viernes, 10 de julio de 2026

China: OTAN debe abandonar su mentalidad de guerra fría.

Xinhua y Europa Press
Periódico La Jornada   Viernes 10 de julio de 2026, p. 21
Pekín. La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) es una alianza regional de defensa con un alcance de misión y límites geográficos claramente definidos, y debe “abandonar su anticuada mentalidad de guerra fría”, afirmó ayer el gobierno del presidente Xi Jinping
“China es una fuerza para la paz mundial y nunca amenaza a nadie”, indicó la vocera de la cancillería Mao Ning, en conferencia de prensa.
Señaló que la OTAN debe “ajustar su percepción sobre China y dejar de exagerar las denominadas narrativas de amenaza china”, ya que el país asiático “no supone una amenaza para nadie” y “siempre ha sido una fuerza de paz en el mundo”.
Un día después del fin de la cumbre de la alianza en Turquía, Mao instó a la alianza a “dejar de nombrar a China en cada ocasión que se presenta”, luego que algunos de los participantes de esa cimera expresaron sus preocupaciones sobre los avances tecnológicos y militares de China, además de sus relaciones con Rusia.
“China siempre ha sido una fuerza de paz en el mundo y nunca ha amenazado a ningún país”, aseveró y señaló que “tampoco suponemos un desafío para la seguridad de la región euroatlántica”, informó el diario estatal chino Global Times.
“La OTAN debe abandonar su mentalidad de guerra fría, corregir la percepción que tiene de China y dejar de propiciar esa narrativa de la supuesta amenaza de nuestro país”, insistió.

La pudrición de Estados Unidos
El presidente Donald Trump llega al recinto para el evento UFC Freedom 250 en el jardín sur de la Casa Blanca, el 14 de junio de 2026, en Washington. Foto Ap   Foto autor
Pedro Miguel
10 de julio de 2026 00:01
Aparte de desintegrarse, lo peor que puede pasarle a la nación que se ostenta como máxima potencia planetaria es que el resto del mundo deje de tomar en serio a su gobierno. Pero lo que en la circunstancia actual ha llegado a un grado de farsa trágica y sangrienta viene gestándose de mucho tiempo atrás; el trumpismo no es la enfermedad de Estados Unidos, sino el síntoma de su avanzada descomposición. 
Es un proceso en el que las contradicciones internas de la república esclavista fundada hace dos siglos y medio parecen haber alcanzado un descontrol irreversible. Si Washington ha entrado en colisión con prácticamente todo el mundo es porque antes ha entrado en colisión consigo mismo. Lo malo es que sus grupos étnicos, culturales y lingüísticos, sus corrientes ideológicas, sus sectores económicos, sus instituciones y hasta sus intereses económicos caminan en sentidos divergentes o contrapuestos y lo peor es que no ha podido encontrar a alguien menos inepto para arbitrar entre ellos que esa encarnación de Ubú rey llamada Donald Trump (https://short-url.cc/1yR0h). 
Los zigzagueos, las incoherencias y las chambonadas de la política exterior estadunidense van mucho más allá de los cambios de humor del fanfarrón con delirios de grandeza que habita en la Casa Blanca; expresan las pugnas internas de una clase gobernante incapaz de gestionar y resolver los conflictos de su economía y de la sociedad a la que debiera representar. 
Véase, por ejemplo, el choque entre los xenófobos y racistas de MAGA que sueñan con restaurar la pureza del paraíso mítico de los WASP (blancos, anglosajones, protestantes) o, cuando menos, del Estados Unidos “europeo” (que ampliaba ese espacio idílico a irlandeses e italianos) y las empresas agrícolas, de la construcción y de los servicios que enfrentan una aguda escasez de mano de obra, debido a la infame persecución desatada por el gobierno en contra de latinoamericanos, medioorientales y africanos. 
O el daño que el petrolismo a ultranza del trumpismo causa a ramos empresariales como el de las energías renovables, incluida la electromovilidad, en la que el propio Elon Musk tiene una participación destacada. O los problemas que los amagos de guerra comercial con China acarrean a empresas cuyo negocio tradicional ha sido la importación masiva de chinerías, como Amazon, de Jeff Bezos. 
O el impacto de cinco mil millones de dólares causado en las finanzas de General Motors por las balandronadas arancelarias de Trump (https://shorturl.at/UKl9j). O la pifia monumental de despedir a 177 técnicos esenciales de la Administración Nacional de Seguridad Nuclear (NNSA, por sus siglas en inglés) que trabajaban en el mantenimiento del arsenal nuclear, en el marco de las políticas de “reducción del Estado” que Trump encomendó a su amigo Musk en los primeros meses de su segundo gobierno (https:// shorturl.at/iK69N) mientras, por otro lado, contrataba a 12 mil golpeadores y gatilleros para las filas del ICE (https://shorturl.at/ a6SMY). 
O la manera en la que los afanes extremos y paranoicos de instrumentalizar el supuesto “combate al narcotráfico” han evidenciado que el verdadero narcoestado no es Colombia, ni Venezuela, ni México, sino el propio Estados Unidos, que es en donde se ubican el mayor mercado de drogas del mundo, el principal centro de lavado de dinero, la más grande industria armamentista que nutre a los cárteles y el gobierno más corroído por la corrupción narca, en el que desde el Departamento de Justicia (https://shorturl.at/Y9jp7) hasta la Casa Blanca (https://shorturl.at/c2EXF) ofrecen (o venden) protección a capos destacados. 
Ya será tarea de los estadunidenses encontrar la forma de evitar que su país se caiga a pedazos. Pero para el resto del mundo (aliados, socios, adversarios, naciones neutrales) el problema es que la pudrición de Estados Unidos se traduce en una creciente debilidad que la Casa Blanca busca contrarrestar con atropellos violentos: genocidios (como los que Israel perpetra con la bendición de Washington en Gaza, Cisjordania y Líbano); ejecuciones extrajudiciales (como las de los infortunados tripulantes de lanchas atacadas con fuego letal por las fuerzas del Pentágono); actos de guerra tan criminales como los perpetrados contra Irán, que desembocaron en la peor derrota militar gringa desde Vietnam; el sádico afán de asfixiar y matar de hambre al pueblo cubano –instigado por Marco Rubio–, o las andanadas de injustificable violencia verbal, como las que han experimentado México, Brasil, España, Colombia y hasta el gobierno “amigo” de Giorgia Meloni. 
El problema no es sólo que Estados Unidos se esté pudriendo, sino que para el resto del mundo su pudrición se proyecta en forma de muerte, destrucción, violencia, inestabilidad y crisis económica. Y el desafío para los demás consiste en articularse de alguna manera para sobrellevar la avanzada desarticulación del que ha sido, por muchos años, el gran hegemón planetario.
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Destruir sociedades para consolidar la dominación
Todos los actores sistémicos confluyen en la depredación de comunidades y naturaleza, sin distinción de gobiernos progresistas o conservadores. Foto gob.mx/agn   Foto autor
Raúl Zibechi
10 de julio de 2026 00:01
Para imponer el capitalismo fue necesario disciplinar los cuerpos de los campesinos expropiados por los terratenientes para que, al ingresar en los “molinos del diablo”, estuvieran disponibles para ser explotados. Además del hambre y la represión, se utilizó el panóptico para disciplinar cuerpos y mentes, porque para explotar es necesario someter previamente. ´
Desbordados los panópticos por las resistencias, el control ocupa su lugar para neutralizar multitudes y hacer posible la continuidad de la acumulación de capital en otras escalas y espacios. En estos momentos de declive imperial, de agudo conflicto entre potencias capitalistas, de irrupción de los pueblos originarios y de las mujeres que luchan, las estrategias del sistema han mutado: para apropiarse de los bienes comunes, principal modo de acumulación en este periodo, es necesario destruir sociedades. 
Se trata de romper el vínculo social, la relación solidaria entre personas, que es lo que permite enunciar que estamos en una sociedad en la que se existen normas, culturas, tradiciones y objetivos comunes. Las luchas de clases se producen en el interior de una misma sociedad, pero ahora estamos en otro nivel: en el estadio genocida del sistema. La destrucción de las relaciones sociales permite la eliminación sistemática de sectores enteros de una sociedad con total impunidad, con la pasividad de las mayorías. 
¿Cómo se destruyen las relaciones sociales? Las clases dominantes se han vuelto expertas en ello, ya que su dominación está en peligro si las sociedades mantienen relaciones de solidaridad entre las personas, porque es lo que permite trabar o impedir el despojo. Una breve e incompleta lista de los modos como el sistema destruye sociedades echa luz sobre los actuales modos de opresión que, para perpetuarse, necesitan demoler las relaciones humanas. 
El primero y más contundente es el miedo, la violencia indiscriminada contra cualquier persona, en cualquier momento y lugar. Ya no es necesario asesinar o desaparecer a quienes participan en organizaciones, a los que luchan contra el sistema, como sucedió décadas atrás. Siendo terrible, aquella violencia tenía un sentido: pretendía desorganizar a las personas que luchaban. Ahora va en cualquier dirección, pero siempre de arriba hacia abajo. La destrucción y desplazamiento de comunidades para controlar los bienes comunes, la llamada Cuarta Guerra Mundial por el EZLN, supone también el uso y abuso de la violencia. 
La guerra contra pueblos y comunidades indígenas, consideradas un estorbo para la acumulación por despojo, busca destruir la comunión entre las personas, y entre ellas y la naturaleza, de ahí el desplazamiento forzado. Este modo es diferente y complementario del anterior: usa métodos y tiene objetivos similares, pero está focalizado, mientras la guerra en curso coloca al conjunto de la población en la mira. 
El estadio superior aparece cuando las personas y las comunidades pierden toda esperanza, la desesperación, como la que sufrían los internados en campos de concentración por los nazis. Este modo de aniquilación de pueblos, analizado por el filósofo Giorgio Agamben, ha desbordado el espacio del campo para abarcar porciones enteras de los territorios que el capital desea controlar. 
Una cuarta forma de destruir las relaciones humanas son los programas sociales de los gobiernos, que al individualizar las prestaciones, desgarran comunidades, urbanas y rurales, dejando a las personas desnudas ante el sistema financiero que los esclaviza mediante el consumismo y las deudas. Además de los estados, los grupos paramilitares y el crimen organizado juegan un papel destacado en la tremenda destrucción de las relaciones sociales que padecemos. 
Todos los actores sistémicos confluyen en la depredación de comunidades y naturaleza, sin distinción de gobiernos progresistas o conservadores. Los patrones fabriles necesitaban personas en la planta de producción y en la sociedad, como obreros y como consumidores. De ahí que Henry Ford haya elevado en 1914 el salario de sus obreros de dos a cinco dólares diarios y limitó la jornada laboral a ocho horas, cinco días a la semana. 
De algún modo, aquel patrón explotador “cuidaba” a sus obreros porque dependía de ellos. Ahora las y los de abajo somos completamente prescindibles y, en muchos casos, obstáculos para el capital. ¿Cómo se resiste y se lucha por cambiar el mundo cuando los sujetos de los cambios son desechables? 
Apenas estamos empezando a vislumbrarlo, de la mano de las múltiples resistencias que atraviesan este continente. Campesinos, obreros, maestros y estudiantes, pueblos originarios y negros, periferias urbanas y territorios del extractivismo, están defendiendo la vida y los bienes comunes, el agua y la tierra, con sus propias manos, como las madres buscadoras. Solamente apegados a estas resistencias podremos revertir la tremenda crisis de las izquierdas y del pensamiento crítico: caminando junto a los pueblos.

Los supervivientes de Epstein afirman que su ex asistente, Lesley Groff, mintió al Congreso sobre detalles clave
“Lesley Groff sabía lo que ocurría en el círculo íntimo de Epstein, razón por la cual el presidente Comer debería haberle exigido que testificara bajo juramento”, aseveró Sara Guerrero, directora de comunicaciones del principal demócrata del comité de supervisión, el representante Robert Garcia, en un comunicado. Foto: Redes Sociales   Foto autor
la redacción
09 de julio de 2026 15:05
Supervivientes del fallecido delincuente sexual, Jeffrey Epstein, acusaron a la asistente del financiero, Lesley Groff, de mentir durante mucho tiempo, incluso cuando declaró ante miembros del Congreso el mes pasado que nunca conoció a ninguna de las chicas y mujeres jóvenes que le daban masajes a Epstein y que no sabía nada sobre sus antecedentes, ni siquiera su edad, reportó el medio CNN.
En entrevistas con la televisora, varias víctimas de Epstein, incluidas cuatro mujeres que hablaron públicamente y dos que compartieron sus testimonios de forma anónima, cuestionaron diversos aspectos del reciente testimonio de Groff ante los legisladores. Describieron haberse reunido con Groff en persona, haber hablado con él sobre su edad y haber recibido pagos directos de la asistente de Epstein durante 18 años, todo lo cual contradice lo que Groff declaró ante los legisladores.
Esos detalles formaron parte de la entrevista de varias horas que Groff concedió el pasado 9 de junio al Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, la cual fue transcrita, sobre su experiencia trabajando para Epstein.
Groff aseguró a los miembros del comité, que este año ha estado interrogando a varias personas del círculo cercano del delincuente sexual convicto, que nunca supo de los abusos de Epstein contra niñas y mujeres y que fue engañada por su manipulación.
Si bien Groff figuraba como posible cómplice de Epstein en el marco del controvertido acuerdo de no enjuiciamiento alcanzado con los fiscales federales de Florida en 2008, nunca fue acusada formalmente de ningún delito.
Una portavoz del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes declaró a CNN que el comité está "revisando actualmente la transcripción de Groff en comparación con las pruebas disponibles". Añadió: "Agradecemos cualquier prueba adicional que aporten las personas que tengan información al respecto".
“Lesley Groff sabía lo que ocurría en el círculo íntimo de Epstein, razón por la cual el presidente Comer debería haberle exigido que testificara bajo juramento”, aseveró Sara Guerrero, directora de comunicaciones del principal demócrata del comité de supervisión, el representante Robert Garcia, en un comunicado.