lunes, 20 de abril de 2026

Una paz que ya no existe.

David Penchyna Grub
En el complejo tablero de la geopolítica internacional, la paz se ve constantemente amenazada por el conflicto entre Estados Unidos e Irán, enfrentamiento que ha escalado de forma dramática en 2026. Quienes vaticinaban una incursión estadunidense rápida y decisiva, subestimaron profundamente la dimensión histórica, cultural y estratégica de Irán: una nación con una civilización milenaria, una resiliencia forjada en décadas de sanciones y una capacidad de respuesta asimétrica que complica cualquier cálculo militar simplista.
Trump, en su segundo mandato, busca cerrar este capítulo lo antes posible, presionado por el costo político en encuestas domésticas y por frentes mediáticos paralelos, entre ellos las tensiones con el papa León XIV, cuya voz moral ha resonado en defensa de un orden internacional más humano y desarmado.
En una perspectiva económica, este conflicto genera costos exorbitantes que trascienden el gasto militar directo. La disrupción en el estrecho de Ormuz –arteria vital para más de 20 por ciento del petróleo mundial– ha provocado volatilidad en los precios energéticos, inflación importada en economías dependientes de hidrocarburos y cadenas de suministro alteradas. Los analistas coinciden en que una prolongación indefinida del enfrentamiento erosionaría aún más la confianza global en las instituciones multilaterales, incrementando el riesgo-país en mercados emergentes y favoreciendo un repliegue hacia bloques económicos alternativos.
No hay incentivos claros para una paz duradera antes de las elecciones estadunidenses de medio término de noviembre próximo. Estados Unidos no puede permitirse una percepción de retirada o derrota estratégica, pues esto implicaría perder terreno ganado en materia de disuasión y credibilidad ante aliados y adversarios. Rusia observa con satisfacción cómo Washington se distrae en otro teatro de operaciones, aliviando presión sobre su propio frente en Ucrania y consolidando su influencia en Eurasia. Israel, en tanto, aprovecha la ventana de oportunidad para instrumentar la mayor expansión territorial en las últimas décadas, particularmente mediante el avance acelerado de asentamientos en Cisjordania y Líbano, con el convencimiento de que tras las elecciones intermedias la dinámica política en Washington podría volverse menos permisiva.
En este contexto de realismo de geopolítica cruda, resulta particularmente interesante –y revelador desde el punto de vista de la economía política– cómo el discurso antiestadunidense y específicamente anti Trump se ha vuelto rentable para un amplio espectro de líderes. No sólo para la izquierda tradicional, sino también para políticos de centro e incluso de derecha moderada. El caso de Pedro Sánchez, en España, es paradigmático: su firme oposición a la guerra, negando el uso de bases españolas para operaciones y reivindicando el “no a la guerra” como principio de coherencia con el derecho internacional, le ha permitido reforzar su posición interna y proyectar liderazgo moral en Europa. De manera similar, Lula da Silva, en Brasil, ha criticado abiertamente las amenazas unilaterales de Trump, defendiendo un multilateralismo basado en el respeto mutuo y alertando sobre las consecuencias económicas globales del conflicto, como el encarecimiento de insumos que afectan directamente a las economías del Sur.
Macron en Francia y, de forma más matizada, Meloni en Italia, han marcado distancias en la medida de sus posibilidades. Incluso, líderes de derecha como Meloni –otrora cercana a Trump– han priorizado intereses nacionales y la percepción pública europea ante una administración estadunidense percibida como débil e impredecible.
Analistas dentro de Estados Unidos reconocen que hace muchos años su país no gozaba de una imagen tan deteriorada en el concierto internacional: el unilateralismo, las amenazas tarifarias y la percepción de pérdida de brújula moral han erosionado el poder estadunidense, con costos económicos tangibles en forma de menor influencia en foros comerciales y mayor alineamiento de terceros países hacia alternativas como el BRICS ampliado.
La reciente cumbre en Barcelona, impulsada por Sánchez y Lula bajo el lema “En defensa de la democracia”, se inscribe precisamente en este marco. Lejos de ser un mero ejercicio retórico, representa un momento en el que actores no alineados con la actual administración estadunidense trazan una línea clara: alertan sobre los riesgos de una hegemonía ejercida sin contrapesos y pintan su raya para efectos de la historia.
Líderes de México, Sudáfrica, Colombia y otros países se reunieron para defender el orden basado en reglas, el multilateralismo reformado y la prioridad de la paz sobre la confrontación. Desde una óptica económica, esta coordinación busca mitigar los spillovers negativos del conflicto –inflación energética, inestabilidad financiera y fragmentación del comercio– y sentar bases para una gobernanza global inclusiva.
El conflicto Estados Unidos-Irán no es sólo un choque militar; es un catalizador de realineamientos que redefinen el orden internacional del siglo XXI. Para efectos de la historia de este siglo, la lección es clara: la inestabilidad geopolítica genera negativos que recaen sobre los más vulnerables, mientras que la cooperación multilateral sigue siendo la herramienta eficiente para gestionar riesgos sistémicos. La historia juzgará si la actual fase de unilateralismo acelera el declive relativo de la hegemonía estadunidense o si, al contrario, forzá a una recomposición pragmática del sistema.
En última instancia, la paz no es un ideal abstracto, sino una condición necesaria para el crecimiento sostenible, la reducción de la pobreza y la estabilidad de los mercados globales. Mientras persistan los incentivos para la prolongación del conflicto, los líderes con visión estratégica –de cualquier espectro ideológico– deben priorizar la diplomacia, el respeto al derecho internacional y la construcción de puentes económicos que trasciendan las rivalidades de poder. Barcelona ha sido un recordatorio oportuno: en un mundo interconectado, la pérdida de la brújula moral de una superpotencia afecta a todos.

Roma
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Bernardo Bátiz V.
20 de abril de 2026 00:03
Las coincidencias se acumulan, así que trataré de ponerlas en orden y compartir mis reflexiones. Hace unas semanas, con mi pequeña familia: hija y nietos, estuvimos en Roma, sin duda una ciudad asombrosa, cargada de historia y cultura que no llega a los 3 millones de habitantes en su núcleo urbano, pero sí se acerca a los cinco en su área metropolitana conurbada. No sólo por su tamaño, sino por su historia y por las riquezas que guarda, sin duda es una de las ciudades más importantes de Europa o mejor dicho del mundo. 
Fue un viaje que nos debíamos; desde muy lejos vimos y oímos al Papa, recorrimos calles atestadas de turistas, admiramos fuentes, monumentos, fachadas y columnas; visitamos la Capilla Sixtina y nos acercamos al espíritu de esa Ciudad que fue capital del Imperio Romano y que ahora lo es de Italia. Pero Roma es algo más, arropa también al Vaticano, un Estado independiente, asombroso. Un Estado que es además el centro mundial e histórico de la religión católica y que lleva más de dos milenios de existencia. Es el centro de la ética de hoy y del pensamiento católico que dicta: “amarás a Dios y al prójimo como a ti mismo”. 
A mi regreso, reincorporado a mi trabajo y a mi vida cotidiana en la Ciudad de México, me topo con la noticia del recrudecimiento de la guerra del Cercano Oriente, bombardeos indiscriminados, destrucción de hospitales y escuelas, de la muerte de miles –entre ellos niños inocentes– y con Trump, el Chivo en Cristalería, desde que asumió el poder en su país, nuestro vecino del norte. Muy triste, muy negativo, pero como explicó Maritain, hay un doble progreso contrario: avanza el mal y también avanza el bien en el mundo. 
Trump ordena más bombardeos, Israel ataca Líbano; una parte de la opinión pública reprueba esa conducta agresiva, violenta y otra simplemente cierra los ojos; la verdad es que se trata de un asunto muy delicado, no es sólo un conflicto local. Pero hay alguien con autoridad moral, alguien que se ocupa del asunto. El Papa León XIV, desde Roma, alza la voz y condena la guerra y de inmediato, Donald Trump, el Chivo en Cristalería, quien destruye por instinto, critica al Papa, le reclama, lo descalifica porque hizo un llamado a la fraternidad, a la paz, a poner alto a la guerra. 
El Papa responde tranquilo: “Dios está del lado de los humildes y no de los soberbios”. Y en México, nuestra Presidenta, serena, segura, interviene también, da su opinión. No sólo condena la guerra injusta, sino que recuerda los principios del cambio, de la transformación en México: no mentir, no robar, no traicionar al pueblo y, el lema central, “Por el bien de todos, primero los pobres”. 
Frente al imperialismo actual y violento de Trump y la agresión del gobieno de Israel a Líbano, no podemos callar. Frente a la barbarie, al egoísmo, a la prepotencia violenta, hay respuestas oportunas y también antiguas lecturas que vuelven a la memoria: El judío internacional de Henry Ford puesto siempre en tela de juicio, pero hay que recordar otros; por ejemplo, el sólido estudio de Max Weber, La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo, publicado en México por el Fondo de Cultura Económica hace ya algunos años; como se ve, el tema no es nuevo, la historia se repite y no nos podemos cruzar de brazos. 
Por ello, para contribuir a que todos estemos enterados de lo que sucede y del asunto de fondo de esa controversia, cito lo que el Papa León XIV declaró no hace mucho, a lo más un par de semanas, cuando directamente condenó “la ilusión de la omnipotencia” refiriéndose a Donald Trump, quien tiene la osadía de sentirse algo así como un nuevo Jesucristo. El pontífice de la Iglesia católica con valor y autoridad moral aclara: “basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero; basta ya de la exhibición de la fuerza; basta ya de la guerra. La verdadera fuerza se manifiesta en el servicio de la vida”. 
Nuevamente, en la historia de la humanidad frente al poder de la violencia, del egoísmo y del dinero, hay alguien con una gran autoridad moral que rectifica el camino, que señala el rumbo correcto; ese alguien, León XIV, es, como lo fue su antecesor el papa Francisco, nacido en América, de nacionalidad estadunidense, pero de origen peruano, con la única fuerza de su autoridad moral y la convicción de tener la razón se enfrenta a la violencia del nuevo poder imperial encarnado en quien sin la capacidad ni preparación alguna dispone y da órdenes ante el azoro de todos. 
León XIV está ahí, debemos de confiar en su autoridad moral y en su liderazgo independientemente de convicciones religiosas, ponernos del lado de quien se atreve ante la fuerza. 
Desde Roma, desde el Vaticano, una ciudad dentro de otra ciudad, escuchamos el llamado racional y cargado de fuerza moral: “tenemos en esto una barrera contra ese delirio de omnipotencia que se vuelve impredecible y agresivo a nuestro alrededor. Incluso el santo nombre de Dios, el Dios de la vida, es arrastrado en discursos de muerte”. 
jusbb3609@hotmail.com

Crisis democrática en California
Arturo Balderas Rodríguez
En el estado de California, el más rico de Estados Unidos, cuya economía es equiparable con la de algunos países, está sucediendo algo dramático. En noviembre próximo se efectuará un referendo cuya finalidad es preguntar al electorado del estado si considera pertinente aplicar un impuesto de 5 por ciento, por una sola ocasión, a las personas cuya riqueza exceda un billón de dólares (aproximadamente mil millones de pesos). La iniciativa establece que el pago se podrá hacer en cinco partes y ha creado un caos, cuyo resultado final es difícil prever.
La propuesta debe ser aprobada por dos terceras partes de los votos. Está avalada por la Unión de Trabajadores de la Salud de California (SEIU-UHW) y una multitud de organizaciones que luchan contra la desigualdad, la injusticia y la pobreza, además de personajes como el senador Bernie Sanders y el legislador de California Ro Khana, cuya popularidad entre los demócratas es creciente y quien, al igual que Sanders, se ha opuesto con más firmeza a las iniciativas de Trump. De acuerdo con encuestas de opinión, 52 por ciento de electores californianos apoyan la propuesta.
El problema para el Partido Demócrata es que algunos de sus más destacados miembros en California se han manifestado en contra, entre ellos el gobernador del estado, Gavin Newsom; el alcalde de la ciudad de San Francisco, Daniel Lurie; Xavier Becerra, quien fuera secretario de salud en el gabinete de Joe Biden, y el ex alcalde de la ciudad de Los Ángeles, Antonio Villaraigosa. A esta oposición se agregan la organización de empresarios de California, y por lo menos tres importantes inversionistas ligados a la industria electrónica, entre ellos, Peter Thiell, conocido por su apoyo incondicional al presidente Trump.
Lo más complicado es que la división entre los demócratas podría abrir la oportunidad al Partido Republicano en la elección del futuro gobernador de California, y posiblemente en la del próximo candidato presidencial de su partido. El problema surgió cuando el presidente Trump decidió cortar varias decenas de billones al fondo de salud para la atención de por lo menos 2 millones de las personas de menores ingresos en California. En respuesta, varias organizaciones gremiales y sectores progresistas del estado propusieron la implementación de un impuesto a la riqueza de aproximadamente 200 multimillonarios, cuya riqueza conjunta asciende a 2 trillones de dólares (un billón de billones en pesos).
El problema de la propuesta está expresado en las palabras de Kirk Stark, profesor de la Universidad de California en Los Ángeles, quien advierte que si bien se entiende la demanda popular de aplicar el impuesto a los multimillonarios, la recaudación que se derive no sería significativa para restaurar el desbalance fiscal del estado. Además, existe la amenaza real de que muchos levanten sus alforjas con la fortuna que amasaron y huyan en búsqueda de nuevas vetas para incrementarla. De hecho, algunos ya han anunciado su partida a otros estados, cuya política fiscal consideran más amable con sus negocios. Varios personajes demócratas en California, entre ellos el propio gobernador Newsom, así lo han pensado, y de ahí la división que pudiera causar un sisma en ese partido en ese estado.
Una vez más, cabe la interrogante de si la forma de equilibrar las desigualdades puede lograrse mediante la política fiscal. El caso de California podría ser paradigmático. Cuando en cierto momento el gobierno plantea una política fiscal más equitativa, quienes han amasado una gran fortuna, aprovechando las bondades impositivas y las facilidades que el estado les ha otorgado, deciden abandonarlo. Roosevelt, y en algún sentido Johnson, lo intentaron, pero el capitalismo salvaje y la terca realidad se impusieron.