Ofrece que el país sea sede de la próximo cita
Insta a asistentes a la Cumbre en Defensa de la Democracia a pronunciarse contra una intervención militar en Cuba
▲ Claudia Sheinbaum habla con la prensa a su llegada a la cumbre celebrada en Barcelona, España.Foto Afp y Presidencia
Armando G. Tejeda Corresponsal
Periódico La Jornada Domingo 19 de abril de 2026, p. 3
Barcelona. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, propuso ante el cónclave de presidentes, primeros ministros y representantes de 20 países de la cuarta Cumbre en Defensa de la Democracia realizar una declaración contra “una intervención militar en Cuba”, al asumir que la isla vive bajo una amenaza latente. La mandataria dio un discurso vibrante, en el que se mostró orgullosa del pasado histórico de México, de los pueblos originarios, de los principios democráticos en los que está cimentada la política exterior, entre ellos el de la no intervención, porque –afirmó– “soy una mujer de paz y represento a un pueblo que ama la libertad”.
Después de unas breves palabras de bienvenida del presidente del gobierno español, el socialista Pedro Sánchez, en calidad de anfitrión, y tras asumir el papel de moderador el ex presidente chileno Gabriel Boric, le dieron la palabra a Sheinbaum, que en su primera participación en este foro presentó tres iniciativas que marcarán el resto del debate, que fueron la declaración de no intervención castrense en Cuba, destinar 10 por ciento del gasto militar de armamento a la reforestación del planeta y que México sea la sede del foro el próximo año. Entre los líderes que valoraron sus iniciativas se encontraban mandatarios y representantes de alto nivel de los gobiernos de España, Brasil, Alemania, Sudáfrica, Austria, Brasil, Uruguay, Colombia, Botswana, Irlanda, Lituania, Albania, Suecia y Ghana, entre otros.
Sheinbaum había sido invitada al encuentro del año pasado en Santiago de Chile, pero finalmente no pudo asistir. De ahí que la expectativa era enorme por escucharla. Inició su intervención con una enumeración de razones por las que había decidido acudir a esta cita multilateral, que busca, entre otras cosas, hacer frente al unilateralismo y el belicismo impulsado desde Estados Unidos por Donald Trump.
“Vengo a la Cumbre por la Democracia a nombre de un pueblo trabajador, creativo y luchador, pero sobre todo profundamente generoso. Un pueblo que ha aprendido a resistir sin odiar, a defender sus derechos sin dejar de respetar a los demás, a creer en la paz incluso cuando la historia le ha puesto pruebas difíciles. Vengo a nombre de un pueblo solidario hasta en la adversidad, profundamente humano, que se resiste al individualismo, que rechaza la discriminación y se niega con dignidad a mirar al otro o a la otra desde el desprecio.”
La mandataria mexicana también hizo referencia a los pueblos originarios: “Vengo de un pueblo que reconoce su origen en las grandes culturas originarias, aquellas que fueron acalladas, esclavizadas y saqueadas, pero que nunca fueron derrotadas, porque hay memorias que no se conquistan y raíces que nunca se arrancan. Vengo de la Pirámide del Sol, vengo de Tláloc, de Huitzilopochtli, de Coatlicue. Vengo de una historia milenaria que no es pasado, es presente vivo en nuestras comunidades, en nuestras lenguas, en nuestra forma de mirar el mundo. Vengo de un pueblo con valores espirituales profundos que sabe que su historia es sagrada, porque en ella encuentra la fuerza para levantarse, para resistir y para seguir tejiendo con dignidad su destino”.
Después de citar a algunos de los próceres de la patria, evocó el legado del general Lázaro Cárdenas, “que cuando el mundo cerraba puertas a los republicanos españoles, abrió las de México para recibir a quienes huían del dolor y de la guerra. Vengo de un país que abrazó al exilio y convirtió la solidaridad en acción”.
Rechazo al uso de la fuerza
Después, la mandataria orientó su discurso en situar a Cuba en el centro del debate de este foro multilateral, para que surja un posicionamiento contra cualquier intento de intervención militar: “Vengo a recordar que México ha sabido sostener sus principios incluso en soledad, que alzó la voz contra el bloqueo a Cuba en 1962 cuando otros guardaron silencio, que hasta la fecha creemos, hablando de esa pequeña isla del Caribe, que ningún pueblo es pequeño, sino grande y estoico cuando defiende su soberanía y el derecho a la vida plena”. Y añadió: “México tiene como principios constitucionales surgidos de la historia en materia de principios democráticos en política exterior y que hoy resuenan fuerte y claro y están más vivos que nunca en el escenario mundial: el respeto a la autodeterminación de los pueblos, la no intervención, la solución pacífica de controversias, el rechazo al uso de la fuerza, la igualdad jurídica de los estados, la necesidad de la cooperación internacional para el desarrollo, el respeto a los derechos humanos, la lucha permanente por la paz”.
Destinar a reforestación parte del gasto militar
Y, a partir ahí, lanzó las tres propuestas para que se debatan y se aprueben en el foro: “La democracia, como decía Abraham Lincoln, es el poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. No hay democracia cuando no hay opción para los pobres, para los desposeídos. Por ello, quiero proponer una acción concreta que propuse en el G-20, sencilla, una propuesta que parta de una nueva visión de Naciones Unidas: destinar 10 por ciento del gasto mundial en armamento, que asciende a miles de millones de dólares, para impulsar un programa global que permita a millones de personas reforestar millones de hectáreas cada año. En vez de sembrar guerra, sembremos paz, sembremos vida. Quiero proponer una declaración en contra de la intervención militar en Cuba, que el diálogo y la paz prevalezcan”.
Por último, propuso a México para ser la sede el próximo año de este encuentro con fecha por definir.
Estamos con Lula y con Sheinbaum
Claudia Sheinbaum y Luiz Inacio Lula da Silva durante la cumbre del G-7 celebrada en Canadá en 2025. Foto X @Claudiashein Foto autor
Antonio Gershenson
19 de abril de 2026 00:04
Recientemente, durante una sesión de trabajo de su gabinete, el presidente Lula ha condenado la complicidad de la ONU, la cual, se supone, debe dirigir todo su esfuerzo a mantener la paz mundial. Pero no lo ha hecho. Entonces ¿para qué sirve una organización que, lejos de evitar las guerras, su omisión las fomenta? En este mismo espacio de La Jornada hemos denunciado el ominoso papel de la organización a favor de la paz.
Estamos a favor de Claudia Sheinbaum, presidenta de México, quien ha declarado en la cuarta Cumbre en Defensa de la Democracia, realizada en Barcelona, en forma de denuncia y con plena autoridad, sobre la intervención de los países poderosos que abusan de aquellos vulnerables.
Esta reunión debió llevarse a cabo en forma urgente, por lo menos, hace algunos años. Pero este es el momento, esta es la oportunidad para proponer un alto a las múltiples e ilegales amenazas a la libertad y la paz de nuestros países de América y, en general, del mundo. La propuesta clara en contra de la intervención militar en Cuba, posterior a las décadas de sometimiento económico que ha empobrecido materialmente al pueblo cubano, es una clara postura de paz ante el mundo y frente a los gobiernos progresistas.
Sin la monserga de la ONU de por medio, los estadistas han presentado sus discursos esperanzadores para terminar con esta etapa de horror por el peligro que representa el gobierno republicano y su presidente abyecto, ya que esta organización no ha tomado ninguna decisión severa contra el principal agresor de aquellos países que no se someten a su política de intervencionismo, saqueo y abuso comercial y político.
Una propuesta de Sheinbaum difícil de asumir, pero importante por el peso ético, es su planteamiento de preservación de la paz y el rechazo abierto a cualquier agresión bélica como método de disuasión. Ante las enormes pérdidas en vidas, el sometimiento de la población afectada a situaciones extremas y la destrucción de ciudades completas, es la aportación de 10 por ciento del gasto mundial de armamento para reforestar aquellos países que han sido perjudicados por los abusos, no sólo por la invasión del agresor o la irracional extracción de sus recursos naturales. Es, apenas, un porcentaje justo.
Esperamos que los encuentros subsecuentes tomen el valor diplomático que permita independizarse cada vez más de la burocratización de la ONU, además de restarle fuerza en su apoyo a los gobiernos estadunidenses, o pro imperialistas, como lo ha hecho abiertamente en favor de Donald Trump.
La Presidenta, ante los asistentes a la reunión en España, propuso a México como la próxima sede del encuentro en 2027. Por supuesto, será impugnado por ya sabemos quiénes, pero es importante realizarlo en nuestro país. Será una señal de soberanía e independencia.
“Soy una mujer de paz y represento a una nación que ama la libertad, la justicia, la fraternidad, y que entiende como democracia lo que diría el gran Benito Juárez: ‘Con el pueblo todo, sin el pueblo nada”. Y tiene razón. El peligro que en los últimos meses hemos vivido en todo el mundo no tiene precedente.
La Segunda Guerra Mundial no sirvió de lección, al contrario. Parece que desde entonces inició una carrera armamentista impulsada por las oligarquías de los países dominantes capitalistas, todas en contra de la clase obrera, en resumen, en contra del desarrollo de la izquierda revolucionaria del mundo.
La postura del gobierno de la presidenta Sheinbaum en la cuarta Cumbre en Defensa de la Democracia reafirma la avanzada de la 4T por seguir el rumbo hacia la revolución de las conciencias, el humanismo mexicano y la consolidación de un país que cuenta con el respaldo de un pueblo decidido a transformarse en una sociedad digna, libre y soberana. Y en este pensamiento está involucrado nuestro continente entero, por eso conservamos el sueño bolivariano por unirnos en una sola Patria Grande.
Coincidimos con la Presidenta en que, para hablar de una defensa de la democracia verdadera, es imprescindible reconocer a las mujeres como entes centrales de la transformación y la vida pública. Coincidimos también con el presidente Lula, quien ha criticado duramente a la ONU, afirmando que ha ido perdiendo credibilidad y ha fracasado en su intento por cumplir la carta fundacional de 1945, ya que no logró frenar las masacres en Oriente Medio ni evitado los conflictos actuales contra Cuba, Venezuela, Colombia, Groenlandia, o cualquier gobierno que no le sea favorable, cediendo ante los “señores de la guerra” y mostrando pasividad ante las crisis globales.
Y así, hemos llegado hasta nuestros días bajo las amenazas constantes de los países imperialistas. Pero lo que estamos experimentando actualmente ante un país como Estados Unidos, que tomó fuerza y dominio sobre los países más vulnerables, es insólito. Ya no queremos más museos en el mundo que muestren los horrores de la guerra y la miseria que ha causado el capitalismo en el mundo.
Ya no queremos más Topografía del Terror, ubicado en el edificio de la Luftwaffe, en Alemania, donde fueron torturados y asesinados cientos, o miles de adversarios de Hitler. Ya no queremos más Campanas de la Paz ni Cúpulas de Genbaku mostrando lo irracional que puede ser un gobierno agresor al lanzar, sin conciencia alguna, una bomba atómica. Queremos la paz.
(Colaboró Ruxi Mendieta)
“Para Ximena Guzmán Cuevas y José Muñoz Vega, la justicia llegará”
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Barcelona: progresismo en pie
Al tomar la palabra en la cuarta Cumbre en Defensa de la Democracia, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo exhortó a enfrentar el unilateralismo y el belicismo impulsados desde Estados Unidos por Donald Trump. “Vengo a la Cumbre por la Democracia a nombre de un pueblo trabajador, creativo y luchador, pero sobre todo profundamente generoso. Un pueblo que ha aprendido a resistir sin odiar, a defender sus derechos sin dejar de respetar a los demás, a creer en la paz incluso cuando la historia le ha puesto pruebas difíciles. Vengo a nombre de un pueblo solidario hasta en la adversidad, profundamente humano, que se resiste al individualismo, que rechaza la discriminación y se niega con dignidad a mirar al otro o a la otra desde el desprecio”, expresó la mandataria frente a sus pares de 15 países reunidos en Barcelona. Además de reiterar su orgullo por las milenarias culturas mexicanas y condenar los atropellos y el expolio que tuvieron lugar durante la Conquista y la Colonia, la Presidenta hizo dos propuestas puntuales a los centenares de políticos y activistas progresistas congregados por invitación del presidente español, Pedro Sánchez: pronunciarse contra una intervención militar en Cuba y destinar 10 por ciento de gasto mundial en armamento a políticas de reforestación.
El progresismo no vive un momento luminoso. A uno y otro lado del Atlántico, émulos de Donald Trump ocupan cada vez más posiciones de poder desde las cuales empujan una agenda de barbarie, odio y prevalencia de la fuerza sobre la razón. En América Latina, el ciclo de auge de la ultraderecha calca los patrones de las dictaduras impuestas o patrocinadas por Washington durante la guerra fría: sumisión indisimulada a la Casa Blanca, entrega de los recursos naturales a los dueños de capitales extranjeros, establecimiento de estados policiacos con el pretexto de la seguridad, persecución de la disidencia, desmantelamiento sistemático de derechos sociales y remplazo efectivo de las democracias (por muy imperfectas que fueran) con oligarquías excluyentes y aporofóbicas. Sea por convicción ideológica o por oportunismo electoral, las derechas tradicionales han depuesto las máscaras y renunciado al liberalismo formal para mimetizarse con las fuerzas neofascistas.
Durante medio siglo de neoliberalismo, se ha instalado un sentido común que estigmatiza como “populista” o “radical” cualquier intento de hacer valer los derechos humanos positivos, es decir, aquellos que se expresan en términos de lo que el Estado debe hacer, como proveer acceso a la atención médica, a la educación, a la vivienda o al trabajo digno. Para esta corriente dogmática, los únicos derechos verdaderos son los denominados negativos, por designar lo que los gobiernos no deben hacer: libertad de expresión y de prensa, libertad de culto y asociación, libertad de tránsito y, sobre todas las cosas, derecho a la propiedad privada. En los hechos, los estados guiados por estos principios se reducen a dos funciones básicas garantizar la libre circulación de los capitales y reprimir la protesta contra las injusticias sociales generadas por el modelo económico.
Es en este contexto de amenazas a la democracia y creciente control del poder económico sobre el político que debe apreciarse el valor histórico del encuentro en Barcelona: mandatarios como Sheinbaum, Sánchez, el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva o el colombiano Gustavo Petro encabezan gobiernos que han reducido la pobreza, integrado a la sociedad a cientos de miles de migrantes, apostado por la paz, protegido la soberanía frente a los amagos del trumpismo, recuperado el poder adquisitivo del salario mínimo y, en suma, trabajado a favor de las mayorías. Sin obviar las imperfecciones de sus respectivos proyectos o los defectos personales de cada uno, los mandatarios progresistas han demostrado que es posible y necesario poner los cimientos de un mundo mejor incluso –o sobre todo– cuando los vientos hegemónicos sugieren que no hay alternativas al predominio de la codicia, el egoísmo, la desigualdad extrema y la ley de la selva en las relaciones intra e internacionales.
Por último, es imprescindible encomiar el comunicado conjunto de México, Brasilia y Madrid en condena a cualquier tipo de intervención militar en Cuba, por la “necesidad de respetar en todo momento el derecho internacional y los principios de integridad territorial, igualdad soberana y arreglo pacífico de las controversias” y su compromiso de “incrementar de manera coordinada la respuesta humanitaria dirigida a aliviar el sufrimiento del pueblo cubano”.
Este gesto no es un acto secundario, pues la defensa de la libertad de Cuba ante el asedio imperialista ha sido y sigue siendo una bandera irrenunciable de todos los pueblos que anhelan vivir en un mundo de iguales.
