martes, 23 de junio de 2026

Slavoj Zizek y el siglo de las verdades amargas.

Javier Aranda Luna
Si miramos los periódicos de este año, una vaga sensación de déjà vu nos recorre el cuerpo. Nada de lo que ocurre es enteramente nuevo, pero todo se presenta con la nitidez de una pesadilla largamente ensayada.
En su libro Una izquierda que se atreva a decir su nombre, Slavoj Zizek se asoma a este teatro de sombras con la urgencia del cronista que ve cómo el barco se encamina hacia el arrecife. Leerlo es asistir a un ejercicio de desmitificación que recuerda aquella implacable sentencia de Karl Marx en El dieciocho brumario: “La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos”.
Para Zizek, el pensador de Tréveris no pertenece al pasado ni a las estatuas de bronce derribadas tras la caída del Muro de Berlín aquel 9 de noviembre de 1989. Marx opera hoy como un muerto viviente, un vampiro que se niega a descansar en paz porque el propio capitalismo, en sus mutaciones, sigue alimentándose de las mismas contradicciones que él diagnosticó.
El filósofo sin filtros no nos ofrece el bálsamo del optimismo; al contrario, reclama con lucidez “el derecho a contarle malas noticias a la opinión pública”.
En una época habituada a la papilla digerible de las redes sociales, la verdad se ha convertido en un objeto de lujo o en un delito de Estado, como bien lo sabe Assange. También lo saben los “proletarios nómadas”, esa masa de desposeídos e inmigrantes que deambulan por las fronteras de una Europa que se fragmenta en regionalismos estériles, o en América Latina, agrego yo, que ya no es puente de paso al sueño americano, sino puerto de arribo para huir de sus pesadillas originarias. Mientras tanto, el capital global, indiferente a banderas y fronteras, sigue su curso.
El ensayo de Zizek es como un espejo incómodo. Nos muestra que el populismo de derechas y la vulgaridad de Donald Trump no son accidentes históricos, sino los síntomas orgánicos de una democracia liberal que se vació de sustancia.
Frente a eso, la izquierda suele responder con el reproche moral o el refugio en la corrección política, olvidando que el verdadero racismo, por ejemplo, ya no necesita teorías biológicas: le basta con el pretexto cultural, con el miedo neurótico a que “el otro”, el migrante nos robe nuestro preciado y casi siempre precario modo de vida. Por eso nos vinculamos únicamente con quienes comparten nuestra microidentidad, fomentada por el síndrome del gueto y los algoritmos digitales.
Hubo un tiempo en que la izquierda se medía por su capacidad de sitiar fábricas, tomar el cielo por asalto y prometer el futuro. Hoy, apunta Zizek, parece atrapada en un laberinto de nostalgias y comités de oficina, más preocupada por el lenguaje correcto que por el salario digno. Mientras las mayorías experimentan el día a día como una sutil forma de autoexplotación y aislamiento digital. La gran pregunta, señala el filósofo, ya no es cómo cambiar el sistema, sino si nos queda imaginación colectiva para siquiera intentarlo.
En un mundo fragmentado, donde la urgencia climática colisiona con el bolsillo del trabajador y las identidades atomizan la vieja solidaridad, la izquierda se enfrenta a su espejo más incómodo: o recupera la audacia de ofrecer certezas materiales frente a la incertidumbre o corre el riesgo de volverse un artículo de lujo para clases medias ilustradas.
Sorprende, en la lectura de estas páginas, la vigencia de su análisis sobre el capitalismo de China o el colapso trágico de Venezuela, ejemplos que demuestran que el libre mercado no tiene límite.
Como en los mejores pasajes de Walter Benjamin o Theodor W. Adorno, Zizek nos recuerda que la indignación sin consecuencias es otra forma de la complicidad. Si la cúpula tiene filtraciones –como demostró Julian Assange, hoy un símbolo de la fragilidad de nuestras libertades–, el verdadero poder no teme que sepamos su secreto.
Al cerrar el libro, nos queda la certeza de que, pese a todo, el porvenir no está escrito y que, si la izquierda quiere tener un nombre en el siglo que avanza, deberá aprender primero la dura lección de mirar de frente a sus propios fantasmas.

Turismo rural en China, un modelo oficial de lucha contra la pobreza
Aldeas milenarias se han reinventado, manteniendo su cultura y tradiciones
▲ En las calles se pueden apreciar vestigios fidedignos de una historia centenaria.Foto Emir Olivares Alonso
▲ La arquitectura local se basa en conocimientos que fueron transmitidos por generaciones.Foto Emir Olivares Alonso
Emir Olivares Alonso/II y última   Enviado
Periódico La Jornada  Martes 23 de junio de 2026, p. 12
Guizhou. En la China profunda –alejada de las hiperpobladas Shanghái, Hong Kong, Chongqing y la capital, Pekín– residen los herederos de las etnias minoritarias, para quienes la vida transcurre a un ritmo menos acelerado al de las caóticas y futuristas megalópolis de este país.
Asentadas en las entrañas de las cordilleras de esta provincia del suroeste chino, aldeas de las milenarias culturas Miao y Dong –dos de las 55 etnias minoritarias oficialmente reconocidas por la República Popular China– han preservado por generaciones sus tradiciones y cultura, las cuales han sido catalogadas como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).
Esa ancestral esencia se ha convertido en el principal motor del turismo rural, un modelo oficial de combate a la pobreza e impulso al desarrollo de estas comunidades.
Las autoridades del gigante asiático no han limitado su proyecto de nación al desarrollo de innovaciones científicas y tecnológicas, el avance de la inteligencia artificial, la consolidación de la industria automotriz, la apertura comercial con el mundo o la exploración espacial: también se han enfocado en amplificar las opciones para generar riqueza a partir de las raíces que han conservado los grupos étnicos minoritarios, quienes representan casi 9 por ciento de la población total.
Por siglos, la supervivencia de estas aldeas se basó en la agricultura, pero con un proyecto lanzado en 2008 –retomado en el modelo de gobernanza del presidente Xi Jinping– se han reformulado las estrategias.
En apego a esa idea, ese año se convirtió a la aldea Miao de Xijiang Qianhu en un modelo de turismo rural, transformándola en uno de los sitios más populares entre los millones de personas, sean de origen nacional o extranjero, que cada año visitan esta nación-continente.
En estos 18 años, la comunidad pasó de una economía netamente agrícola a una diversificada, en la que el turismo representa el brazo fuerte. Durante ese periodo, el ingreso per cápita de los habitantes de Xijiang pasó de mil a 30 mil yuanes promedio al mes (77 mil pesos mexicanos).
Situada a 40 minutos de la ciudad de Kaili, se trata de la aldea Miao más grande de China y de otros puntos de Asia, con una población de 6 mil personas que se agrupan en mil familias. Durante un recorrido por esta localidad, se informó que gracias a su tránsito hacia una economía basada mayoritariamente en el turismo rural, hoy en día genera más de 20 mil puestos de trabajo, el triple de su población.
“Una idea que ha creado muchas oportunidades”
Zun Yuan trabaja en uno de los muchos restaurantes que hay en esta villa y que viven el apogeo por la habitual llegada de los turistas. Reside en Kaili y se identifica como Miao. “Esta idea ha creado muchas oportunidades de trabajo bien pagado”, señala.
Para llegar hasta este punto se debe superar una serpenteante carretera –concluida en 2015– sobre las laderas de la montaña, similar a las vías que conducen a comunidades remotas en México.
Un enorme pórtico se erige como entrada al poblado: la puerta Xiaobeimen. Está tallada con trazos artesanales en bambú y madera, y coronada con figuras de dos elementos sagrados en la cosmovisión de esta etnia: cuernos de bueyes y mariposas.
Una de las guías que acompaña a los turistas que llegan hasta esta villa explica que los Miao creen que los bueyes “son un puente entre ellos y los dioses”, mientras que las mariposas representan las almas de sus ancestros.
Sobre la montaña se levanta un caserío en el que el color marrón de las viviendas contrasta con el intenso verde de la maleza con la que se entremezclan. En sus calles, igual que en los laberínticos callejones ocultos por casas aparentemente amontonadas entre montañas, se pueden apreciar vestigios fidedignos de una historia centenaria.
Llama la atención su arquitectura, basada en prácticas transmitidas de generación en generación: casonas de tres niveles en forma de pagodas, construidas exclusivamente con madera, ensambladas sin un solo clavo y con tejados de tonos negruzcos.
Todas están hechas con la técnica de “piso suspendido”, es decir, son erigidas sobre pilotes que las elevan varios metros del suelo montañoso, con lo que se evita que las torrenciales lluvias que azotan la región las arrastren o destruyan al dejar correr el agua por debajo de las construcciones.
La villa es atravesada por el río Baishui (Agua Blanca). A lo largo del caudal se alzan siete antiguos Puentes de Lluvia y Viento sobre los que cuelgan lámparas adornadas con los milenarios caracteres chinos. La creencia es que estas estructuras protegen de las habituales precipitaciones y ventarrones.
Este poblado data de hace unos 600 años. No obstante, se tiene registro de que antes de asentarse en estos territorios, los Miao ya tenían más de 2 mil años de historia.
Datos oficiales indican que existen 12 millones de personas en el mundo que se identifican como parte de esta etnia; la mayor parte, 9 millones, se concentran en China.
Vestimenta distintiva
La indumentaria tradicional distingue a sus pobladores. Los diseños muestran la riqueza artística de esta cultura: fuertes contrastes entre tonos oscuros, claros y plateados que transmiten cientos de años de historia. Las mujeres lucen además collares, pulseras y coronas de plata con figuras de cuernos de bueyes o mariposas.
Hace varios siglos, los Miao descubrieron accidentalmente una técnica de teñido de textiles que hoy en día es uno de sus legados para toda China: el batik.
Considerado Patrimonio Cultural Inmemorial de la Humanidad, consiste en dibujar figuras con cera derretida sobre un paño y, una vez que seca, hundirlo en agua fría pintada con un tinte natural añil. Tras varios minutos, la tela se pigmenta, salvo las partes barnizadas con la cera, dejando al descubierto los trazos artesanales.
A diferencia de muchos territorios de América Latina, en China no existe el concepto de pueblos originarios. Para este país, todos sus pobladores son “originarios”. Para referirse a su gente se maneja el término de etnias: los Han son la mayoritaria, con 91.1 por ciento de los mil 400 millones de habitantes, y el resto lo conforman los integrantes de las etnias minoritarias.
En el portal de la villa Xijiang (http://www.xjqhmz.com/) se señala que el modelo de turismo rural se ha impulsado en 11 localidades más, incluyendo Yingshang, Ganrong y Maliao.
A unos kilómetros, en otra área de las montañas de Guizhou se asienta la aldea Dali, con apenas mil habitantes de la etnia Dong, otra de las minorías tradicionales de China.
Al deambular por sus calles se perciben mayores niveles de pobreza. No obstante, los Dong son también herederos de una arraigada cultura milenaria, por lo que es parte del proyecto de turismo rural.
Sentados en un pórtico, dos longevos pobladores de la localidad venden artesanías. La mujer dialoga con algunos turistas para obtener una buena ganancia por sus bordados y joyería de plata.
El hombre, de 80 años de edad, muestra una radiante pagoda de unos 50 centímetros de altura hecha con madera de palla. Pide mil yuanes (unos 2 mil 500 pesos) y no acepta regateos por el arduo trabajo que le tomó elaborarla. “Puede llevarla como un buen recuerdo”, dice para convencer a los visitantes de adquirirla.
Una característica de esta etnia es el “gran canto de los Dong”, una interpretación folclórica que lleva siglos siendo cosmovisión, tradición, comunidad y legado, que se canta de generación en generación.
Esta expresión artística “es una verdadera enciclopedia que relata la historia de este pueblo, ensalza su creencia en la unidad del ser humano y la naturaleza, preserva los conocimientos científicos, expresa románticos sentimientos amorosos y promueve valores morales como el respeto debido a ancianos y vecinos”, definió la Unesco al inscribir en 2009 este elemento cultural como Patrimonio Cultural Inmaterial.
La relevancia de este símbolo se sintetiza en un pensamiento Dong: “El arroz nutre el cuerpo, mientras que el canto nutre el alma”.

China prohíbe que sus empresas exporten a 10 firmas militares de EU
“Trump rompió el consenso al que llegó con XI”
Respuesta al veto de Washington a Alibaba y Baidu, que no pueden acceder a contratos de defensa
Ap
Periódico La Jornada   Martes 23 de junio de 2026, p. 15
Pekín. China anunció sanciones contra 10 empresas estadunidenses vinculadas al ámbito militar en respuesta a una reciente medida de Estados Unidos que impide que compañías tecnológicas chinas destacadas accedan a contratos de defensa.
El ministerio chino de Comercio indicó que las firmas chinas no podrían exportar artículos de “doble uso” a esas 10 compañías, entre las que figuran fabricantes de drones militares y algunas involucradas en la minería de tierras raras.
El término “doble uso” se refiere a bienes que pueden tener aplicaciones militares y no militares.
El gobierno de la nación asiática señaló que la prohibición de exportación busca tanto salvaguardar la seguridad nacional de China como responder a lo que calificó la “expansión indebida por parte del gobierno de Estados Unidos de su ‘lista de empresas militares china’”.
George Chen, socio para China continental en la firma de asesoría The Asia Group, sostuvo que la prohibición fue una respuesta proporcionada a las restricciones de Estados Unidos y que ya era esperada en el sector.
“La mayoría de las empresas con las que se restringe hacer negocios pertenecen a la industria de defensa de Estados Unidos o tienen conexiones estrechas con el gobierno estadunidense por contratos y otras razones”, explicó.
“Esas empresas no van a hacer negocios en China, por lo que el impacto será más que nada simbólico”, consideró.
Sanciones extra y sin explicación
Por separado, el ministerio de Finanzas chino informó que se prohibirá a las entidades gubernamentales comprar productos de 46 firmas estadunidenses, incluidas filiales de Lockheed Martin, Raytheon y General Dynamics. El comunicado no ofreció ninguna razón para el veto.
A principios de este mes, el Departamento de Defensa de Estados Unidos añadió varias empresas tecnológicas, entre ellas Alibaba y Baidu, a su lista de firmas que, según afirma, tienen vínculos con el ejército chino. Baidu expuso que la insinuación de que es una empresa militar es “totalmente infundada”.
La designación impide obtener contratos militares de Estados Unidos.
El ministerio de Comercio chino indicó entonces que las sanciones estadunidenses van en contra del consenso al que llegaron su presidente Xi Jinping y su homólogo estadunidense, Donald Trump, durante la visita de éste a China en mayo.
En el anuncio, el ministerio señaló que se prohíbe a empresas o individuos de terceros países transferir artículos de doble uso desde China a las firmas estadunidenses sancionadas.
Añadió que las empresas chinas pueden solicitar la aprobación de exportación para bienes que sean “genuinamente necesarios”.
Las 10 empresas son Aveox, en Simi Valley, California; Red Cat Holdings y Teal Drones, ambas en South Salt Lake, Utah; Imsar, en Springville, Utah; Jaia Robotics, en Bristol, Rhode Island; Ball Aerospace & Technologies, en Broomfield, Colorado; Oshkosh Defense, en Oshkosh, Wisconsin; L3Harris Maritime Services, en Norfolk, Virginia; MP Materials, en Las Vegas, Nevada y USA Rare Earth, en Stillwater, Oklahoma.

Murió el oráculo alan Greenspan
▲Foto Ap
Periódico La Jornada
Martes 23 de junio de 2026, p. 15
Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal (Fed, por sus siglas en inglés) y una de las figuras más influyentes en la economía moderna de Estados Unidos, murió ayer a los 100 años. Apodado Oráculo o Maestro, dirigió la institución a cargo de la política monetaria de su nación por más de 18 años, entre 1987 y 2006, aunque su reputación se vio afectada por la crisis financiera de 2008. “Bajo su liderazgo, el banco central logró una era sostenida de estabilidad de precios que respaldó el crecimiento económico y ayudó a afianzar la confianza del público en la institución”, afirmó la Fed en un comunicado. El economista de profesión llevaba sólo unas semanas en el cargo cuando debió enfrentar uno de los mayores desplomes bursátiles de la historia mundial, el 19 de octubre.