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Carlos Martínez García
18 de febrero de 2026 00:01
El segundo triunfo electoral de Donald Trump dejó un tanto inmovilizada a la oposición política y de la sociedad civil. Al iniciar frenéticamente su nuevo periodo presidencial y hacer efectivas promesas de campaña para restaurar la, llamada por él, grandeza americana, paulatinamente han ido acrecentándose acciones de resistencia en distintos espacios de la sociedad estadunidense.
Al comienzo de la nueva administración trumpista escribí en estas mismas páginas: “Es casi imposible que el restauracionismo pueda alcanzar su objetivo, pero quienes buscan avanzar mirando hacia atrás van a intentar por distintos medios construir un paraíso excluyente, en el que sólo haya cabida para ellos. Las movilizaciones para mantener cerrada la caja de Pandora, que jubilosamente Trump quiere abrir del todo, tendrán que fortalecerse y ser creativas, en particular dentro de Estados Unidos. La clase política que se opuso a Trump en 2024 está pasmada; su derrota electoral sigue causándole estragos. Ante esto es el tiempo de las organizaciones civiles, los proyectos comunitarios y ciudadanos que no solamente puedan contener la oleada que amenaza con llevarse logros y garantías que se daban por inamovibles, sino que sean capaces de abrir cauces para el advenimiento de un orden social más generoso para todos” (“Trump: el avance del retroceso remasterizado”, https://www.jornada.com.mx/2025/03/05/opinion/023a2pol).
Hay varias razones por las cuales Trump está perdiendo apoyo en grupos que antes lo respaldaron. Una de ellas es el desencanto entre quienes no vieron que las políticas impulsadas por el candidato republicano tendrían graves consecuencias para ello(a)s. Ha sido así en el caso de los votantes latinos, entre los cuales si bien la candidata demócrata en 2024, Kamala Harris, cosechó 53 por ciento de los votos, por su parte Donald Trump obtuvo 45 por ciento, 10 puntos porcentuales más que cuando fue derrotado en 2020. Lo(a)s sufragantes latinos que favorecieron a Trump muy pronto tuvieron evidencias de la política migratoria que se lanzó no nada más contra ello(a)s, sino también tuvo afectaciones en personas y familias que estaban protegidas por programas que permitían su estancia legal en Estados Unidos.
El sistema electoral estadunidense es engañoso, ya que si solamente se constatan las cifras de los votos electorales, la conclusión, como en 2024, es que Donald Trump tuvo un triunfo arrasador. Kamala Harris se hizo de 226 votos electorales, mientras Trump, de 312. El voto popular fue de 48.3 por ciento para ella y 49.8 para él. La diferencia fue 1.5 por ciento. En realidad prácticamente la mitad rechazó el programa político de Trump. Ahora todas las encuestas muestran claramente que la aprobación ciudadana al gobierno desciende conforme avanza su cuatrienio; así lo muestra el sondeo del prestigiado Pew Research Center publicado a finales de enero, en el que 37 por ciento respalda la gestión del presidente. Falta consolidar con votos el descontento en las elecciones del próximo noviembre, en las cuales se dirimen 435 puestos en la Cámara de Representantes y una tercera parte del Senado.
La organización de opositore(a)s en Estados Unidos a Donald Trump gana terreno en medios tradicionales y alternativos; unos y otros han dado espacio a encarcelamientos y deportaciones exprés que violan el debido proceso al que tienen derecho las personas. Las redadas han levantado protestas entre quienes no son los objetivos primarios de los agentes antinmigrantes, porque los operativos son efectuados con tales niveles de agresividad que mueven a la indignación de ciudadano(a)s contrarios a la criminalización de lo(a)s que buscan espacio dentro de una sociedad forjada por migrantes.
Las bien organizadas redes de activistas que se anteponen a los agentes de ICE para que no puedan efectuar operativos no solamente evidencian en distintas partes de Estados Unidos la forma en que aprehenden a infantes y adultos, sino que también han tenido repercusiones trágicas como la muerte en Mineápolis, a manos de integrantes de ICE, de Renee Nicole Good y Alex Jeffrey Pretti.
Es conocida la derecha evangélica embelesada con Donald Trump, menos lo es la corriente que desde sus valores de fe es decididamente contraria al trato inhumano e históricamente ha construido formas de proteger a los perseguido(a)s. En tal tradición nacieron redes que facilitaron en el siglo XIX la huida de esclavo(a)s del sur de Estados Unidos al norte mediante el conocido como ferrocarril subterráneo. Ahora se han sumado a las iglesias históricas de paz (cuáqueras, anabautistas/menonitas, entre otras) sectores de diversas denominaciones, incluida la Iglesia católica, que destinan santuarios para la defensa legal de los migrantes y hacen acopio de alimentos para distribuirlos en hogares donde están recluidas familias que no salen por temor a ICE.
En el mundo artístico y cultural es vigorosa la oposición al supremacismo de Donald Trump. Actores y actrices de renombre, dentro y fuera de los foros cinematográficos, son implacables contra la arrogancia del poder trumpista. Incluso empresario(a)s resisten las presiones del presidente y lo desafían, como hicieron los patrocinadores del Supertazón al negarse a eliminar del programa a Bad Bunny. Esto último, que pudiera parecer anecdótico no lo es, porque por cauces inesperados se abre paso una realidad más amplia que la deseada por Trump.
Carlos Martínez García
18 de febrero de 2026 00:01
El segundo triunfo electoral de Donald Trump dejó un tanto inmovilizada a la oposición política y de la sociedad civil. Al iniciar frenéticamente su nuevo periodo presidencial y hacer efectivas promesas de campaña para restaurar la, llamada por él, grandeza americana, paulatinamente han ido acrecentándose acciones de resistencia en distintos espacios de la sociedad estadunidense.
Al comienzo de la nueva administración trumpista escribí en estas mismas páginas: “Es casi imposible que el restauracionismo pueda alcanzar su objetivo, pero quienes buscan avanzar mirando hacia atrás van a intentar por distintos medios construir un paraíso excluyente, en el que sólo haya cabida para ellos. Las movilizaciones para mantener cerrada la caja de Pandora, que jubilosamente Trump quiere abrir del todo, tendrán que fortalecerse y ser creativas, en particular dentro de Estados Unidos. La clase política que se opuso a Trump en 2024 está pasmada; su derrota electoral sigue causándole estragos. Ante esto es el tiempo de las organizaciones civiles, los proyectos comunitarios y ciudadanos que no solamente puedan contener la oleada que amenaza con llevarse logros y garantías que se daban por inamovibles, sino que sean capaces de abrir cauces para el advenimiento de un orden social más generoso para todos” (“Trump: el avance del retroceso remasterizado”, https://www.jornada.com.mx/2025/03/05/opinion/023a2pol).
Hay varias razones por las cuales Trump está perdiendo apoyo en grupos que antes lo respaldaron. Una de ellas es el desencanto entre quienes no vieron que las políticas impulsadas por el candidato republicano tendrían graves consecuencias para ello(a)s. Ha sido así en el caso de los votantes latinos, entre los cuales si bien la candidata demócrata en 2024, Kamala Harris, cosechó 53 por ciento de los votos, por su parte Donald Trump obtuvo 45 por ciento, 10 puntos porcentuales más que cuando fue derrotado en 2020. Lo(a)s sufragantes latinos que favorecieron a Trump muy pronto tuvieron evidencias de la política migratoria que se lanzó no nada más contra ello(a)s, sino también tuvo afectaciones en personas y familias que estaban protegidas por programas que permitían su estancia legal en Estados Unidos.
El sistema electoral estadunidense es engañoso, ya que si solamente se constatan las cifras de los votos electorales, la conclusión, como en 2024, es que Donald Trump tuvo un triunfo arrasador. Kamala Harris se hizo de 226 votos electorales, mientras Trump, de 312. El voto popular fue de 48.3 por ciento para ella y 49.8 para él. La diferencia fue 1.5 por ciento. En realidad prácticamente la mitad rechazó el programa político de Trump. Ahora todas las encuestas muestran claramente que la aprobación ciudadana al gobierno desciende conforme avanza su cuatrienio; así lo muestra el sondeo del prestigiado Pew Research Center publicado a finales de enero, en el que 37 por ciento respalda la gestión del presidente. Falta consolidar con votos el descontento en las elecciones del próximo noviembre, en las cuales se dirimen 435 puestos en la Cámara de Representantes y una tercera parte del Senado.
La organización de opositore(a)s en Estados Unidos a Donald Trump gana terreno en medios tradicionales y alternativos; unos y otros han dado espacio a encarcelamientos y deportaciones exprés que violan el debido proceso al que tienen derecho las personas. Las redadas han levantado protestas entre quienes no son los objetivos primarios de los agentes antinmigrantes, porque los operativos son efectuados con tales niveles de agresividad que mueven a la indignación de ciudadano(a)s contrarios a la criminalización de lo(a)s que buscan espacio dentro de una sociedad forjada por migrantes.
Las bien organizadas redes de activistas que se anteponen a los agentes de ICE para que no puedan efectuar operativos no solamente evidencian en distintas partes de Estados Unidos la forma en que aprehenden a infantes y adultos, sino que también han tenido repercusiones trágicas como la muerte en Mineápolis, a manos de integrantes de ICE, de Renee Nicole Good y Alex Jeffrey Pretti.
Es conocida la derecha evangélica embelesada con Donald Trump, menos lo es la corriente que desde sus valores de fe es decididamente contraria al trato inhumano e históricamente ha construido formas de proteger a los perseguido(a)s. En tal tradición nacieron redes que facilitaron en el siglo XIX la huida de esclavo(a)s del sur de Estados Unidos al norte mediante el conocido como ferrocarril subterráneo. Ahora se han sumado a las iglesias históricas de paz (cuáqueras, anabautistas/menonitas, entre otras) sectores de diversas denominaciones, incluida la Iglesia católica, que destinan santuarios para la defensa legal de los migrantes y hacen acopio de alimentos para distribuirlos en hogares donde están recluidas familias que no salen por temor a ICE.
En el mundo artístico y cultural es vigorosa la oposición al supremacismo de Donald Trump. Actores y actrices de renombre, dentro y fuera de los foros cinematográficos, son implacables contra la arrogancia del poder trumpista. Incluso empresario(a)s resisten las presiones del presidente y lo desafían, como hicieron los patrocinadores del Supertazón al negarse a eliminar del programa a Bad Bunny. Esto último, que pudiera parecer anecdótico no lo es, porque por cauces inesperados se abre paso una realidad más amplia que la deseada por Trump.
Recientes tendencias del comercio exterior de México
Enrique Dussel Peters*
Hace apenas algunos días se publicó la información sobre el comercio exterior de México hasta 2025. Las principales y recientes tendencias son significativas y parecieran no haberse reflexionado suficientemente por el momento.
Como hemos destacado en múltiples ocasiones en este espacio, 2025 fue un año significativo desde una perspectiva global y ante la profunda confrontación sistémica entre Estados Unidos y China. Con el inicio de la segunda presidencia de Trump el 20 de enero de 2025 se desencadenaron incontables medidas unilaterales por parte de Estados Unidos, particularmente en el ámbito comercial: el principal garrote de la nueva administración son sus aranceles (“recíprocos”) en contra de China, la Unión Europea, los miembros del T-MEC y el resto del mundo. Las erráticas medidas, también dirigidas hacia México, buscarían afianzar su presencia en nuestro país, así como la nueva y agresiva estrategia de seguridad nacional anunciada en diciembre de 2025.
¿Cuáles han sido los efectos de este convulso 2025?
Primero. El comercio exterior de México en 2025 aumentó en forma significativa –las exportaciones en 7.6 por ciento y las importaciones en 4.4 por ciento–, muy por encima del crecimiento de su PIB (de 0.7 por ciento). Es decir, el comercio exterior sigue siendo su principal motor de crecimiento, y con coeficientes del comercio exterior y de las exportaciones con respecto a su PIB muy por encima del resto de los países de América Latina y el Caribe (ALC).
Segundo. Las exportaciones de México lograron un incremento significativo, no obstante la generalizada incertidumbre global y particularmente con Estados Unidos. Canadá fue el destino de mayor crecimiento (17.3 por ciento con respecto a 2024), seguido de Asia (9.1 por ciento) y de Estados Unidos (7.7 por ciento). Las exportaciones a ALC (1.5 por ciento) y a China (2.8 por ciento) estuvieron muy por debajo del desempeño de las exportaciones totales (7.6 por ciento). Lo anterior resulta en que en 2025 las exportaciones mexicanas hacia América del Norte incrementaron su participación a 86.37 por ciento, particularmente ante un ligero aumento a Estados Unidos y a Canadá (del 3.06 por ciento total exportado en 2024 al 3.33 por ciento en 2025). La participación de Asia fue de apenas 4.98 por ciento en 2025 y de 1.54 por ciento de China (nuestro tercer mercado de exportación después de EU y Canadá).
Tercero. Más allá de la reconcentración de las exportaciones hacia América del Norte, las tendencias en las importaciones mexicanas en 2025 son al menos tan relevantes, considerando su aumento en 4.4 por ciento para el total. Las de América del Norte cayeron en 4.4 por ciento y las de Estados Unidos en 4.5 por ciento, las de la Unión Europea también se redujeron en 4.9 por ciento, mientras las asiáticas aumentaron en 17.7 por ciento (particularmente de Taiwán, Singapur y Malasia) y las chinas en 2.9 por ciento. Como resultado, las importaciones desde América del Norte se desplomaron en 2025 y representaron por primera vez 39.51 por ciento y las de Estados Unidos por primera vez menos de 40 por ciento (37.62 por ciento); las importaciones asiáticas dieron un impresionante salto de 2024 (39.87 por ciento) a 44.98 por ciento del total en 2025 y superaron por primera vez las importaciones de EU. Las importaciones desde China redujeron su participación para alcanzar 20.07 por ciento en 2025.
Las recientes tendencias del comercio exterior de México son relevantes, además de que las importaciones asiáticas por primera vez superaran a las estadunidenses. No obstante la incertidumbre global generada por las amenazas y chantajes desde EU, en 2025 se consolidan las tendencias desde finales de los años 1990: Estados Unidos como el principal destino de las exportaciones y, en paralelo, una importante diversificación de las importaciones mexicanas vía los países asiáticos y particularmente China, con poco menos de la mitad de las importaciones asiáticas. La creciente presencia asiática, particularmente china en las importaciones mexicanas, más allá de señales e incentivos por parte de autoridades estadunidenses y mexicanas y, en paralelo, la altísima dependencia de las exportaciones de México hacia Estados Unidos. La proveeduría asiática y particularmente china pareciera contar con enormes beneficios en contra de las importaciones desde Estados Unidos (recordando que alrededor de 70 por ciento de las importaciones de México las realizan empresas extranjeras establecidas en México y particularmente de Estados Unidos).
Las implicaciones son múltiples. México continúa con una destacada dependencia de su economía orientada hacia las exportaciones, con los subsecuentes efectos: alta polarización a nivel de empresas, sectores y territorios, además de incentivos que permiten que este sector no grave aranceles, IVA ni ISR. Por otro lado, México sólo ha logrado una importante diversificación de su comercio exterior en sus importaciones (de Asia y particularmente China), aunque la concentración exportadora hacia América del Norte y Estados Unidos continúa siendo exorbitante.
Estos temas, sin lugar a dudas, serán críticos en 2026 y en la profunda renegociación del T-MEC. ¿Se abordará la creciente falta de competitividad de las exportaciones estadunidenses (particularmente ante las chinas) a México? Si la diversificación del comercio exterior de México es una prioridad, ¿se tomarán medidas específicas para disminuir la participación de América del Norte y particularmente de Estados Unidos en las exportaciones mexicanas?
* Profesor del Posgrado en Economía y coordinador del Centro de EstudiosChina-México de la UNAM
http://dusselpeters.com
España, segundo trampolín mundial de inversiones latinoamericanas hacia otros países
La principal motivación de las inversiones de las empresas latinoamericanas en España es estar presente en este mercado, "aunque ello no evita que utilicen esta localización para realizar inversiones en otras economías", expone el informe. Foto X @CEAPIconsejo Foto autor
Europa Press
17 de febrero de 2026 20:31
Madrid. España ocupa la segunda posición a nivel mundial, solo por detrás de Estados Unidos, donde se localizan filiales de empresas latinoamericanas que actúan como trampolín directo hacia terceros países.
Estas afirmaciones se desprenden del informe 'España como economía trampolín de inversiones en Iberoamérica', elaborado por el Observatorio Empresarial Iberoamericano Ceapi junto al Instituto Complutense de Estudios Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid.
En concreto, Estados Unidos acoge a 270 filiales de empresas "trampolín", España a 197 y Reino Unido a 155. De ellas, "Brasil lidera el ranking de países con mayor número de trampolines directos, Panamá gana protagonismo, Ecuador se mantiene como destino importante, y sigue sorprendiendo que México no destaca en este tipo de filiales", especifican los autores del documento.
En el caso español, el país es trampolín de 13 de los 19 países analizados en posiciones relevantes y destaca su papel en el caso de Venezuela, Uruguay, México, Guatemala y Chile.
El informe también constata que México es el principal inversor de América Latina en España, tanto por el número de matrices como de filiales: el país ha constituido una importante red al alcanzar casi cuatro filiales por matriz en España frente a una media que se sitúa en dos. Los otros grandes inversores latinoamericanos son Chile, Colombia y Brasil.
La principal motivación de las inversiones de las empresas latinoamericanas en España es estar presente en este mercado, "aunque ello no evita que utilicen esta localización para realizar inversiones en otras economías", expone el informe.
Respecto a los sectores de estas compañías, el 9.1 por ciento de las matrices y filiales latinoamericanas pertenecen al ámbito financiero, el 4.9 por ciento al manufacturero, el 4.3 por ciento al inmobiliario, el 3.4 por ciento a las comunicaciones y en 2.5 por ciento al comercio.
En sentido contrario, España se ha consolidado como el segundo inversor en América Latina con un 11 por ciento de la inversión extranjera directa (IED), con Brasil, México y Colombia como principales destinos (38 por ciento, 25 por ciento y 15 por ciento, respectivamente). De hecho, América Latina y el Caribe representan cerca del 40 por ciento de la IED que emite España.
Los servicios financieros y de seguros representaron el 35 por ciento del stock, como reflejo de la expansión bancaria española desde los años 90, le siguen las telecomunicaciones con más del 9 por ciento, la distribución de energía y agua (cerca del 8 por ciento) y el comercio minorista (menos del 5 por ciento), estos dos últimos en retroceso desde 2015.