lunes, 30 de marzo de 2026

American curios.

¿Qué sigue?
David Brooks
▲ Tras la jornada de protestas No Kings del sábado, en la que salieron más de 8 millones a las calles de todo Estados Unidos, muchos se atreven a sugerir que está naciendo un movimiento de resistencia capaz de promover un cambio real en esa potencia. En la imagen, manifestación en Seattle, donde participantes se disfrazaron del mandatario Donald Trump; el vicepresidente, JD Vance, y el asesor de seguridad nacional, Stephen Miller.Foto Ap
Fue el día de protesta nacional más grande de la historia de Estados Unidos, según los organizadores de la movilización No a los Reyes, con más de 3 mil 300 acciones de protesta en todas las esquinas del país. Se exhibió la rabia frente a la agenda derechista encabezada por el ocupante de la Casa Blanca, pero también la alegría de salir, gritar, bailar y cantar juntos.
La estrella del día fue la gente, aunque también estaban El Jefe Springsteen y Robert De Niro, así como las legendarias Jane Fonda y Joan Baez y figuras políticas. Pero la noticia no fueron ellos, sino la expresión masiva de repudio y furia ante las asaltos contra comunidades inmigrantes, a libertades y derechos civiles, el medio ambiente y ante guerras.
Pero después de un día de actos masivos y chiquitos en grandes urbes y pueblitos en todos los 50 estados, el ocupante de la Casa Blanca y su alianza derechista continuaron en el poder ignorando –y hasta burlándose– del gran llamado en las calles el sábado por un cambio de régimen en Estados Unidos. Por lo tanto, la pregunta es: ¿qué sigue?
Algunos organizadores hablan de mayores acciones de desobediencia civil, ensayos para una huelga general el primero de mayo, ampliar la resistencia constante y aprender las lecciones del gran ejemplo de Mineápolis, cuya continua oposición al asalto de la ciudad por miles de agentes federales antimigrantes logró la primera derrota de la Casa Blanca en el campo de la batalla social. Otros plantean que por ahora el objetivo central es organizarse para las elecciones intermedias de noviembre y lograr que los demócratas retomen el control por mayoría de por lo menos una de las dos Cámaras del Congreso, aunque algunos bromean –o no tanto– que aún está por verse si habrá comicios. Otros ofrecen conferencias, foros, talleres y más para organizar a escala local, estatal y federal en torno a temas como inmigración, defensa del derecho al voto, cómo elevar la oposición a las guerras y expresar solidaridad con otros pueblos.
Si, como dicen los organizadores de No Kings, salieron más de 8 millones a las calles, superando las dos jornadas de protestas del año pasado y con ello lograr algo sin precedente, muchos se atreven a sugerir que está naciendo un movimiento de resistencia capaz de promover un cambio real en este país en varios rubros. Esa expresión de oposición coincide con el desplome de tasas de aprobación de este presidente en los sondeos (36 por ciento Reuters/Ipsos), donde incluso su manejo de algunos de los temas claves de su campaña –migración y economía– son reprobados por amplias mayorías. Vale recordar en este contexto que ganó su retorno a la Casa Blanca con sólo un tercio del electorado total, una minoría del pueblo estadunidense.
El senador socialista demócrata Bernie Sanders, tal vez el político nacional más popular del país, capturó la coyuntura en su discurso ante el mitin de No Kings en Mineápolis: “estamos viviendo en un momento sin precedente y más peligroso en la historia estadunidense”, advirtió. Pero expresó que el momento no se trata de un solo hombre en el poder, sino “sobre unos cuantas de las personas más ricas del mundo quienes, en su avaricia insaciable, han tomado a nuestra economía...Nuestro sistema político… Nuestros medios... Nunca antes en la historia estadunidense unos pocos han tenido tanta riqueza y poder… con el uno por ciento más rico con más riqueza que el 93 por ciento de abajo”. Agregó que además de luchar contra el autoritarismo y los oligarcas, se tiene que frenar el “militarismo fuera de control tanto en casa… como en el extranjero”. Las movilizaciones del sábado no marcan “el fin de nuestra lucha. Es sólo el inicio”.
O sea, se podría decir que lo que sigue es la lucha por la redemocratización de Estados Unidos. Para eso, tendrán que invitar también a los inmigrantes que saben de estas batallas en sus países y que siempre han estado en la trincheras de ese tema en Estados Unidos (no por nada fueron el primer blanco de la derecha).
Gogol Bordello. Inmigranadia. https://www.youtube.com/watch?v=aKpgb2WrGo0
K’naan, Residente, etc. Immigrants. https://www.youtube.com/watch?v=6_35a7sn6ds

EU permite arribo a Cuba de barco con petróleo ruso
El buque lleva 730 mil barriles de combustible, calcula el NYT
▲ Pese a los constantes cortes de luz, falta de transporte y escasez de alimentos por el bloqueo energético impuesto por Estados Unidos, los cubanos defienden su vida cotidiana. En la imagen una joven festeja sus 15 años con un paseo por La Habana.Foto Ap
Reuters y Sputnik
Periódico La Jornada   Lunes 30 de marzo de 2026, p. 23
Santiago. Un buquetanque que transporta crudo ruso entró ayer en la zona económica exclusiva de Cuba, luego de trascender que Estados Unidos permitió que ese navío llegara a la isla, en una flexibilización del bloqueo petrolero de facto que Washington impuso al país caribeño, informó The New York Times.
El barco Anatoly Kolodkin, que zarpó de Primorsk tras cargar unos 650 mil barriles el 8 de marzo, podría descargar pronto en el puerto de Matanzas si no cambia su rumbo actual, según los servicios de seguimiento Marine Traffic y LSEG.
Los rastreo de buques mostró que el Anatoly Kolodkin se encontraba ayer justo frente al extremo oriental de Cuba.
El Times, al citar a un funcionario estadunidense con conocimiento del asunto, indicó que Estados Unidos permitió que un petrolero ruso cargado de crudo llegue a Cuba, en una flexibilización del bloqueo petrolero.
Washington había bloqueado todos los envíos de petróleo a Cuba desde enero pasado en un intento de presionar al gobierno de La Habana. Recientemente, Estados Unidos levantó de forma temporal las sanciones a Rusia para ayudar a mejorar el flujo de crudo que ha sido restringido por los ataques militares estadunidenses e israelíes contra Irán.
El informe del Times indica que no estaba claro por qué la administración del presidente Donald Trump permitió que el envío se llevara a cabo. Los reportes no fueron confirmados ni desmentidos por el gobierno de Cuba.
El Anatoly Kolodkin, sancionado por Estados Unidos, se dirigía a Cuba, según mostraron también los datos de seguimiento de buques de LSEG. El buquetanque zarpó con unos 650 mil barriles de crudo, aunque el informe del Times calculó la carga en 730 mil.
Tal cantidad de petróleo supondría un alivio significativo para la isla, que según el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, no ha recibido importaciones de crudo durante tres meses, lo que ha causado un estricto racionamiento de gasolina y agravado la crisis energética que ha provocado múltiples cortes de electricidad en toda la nación caribeña.
Los precios de los combustibles en la isla se elevaron, el transporte público se redujo drásticamente y algunas aerolíneas suspendieron sus vuelos a Cuba. El país sufrió siete apagones a escala nacional desde principios de 2024, dos de ellos este mes.
El Anatoly Kolodkin fue escoltado por un buque de la armada rusa a través del Canal de la Mancha; sin embargo, las dos embarcaciones se separaron una vez que el petrolero ingresó en el océano Atlántico, según informó la Marina Real británica.
El viceprimer ministro y ministro de Comercio Exterior e Inversiones de Cuba, Óscar Pérez-Oliva Fraga, aseguró que el bloqueo energético contra Cuba afectó la situación sanitaria y, entre otras cosas, provocó que más de 100 mil cubanos, incluidos menores, estén actualmente a la espera de someterse a una cirugía en hospitales.
Pérez-Oliva afirmó en una reunión con el gobernador de la ciudad rusa de San Petersburgo que en el sistema sanitario de la isla más de 100 mil personas están en lista de espera para someterse a una intervención quirúrgica y más de 11 mil de ellas son menores de edad.
Señaló que la crisis energética afectó todos los aspectos de la vida. En particular, los cortes de luz diarios perjudicaron la producción, el transporte y el almacenamiento de alimentos, mientras la escasez de combustible también impide el funcionamiento normal de los sistemas de suministro de agua.
El pasado 29 de enero, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva que permite imponer aranceles a las importaciones de países que suministren petróleo a Cuba.
Además, declaró una emergencia nacional por una supuesta amenaza cubana a la seguridad nacional de Estados Unidos.
El gobierno cubano afirmó que con ese “bloqueo energético”, Estados Unidos busca asfixiar la economía de la nación caribeña y hacer intolerables las condiciones de vida de su pueblo.

¿Sigue Cuba?
Fernando Buen Abad Domínguez
¿Cuál es el plan contra Cuba? ¿Bombardear en medio de la noche al pueblo que descansa? ¿Asaltar la residencia presidencial y secuestrar al mandatario? ¿Someterlo a juicio en Miami con cargos de narco- terrorismo? Amenazar a Cuba para que naturalicemos imágenes invasoras espectaculares tipo Rambo –bombardeos nocturnos, asaltos quirúrgicos, capturas teatrales– que condensan lo que, en la práctica, funciona como un bloqueo persistente, menos visible y, por ende, más eficaz. Se trata de una forma de coerción insoportable e inaceptable que se manifiesta como una ingeniería del odio prolongado y que combina instrumentos bélicos con económicos, jurídicos, diplomáticos y comunicacionales. En ese marco, ¿la figura de Miguel Díaz-Canel es el centro de una operación de captura, para la sustitución de un dirigente y la reconfiguración de las condiciones materiales y simbólicas que sostienen el orden social revolucionario de Cuba?
Esa amenaza de Trump pertenece a un repertorio clásico de la guerra militar directa que implica costos geopolíticos, jurídicos y reputacionales que no serían gratis para nadie. La violencia no desaparece, la reconfiguran. Y la guerra comunicacional adquiere un papel estructural. No se trata de un complemento propagandístico, sino de un campo donde se disputa la naturalización misma de las agresiones. Ahora las dificultades económicas, agravadas por el bloqueo, se presentan como evidencia intrínseca de “fracaso” socialista; todo se minimiza; los conflictos internos son inventados y encuadrados en relatos que apuntan a la deslegitimación total. La operación consiste en convertir cada signo en argumento de guerra, cada carencia en sentencia, cada tensión en prueba definitiva. El objetivo no es informar, sino configurar un horizonte de sentido en el que la única salida concebible sea la capitulación. Balas, sangre y desolación.
Y la eficacia de la amenaza como plan de presión depende de su capacidad para encontrar resonancia en las cabezas más desorientadas que han sucumbido objeto de esa presión. Por cierto, el bloqueo económico incide sobre esas condiciones, pero su traducción en descontento no está garantizada. Depende de la revolución, de la capacidad de las instituciones para responder a las necesidades, y, de manera crucial, de la conciencia que la población tenga sobre las causas de sus dificultades inducidas por el bloqueo. También son violencia las estrategias de asfixia económica, presentadas a menudo como alternativas a la acción militar; no obstante, producen sufrimientos concretos: deterioro de servicios, dificultades de acceso a bienes básicos, incertidumbre cotidiana. La distinción entre guerra y no guerra se vuelve, en este sentido, ambigua. El presidente de EU quiere ejercer la violencia además con explosiones; manipula el tiempo, se infiltra en la vida diaria, erosiona lentamente las condiciones de reproducción social y amenaza.
Donald Trump, luego de las canalladas perpetradas contra Venezuela y su presidente legítimo, amenaza con avanzar contra Cuba y bajo su peinado naranja esconde bombardeos, asaltos, capturas que operan como alegorías de su ego y condensan terrores históricos y experiencias reales de intervención. Hay que fijarse en ellas para no desviar la atención de un proceso más profundo y persistente. El “plan”, no se agota en un acto espectacular, sino que se despliega en una trama de presiones múltiples que buscan, en conjunto, reconfigurar las condiciones de una experiencia política que ha sido ejemplo de dignidad y de futuro para la especie humana. Comprender esa trama es condición para cualquier respuesta que no se limite a reaccionar ante fantasmas, sino que enfrente, con lucidez y organización, las formas concretas que adoptan las amenazas en el presente.
Cuál es el “plan contra Cuba” es una pregunta que sintetiza la historia imperial contemporánea que operará mediante irrupciones teatrales –bombardeos súbitos, comandos nocturnos, capturas espectaculares– que condensan en un instante la aberración burguesa y su pedagogía del miedo en su fase más sofisticada, que necesita ya exhibir su violencia en un acto único; la administra, la distribuye, la naturaliza. Anhela la destrucción inmediata como contra Nicolás Maduro, que es ya un laboratorio histórico de estas prácticas. Allí se asistió a una invasión militar directa, además de una combinación de sanciones económicas, bloqueo financiero, presión diplomática, desconocimiento institucional, operaciones de deslegitimación mediática y estímulo de fracturas internas.
¿Irán por Miguel Díaz-Canel?, para –convertir la política en un “drama de líderes”– que facilite la deslegitimación. Sin embargo, el objetivo de Trump no es un sujeto particular, sino la destrucción de la revolución social que él encarna con sabor a gusano. Y la guerra comunicacional actúa aquí como dispositivo de legitimación: produce las categorías a través de las cuales la intervención se vuelve aceptable, incluso deseable. Con la invención de acusaciones de alto impacto –corrupción, narcotráfico, terrorismo–, no persigue únicamente un efecto legal; busca fijar una imagen que despoje al socialismo cubano de toda legitimidad política. La figura del enemigo criminal esconde el odio al adversario ideológico. Este desplazamiento no es menor: permite justificar medidas macabras en nombre de la legalidad, al tiempo que clausura el reconocimiento de la naturaleza política del conflicto.
Esa amenaza de Trump se distribuye en el tiempo, se infiltra en la cotidianidad, produce desgaste físico y simbólico. Es la guerra misma que deja de ser un evento para convertirse en un ambiente. Es una gramática macabra que privilegia la erosión del asalto, la legitimación de las bombas como imposición de la estulticia desnuda. ¿Anuncian bombardeos y comandos? Esa es su forma imperial de violencia que se ejerce hoy a través de mecanismos múltiples para dejar marcadas las huellas espectaculares de su pedagogía del terror.
¿Sigue Cuba? Vamos a ver cuánto más resisten nuestros pueblos este circo obsceno de amenazas imperiales. La resistencia no se librará únicamente en el plano militar, sino en la economía, en el derecho, en la cultura, en la comunicación. No será puramente defensiva; el “plan” contra Cuba es una advertencia que nos revela cómo una continuidad histórica de agresiones imperialistas no ha mutado de forma ni de finalidad: quebrar la autodeterminación de una sociedad que decidió, en condiciones adversas, no someter su destino a la lógica del capital. La resistencia no será un plan único, lineal ni dócil; es una constelación de operaciones que se adaptarán a las coyunturas, que probarán, corregirán y reconfigurarán sus instrumentos. Lo decisivo no es la espectacularidad de un acto, sino la persistencia de una estrategia revolucionaria. Y todos tenemos un lugar ahí. Nos va la vida.

El navío no me importa, afirma Trump; “tienen que sobrevivir”
De La Redacción
Periódico La Jornada   Lunes 30 de marzo de 2026, p. 23
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, expresó anoche: “no nos importa que alguien lleve un cargamento” de petróleo a Cuba, porque “tienen que sobrevivir”, y aseveró que si otras naciones quieren enviar crudo a la isla “no me molesta mucho”. Reiteró que el país caribeño “está acabado” y será el “siguiente”.
En el avión presidencial Air Force One, rumbo a la base Andrews, en Maryland, y a una pregunta sobre los reportes de que Estados Unidos permitió que un buque ruso vaya a Cuba, el republicano respondió: “tenemos un petrolero ahí afuera. No nos molesta que alguien lleve un cargamento porque lo necesitan, tienen que sobrevivir”.
–¿Ese informe es cierto? –preguntaron al mandatario.
–Les dije que si un país quiere enviar algo de petróleo a Cuba en este momento, no tengo ningún problema con eso –respondió el presidente.
–¿Le preocupa que eso ayude al presidente Vladimir Putin? Sea Rusia o no.
–No lo ayuda, él pierde un cargamento de petróleo, eso es todo. Si quiere hacerlo y si otros países desean llevarlo a cabo, no me molesta mucho. No va a tener impacto. Cuba está acabada. Tienen un mal régimen, un liderazgo muy malo y corrupto. Y consigan o no un cargamento de petróleo no va a importar. Preferiría dejarlo entrar, sea ruso o cualquier otro, porque la gente necesita calefacción, refrigeración y todas las cosas necesarias para vivir.
–El viernes mencionó que Cuba será la siguiente, ¿qué quiso decir exactamente con eso?
–Sí, Cuba será la siguiente. ¿En qué sentido? El país es un desastre. Está fracasando. En un corto periodo de tiempo, va a colapsar. Y nosotros estaremos ahí para ayudar a nuestros grandes cubano-estadunidenses que fueron expulsados.