sábado, 7 de febrero de 2026

Trump publica video de Barack y Michelle Obama como monos.

“No me disculparé”, asevera el magnate
Tras la difusión, la Casa Blanca admite que fue un error y lo elimina
▲ Expertos señalaron que durante siglos, los supremacistas blancos han representado en sus campañas a los afroamericanos como simios para deshumanizarlos. En la imagen, Trump y Obama durante el funeral del presidente Jimmy Carter el año pasado.Foto Afp
Afp, Ap y Reuters
Periódico La Jornada   Sábado 7 de febrero de 2026, p. 17
Washington. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, desató ayer furia e indignación entre los demócratas después de publicar un video, en su cuenta de Truth Social, en el que mostró al ex mandatario Barack Obama y su esposa Michelle como monos en una jungla, en el marco de teorías conspirativas sobre las elecciones de 2020. La Casa Blanca atribuyó la publicación a “un error” de un funcionario y Trump afirmó que no se disculpará porque el error no fue suyo.
Las imágenes fueron tomadas de un video más largo, previamente circulado por un influyente derechista creador de memes. En ellas se muestra al magnate como el “rey de la jungla” y caracteriza a varios líderes demócratas como animales, entre ellos al ex presidente Joe Biden como un primate comiendo un plátano.
“Esto es de un video meme de Internet que representa al presidente Trump como el rey de la jungla y a los demócratas como personajes de ‘El Rey León’”, declaró la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt.
La película de 1994 de Disney, a la que la funcionaria se refirió, está ambientada en la sabana, no en la jungla, y no incluye grandes simios.
“Por favor, dejen la falsa indignación e informen sobre algo que realmente importe al público estadunidense hoy”, enfatizó Leavitt.
Horas después, en una rara admisión de una equivocación por parte de la Casa Blanca, la publicación fue eliminada y atribuida a “un error” de un miembro del personal del gobierno. Líderes de derechos civiles y senadores republicanos criticaron la acción por el trato al primer presidente afroestadunidense de la nación y a su esposa, Michelle Obama.
El líder del Senado, el demócrata Chuck Summer, calificó el video de “racista, vil y aberrante” e instó a Trump a disculparse.
“Simplemente miré la primera parte y trataba sobre el fraude electoral y las máquinas, lo corruptas y repugnantes que son. Luego se lo di a la gente para que lo revisara todo, pero supongo que alguien no lo hizo y publicó algo, lo retiramos”, aseveró Trump, quien descartó pedir disculpas por un error de uno de sus funcionarios.
El contenido difundido fue parte de una serie de actividades en redes sociales que amplificaron las falsas afirmaciones de Trump sobre el supuesto robo de las elecciones de 2020, pese a que los tribunales de todo el país no encontraron evidencia de fraude que pudiera haber afectado el resultado.
Expertos señalaron que durante siglos, los supremacistas blancos han representado a las personas de ascendencia africana como monos en campañas para deshumanizar y dominar a las poblaciones negras.
Trump tiene un historial de compartir retórica racista; durante mucho tiempo promovió la falsa teoría conspirativa de que Barack Obama no había nacido en Estados Unidos. En diciembre, el republicano describió a los somalíes como “basura” que debería ser expulsada del país”.
El senador republicano Tim Scott, quien es negro, criticó la publicación, al señalar: “ojalá sea falso, porque es lo más racista que he visto salir de esta Casa Blanca. El presidente debería eliminarlo”.
En tanto, luego de que esta semana el mandatario estadunidense afirmó que las próximas elecciones “está amañadas” porque la Suprema Corte aprobó utilizar un nuevo mapa electoral diseñado por los demócratas en California, el Partido Republicano apostó por redefinir los distritos congresionales controlados por el partido Demócrata en Texas, Misuri y Carolina del Norte.

La guerra imperial y la dignidad de Cuba
Magdiel Sánchez Quiroz*
Se cumplió un mes de la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela. El hecho más relevante fue el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de Cilia Flores, su esposa y diputada. El saldo exacto de las personas asesinadas en la incursión aún no ha sido esclarecido. Oscila por las 140. Estados Unidos ha ocultado cualquier información sobre sus heridos y se niega a informar si sufrió bajas. Se sigue sin saber si hubo una traición o conspiración desde el interior de Venezuela. Pero el pueblo venezolano, hegemonizado por el chavismo, se sostiene firme en el proyecto de Chávez y Maduro.
Un hecho que resaltó desde los primeros días es que en los ataques murieron 32 cubanos que realizaban labores internacionalistas. Algunos fueron asesinados mientras dormían. Otros combatieron hasta el último segundo, defendiendo al mandatario Maduro. Homenajeados por millones de cubanos que se movilizaron en los días posteriores, su heroicidad recuerda a sus compatriotas caídos en Angola, a los que defendieron la revolución en Granada, que combatieron con el Che en Bolivia y El Congo, a los internacionalistas de la guerra de España y a quienes se sumaron a las gestas independentistas de otras naciones en la región.
En ese contexto, destaca también la nueva orden ejecutiva lanzada contra Cuba por Donald Trump (29/01/26). Ésta pretende llevar a un colapso energético a la isla, para detonar una crisis social y empujar un cambio de régimen. En su primer mandato, Trump incrementó las hostilidades contra Cuba al poner al país en la lista de países patrocinadores del terrorismo y agudizar las medidas coercitivas en su contra. Desde entonces, los problemas estructurales ocasionados por una guerra permanente (desde 1959) y un bloqueo (desde 1962) han hecho más difícil la vida para millones de cubanos que, a pesar de ello, sostienen una revolución que ha fundido la liberación nacional y la transición socialista en un solo cauce.
En medio de una crisis política interna, Trump aspira a que el nuevo ataque contra Cuba le devuelva la legitimidad perdida por los problemas económicos internos, los crímenes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) y el escándalo de pedofilia y lenocinio en que está inmerso.
Como parte de una ofensiva sicológica, y con la “medalla” de haber secuestrado a Maduro y Flores, insiste ad nauseam que Cuba se rendirá. La guerra contra La Habana no es sólo mediática. Es total y permanente. A pesar de la asimetría entre los países, la opción de intervención militar de Estados Unidos. ha estado cancelada desde hace décadas por la fortaleza político militar de Cuba.
Una estrategia de guerra de todo el pueblo, una fortaleza ideológica en la que se galvaniza el socialismo y el amor por la patria, la cohesión inquebrantable de la dirección del país, así como de la disposición de la inmensa mayoría del pueblo para defender la nación ha frustrado los proyectos imperialistas a lo largo de 67 años.
Cuba ha sido el único país del mundo que ha logrado que Estados Unidos pague una indemnización de guerra, tras la invasión de Playa Girón. En la guerra de Angola contra el régimen del apartheid, mostró una superioridad político-militar y moral en el asesoramiento militar, se ganó el reconocimiento en las mesas de negociación de la paz y fue un baluarte de dignidad al no pedir nada en su favor, a pesar de los enormes sacrificios de decenas de miles de cubanos.
La ofensiva belicista es parte de la batalla de un imperio en decadencia. Con el corolario trumpista a la Doctrina Monroe (Donroe) pretende reclamar la parte del mundo que, según el diseño geopolítico de Karl Hausofer, le corresponde como hegemón imperial. El continente americano, el Caribe y Groenlandia son así el espacio vital que le permitirá sobrevivir a la emergente multipolaridad.
Cuba es, para la doctrina Donroe, “una amenza”. Así lo dice en la orden ejecutiva del 29/01/26. Cuba es el recordatorio constante de que el imperio no es omnipotente. Es un símbolo de la dignidad y la rebeldía de toda una nación y de un proyecto alternativo, el socialismo.
En la nueva ofensiva contra Cuba está en juego la posibilidad de soberanía para toda la región. Nadie puede ser indiferente a este conflicto. Cada país y cada persona deben posicionarse para echar abajo la orden ejecutiva del 29 de enero y las medidas coercitivas impuestas en el primer gobierno de Trump. Por su parte, desde la Estrategia de Seguridad Nacional (NSE, por sus siglas en inglés) publicada por el gobierno de Trump en diciembre de 2025, se postula como necesario para ese país “reclutar ( enlist) a países para fortalecer su estabilidad y seguridad en tierra y mares” (NSE, p. 16). Los dirigentes políticos de toda la región están obligados a demostrar si están dispuestos a rebelarse y ser dignos o aceptarán ser reclutas de un imperio en decadencia.
* Filósofo. Coordinador de las Obras Escogidas de Fernando Martínez Heredia

México SA
México: ayuda humanitaria a Cuba // Solidaridad con hechos, no con dichos // Comunidad internacional debe apoyar
Carlos Fernández-Vega
▲ Escenas de la vida cotidiana este viernes en Cuba.Foto Jair Cabrera Torres
La criminal política estadunidense en contra de Cuba no es atribuible solo a ( fuck) Trump, sino a sus antecesores en la Casa Blanca (de Ike Eisenhower al propio magnate naranja; 13 mandatarios en total) y en las más de seis décadas transcurridas el gobierno gringo, con sus diferentes caretas, no ha hecho otra cosa que intentar asfixiar a los isleños con el pretexto de “erradicar el comunismo”, lo que constituye un delito de lesa humanidad. La agresión ha sido permanente y creciente el precio pagado por los cubanos, quienes no se han doblegado ni lo harán.
Acostumbrada al sometimiento de no pocos “gobiernos” latinoamericanos (y algunos más de distintas zonas del planeta), la Casa Blanca imperialmente no tolera que algún país decida salirse del corral gringo, algo que desde 1959 Cuba hizo en ejercicio de su soberanía y a partir de entones la agresión estadunidense ha sido salvaje y permanente.
A pesar de las dificultades y represalias que ello conlleva, desde entonces México ha mostrado su apoyo a la isla y actúa en consecuencia, aunque con distinta intensidad según el gobierno en turno. Por ello es destacable la decisión que ayer anunció la presidenta Sheinbaum: “estamos pensando enviar ayuda, si no este fin de semana, el lunes a más tardar. Y es principalmente alimentación y algunos otros insumos que nos han pedido (por medio de la embajada isleña en nuestro país). Hemos estado en ello, y, como saben, en todos los trabajos diplomáticos para poder reenviar petróleo a Cuba. Obviamente, no queremos que haya sanciones para nuestro país, pero estamos en ese proceso de diálogo. Y, por lo pronto, se va a enviar ayuda humanitaria.
Bien por el gobierno mexicano, y la comunidad de naciones (para ser congruente con la mayoría abrumadora contra el bloqueo que permanentemente, desde hace 33 años, que se ha manifestado en la Asamblea General de la ONU) debe seguir el ejemplo y hacer lo propio. Es intolerable que un pueblo padezca por los caprichos imperiales de una banda de hampones instalada en la Casa Blanca.
En vía de mientras, al Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) ofrece su lectura sobre la realidad que vive la isla: “para 2026, estimamos un crecimiento de 0.1 por ciento, proyección que se basa en la expectativa de que podrían atenuarse algunos factores contractivos, pero sin que aún se traduzca en una recuperación significativa. Para dinamizar la economía a mediano y largo plazos, es necesario abordar las distorsiones estructurales. Persisten la falta de insumos importados y financiamiento; la inflación erosiona los ingresos familiares y el mercado cambiario sigue distorsionado, con un peso cubano muy devaluado en el mercado informal. Además, aunque para el presente año se espera una ligera mejora en el turismo y otras exportaciones, sus niveles seguirán por debajo del potencial debido a restricciones como las sanciones internacionales, así como los problemas internos relacionados con la oferta y la calidad de los servicios”.
En 2025, la economía cubana se contraería 1.5 por ciento, tras la reducción de 1.1 por ciento registrada en 2024, pues “continúa afectada por desequilibrios internos y choques externos. En el primer semestre de 2025 no se observaron señales de recuperación; sectores estratégicos como turismo y energía experimentaron un marcado deterioro, al que se sumó la escasez de insumos y divisas. El contexto internacional adverso, las sanciones y los problemas estructurales, como los retrasos en la realización de reformas y la limitada inversión extranjera, explican en gran medida la falta de impulso para el crecimiento”.
Y el punto central: “el bloqueo económico de Estados Unidos sigue afectando gravemente a Cuba, con pérdidas estimadas por el gobierno de 7 mil 556 millones de dólares entre marzo de 2024 y febrero de 2025 (equivalente a 79.4 por ciento de las exportaciones de 2024), lo que representa un aumento de 49 por ciento respecto al período anterior. El incremento responde al endurecimiento de las restricciones financieras y comerciales impuestas por el gobierno estadunidense, orientadas a debilitar sectores estratégicos, limitar el comercio internacional y restringir el acceso a insumos esenciales”.
Entonces, solidaridad con hechos, no con dichos, y el ejemplo mexicano debe motivar a la comunidad internacional a seguir ese camino (Rusia y China ya se pronunciaron a favor y actúan en consecuencia).
Las rebanadas del pastel
Hay que ponerse las pilas: a vacunarsecontra el sarampión, especialmente losniños… Fuerte abrazo de despedida para John Saxe-Fernández. Buen viaje.
X: @cafevega   cfvmexico_sa@hotmail.com

Leer a los clásicos
Italo Calvino, en su celebre ensayo Por qué leer a los clásicos, definía a los “clásicos” como libros “inagotables que nunca terminan de decir lo que tienen que decir” y unos “que uno siempre está releyendo y siempre ofrecen más”. Fotos X @FCEMexico y @alianza_ed Foto autor
Maciek Wisniewski
07 de febrero de 2026 00:02
Esto siempre es un bueno, pero el mandamiento de “leer a los clásicos” en tiempos de la filtración de los archivos de Epstein y el colapso del “orden basado en reglas” ocasionado por la voracidad imperial estadunidense y los afanes de Donald Trump de llevar su presidencia como un proyecto personal de negocios y desarrollo inmobiliario: riviera en Gaza, petróleo de Venezuela, inversiones en Groenlandia, etcétera; acontecimientos para nada desconectados, ya que ambos apuntan a lo ficticio de todas las “reglas” que no aplican a los ricos, los fuertes y los poderosos –y con el “imperio Epstein” funcionando, en práctica, como una franquicia del control global estadunidense−, puede ser una de las pocas cosas capaces de salvarnos de una locura total. 
No es un llamado al escapismo. Cada vez que leo más los mails de Epstein y sus acólitos simpatizo más y más con los llamados a “que habría que ejecutar públicamente a todos los que aparecen allí” (bueno, salvo a Norman Finkelstein, lean su mail, es una joya), o los lamentos de que “se echan de menos los tiempos cuando los bolcheviques simplemente fusilaban a todos” (curiosamente hoy buena parte de los “nuevos bolcheviques”, como la anticomunista tardía Anne Applebaum tilda sesgadamente a los nuevos autoritarios, están, con el supuesto “leninista” Steve Bannon y el mismo Trump a la cabeza, en los Epstein files). Sólo digo que la lectura de los “clásicos” puede ayudar. 
Italo Calvino, en su celebre ensayo Por qué leer a los clásicos −que apareció originalmente en 1981 en L’Espresso, luego en otros lugares y, finalmente, en un tomo aparte acompañado de otros ensayos dedicados a los hombres de letras cuyas obras alcanzaron este estatus (¡Gracias a Dios no está Nabokov!), un tomo publicado ya póstumamente en 1991−, definía a los “clásicos” como libros “inagotables que nunca terminan de decir lo que tienen que decir” y unos “que uno siempre está releyendo y siempre ofrecen más”. 
Entre las razones finales (en total 14) que daba Calvino era que un “clásico” es también una obra “que tiende a relegar las preocupaciones del momento a la categoría de ruido de fondo” y una que, a la vez, “persiste como ruido de fondo cuando las preocupaciones momentáneas más incompatibles dominan la situación”. 
Así, el efecto calmante de los “clásicos” −esencialmente mi punto de partida− es que su lectura es capaz de moderar nuestra sensibilidad a cada noticia de la última hora, evitar el desasosiego (ya de plano a veces da miedo abrir el periódico o el navegador) y ofrecer un necesario contrapeso y la perspectiva histórica. 
Entonces, adelante. Pero para que quede otra vez claro que no se trata del escapismo, cambiemos de canal y/o de estante, pero sin necesariamente bajar el volumen. 
Allí está Marx, al que Calvino no menciona (ni siquiera aparece en el índice), pero que es un autor, espero que estemos de acuerdo, de al menos un par de “clásicos” de todos los tiempos: El Manifiesto Comunista y El Capital, cuya prosa, y en el caso del segundo, también la riqueza de las referencias literarias (Shakespeare, Dante, et al.), hacen que se defienda bien en esta calidad y que parecía estar escribiendo como si hubiera leído los mails de y hacia la infamosa isla de Epstein. 
Cuando en La lucha de clases en Francia fustigaba la aristocracia financiera de sus tiempos, su riqueza malhabida, corrupción moral, política y violencia en las cumbres de la sociedad burguesa donde “se propagó el desenfreno por la satisfacción de los apetitos más malsanos y desordenados, que a cada paso chocaban con las mismas leyes de la burguesía; desenfreno en el que, por ley natural, va a buscar su satisfacción la riqueza procedente del juego; desenfreno por el que el placer se convierte en crápula y en el que confluyen el dinero, el lodo y la sangre”. 
O −regresando ya al estante de literatura− Conrad (Józef Teodor Konrad Korzeniowski para ser más precisos, por qué no), que sí aparece en la selección de Calvino en un homenaje a Lord Jim, el “clásico” en cuestión, que en Nostromo, su otra obra maestra y un “clásico” no reconocido, incluye la crítica táctica al joven imperialismo estadunidense y su capital financiero, mencionando de paso el papel de la Doctrina Monroe en la explotación de la ficticia república de Costaguana, modelada en parte en Colombia y en parte en Paraguay de finales del siglo XIX (léanla o reléanla, por favor). 
O que en otro lugar, en una obra menor y olvidada (coescrita por Conrad con Ford Madox Ford): Los herederos, hablando de una trama del imperialismo británico y un grupo de “conspiradores del futuro” para… anexar a Groenlandia, predijo la obsesión actual de los billonarios estadunidenses en convertir la isla en un “tecno-Estado soberano” (de allí los afanes de Trump de comprársela a Dinamarca, o, de plano, invadirla). 
Y he aquí también la parte del “chiste que se cuenta solo” y una necesaria perspectiva histórica: Little St. James, la isla privada de Epstein, está, ni más ni menos, sino ubicada en las Islas Vírgenes estadunidenses, antes… Indias Occidentales Danesas, compradas por Estados Unidos del país escandinavo en 1917. 
Entre otras razones de Calvino era también, paradójicamente, que una obra es un “clásico” porque “no nos enseña necesariamente algo que no sabíamos”. Hoy, ni Marx ni Conrad, leídos incluso de modo más amplio como “autores de los clásicos”, tampoco nos dicen nada nuevo. Confirman más bien, a la luz de los acontecimientos del presente, lo que, sobre todo los que no hemos vivido las últimas tres décadas en el reino del “fin de la historia”, ya sabíamos antes (que Estados Unidos es una potencia imperial y que las élites dominan el mundo pasándose las normas, de todo tipo, por el forro). Y por eso, su lectura ayuda.