Tratamos varios temas, uno de ellos el de los aranceles obviamente. La mayoría de ellos tienen socios en Estados Unidos que se verían afectados con los aranceles, entonces tienen también su proceso de diálogo en Estados Unidos para que también se conozca por parte de las empresas de las que son socios, el impacto que puede tener los aranceles”, explicó.
“Hay muy buena comunicación y muy buena coordinación. Poco a poco se va a ir información de las inversiones de estos empresarios y de otros que tiene nuestro país. Por ejemplo, en la carta del presidente Trump dice qué inversiones tienen los empresarios mexicanos en Estados Unidos. Ellos tienen inversiones allá, y tienen planeadas inversiones allá además de en México. Entonces, uno de los tema que les planteé es, por qué no ponemos en blanco y negro las inversiones que tienen ya planeadas en Estados Unidos para que pueda ser parte de las mesas de trabajo que tenemos”, agregó.
Otro de los temas, dijo, fue el Plan México para acelerar las inversiones en el país. Apuntó que acudieron representantes de empresas como Bimbo, que además de inversiones en México tiene en el país vecino, así como representantes del sector acerero.
Tras 5 días de tensión por brote xenófobo, calma gradual regresa a Torre Pacheco
Agentes de la Guardia Civil patrullan el barrio de San Antonio en Torre Pacheco, sureste de España, el 16 de julio de 2025. Foto: Afp Foto autor
Armando G. Tejeda, corresponsal
16 de julio de 2025 12:02
Madrid. Después de cinco días de tensión y enfrentamientos tras el brote xenófobo, en la localidad murciana de Torre Pacheco se va recuperando poco a poco la normalidad, gracias en parte al dispositivo policial y la expulsión de la zona a los agitadores de ultraderecha que alentaban la “cacería al inmigrante”.
Los datos provisionales facilitados por el ministerio del Interior es de 13 detenidos, tres de ellos como responsables de la paliza al anciano español y que fue el detonante de los disturbios, además se han identificado a 120 personas, la mayoría de ellos vinculados a organizaciones neofascistas y que no residen habitualmente ni en el pueblo ni en Murcia.
Gracias al dispositivo policial, las protestas que había convocado durante la noche la extrema derecha fracasaron estrepitosamente, de hecho había más medios de comunicación que manifestantes. Además la propia población de Torre Pacheco, una localidad en la que residen un 45 por cientos de extranjeros, también alzó la voz ante la instrumentalización de la extrema derecha a la agresión del anciano por parte de tres marroquíes.
La policía informó además de que se identificaron a 120 personas, la mayoría de fuera de la región, y a quienes se les abrirá un expediente para indagar si cometieron alguna falta que suponga una sanción o incluso algún delito con penas judiciales. Los últimos arrestos, además del líder del grupo supremacista localizado en Barcelona y al que señalan como el instigador de la revuelta xenófoba, están relacionados con la agresión que inició todos los altercados.
La Guardia Civil detuvo a tres magrebíes; al autor material de la paliza contra el vecino de 68 años y a otros dos que encubrieron al agresor posteriormente. Ninguno de ellos era de Torre Pacheco, y este último, de 19 años y arrestado en Rentería (Guipúzcoa) aunque residía en Barcelona, estaba preparándose para tomar un tren a Irún y, posiblemente, huir a Francia.
Así lo confirmó la delegada del gobierno en la Región de Murcia, Mariola Guevara, quien se preguntó “¿Qué hacía una persona de Barcelona en Torre Pacheco, con otras dos que tampoco son de la localidad y le dan una paliza a un pobre señor que simplemente iba paseando y ni le robaron?”
La policía española se centra ahora en vigilar de cerca las redes sociales, sobre todo los canales de extrema derecha en la plataforma Telegram, donde se cultivó el brote xenófobo con mensajes incendiarios contra la población extranjera, sobre todo los de origen marroquí.
Entre los mensajes investigadas destacan algunos que decían, literal: “Más mezquitas van a arder”, “muerte a los moros”, “es el típico moro por el que hay que ir. Los peores son unos maricas que están escondidos. A por esos hay que ir y no pegarse con niñatos, que ya no es uno, son tres señores mayores”, “ahora no pueden cenar kebab. Qué hijo de puta el moro ese del primer día, por eso lo apedrearon” o “compatriotas, ¿Qué esperáis para recuperar nuestro país? Debemos pasar a la acción. ¿Qué esperas? ¿Que un moro viole a nuestra hermana, a vuestra madre? ¿Que un moro os apuñale?”.
Reprimen una manifestación de jubilados en Buenos Aires
▲ Un paramédico vierte leche en el rostro de un manifestante para aminorar los efectos del gas lacrimógeno que la policía roció a jubilados que demandaban mejores pensiones, en Buenos Aires.
Foto Ap
Prensa Latina y Página/12
Periódico La Jornada
Jueves 17 de julio de 2025, p. 24
Buenos Aires. Efectivos de la policía argentina desplegaron ayer una megaoperación para garantizar el cumplimiento del protocolo antipiquetes que impulsa la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, y que ha generado una represión indiscriminada contra los jubilados, quienes protestaron bajo la lluvia frente al Congreso para exigir una mejora significativa de sus pensiones.
Como cada miércoles desde inicio del año, los jubilados y personas que los acompañan en sus demandas intentaron plantarse en la plaza del Congreso, pero los elementos de la policía lanzaron gas lacrimógeno y empujaron a los participantes para impedir su avance.
Esta marcha fue la primera que se realizó desde la votación del pasado jueves, cuando se confirmó un aumento de 7.2 por ciento a las jubilaciones y pensiones, equivalente a 20 mil pesos argentinos (unos 290 pesos mexicanos), y que será vetado por el gobierno del ultraderechista Javier Milei porque, aduce, pone en riesgo el equilibrio fiscal.
A pesar de los esfuerzos del Mministerio de Seguridad para impedir las movilizaciones mediante del despliegue de todas las fuerzas federales y camiones hidrantes para amedrentar a los manifestantes, los participantes lograron rodear el complejo parlamentario, donde comenzaron los actos violentos de los uniformados.
Si bien el número de personas que se reunieron fue mucho menor al de manifestaciones anteriores, Bullrich ordenó igualmente un feroz operativo que costó a los argentinos millones de pesos y que generó un caos vial en el centro de la capital.
El operativo es tremendo. Acabo de ver armas que no son sólo de gases. La verdad es que es de terror. No hacemos nada. Estamos marchando por la vereda nomás. Hay muchos más de ellos que nosotros, declaró una jubilada al canal de televisión argentino C5N.
El operativo es exagerado. Mucha plata que podrían repartir en otro lado. Genera indignación, pena. Es un retroceso, señaló otro participante.
La convocatoria fue baja a
causa del mal tiempo y porque se prevé que grupos de jubilados se sumen hoy a la marcha desde el Congreso hacia la Plaza de Mayo en defensa del hospital Dr. Garrahan, cuyos trabajadores llevan tres meses reclamando un aumento salarial, y por el financiamiento urgente a la salud pública.
En septiembre pasado, Milei vetó otro aumento a las jubilaciones que fue aprobado por el Legislativo argentino. El Congreso mantuvo la medida en una votación posterior.
Los adultos mayores reclaman un urgente aumento en sus ingresos, reducidos por las políticas de ajuste de Milei, y que se vuelvan a distribuir los medicamentos gratuitos a los enfermos que cubría el Programa de Asistencia Médica Integral.
Fetichismo del dólar
El dólar es el fetiche que representa un “universalismo neutral”, que es nacionalismo imperial disfrazado de neutralidad. Foto Luis Castillo / archivo Foto autor
Fernando Buen Abad
17 de julio de 2025 00:02
Mr. Trump nos deja ver que el dólar no es sólo papelmoneda. No es sólo un número. No es una cifra flotante. No es un símbolo inocente. El dólar es, en la trama de la semiosis hegemónica del capital, una de las armas más letales de la guerra económica global. Su potencia destructiva no reside sólo en su función cambiaria o en sus efectos financieros; radica en el fetichismo que lo recubre.
En la colonización ideológica que lo constituye como tótem de la modernidad capitalista. Un artefacto semiótico de alto poder explosivo que sirve para disciplinar pueblos, sabotear economías, dinamitar procesos emancipatorios y blindar privilegios imperiales. Comprenderlo exige activar una filosofía de la semiosis que desmonte sus capas significantes, sus dispositivos de culto y sus estrategias de naturalización ideológica. Su papel como signo totalitario.
Es mucho más que herramienta monetaria. Es un macro-signo hegemónico con pretensión de divinidad, que se ha convertido en dictadura para medir e intercambiar todas las cosas. Desde el valor el trabajo hasta el de las personas. Desde el petróleo hasta el pan, desde el valor de la vida hasta el de la muerte. Todo bajo su hegemonía simbólica. Ese signo-dogma consigue que, incluso sus víctimas, lo reproduzcan con fervor, con miedo, con sumisión.
El dólar no domina sólo porque sea el patrón de reserva internacional o porque tenga detrás la fuerza militar de EU. Domina porque se ha incrustado en la semiosis de los pueblos, como vanguardia de la “batalla cultural” burguesa, como sinónimo de éxito, de progreso, de “libertad de mercado”.
Se fetichiza cuando se oculta su origen histórico y se encubre su violencia constitutiva. Es una operación ideológica sostenida por industrias culturales, academias, organismos multilaterales y dispositivos comunicacionales que perpetúan la fe en ese papel como si fuese ley natural.
Su gramática bélica se coagula en el fetichismo que atribuye al dólar una apariencia de autonomía y poder intrínseco, para ocultar las relaciones de explotación y saqueo. El dólar es el fetiche que representa un “universalismo neutral”, que es nacionalismo imperial disfrazado de neutralidad.
Su “valor” es el resultado de una arquitectura ideológica y geopolítica construida sobre sangre, muerte, guerras, golpes de Estado, bloqueos y saqueos. La gramática de su barbarie es la del capitalismo: abstracciones inhumanas legitimadas con discursos, decisiones de bancos centrales, algoritmos bursátiles, calificadoras de riesgo y una pedagogía mediática que inocula obediencia monetaria y fake news.
Usan el dólar como munición en su guerra económica y de signos. Guerra que no opera sólo con sanciones, inflación inducida, fuga de capitales o endeudamiento. Opera, sobre todo, con municiones ideológicas. El dólar es la bala. Pero la pólvora es la significación que lo envuelve con ráfagas de sentido hegemónico sobre los imaginarios colectivos.
La semiosis monetaria coloniza el deseo, moldea la percepción del valor. En países colonizados, la “dolarización cultural” se entrelaza con la dolarización financiera. Se enseña a pensar en dólares, a aspirar en dólares, a medir la dignidad en dólares. Si el salario no se “dolariza”, se lo considera indigno. Si los precios no siguen al dólar, se los considera “atrasados”. El dólar, así, se vuelve patrón de verdad y de mentira, de orden y caos, de castigo y premio.
En los discursos de los tecnócratas y gurúes del libre comercio, el dólar aparece como oráculo inapelable. Se lo invoca para justificar ajustes, para despedir trabajadores, para cerrar escuelas y hospitales, para eliminar subsidios. “El dólar subió”, dicen los noticieros, y ese verbo intransitivo actúa como fuerza de la naturaleza. No se explica por qué, quién lo mueve, quién gana.
Se vuelve una entidad todopoderosa que opera por encima de los pueblos. Ese culto no es espontáneo. Es resultado de décadas de pedagogía para la manipulación ideológica del capitalismo. El dólar se ha convertido en símbolo de libertad individual, de consumo deseado, de éxito y modernidad.
Su dólar no sólo impone condiciones macroeconómicas: impone lenguajes. Impone mapas conceptuales y categorías de interpretación de la realidad. Cuando se dolariza la economía, se dolariza también el pensamiento.
Se sustituye la soberanía simbólica por un algoritmo monetario que disciplina las conductas, segmenta la sociedad y determina qué proyectos son viables. La semiosis de la dependencia pasa por allí.
En la guerra cognitiva global, el dólar es un mecanismo de chantaje. Se lo utiliza para premiar obediencias y castigar rebeldías. Cuando un país intenta escapar de la órbita del FMI, por ejemplo, o plantea una política soberana –energética, alimentaria, financiera– aparece la “corrida cambiaria”, la fuga de capitales, la devaluación inducida.
Pero esas no son sólo maniobras técnicas: son escenificaciones semióticas que tienen como objetivo desmoralizar, instalar la idea de que no hay alternativa. El dólar opera así como código penal del capitalismo. Condena a los pueblos, con anaqueles vacíos, hospitales desfinanciados, hogares endeudados. Y se legitima con la complicidad de élites que fungen de ventrílocuos del imperio.
No basta con denunciar el fetichismo del dólar como arma y matriz simbólica, su violencia, su gramática bélica. No alcanza con denunciar su fetiche monetario también fetiche ideológico.
Ni que la emancipación no será posible, si no se enfrenta al dólar como signo de guerra. Porque detrás de su brillo hay cadáveres. Detrás de su prestigio, hay hambre.
Detrás de su “estabilidad”, hay injusticia. Desenmascararlo es una urgencia ética y eso exige disputar el sentido y las matrices simbólicas que aún asocian “progreso” con capital financiero, “modernidad” con consumo desmedido, “libertad” con sumisión monetaria. La guerra es también semiótica.
Y cada consigna, cada libro, cada clase, cada mural, cada software libre, cada moneda popular, cada experiencia de economía solidaria, cada canal comunitario, son trincheras de esa guerra.
Se trata de cambiar la lógica misma de producción de sentido, emancipar las prácticas significantes, recuperar la soberanía del lenguaje, la historia y la imaginación. Allí donde el dólar quiso ser el fin del mundo, hagamos nacer otros mundos posibles.
