Son las mismas jaurías autoras del Hondurasgate. Los ataques que algunos sectores de la derecha argentina han perpetrado contra los mexicanos no pueden comprenderse como una reacción espontánea nacida de diferencias culturales o nacionales. Esa interpretación reduce un fenómeno complejo a una disputa entre pueblos que, en realidad, comparten una historia marcada por procesos semejantes de colonización, dependencia económica, concentración de la riqueza y resistencia popular. Cuando los voceros mediáticos de la derecha se desnudan y atacan a un país entero con el objetivo de descalificar, disfrazan su debate contra las izquierdas con rabietas individualistas de vocingleros ignorantes asalariados.
México (al menos cinco grandes civilizaciones prehispánicas) ocupa una posición singular de vanguardia dentro del continente. Su peso demográfico, su desarrollo industrial, su proximidad con Estados Unidos, su tradición diplomática y el legado de una revolución social que transformó profundamente la estructura estatal lo convierten en un referente permanente de discusión. Ninguna valoración uniforme puede abarcar semejante complejidad. Allí conviven avances, contradicciones, conflictos sociales, desigualdades persistentes y experiencias políticas heterogéneas. Reducir esa diversidad a un estereotipo constituye un empobrecimiento deliberado del análisis.
Se abre la contienda semiótica sobre el sentido de las expresiones del operador “periodístico” Eduardo Feinmann: “Detesto a los mexicanos. Los detesto con mi alma”; los calificó de “detestables” y sostuvo que “nos envidian” y “quieren ser como nosotros”. En ese odio xenófobo, intoxicado de rasgos supremacistas (“nos envidian”), habita la descalificación contra un pueblo entero, lo que constituye una generalización nada ingenua. ¿Quiénes son esos “nosotros” de su enunciado y qué es aquello que “nos envidian”, en qué realidad verificable? ¿Cree que se le envidia a Milei, a su circo de corrupción y desfachatez sumisa al imperio de Trump? Quienes financian esta operación organizan un ataque desesperado. Su “nosotros” superior frente a un “ellos” es nacionalismo con bandera de Israel, como la que el ventrílocuo mediático exhibe sobre su escritorio en cada emisión de sus operaciones ideológico-políticas disfrazadas de noticiero.
No es sólo que Feinmann “odia” a los mexicanos; la historia latinoamericana ofrece abundantes ejemplos de esta operación. Las clases dominantes encontraron con frecuencia mayor rentabilidad política en estimular antagonismos entre pueblos en lugar de permitir que la atención se concentrara sobre las relaciones de explotación existentes dentro de cada sociedad. Así, la lógica de la fragmentación regional debilitó proyectos de cooperación económica, científica y cultural capaces de reducir la dependencia respecto de los grandes centros de acumulación mundial. Cada episodio de confrontación simbólica entre naciones latinoamericanas alimentó esa dispersión.
Su negocio y la necesidad de producir enemigos externos cuando las contradicciones sociales internas se intensifican y funcionan como desplazamiento ideológico de conflictos derivados de la concentración del capital. México representa una tradición histórica, cultural, intelectual, diplomática y política que, en distintos momentos, ha defendido proyectos soberanistas, integracionistas y de autonomía regional. Ese legado incomoda a sectores alineados con las derechas hemisféricas subordinadas a Washington. No existe un conflicto argentino-mexicano espontáneo; existe una circulación trasnacional de narrativas producidas por redes de influencia, consultoras políticas, medios y algoritmos que convierten cualquier desacuerdo entre dirigentes en antagonismo entre pueblos. Hondurasgate, por ejemplo.
Esa hostilidad sionista desvía la atención de la apropiación privada del excedente social, de la financiarización, de la precarización laboral y de la pérdida de soberanía económica. Es el uso del desprecio cultural como mecanismo de legitimación de jerarquías. Ridiculizar acentos, costumbres o símbolos nacionales constituye una forma de violencia simbólica que prepara la aceptación de relaciones materiales de dominación. México aparece incorporado a ese mapa imaginario cuando determinadas administraciones impulsan políticas económicas, sociales o diplomáticas consideradas incompatibles con el ideario neoliberal. La confrontación deja entonces de dirigirse exclusivamente hacia un gobierno específico y comienza a contaminar la percepción pública acerca del país en su conjunto. La crítica abandona el terreno institucional para deslizarse hacia prejuicios nacionales que poco explican y mucho distorsionan.
Así, lo decisivo consiste en identificar las condiciones sociales que hacen posible la expansión de discursos hostiles entre pueblos históricamente vinculados. Desde esa perspectiva, cualquier intento de convertir a mexicanos y argentinos en adversarios permanentes empobrece la inteligencia política de la región y debilita las posibilidades de construir formas superiores de cooperación, justicia social y emancipación colectiva. En determinadas corrientes de la derecha contemporánea, algunos voceros mediáticos convierten símbolos nacionales y geopolíticos –entre ellos, la bandera del Estado de Israel cuando la emplean como emblema político– en dispositivos de legitimación de un imaginario jerárquico que naturaliza privilegios de clase, desplaza el conflicto social hacia guerras culturales y fortalece una conciencia funcional a la reproducción del capital.
Allí nace el supremacismo burgués, no como extravagancia sicológica de individuos arrogantes, tampoco como simple exceso retórico, sino más bien como una racionalidad histórica destinada a transformar intereses particulares en criterios universales de verdad. Su mayor eficacia consiste en lograr que las mayorías interpreten el mundo con categorías producidas por quienes administran la acumulación del capital.
Determinados sectores de la derecha argentina reproducen esa arquitectura intelectual con notable disciplina. Sus voceros mediáticos representan una función cuya importancia supera el comentario cotidiano. No informan; producen odio. Cada intervención distorsiona jerarquías simbólicas, calumnia prestigios, decide quién merece reconocimiento y quién debe ocupar el lugar del desprecio público. La operación adquiere especial intensidad cuando los conflictos derivados de la concentración económica amenazan con revelar el carácter estructural de la desigualdad. En ese momento resulta indispensable desplazar la conversación hacia enemigos culturales, identidades nacionales, disputas morales o guerras simbólicas que fragmenten toda posibilidad de comprensión colectiva. A cualquier costo. La disputa está abierta.
* Doctor en filosofía
Mexicano Salgado murió a manos de agentes de EU, confirman videos
▲ Este sábado se realizó una protesta en Houston, Texas, para demandar justicia para el mexicano asesinado por un agente del ICE la madrugada del 7 de julio pasado.Foto Afp
De la Redacción
Periódico La Jornada Domingo 12 de julio de 2026, p. 3
Imágenes de seguridad de negocios y residencias, obtenidas y analizadas por el Washington Post, muestran los minutos previos e inmediatamente posteriores a que un agente del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) disparó contra el mexicano Lorenzo Salgado Araujo causándole la muerte.
Los videos muestran a los agentes de ICE persiguiendo la camioneta de Salgado, en vehículos sin identificación, antes del disparo fatal.
Las imágenes difundidas por el medio estadunidense ofrecen una vista de casi seis minutos de la camioneta que el mexicano conducía mientras era perseguido agresivamente por agentes federales.
Los uniformados no llevaban cámaras corporales, que habrían captado claramente el momento en que el efectivo disparó contra Salgado Araujo; este hallazgo podría complicar cualquier investigación sobre si el personal de la agencia estaba justificado para usar fuerza letal, detalló el rotativo.
Los videos muestran a los agentes en dos camionetas, sin distintivos, siguiendo de cerca e incluso cerrándole el paso al mexicano. En ellos no se ve a Salgado embistiendo ningún vehículo de los efectivos.
La nueva evidencia se contrapone a la versión inicial difundida por el Departamento de Seguridad Interior (DHS, por sus siglas en inglés), en la que señaló que el agente disparó su arma “en defensa propia” luego de que Salgado, presuntamente, intentó embestir a uno de los uniformados.
Este material podría aportar pruebas claves para corroborar lo sucedido, refirió el Post.
Las grabaciones de vigilancia y los testimonios de personas han sido fundamentales en otros tiroteos ocurridos el año pasado en los que participaron agentes del ICE, y en algunos casos han contradicho directamente las declaraciones del DHS.
El medio estadunidense apuntó que los tres hombres que iban en el vehículo con Salgado Araujo declararon que un agente federal les disparó casi inmediatamente después de salir del automóvil y que en ningún momento la víctima se dirigió hacia él. Los tres fueron arrestados y están detenidos por Inmigración.
Trump e Infantino adulteraron el Mundial
Mundial 2026
Ángel Cappa
No le bastó a Trump con ordenar la violación del reglamento de la FIFA en cuanto a las tarjetas rojas y sus consecuencias, sino que, además, exhibió su prepotencia y su impunidad, por si alguien dudaba, ventilando la trampa y confesando su autoría.
No fue suficiente para Infantino adular a quien se cree dueño del cielo y de la Tierra, inventándole un premio de la paz, sino que accedió a levantarle la suspensión al delantero de la selección estadunidense, Folarin Balogun, concretando el atropello a la vista de todo el mundo. Aun así, Bélgica le ganó 4 a 1 a Estados Unidos a Trump y a Infantino. De vez en cuando, el futbol también hace justicia. No obstante, desde ese momento todas las decisiones arbitrales y del VAR quedaron bajo sospecha.
La dignididad y la vergüenza
México perdió con Inglaterra en un partido formidable donde hubo de todo: buen juego, goles, emociones, lucha. Inglaterra mostró un gran personalidad y México se fue del Mundial dignamente.
Hay maneras de ganar y de perder. Lo de Paraguay con Francia mostró la otra cara de este juego que también puede ser tramposo. También se puede apelar, como hizo Paraguay, a todas las marrullerías conocidas e inventadas, para provocar al adversario y tratar de jugar lo menos posible. Fue una ofensa al futbol. Una vergüenza, con un árbitro cómplice.
El eje del buen juego
Según mi experiencia, si un equipo pretende jugar bien necesita un volante central de calidad. Alguien que ejerza de vértice de la jugada. Que sea el inicio de la gestación, para encontrar la jugada de gol. Pongo dos ejemplos de este Mundial: Vitor Machado, Vitinha, de Portugal, y Rodrigo Hernández, Rodri, de España. Ellos no sólo distribuyen, y muy bien, sino que inician una jugada, es el comienzo de algo. También colaboran con los centrales en la recuperación y la defensa. Es un placer extra, cuando vemos a jugadores jugar tan bien como ellos.
A propósito
“La línea recta no tiene misterio”, dijo el arquitecto brasileño Niemeyer. Llevado al futbol, digamos que el llamado “futbol directo” tampoco tiene misterio y es fácilmente advertible. Es mejor y generalmente más eficaz, llegar al gol por el camino indirecto del toque, la habilidad y el talento. Jugar bien, en otras palabras.
Copiar, aunque sea humano, no es divino
En otros artículos he hablado de los equipos, todos, que copian la salida del fondo sin reparar que es pésima. Bien, resulta que he visto, ahora, que algunas selecciones (Francia y Marruecos, por ejemplo) copian el inicio del medio, que hizo habitualmente el Paris Saint-Germain. Tiran un pelotazo largo, hacia un costado, afuera, para luego ir a presionar el saque de banda del rival. Pregunto ¿no es mejor salir jugando? Y sigo preguntando ¿no es mejor hacer algo propio y no copiar?
Hay preguntas que sugieren respuestas
Le preguntaron a Cucurella, el muy buen lateral izquierdo de España: ¿qué prefieres? ¿jugar mal y ganar o jugar bien y perder? Claro, nadie prefiere perder. Por eso la respuesta estaba cantada. Cucurella dijo: “yo prefiero jugar mal y ganar que jugar bien e irnos de vacaciones antes de tiempo”. La trampa está en la pregunta. En relacionar ganar con jugar mal y perder con jugar bien. Además, España sigue porque juega bien o mejor que sus adversarios, no porque juega mal. Nadie gana por jugar mal. En todo caso, a pesar de jugar mal.
Los miedos del futbol
Es común pensar que el miedo más común en futbol, es el miedo a perder. No siempre es así. Existe también el miedo a ganar. O, mejor dicho, el miedo a tener que ganar.
¿Quiénes tienen miedo a perder? Los equipos grandes, que sienten siempre la obligación de ganar. Sobre todo, a los más débiles. ¿Y quienes sufren el miedo a tener que ganar? Los equipos “chicos” cuando enfrentan a los poderosos. Porque no se sienten con derecho a ganarles, porque cuando les van ganando es como si se asomaran a un abismo y retroceden.
Le pasó a Egipto contra Argentina. Y le pasó a Argentina contra Egipto. A pesar de no jugar bien, Argentina decidió ganar ese partido y lo hizo, por sentirse autorizado. Egipto no se animó a lo que ya casi tenía en el bolsillo
España, de rebote
Contra Bélgica, España jugaba mejor, aunque sin facilidad para encontrar la jugada de gol. Y lo que encontró para obtener lo que merecía, fueron dos rebotes de los dos arqueros que jugaron para los belgas.
Despejar hacia los costados y no hacia el medio, es un concepto básico que conocen todos los arqueros. Sin embargo, como esto sigue siendo un juego a pesar de la FIFA, de Trump y del negocio, también se cometen errores involuntarios.
Ser feliz no es pecado
Como nos aconseja la canción brasileña O qué é, O qué é, “no hay que tener vergüenza de ser feliz”, que nos permite el futbol por un rato, sin dejar, por eso, de rebelarnos contra las injusticias del poder.
La marcha de la economía estadunidense: la quinta
José Antonio Rojas Nieto
He tratado de documentar en las primeras notas sobre la marcha de largo plazo en las grandes economías. Por ejemplo, las de Estados Unidos, Europa, China e India. Desde hace poco más de un siglo, con una capacidad industrial creciente y a una velocidad extraordinaria.
Así, el número y capacidad de fábricas, instalaciones, maquinaria, energía, transporte y el conocimiento técnico que están a la base, han ido permitiendo producir no sólo volúmenes que hubieran resultado inimaginables a principios del siglo pasado, sino bienes y servicios inimaginables.
Sin embargo, la producción efectiva no ha aumentado al mismo ritmo que esa capacidad. Entre ambas se abre periódicamente una brecha, expresada en un crecimiento secular de la capacidad industrial ociosa. La serie histórica más larga y consistente es la de Estados Unidos. Desde 1919, registra la producción de manufacturas, minería, electricidad y gas. Muestra el ascenso de los años 20, el derrumbe de la Gran Depresión, la movilización industrial de la Segunda Guerra Mundial, la expansión de posguerra, las crisis petroleras de los años 70, así como la restructuración en la década de los 80, la globalización productiva. Además, la crisis de 2008, la caída de la pandemia y la posterior recuperación. Y lo que viene.
Esos vaivenes dan, apenas, ligera idea de lo que puede venir. En las grandes expansiones, la producción se acerca al límite de las instalaciones disponibles. En las crisis, cae la utilización, pero una parte considerable de las fábricas permanece físicamente instalada. Por eso la capacidad total puede continuar aumentando, aun cuando la producción se estanque o disminuya. Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos utilizó intensamente sus instalaciones y construyó una enorme capacidad adicional. En la posguerra, esa capacidad sostuvo automóviles, acero, maquinaria, electrodomésticos, química y construcción, pero desde los años 70 la utilización industrial mostró una tendencia descendente.
Al finalizar 2025, la manufactura estadunidense utilizaba alrededor de tres cuartas partes de su capacidad, por debajo de su promedio histórico. Sí, secularmente en descenso de utilización y ascenso de la ociosidad.
Europa siguió una trayectoria parecida, aunque con peculiaridades. Entre 1950 y 1973 vivió su gran expansión industrial. Después aparecieron los choques petroleros, la reconversión del acero, carbón, astilleros y textiles. Y una creciente especialización en automóviles, maquinaria, química y bienes de capital. Desde 2008, y particularmente después de la crisis energética de 2022, la producción europea perdió dinamismo.
A finales de 2025, la utilización manufacturera de la zona euro se encontraba también abajo de 80 por ciento. Y, por curioso que parezca, China representa la expresión más reciente y dinámica del mismo fenómeno. Su producción industrial creció 6 por ciento en 2025, pero utilizó solamente 74 por ciento de su capacidad. Es decir, produjo mucho más, pero su capacidad potencial parece haber crecido todavía más. En cemento, vidrio y otros minerales no metálicos, la utilización fue apenas cercana a 60 por ciento a fines de 2025.
La diferencia es importante. Europa tiene capacidad ociosa por estancamiento, costos energéticos y debilitamiento industrial. Estados Unidos la combina con deslocalización productiva, automatización y una reindustrialización selectiva. China experimenta una sobrecapacidad expansiva: produce más cada año, pero instala todavía más fábricas, maquinaria y tecnología. En los tres casos aparece una contradicción común. La capacidad técnica de producir crece más rápidamente que la demanda solvente capaz de comprar lo producido.
No significa que las necesidades humanas estén satisfechas. Millones carecen todavía de vivienda, transporte, energía, alimentos suficientes y bienes esenciales. ¡Las necesidades no se convierten automáticamente en demanda efectiva!
La capacidad ociosa es, por eso, más que un problema técnico. Expresa dificultades de rentabilidad y realización. Sus manifestaciones son conocidas: reducción de precios, menores márgenes, endeudamiento. Cierre de empresas, fusiones, subsidios públicos, aumento de exportaciones y conflictos comerciales. Desempleo, pauperización.
China busca colocar en el exterior automóviles, turbinas, baterías, paneles solares, acero, maquinaria y productos químicos. Estados Unidos responde con subsidios, aranceles y políticas de seguridad industrial. Europa intenta proteger su base manufacturera y reducir su dependencia energética y tecnológica.
La competencia por utilizar las capacidades nacionales se convierte en disputa por el mercado mundial. Y el futuro próximo no parece ser de escasez de capacidad industrial, sino de abundancia productiva insuficientemente utilizada.
La cuestión decisiva será si esa capacidad se destruye mediante crisis y guerras comerciales, o se orienta hacia necesidades sociales, transición energética, infraestructura y bienestar. En consecuencia, el problema de nuestro tiempo no es únicamente producir más. Es decidir qué producir, para quién, bajo qué propiedad y con qué distribución del ingreso.
Nunca existió tanta capacidad para satisfacer necesidades humanas. Tampoco fue tan evidente la dificultad de convertir esa posibilidad técnica en bienestar efectivo. Las desigualdades subsisten y, casi siempre, se profundizan. De veras.
NB Lo de mi compañero y hermano Víctor Rodríguez es imperdonable. Pero el trato judicial y político ha sido terrible. Amén.
antoniorn@economia.unam.mx
