viernes, 17 de abril de 2026

Etnomarxismo y luchas antisistémicas.

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Gilberto López y Rivas
17 de abril de 2026 00:01
En retrospectiva, debemos destacar que la cuestión nacional se enriqueció con el debate vietnamita sobre sus regiones culturales tras la derrota estadunidense, pero también con los legados de Antonio Gramsci y Palmiro Togliatti para Italia, y José Carlos Mariátegui para Perú. A su vez, las relecturas de la revolución mexicana han permitido ubicar la etnicidad en esa dialéctica entre lo regional y lo nacional que subsume las entidades étnicas.
Ahora queda claro que no basta la autodeterminación política de la nación y la igualdad jurídico-formal. Es ineludible asumir la constitución interna de la nación y su direccionalidad clasista, y tomar en cuenta que, en esta etapa de transnacionalización del Estado, la independencia nacional se encuentra sujeta a profundos cuestionamientos, ya que la soberanía política, económica y militar, capacidad fundamental de la autodeterminación, es restringida o negada por la actual forma de reproducción del capital. Por ello, es forzosa la independencia en lo económico y la democratización de la sociedad, en el sentido de un ejercicio de soberanía popular; esto es, el establecimiento de la hegemonía de las clases subalternas que otorgue esa direccionalidad democrática popular a la nación, así como la pluralidad étnico–cultural a través de las autonomías.
De ahí la exigencia de reformular una reconstrucción de la nación “desde abajo”, desde las clases subalternas, a partir de vincularse con los problemas y las demandas de las mayorías populares, con la historia y realidad nacional, con la resistencia de los sectores del pueblo (como categoría clasista), esto es, enraizarse y nutrirse en el espacio y el tiempo nacionales.
La actual transnacionalización neoliberal requiere de una humanidad indiferenciada, sujeta a las leyes del mercado, secuestrada por el individualismo competitivo, la ley del más fuerte (darwinismo social), alienada por el consumismo y el egoísmo posesivo. El capitalismo neoliberal demanda también un cosmopolitismo que renuncie a la identidad nacional, la soberanía, la autodeterminación, a la salvaguarda de los recursos estratégicos y naturales de los territorios, a las autonomías indígenas, a las democracias participativas, al socialismo; todo ello en aras de alcanzar el “paraíso terrenal” que significa la sociedad capitalista proyectada como el ideal a realizar por una humanidad de consumidores desclasados, apátridas y apolíticos. Se pretende que el mundo que ofrece la mundialización neoliberal, sea el único posible, sin alternativa viable, y que la única opción realista debe ser el conformismo social y la resignación política.
Pese a esta maquinaria cultural, ideológica y política, tiene lugar en el ámbito planetario la resistencia de los explotados: pueblos originarios, afro descendientes, mujeres, homosexuales, lesbianas, estudiantes, obreros y sectores intermedios que conforman el pueblo nación y se manifiestan contra los efectos depredatorios del neoliberalismo, y por la violencia exacerbada en países que, como el nuestro, se ha impuesto una guerra social, que con el pretexto del narcotráfico, militariza el territorio, criminaliza la protesta social y ocupa todos los espacios públicos para incrementar el control oligárquico e imperialista.
La disputa por la nación como el espacio donde tienen lugar las resistencias contra el imperialismo y la explotación de clase pasa por la salvaguardia de la diversidad étnica, regional, nacional y cultural, y por el fortalecimiento de las identidades múltiples y complementarias (ciudadanía, condición de clase, adscripción étnica, conciencia de género, etcétera).
En la época actual, caracterizada por una profundización de las tendencias universalistas del capital, encontramos, paradójicamente, el tránsito de un proceso nacionalitario que busca disolver los vínculos nación-burguesía hacia una entidad nacional de nuevo tipo: popular, multiétnica, pluralista y democrática.
El desarrollo de la nación tiende, pues, a romper con los límites y a superar las contradicciones de la nación burguesa, las cuales se expresan fundamentalmente en la explotación de clases, el racismo, la segregación de pueblos indios, la opresión peculiar de la mujer, la discriminación a grupos de edad, la exclusión de los jóvenes, el control imperialista de nuestras economías y sociedades. Estas contradicciones se dan en el interior de nuestras naciones, y las luchas por superarlas constituyen la esencia misma de la cuestión nacional de nuestros días. El etnomarxismo destaca el pensamiento de José Carlos Mariátegui, quien comprendió la importancia de los pueblos indios en una articulación socialista y revolucionaria con otros sectores sociales y culturales de nuestros ámbitos nacionales.
Es imprescindible mantener viva la idea de una gran trasformación sistémica de la sociedad y, sobre todo, confiar en la capacidad de los seres humanos para resistir y prevalecer sobre la irracionalidad y el caos.

La superioridad de las universidades chinas
Universidad de Zhejiang tomada de la página https://studyinchinas.com/es Foto autor
Raúl Zibechi
17 de abril de 2026 00:03
En ocasiones no conseguimos comprender la magnitud de los cambios en curso. Un buen camino para observarlos puede ser focalizarnos en casos concretos, ejemplares si se quiere. Uno de ellos nos lo ofrecen los nuevos rankings de las universidades en el mundo, que siempre han estado dominados por Occidente. 
Hace apenas dos décadas, la clasificación universitaria global basada en la producción científica y en los artículos publicados en revistas especializadas mostraba que siete universidades de Estados Unidos estaban entre las 10 mejores del mundo. Obviamente, la primera era la Universidad de Harvard. En aquellos años había sólo una escuela china, la Universidad de Zhejiang, que logró ubicarse en el top 25 (The New York Times, 15-1-26). 
En un lapso muy breve, apenas un cuarto de siglo, asistimos a un verdadero tsunami, un vuelco por el cual nada quedó en su lugar. Hoy, entre las 10 primeras academias del mundo, ocho son chinas, una canadiense y una de los Estados Unidos. La icónica Harvard ha sido desplazada al tercer lugar, mientras Zhejiang ocupa ahora el primero. 
Sin duda, las universidades estadunidenses siguen produciendo gran cantidad de investigaciones, pero el cambio es que ahora las chinas lo hacen a una mayor velocidad. Las seis universidad estadunidenses que estaban entre las más importantes en la década de 2000 (la Universidad de Michigan, la Universidad de California en Los Ángeles, Johns Hopkins, la Universidad de Washington-Seattle, la Universidad de Pensilvania y la Universidad de Stanford) producen más investigaciones que hace dos décadas, pese a lo cual han sido desplazadas por las chinas. 
Según todos los analistas, desde el país asiático están llegando una cantidad y calidad excepcional de artículos académicos que consiguen eclipsar la producción de Estados Unidos. Una de las razones más destacadas de este cambio, es que China ha invertido miles de millones de dólares en sus universidades y se esfuerza por hacerlas atractivas para investigadores extranjeros. Por el contrario, el gobierno de Donald Trump viene recortando cifras millonarias en subsidios a la investigación universitaria como forma de reducir el importante déficit del Estado. 
Además, la ofensiva contra los migrantes ha llevado a que muchos extranjeros, pero también estadunidenses, abandonen el país, dirigiéndose principalmente a Europa. Este año, la llegada de estudiantes extranjeros a Estados Unidos se redujo 19 por ciento, lo que llevó a algunas casas de estudio a entrar en crisis. Según Bloomberg, la disminución del número de futuros estudiantes llevará a 370 universidades privadas a cerrar o fusionarse con otra institución en la próxima década. 
A esto debe sumarse que hay otras 430 instituciones, con 1.2 millones de estudiantes, que enfrentan “amenazas existenciales moderadas”, a las que deben sumarse las 114 universidades privadas sin ánimo de lucro que cerraron entre 2010 y 2020, casi el doble que en la década anterior. Los estudiantes terminan sus carreras endeudados y sus familias deben asistirlos contrayendo deudas. 
La matrícula, más el alojamiento y la manutención para una universidad privada durante cuatro años ascendieron a una media de 56 mil dólares en el curso escolar 2023-24, mientras en las universidades públicas estatales fue de sólo 24 mil dólares. De todos modos, la clases medias tienen cada vez más dificultades para afrontar sus gastos, cuando en los mercados laborales se registra un importante estancamiento de los salarios. 
Esta es una de las razones por las que 26 por ciento de los estudiantes universitarios han considerado seriamente abandonar la universidad o corren el riesgo de hacerlo. 
Hemos entrado en una suerte de nuevo orden mundial en la educación. Ahora científicos de alto nivel migran a China, como antes lo hacían hacia Estados Unidos. Hay muchos ejemplos. Jiang Jian-feng, uno de los científicos estrella de sólo 30 años, dejó el célebre Instituto de Tecnología de Massachusetts, y regresó a la Universidad de Pekín para servir como investigador principal y supervisor de doctorado. El genio matemático Wan Daqing, ganador del premio de matemáticas más importante de China, se retiró de la Universidad de California en julio y regresó a China para asumir su nuevo cargo. 
Casos como los citados se repiten con mucha asiduidad, pero también entre científicos occidentales que deciden marchase a China o a otros países. Desde 2018, entre 70 y 100 científicos chinos y chino–estadunidenses de renombre abandonan Estados Unidos cada año. En general, el aumento histórico de estadunidenses que se mudan al extranjero se produce por motivos de seguridad, costo de vida, educación y atención médica. 
El mundo ha cambiado y estos datos son apenas una muestra. Sin embargo, quienes no creemos que los cambios que necesitamos llegarán desde arriba, desde los Estados no podemos ignorar el tamaño de las transformaciones porque de uno u otro modo nos están afectando.

Fracking: repensar la energía
Los aspectos institucionales, ambientales y económicos del abasto energético, tendría que pensarse en las modalidades sociales de generación. Foto Ap / Archivo   Foto autor
Pedro Miguel
17 de abril de 2026 00:02
Durante muchos años, la técnica de extracción conocida como fracking ha sido severamente cuestionada por sus nocivos impactos ambientales. En estos días, la presidenta Claudia Sheinbaum –quien ha sido una voz crítica a ese método extractivo– anunció la integración de una comisión científica que analizará la posibilidad de emplear el fracking para extraer gas natural en dos regiones del país. Tiene tres razones fundamentales para esta disposición a considerarlo: la primera es el conjunto de avances tecnológicos que hacen posible minimizar los efectos perniciosos de ese modo de obtención de gas natural; la segunda, el hecho de que, de cualquier forma, buena parte de la generación eléctrica en México depende del gas natural que se importa desde Estados Unidos, que allá ese insumo –que es el combustible para las plantas de ciclo combinado de la Comisión Federal de electricidad– es extraído mediante fracking y las afectaciones al planeta no conocen fronteras; la tercera, estrechamente relacionada con la anterior, es la necesidad de avanzar en la consolidación de la soberanía energética.
No faltarán, desde luego, las voces que de manera perversa o desinformada simplifiquen y caricaturicen este paso presidencial como una disyuntiva entre soberanía y destrucción ambiental, pero el proceso que conllevará la decisión final no está en esa balanza, sino en algo mucho más complejo que no sólo incluye consideraciones técnicas y de protección ecológica, sino también una consulta a la sociedad en las regiones en las que podría autorizarse el fracking.
Pero ya que se ha iniciado el examen del método extractivo con tan mala fama, sería conveniente ampliar el horizonte y revisar las posibilidades técnicas y económicas de avanzar por otras vías en la sustitución de la generación eléctrica con base en hidrocarburos y corregir el déficit tendencial de energía, un fenómeno al que se enfrenta prácticamente la totalidad de los países en el corto, mediano o largo plazo.
Sería sensato que la comisión presidencial no se limitara al asunto del fracking y que analizara, por ejemplo, las posibilidades reales y los plazos para convertir una parte sustancial de la irradiación solar que recibe el territorio mexicano en electricidad; o la perspectiva de convertir en biocombustibles la biomasa generada por el campo; o la viabilidad de obtener hidrógeno verde en grandes cantidades de los amplios litorales del país; o la revisión de los yacimientos geotérmicos que hasta ahora no han sido aprovechados por su pequeña dimensión y que podrían generar en forma distribuida la electricidad requerida en asentamientos próximos a ellos. 
No estaría de más, incluso, hacer una revisión científica exhaustiva del estado actual de la tecnología nuclear y ver en qué medida podría ser razonable dejar de lado las objeciones que ésta generaba hasta hace unas décadas.
En suma, la comisión establecida por la Presidenta podría ir mucho más allá de estudiar la extracción de crudo y gas natural de yacimientos rocosos mediante la inyección de agua, formular una propuesta seria y fundamentada para la transición energética que el país requiere y diseñar una matriz energética sustentable para las próximas décadas, tomando en cuenta las singularidades y potencialidades de sus regiones.
Además de los aspectos institucionales, ambientales y económicos del abasto energético, tendría que pensarse en las modalidades sociales de generación.
La concentración de esa tarea en dos grandes empresas estatales, Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad, cimentó durante décadas el desarrollo del país y significó movilidad social y bienestar para la población, pero ese modelo resulta ya insostenible en la realidad actual. 
El autoconsumo y la producción de energéticos en pequeña escala –particularmente, en el sector social de la economía, como comunidades, cooperativas y ejidos– deben complementar y delimitar el aporte de ambas entidades a las necesidades nacionales. No se trata únicamente de cubrir necesidades de combustibles y electricidad, sino también de impulsar la reactivación económica, la organización social y la asimilación de modalidades tecnológicas entre sectores para los cuales el abasto energético ha sido una pesada carga que se traduce en gasto de combustibles y recibos de luz, y transformar esa desventaja en desarrollo social.
Un ejemplo: si se impulsa la generación de electricidad en pequeñas localidades, se tendrá la base para una infraestructura que permita la adopción masiva de la electromovilidad en todo el territorio, en la medida en que los habitantes de esos sitios podrán comercializar los excedentes de su producción en estaciones de carga para vehículos eléctricos. En suma, si la comisión eleva la mirada y no se limita a formular una respuesta al dilema de fracking sí o fracking no, sentará los fundamentos para una nueva política de Estado –con propuesta de reforma constitucional incluida– en materia de energía.
navegaciones@yahoo.com

De avances tecnológicos y la presencia de muxes en la ONU
El posicionamiento del gobierno México fue para reafirmar el Programa de Acción de la CPD59 como marco fundamental para orientar las políticas que vinculan la dinámica poblacional con el desarrollo sostenible. Foto Ap   Foto autor
Gabriela Rodríguez*
17 de abril de 2026 00:04
En un mundo colmado de desafíos se lleva a cabo esta semana la 59 sesión de la Comisión de Población y Desarrollo (CPD59) de la ONU en Nueva York. En esta ocasión, el tema se centra en la importancia del vínculo entre población, tecnología e investigación en el contexto del desarrollo sostenible. 
El posicionamiento del gobierno México fue para reafirmar el Programa de Acción de la CPD59 como marco fundamental para orientar las políticas que vinculan la dinámica poblacional con el desarrollo sostenible, la igualdad y la garantía de los derechos humanos. Un programa que desde 1994 ha establecido un consenso internacional sin precedentes, al situar los derechos humanos, la igualdad de género, la salud sexual y los derechos reproductivos en el centro de las políticas de población y desarrollo. 
En mi carácter de jefa de la delegación de México expresé la clara postura del país de no retroceder en los avances alcanzados y proteger los consensos construidos durante décadas por más de 160 países de todos los continentes del planeta. 
Como he señalado en colaboraciones anteriores, el escenario demográfico es sustancialmente distinto. El país ha transitado de un periodo de crecimiento poblacional acelerado, a una etapa de transición demográfica avanzada, un aumento significativo de la esperanza de vida, un proceso de envejecimiento poblacional acelerado y una disminución sostenida de la fecundidad; un promedio de 1.8 hijos por mujer, 18.6 por ciento de mujeres en edad reproductiva no tienen hijos, de las cuales 50 por ciento no aspira a tenerlos. 
La sesión de la ONU fue ocasión para presentar la construcción de la Estrategia Intergeneracional ante los Cambios en la Estructura por Edad, para anticiparnos al nuevo escenario demográfico de México y generar información que oriente las políticas del sector educativo y de salud, de desarrollo económico y de vivienda. 
Frente al descenso de la población infantil se ha comenzado a reconvertir la infraestructura de escuelas de nivel básico para recibir estudiantes de nivel medio superior y se crean nuevas universidades. Junto con millones de becas que reciben las y los estudiantes se fortalece su formación en habilidades tecnológicas y digitales. 
Frente al desafío del sobrepeso y del embarazo en niñas y adolescentes, las jornadas de prevención en las escuelas han alcanzado a 8 millones de estudiantes; se mide la talla, el peso y se revisa la salud integral. La Nueva Escuela Mexicana fortalece los contenidos sobre vida saludable, violencia de género y educación integral de la sexualidad. 
Paralelamente, se crea el sistema de cobertura universal de salud, el expediente clínico electrónico único, y el programa Salud Casa por Casa atiende a domicilio a todas las personas mayores y a quienes viven con discapacidad. El mercado laboral refleja asimetrías estructurales persistentes, aunque se cuenta con una fuerza de trabajo de 61 millones de personas. Con brechas salariales, la participación femenina alcanza solamente 46 por ciento y actualmente la mitad de la población trabaja en esquemas de informalidad laboral. 
El gran reto económico ha llevado, entre otras medidas, a la creación de 15 Polos de Desarrollo regional en colaboración con el sector privado, infraestructura empresarial que se articula con la construcción de las redes ferroviarias, un millón ochocientos mil viviendas nuevas y mejoramiento habitacional para quienes tienen ingresos precarios, dando prioridad a la población joven, indígena y de menores ingresos. 
Para alcanzar la soberanía tecnológica, la apuesta de la primera Presidenta de México es la construcción de la Supercomputadora Coatlicue, llamada así en honor a nuestra diosa, la madre de la tierra, de la fertilidad, de la vida y de la muerte, símbolo originario del poder creador que se posicionará como la herramienta más potente de América Latina. 
En medio de cifras demográficas y del impulso por la incorporación de las tecnologías en la planeación del desarrollo, y cuando cerca de la mitad de los países participantes, junto con Estados Unidos, quieren borrar el lenguaje acordado sobre “la igualdad de género” y sobre “la salud sexual y los derechos reproductivos”, uno de los eventos se trató de la diversidad de identidades de género. 
Karla Guzman Wong, una joven muxe se hizo presente para darnos una lección de afirmación desde esa condición atípica y al mismo tiempo emblemática de la sociedad zapoteca. Al mostrar el conocido protagonismo de las mujeres zapotecas en la vida económica y social, así como la presencia, el prestigio social y la libertad que las caracteriza, las muxes no están libres de contradicciones; ellas no están exentas de discriminación ni de exclusión en un mundo patriarcal y hetero-normado, en una sociedad que asume la heterosexualidad como la única orientación sexual y el binarismo de género (hombre/ mujer) como natural. 
*Secretaria técnica del Conapo    X: Gabrielarodr108