Jim Cason y David Brooks Corresponsales
Periódico La Jornada Viernes 19 de junio de 2026, p. 21
Washington y Nueva York., En el autoproclamado país campeón de la democracia, el presidente Donald Trump y sus aliados pretenden suprimir el voto de millones de sus opositores políticos y, sin ninguna evidencia, acusan a inmigrantes indocumentados de amenazar la integridad del sistema electoral, de ser parte de un gran fraude que ha convertido a Estados Unidos en una “nación de tercer mundo”.
En momentos en que enfrenta proyecciones y pronósticos de que el Partido Republicano perderá el control de por lo menos una de las dos Cámaras del Congreso en las elecciones intermedias programadas para noviembre próximo, el mandatario estadunidense impulsa el rediseño de los mapas de distritos electorales, “depurando” a votantes registrados del padrón .
Además, respalda medidas para obstaculizar la participación de minorías e inmigrantes con derecho al voto, todo para suprimir el sufragio efectivo de sectores que suelen apoyar a opositores de la agenda conservadora de la Casa Blanca.
El esfuerzo de Trump y sus aliados en la legislatura federal y en las estatales, así como de la Suprema Corte, en los hechos pone en riesgo las leyes y conquistas de movimientos que lograron la participación y representación política de minorías en este país durante los pasados 70 años, critican defensores de derechos y libertades civiles.
Este miércoles, Trump declaró que no promulgaría una legislación aprobada de manera bipartidista para autorizar programas de espionaje de agencias de inteligencia hasta que el Congreso apruebe un proyecto de ley que prohíbe que votantes emitan sus boletas en la próxima elección si no presentan documentos de identificación específicos, comprueben su ciudadanía y voten en persona en lugar de por correo, como ahora se permite en varios estados.
Requisitos imposibles
Las medidas son cuestionadas porque buscan suprimir la participación incluso senadores republicanos han comentando que algunos de los requisitos en la propuesta Ley para salvar Estados Unidos o Save Act, promovida por el mandatario, no funcionarán.
En Estados Unidos, el voto se lleva a cabo bajo reglas y autoridades estatales, aun cuando se trata de una elección para puestos federales, incluyendo las legislativas y presidenciales. Repetidamente el mandatario ha intentado imponer reglas federales para limitar el voto en todos los estados.
“La Save Act impone requisitos significativos sobre personas que buscan empadronarse y sobre los gobiernos estatales”, explicó Juan Proaño, director ejecutivo de la organización de voto latino Lulac, en testimonio reciente ante el Con-greso. “Esa legislación privará de derechos electorales a decenas de millones de votantes”, advirtió.
La mitad de los estadunidenses no tienen pasaporte y millones más no saben dónde están sus actas de nacimiento, informa el Brennan Center for Justice. Respondiendo a la constante acusación de Trump de que no ciudadanos y otros sin derecho al voto están depositando votos en las urnas.
El Brennan Center investigó 23.5 millones de sufragios emitidos en 42 distritos diferentes por todo Estados Unidos en 2016 y sólo detectó 30 incidentes en los que un voto no era válido, una tasa de error de 0.00013 por ciento.
En la elección presidencial de 2020, donde Trump insistió en que hubo un fraude masivo al incluir votos de inmigrantes indocumentados y manipulación del conteo, por lo cual nunca ha aceptado su derrota, no prosperó ninguno de los 62 casos que él y sus aliados presentaron, casi todos desechados por falta de pruebas. Sin embargo, el presidente insiste hasta hoy que en toda derrota de él y los candidatos que respalda son resultado de amañes.
Lulac, el cual ha encabezado varias demandas legales en Arizona, Texas e Iowa contra requisitos externos de identificación para votar, afirma que tiene una preocupación particular de a que latinos, afroestadunidenses y a los pobres les será negado su derecho al voto. Proaño explicó que la razón de estos esfuerzos es para cambiar resultados electorales.
“Datos actuales del censo calculan que 65.2 millones de latinos residen en Estados Unidos. El 81 por ciento puede votar. En un número creciente de estados, la población de esta minoría supera el margen de los sufragios que decidieron la elección presidencial de 2020”. Recordó que “los latinos también son el blanco de esfuerzos de una larga historia de discriminación electoral”.
Bloquea el mandatario los sufragios por correo
Mientras intenta impulsar su proyecto de ley, el jefe de la Casa Blanca ha empleado sus poderes ejecutivos para girar órdenes al servicio postal para no entregar boletas enviadas por correo a cualquier persona que no esté en el padrón federal, un requisito difícil para muchos ya que estas bases de datos en gran medida se elaboran a escala estatal.
Unos 22 estados permiten que algunos votantes emitan sus votos por correo, particularmente para discapacitados, de la tercera edad o que estarán viajando el día de los comicios.
“La orden, flagrantemente inconstitucional, que ataca el voto por correo, ya se implementa y debe ser bloqueada ahora”, afirmó la Unión Estadunidense de Libertades Civiles (ACLU) en una nueva demanda legal presentada ante tribunales el miércoles.
El mayor cambio en el proceso electoral estadunidense podría ser resultado de un fallo de la mayoría conservadora de la Suprema Corte en abril, que afirma que los estados no tienen una obligación de considerar el asunto de raza al establecer distritos electorales, lo cual efectivamente anula la Ley de Derechos al Voto de 1965, entre las mayores conquistas del movimiento de derechos civiles en este país.
Esa ley revirtió todo tipo de medidas –desde pruebas de alfabetismo, a un impuesto y distritos legislativos diseñados– para marginar al voto afroestadunidense y de los pobres.
“La Suprema Corte recientemente emitió un fallo que abre la puerta para que los estados y localidades creen mapas electorales discriminatorios”, acusó el ACLU.
Diez estados han redibujado sus mapas de distritos electorales desde abril, en gran medida para dar ventaja a republicanos y marginar el voto opositor. “El cambio de sectores sí pudo hacer el mapa para la Cámara baja más ventajosa para republicanos”, explicó Kyle Kondik del Centro para Política en la Universidad de Virginia.
“En general, ese impulso para redibujar los distritos involucró dos estados que lo hicieron a favor de demócratas y ocho para republicanos”. A pesar de estos cambios, Kondik indicó que las proyecciones siguen a favor de los demócratas en la Cámara baja y posiblemente en el Senado también.
Al mismo tiempo, estos esfuerzos para manipular distritos electorales ha encontrado resistencia a escala estatal por parte de republicanos en Georgia e Indiana, donde esas iniciativas fueron derrotadas por las legislaturas estatales, provocando la ira de Trump.
El propio mandatario parece no estar convencido de que todos estos esfuerzos para manipular el voto lograrán salvar a su partido de una derrota y la pérdida del control del Congreso. Eso podría explicar por qué ha comentado de manera repetida que, dado que él ha logrado tanto, “cuando lo piensas, tal vez no deberíamos ni tener una elección” en noviembre.
Cuando periodistas pidieron a la Casa Blanca que explicara estos comentarios, la secretaria de prensa Karoline Leavitt justificó: “el presidente estaba bromeando”. No todos lo creen.
Trump, desinformado: Sheinbaum; se lo he dicho, el Estado mexicano existe
“Sería muy bueno que combatieran el flujo de drogas en su territorio”, declaró la Presidenta
▲ La Presidenta Claudia Sheinbaum descartó entrar en un debate personal con su homólogo de Estados Unidos.Foto Presidencia
Alonso Urrutia y Alma E. Muñoz
Periódico La Jornada Viernes 19 de junio de 2026, p. 3
Al desestimar el nuevo embate del jefe de la Casa Blanca, Donald Trump, quien la calificó de temerosa frente al poder de los cárteles, la presidenta Claudia Sheinbaum sostuvo que “no queremos ni debemos entrar en un debate personal con el presidente Trump. Es una forma que él tiene de comunicar y lo hace en tiempos específicos en la lógica estadunidense”, afirmó la mandataria, quien remató: “no está bien informado. Se lo he dicho personalmente: el Estado mexicano existe”.
Sheinbaum también se refirió a las declaraciones de Trump sobre el futuro del tratado comercial de América del Norte, en el sentido de que para Estados Unidos es innecesario. Sin dar detalles, expresó las contradicciones que ha tenido el magnate: “Él es así, también dice que no, luego que sí, que sería bueno, que tal vez sí, que tal vez no. Y nosotros tenemos que hacer el trabajo de convencimiento, de buscar siempre la mejor opción para México”.
En su conferencia matutina, desestimó las aseveraciones de Trump en la reunión del G-7 en Francia, puntualizando que “no hay que engancharse en cada declaración”. Sheinbaum aseveró que para ella lo importante es que el pueblo de México sabe que su administración trabaja diariamente en la construcción de la paz.
Sheinbaum manifestó que tanto telefónicamente a Trump como al secretario de Seguridad Nacional estadunidense, Markwayne Mullin, les ha planteado que en México hay instituciones trabajando para combatir a los grupos delictivos.
En su reunión con el funcionario estadunidense en Palacio Nacional –hace unas semanas– le comentó que estaba frente a él Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, quien estuvo a punto de perder la vida por el ataque de un grupo delincuencial, tras lo cual decidió seguir en el servicio público. También le habló del secretario de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla, quien coordinó los trabajos para capturar a uno de los más importantes narcotraficantes en México (Nemesio Oseguera, El Mencho), operación en la que fallecieron 30 de sus elementos.
–¿Siente que hay esta confianza del gobierno de Estados Unidos en estos líderes que menciona en el gabinete de seguridad?
–Sí, mucha confianza. Recientemente Sara Carter habló del general Trevilla. Otros servidores públicos han hablado del propio Omar.
Sobre la advertencia de que Estados Unidos ha contenido el flujo de drogas por aire y mar, pero ahora falta a nivel terrestre, Sheinbaum respondió con ironía: “sería muy bueno que lo hicieran en su territorio. Porque es muy importante que paren la entrada de armas. Aquí en México se detuvieron unos vehículos que traían armas, un buen arsenal de armas de Estados Unidos. Entonces, ellos allá, nosotros acá y coordinándonos”.
Jay Clayton: operador y estratega
El presidente estadunidense Donald Trump nombró el 11 de junio de 2026 al fiscal Jay Clayton como su nuevo jefe de inteligencia, tras la reacción negativa de los republicanos por su intento de colocar a un aliado sin experiencia en el cargo. Foto Ap Foto autor
Simón Vargas Aguilar*
19 de junio de 2026 00:01
En el ajedrez geopolítico de la lucha contra el narcotráfico, pocas piezas han adquirido un peso tan sustancial como Jay Clayton; su nominación, ahora temporalmente aplazada, como Director de Inteligencia Nacional (DNI, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos no es un simple cambio burocrático en Washington, sino que eleva al rango de seguridad nacional estadunidense el combate contra el narcotráfico de manera significativa y trascendente.
Los expedientes que Clayton conoce en detalle se convertirán en herramientas de políticas de primer orden, si es ratificado. Los políticos mexicanos vinculados al narcotráfico podrían enfrentar un escrutinio sin precedentes y la administración federal en nuestro país estaría obligada a confrontar realidades que hasta ahora ha intentado minimizar.
La trayectoria de Clayton es la de un operador que entiende la manera en que la ley se cruza con la inteligencia, las operaciones con recursos de procedencia ilícita, el narcoterrorismo, la diplomacia y la geopolítica. Abogado con formación en ingeniería y economía, estuvo en el prestigioso bufete Sullivan & Cromwell; fue presidente de la Comisión de Valores y Bolsa, y en agosto de 2025 asumió como Fiscal Federal del Distrito Sur de Nueva York, una de las instancias más poderosas y temidas del sistema judicial estadunidense.
Clayton ha estado en la primera línea del combate al narcotráfico, particularmente contra el fentanilo, que ha cobrado cientos de miles de vidas estadunidenses; su oficina ha estudiado y tratado de desmantelar redes como la de Los Chapitos; ha supervisado procesos de alto perfil, por ejemplo, contra el ex presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por narcoterrorismo y, de manera emblemática, firmó las acusaciones contra el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y nueve servidores públicos; las imputaciones detallan cómo presuntamente el gobernador y sus colaboradores habrían recibido apoyo del cártel para llegar al poder a cambio de protección operativa, permitiendo el flujo masivo de drogas hacia Estados Unidos, además de la compra de votos y la operación electoral.
La Fiscalía del distrito sur de Nueva York es el epicentro de los casos más significativos contra narcotraficantes, un foro donde se han juzgado a capos históricos y donde se integran los expedientes que después alimentan los procesos jurisdiccionales y generan insumos para operaciones de inteligencia y sanciones.
Si es confirmado como DNI, Clayton supervisaría las 18 agencias de inteligencia de Estados Unidos, incluyendo la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés), el Departamento de Defensa (NSA, por sus siglas en inglés) y las áreas de inteligencia de la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés), el Departamento del Tesoro y las fuerzas armadas; él no sólo coordinará la inteligencia interna, sino que influirá directamente en la política exterior, las operaciones encubiertas y la definición de amenazas nacionales. En un esquema derivado de la reforma a la ley, el fentanilo se considera un arma de destrucción masiva y los cárteles se definen como organizaciones trasnacionales con influencia en gobiernos. El rol de Clayton para México significaría que los expedientes dejarán de ser, simplemente, procesos judiciales para convertirse en prioridad de directrices para la seguridad nacional estadunidense.
La relevancia de Clayton para Estados Unidos es clara: es un líder con experiencia probada en crimen organizado, lavado de dinero, ciberamenazas y corrupción internacional, por lo que su llegada al DNI fortalecería la capacidad de Washington para integrar inteligencia judicial con operaciones estratégicas, cerrando el círculo que va desde la evidencia en un tribunal hasta las operaciones de campo. Se debe admitir que en la lucha contra el narcoterrorismo, pocos perfiles combinan tan bien el conocimiento de los expedientes con la autoridad para actuar a escala.
La nominación ha entrado en una controversia política en las últimas horas. Por ello el pasado miércoles, el presidente Donald Trump anunció el aplazamiento de la nominación de Clayton para presionar al Congreso a avanzar en una ley de identificación de votantes (Save America Act), que actualmente carece del apoyo suficiente. Trump acusó a los demócratas de violar un acuerdo para renovar programas de vigilancia (FISA) tras nominar a Clayton; además, condicionó el avance a que no se retire a Clayton de su posición actual hasta que su remplazo James McDonald sea confirmado.
Esta maniobra táctica de Trump revela las tensiones internas en Washington, pero no disminuye el peso de Clayton; al contrario, subraya que su permanencia en la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York es valiosa precisamente por los casos abiertos que incluye el caso México. Mientras Bill Pulte permanece como director interino de Inteligencia Nacional, Clayton sigue al frente de acusaciones que ya han puesto en jaque a Sinaloa y a algunos políticos mexicanos que han apoyado al narcoterrorismo.
Clayton es un profesional que ha construido casos con evidencia. Su ascenso elevaría la lucha contra el fentanilo y los cárteles a un nivel donde la impunidad ya no es tolerable; se debe reconocer que la soberanía se garantiza cuando existe acceso a la justicia, se brinda seguridad plena para que todos los sectores puedan desarrollar sus actividades y, sobre todo, cuando las garantías se respetan. Para combatir el flagelo del narcoterrorismo se deben establecer alianzas estratégicas con todos los países en este momento, en particular con Estados Unidos, mediante una relación de respeto, confianza y coordinación. Es tarea de todos.
*Consultor en temas de seguridad, inteligencia, educación, religión, justicia y política
Firmar en Versalles
Donald Trump en la Junta de Paz en la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza. Foto Ap Foto autor
Pedro Miguel
19 de junio de 2026 00:14
Es imposible que una persona tenga conocimientos básicos de todas y cada una de las disciplinas del saber humano, y menos aún que los domine. Por eso, en sentido estricto, todos los seres humanos somos unos grandes ignorantes y ese adjetivo no tendría por qué llevar una carga despectiva.
El problema es que muchos hacen gala de nociones manifiestamente erróneas, o bien cometen errores garrafales por carencia de una cultura general básica indispensable para la función que desempeñan. Es entonces que “ignorante” cobra su sentido como descalificación. Es exigible, por ejemplo, que quien se desempeña como gobernante de cualquier país posea, como mínimo, conocimientos elementales de aritmética, de historia, de geografía, de economía, aunque lo deseable es que tenga también una embarradita de filosofía, literatura, artes plásticas y escénicas, biología, ciencias sociales y ciencias exactas en general.
De todos esos logos, las nociones de historia –maestra de la vida– son de las más relevantes para el oficio de gobernar, así sea por la muy egolátrica razón de que quienes ejercen el mando en una nación tienen el inmenso privilegio de que sus nombres ingresen al registro de los hechos para la posteridad. Arma de dos filos: una persona puede volverse referencia histórica positiva para su país, pero corre también el enorme riesgo de quedar embarrada como un tirano, un inepto, un mamarracho o las tres cosas.
Y es en este punto donde puede verse en toda su dimensión el fracaso existencial del individuo que se llama Donald J. Trump, un narcisista incurable enamorado de su nombre, porque una de las cosas a las que ese apellido de origen alemán está ya vinculado de manera definitiva es la ignorancia (en la segunda de las intenciones señaladas arriba) de la historia. Pero eso es lo de menos. El mayor peligro de esa característica carencia trumpiana es para Estados Unidos, como lo pone en perspectiva David W. Blight, de la Universidad de Yale, en un artículo titulado “Trump and History: Ignorance and Denial” (https://is.gd/Y5Y5zb).
Lo cierto es que hace un par de días el mandatario anaranjado acudió a la cita del G-7 que tuvo lugar en Versalles y que allí estampó su garabato en el documento que establece los términos para la capitulación estadunidense ante Irán. Y sí, capitulación, porque Washington se compromete a ceder mucho sin obtener nada a cambio: las únicas “concesiones” de Teherán de las que se pavonea Trump son inexistentes: el compromiso de dejar libre paso por el estrecho de Ormuz durante 60 días –vía marítima que era libre hasta que él mismo provocó su cierre– y la garantía de que la república islámica no fabricará armas nucleares, algo que ya estaba estipulado en el acuerdo de 2015, gestionado por Barack Obama –su odiado predecesor– y que el propio Trump echó abajo en su primer periodo presidencial.
En cambio, Irán obtiene, entre otras cosas, la promesa de retirar las fuerzas estadunidenses de sus alrededores, de que Estados Unidos y sus aliados conformen un fondo de 300 mil millones de dólares para compensar la destrucción causada por Washington en la injustificada agresión que inició el 28 de febrero y que el régimen genocida de Tel Aviv detenga de una vez su no menos injustificada invasión a Líbano. Pero asumir una rendición en la que fuera sede del absolutismo monárquico francés tiene resonancias simbólicas evidentes: fue allí donde, en 1919, los representantes del derrotado imperio alemán aceptaron los duros términos que le impusieron sus vencedores, entre ellos, una enorme suma de compensaciones por la destrucción causada en la Primera Guerra Mundial.
Si Trump conociera ese antecedente histórico –o, al menos, si alguno de sus asesores se lo hubiese informado– de seguro se habría negado a firmar en ese sitio y a ratificar, de esa manera, que su aventura criminal en el Golfo Pérsico terminó en un fracaso militar escandaloso, en una regresión estratégica para Estados Unidos y en una humillación, subrayada, además, por la ausencia de la contraparte –que firmó en forma digital desde Teherán, en una inocultable muestra de desprecio– y por la presencia testimonial de Emmanuel Macron, que no puede calificarse sino de burlona y perversa.
Además de la ignorancia, hay otra posible explicación para entender el más reciente traspié del estadunidense: podría ser que sí estuviera al tanto del Tratado de Versalles de 1919 y que él mismo, sin que mediara sugerencia de nadie, hubiera escogido ese lugar pensando que esta vez no era a él a quien le correspondía el papel de derrotado. Pero esa posibilidad resulta aún más impactante que la primera, porque denotaría una fuga de la realidad, es decir, la incapacidad para darse cuenta de que perdió la guerra. Y si eso fuera así, a Irán le esperarían sufrimientos adicionales e injustos, Estados Unidos estaría en camino de una catástrofe magnificada y al mundo le iría peor de lo que le ha estado yendo. Ojalá que no.
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