La Redacción
15 de julio de 2026 16:04
La administración de Donald Trump sustituyó los paneles informativos del memorial de la Casa del Presidente, en Filadelfia, dedicado a los nueve esclavos que vivieron y trabajaron para George Washington cuando la ciudad fue la primera capital de Estados Unidos a finales del siglo XVIII, informó NBC Filadelfia.
El cambio ocurrió luego de un litigio entre el gobierno federal y la ciudad de Filadelfia. El Departamento del Interior sostuvo que los nuevos paneles buscan "restaurar la verdad y la cordura" en vísperas del 250 aniversario de la Independencia de Estados Unidos, al afirmar que ofrecen mayor contexto histórico, reconocen las injusticias de la esclavitud y recuerdan la humanidad de las personas esclavizadas, además de destacar el proceso que llevó a su abolición.
Pese a ello, autoridades locales y especialistas criticaron la modificación al considerar que presenta una versión menos crítica del pasado esclavista del país. La alcaldesa de Filadelfia, Cherelle Parker, reprochó que los paneles originales fueran retirados durante la noche y calificó la decisión como una acción que "viola la confianza de la comunidad".
De acuerdo con el medio alemán Deutsche Welle, los nuevos textos eliminan referencias como el encabezado "El sucio negocio de la esclavitud", sustituido por "Celebrando la independencia a través de los años", además de omitir un mapa de las rutas del comercio de esclavos, una cronología sobre la historia de la esclavitud y suavizar las descripciones sobre la postura de George Washington frente a esa práctica.
La modificación forma parte de la orden ejecutiva firmada por Trump en 2025, denominada Restaurar la verdad y la cordura en la historia estadunidense, con la que instruyó revisar contenidos de instituciones históricas y culturales que, a juicio de su administración, desacreditan de manera inapropiada la historia de Estados Unidos.
Secretario interino de Justicia de EU defiende manejo de caso Epstein durante audiencia en el Senado
El fiscal general interino, Todd Blanche, comparece ante el Comité Judicial del Senado en el Capitolio en Washington, el miércoles 15 de julio de 2026. Foto: Ap Foto autor
Ap
15 de julio de 2026 12:22
Washington. El secretario de Justicia interino, Todd Blanche, defendió la gestión de su departamento en la divulgación de los archivos de Jeffrey Epstein, y afirmó en su audiencia de confirmación el miércoles que, aunque “se cometieron errores”, la publicación de los documentos fue un ejercicio de transparencia sin precedentes.
“Quiero asegurarme de que el pueblo estadunidense sepa que esta administración, en lo que respecta a Jeffrey Epstein, ha sido más transparente que cualquier administración”, declaró Blanche al enfrentar preguntas sobre su breve pero turbulenta etapa al frente del Departamento de Justicia. La audiencia en el Senado pondrá a prueba el control del presidente, Donald Trump sobre los legisladores republicanos, cuyo respaldo Blanche necesitará.
Blanche, ex abogado personal de Trump, ha dirigido el departamento de manera interina desde abril, periodo en el que ha acelerado investigaciones contra adversarios de Trump, ha actuado como el rostro público de un fondo destinado a compensar a aliados del mandatario y ha alarmado a defensores de la libertad de prensa con una persecución agresiva de filtraciones a medios de comunicación.
Esas acciones serán objeto de un nuevo escrutinio en la audiencia del Comité Judicial del Senado, mientras Blanche declara para tener la oportunidad de completar el resto del mandato de Trump.
Lo que está en juego es alto, dada la agitación dentro del departamento, donde despidos masivos y renuncias han vaciado la fuerza laboral. Más de mil 200 ex integrantes del departamento se han pronunciado en contra de su nominación.
El senador, Dick Durbin, el principal demócrata del comité, le dijo a Blanche: “en menos de 18 meses en el Departamento de Justicia, usted ha demostrado que sigue siendo el abogado personal del presidente Trump. Su gestión puede resumirse en las palabras que usted dijo — ‘Lo amo, señor’ — al presidente Trump”. Fue una referencia a comentarios que Blanche hizo en una conferencia de prensa en abril.
Blanche, por su parte, insistió en que ha encabezado una corrección de rumbo en el departamento tras años de investigaciones sobre Trump durante la administración de Joe Biden.
“En años recientes, vimos cómo el Departamento de Justicia se volvió contra muchos de ustedes y contra un ex presidente, y eso dañó la confianza del público en la justicia”, argumentó Blanche. “Estamos arreglando eso”.
Blanche necesitará el apoyo de cada republicano en el panel
Blanche, ante la casi seguridad de que todos los demócratas votarán en su contra, debe recibir el respaldo de todos los republicanos del panel para que su nominación avance.
Una particular interrogante es el voto del senador republicano, John Cornyn de Texas, quien en mayo perdió su primaria y ha dicho que no decidirá sobre la nominación de Blanche hasta después de la audiencia, y en el senador, Thom Tillis, republicano de Carolina del Norte, quien ha optado por no buscar la relección.
Tillis ha sido un crítico abierto del fondo de mil 776 millones de dólares que la administración Trump creó para compensar a personas que sienten haber sido perseguidas injustamente por el sistema de justicia penal y que luego retiró rápidamente.
Tillis ha dicho que no apoyará como secretario de Justicia a nadie que titubee respecto a los hechos del 6 de enero de 2021, cuando alborotadores pro-Trump asaltaron el Capitolio en un intento de detener la certificación en el Congreso de la derrota electoral de Trump ante el demócrata Joe Biden. Sin embargo, el senador dijo recientemente que no tiene ninguna preocupación sobre el historial de Blanche respecto a los hechos de ese día.
Con la muerte del senador republicano de Carolina del Sur, Lindsey Graham, quien era miembro del Comité Judicial del Senado, hay 11 republicanos y 10 demócratas en el panel. Si siquiera un republicano del comité vota en contra de Blanche, podría echar por tierra su nominación.
Preguntas sobre fondo político y el tema Epstein
El fondo de mil 776 millones de dólares creó un momento particularmente accidentado para Blanche. Al principio lo defendió durante comparecencias ante el Congreso, sólo para revelar después que se estaba desechando, incluso mientras se resistía a los llamados para dar esas garantías por escrito. El giro se produjo tras una feroz reacción bipartidista que llegó a un punto crítico durante una tensa reunión a puerta cerrada con legisladores.
El fondo surgió de un acuerdo derivado de la demanda de 10 mil millones de dólares de Trump contra el Servicio de Impuestos Internos por la filtración de sus declaraciones de impuestos.
La jueza de Florida que supervisó ese caso emitió un fallo contundente en el que dijo que Trump y sus abogados habían manipulado el sistema judicial al presentar la demanda. La jueza, Kathleen Williams, indicó el lunes que le preocupaba la participación de Blanche en el acuerdo, dado que anteriormente representó a Trump.
Blanche "todavía tiene algunas preguntas más que responder, después de la decisión de la jueza hoy”, dijo Cornyn a los reporteros el lunes.
Blanche también enfrentará preguntas sobre un elemento separado del acuerdo que otorga a Trump y a su familia inmunidad total de auditorías fiscales y que, según ha dicho, sigue en pie pese a la indignación que ha provocado, incluso entre republicanos.
Los archivos de Epstein también están bajo escrutinio
Es probable que otro tramo del testimonio se centre en la gestión de Blanche de los archivos de Jeffrey Epstein, especialmente después de que su predecesora Pam Bondi les dijo a legisladores, a puerta cerrada tras su destitución, que Blanche era el responsable principal del departamento en la divulgación de documentos del caso de tráfico sexual del fallecido financista.
La publicación escalonada, ordenada por una ley del Congreso, estuvo plagada de problemas, incluidos errores de censura que dejaron expuestas fotos de desnudos en las que se veían los rostros de posibles víctimas.
Algunos nombres, direcciones de correo electrónico y otra información identificatoria quedaron sin censurar o no fueron ocultados por completo. Aproximadamente 1 por ciento de los registros tenía censuras que debían corregirse, dijo.
Blanche, quien defendió a Trump en los juicios que enfrentó entre su primer y segundo mandato, llegó al Departamento de Justicia el año pasado como subsecretario. Luego ascendió al máximo cargo después de que Trump destituyó a Bondi, quien había frustrado a la Casa Blanca al tener dificultades para llevar casos exitosos contra los oponentes políticos de Trump.
Blanche ha intentado satisfacer al mandatario en ese sentido. Ha designado a un nuevo fiscal para encabezar una investigación con base en Florida centrada en ex funcionarios del gobierno que desagradan a Trump.
El Departamento de Justicia bajo la supervisión de Blanche también obtuvo una acusación formal contra el ex director del FBI, James Comey, otro adversario de Trump, por cargos de amenazar al 47º presidente al publicar en redes sociales una fotografía de conchas marinas dispuestas numéricamente como “86 47”. Comey ha dicho que supuso que los números reflejaban un mensaje político, no un llamado a la violencia.
Blanche ha negado las acusaciones de que ha politizado al departamento. Pero también ha insistido en que no ve ningún problema con el interés del gobernante en asuntos del Departamento de Justicia y que no siente presión para complacerlo.
“Tenemos miles de investigaciones y procesos en curso en este país en este momento”, declaró Blanche en una conferencia de prensa en mayo. “Y es cierto que algunos de ellos involucran a hombres, mujeres y entidades con los que el presidente en el pasado ha tenido problemas y cree que deberían ser investigados. Ese es su derecho y, de hecho, es su deber hacerlo”.
Blanche también ha encabezado una represión agresiva contra filtraciones a medios de comunicación, y recientemente los fiscales emitieron citaciones que exigen que un grupo de periodistas de The New York Times testifique ante un jurado preliminar después de que informaran sobre preocupaciones de seguridad relacionadas con el nuevo Air Force One regalado por Qatar.
El editor ejecutivo de The Times, Joseph Kahn, criticó las citaciones, elogió el trabajo de sus periodistas y afirmó: “esperamos prevalecer”.
La DEA, metida en el narcotráfico
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo rechazó de manera tajante las declaraciones “desafortunadas y sin sustento” del director de la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés), Terry Cole, quien el martes aseguró que los cárteles del narcotráfico y el gobierno mexicano “son lo mismo”. La mandataria enfatizó que las palabras de Cole tienen motivaciones políticas y no responden a la realidad, pues la histórica disminución de la violencia, los decomisos de estupefacientes y los golpes a las estructuras criminales desmienten por sí mismos la noción de una identidad entre autoridades y criminalidad. Asimismo, la mandataria recordó algunos de los escándalos de connivencia con el narco que han salpicado a la DEA e instó a la agencia a centrar su atención dentro de Estados Unidos, donde tiene lugar la mayor operación de venta de drogas del planeta. “¿Quién la vende? ¿Cómo la venden? ¿Cómo la distribuyen? ¿Cómo lavan el dinero? Eso es algo que la DEA debería estar investigando”, indicó la titular del Ejecutivo.
El hecho de que Washington destine tantos recursos a “combatir” el narcotráfico en decenas de países, mientras las sustancias ilícitas se consumen sin control en su propio territorio y las ganancias de los cárteles se lavan a un ritmo de 300 mil millones de dólares anuales en su sistema financiero, es un firme indicio de que las autoridades estadunidenses no tienen y nunca han tenido la intención de acabar con este problema. Por el contrario, su verdadero interés reside en usarlo como pretexto para sus políticas neocolonialistas.
Por otra parte, las acusaciones de una “conexión mortal” entre los cárteles de la droga y el gobierno mexicano resultan hasta risibles en boca del jefe de una agencia totalmente desacreditada por las conductas de sus directivos y agentes. En enero de 2023, se dio a conocer que el ex director regional de la DEA en México Nicholas Palmeri sostuvo contactos “impropios” con abogados de Miami que defienden a capos latinoamericanos, por lo que en mayo de 2021 fue abruptamente transferido a las oficinas centrales en Washington, hasta que finalmente dimitió en marzo de 2022. La agencia le permitió renunciar en lugar de expulsarlo y declinó presentar cargos en su contra; es decir, premió su corrupción con impunidad total. Dos meses después, un agente y un supervisor fueron imputados por filtrar información confidencial a abogados de Miami a cambio de 70 mil dólares en efectivo, otra muestra de las cada vez más evidentes redes de corrupción tejidas entre la agencia y toda la economía que gira en torno al dinero del narcotráfico en territorio estadunidense. En julio del mismo año, el subdirector de la agencia, Louis Milione, dejó su cargo luego de que una investigación periodística sacó a la luz que trabajó como consultor de empresas farmacéuticas vinculadas a la grave crisis de adicciones a opioides.
En diciembre de 2021, José Irizarry fue condenado a 12 años de prisión tras admitir que pasó una década conspirando con cárteles colombianos para lavar dinero, tiempo en el cual viajó por el mundo dándose una vida de lujos y excesos en compañía de las personas a las que supuestamente perseguía. Irizarry aseguró que no caería solo y señaló que docenas de agentes federales, fiscales e informantes participan en una especie de tour permanente para recoger dinero proveniente del lavado en tres continentes. El agente caído en desgracia afirmó incluso que él y sus colegas hacían esto porque desde hace mucho cobraron conciencia de la futilidad de la guerra contra las drogas. Hasta ahora, ni la DEA ni ninguna otra dependencia estadunidense han querido investigar la información que Irizarry ofrece sobre las dimensiones de la corrupción en sus propias filas.
En diciembre de 2025, la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York acusó a Paul Campo –un ex agente de la DEA con 25 años de trayectoria que llegó a ser subjefe de la Oficina de Operaciones Financieras– de utilizar su profundo conocimiento interno para participar directamente en el tráfico de narcóticos y estructurar el lavado de 12 millones de dólares para el cártel Jalisco Nueva Generación. Hace dos semanas, la gobernadora de Nuevo México, Michelle Lujan Grisham, afirmó que la entidad podría reclamar miles de millones de dólares en daños civiles tras las revelaciones de que agentes de la DEA permitieron repetidamente que cargamentos de fentanilo llegaran a comunidades azotadas por las drogas, como parte de un supuesto plan para armar casos más grandes.
En suma, Cole y el gobierno estadunidense en su conjunto tienen mucho trabajo por hacer dentro de sus fronteras y dentro de sus propias filas, y mucho que explicar a sus votantes, antes de hacer acusaciones temerarias e improcedentes sobre otros países.
Vindicación de Carlo Ginzburg
"A unas semanas de su deceso, el legado de Ginzburg es el de un pensador que hizo de la historia un ejercicio permanente del asombro". Foto Wikimedia Commons Foto autor
Ilán Semo
16 de julio de 2026 00:03
En 1321, en varios poblados de Francia, se propagó el rumor de una conspiración: licántropos, leprosos, prostitutas, judíos y brujos, en alianza secreta con los reyes musulmanes de Granada y Túnez, pretendían envenenar los pozos de agua para liquidar a la feligresía de la Iglesia. La histeria colectiva no se hizo esperar. Siguieron las alucinaciones, las persecuciones, los linchamientos en las calles, los apuñalamientos y la quema de casas y de los “recónditos sitios en los que se celebraban los aquelarres de las brujas”.
Una vez que el gobierno central intervino, el rigor devino policial y acusatorio: se procedió a aislar a los supuestos “conspiradores”, se les consignó en las cárceles, algunos terminaron en la hoguera, y los bienes de la mayoría fueron confiscados. En Historia nocturna: Un desciframiento del aquelarre (1989), Carlo Ginzburg examina la lógica que llevó a la Iglesia y a los estados europeos a la cacería de brujas que se extendería hasta el siglo XVII.
Lo que asombra en la investigación es la devoción por el detalle que caracteriza al estudio de cada caso.
El principio que inspiró esta minuciosidad no sólo inauguró un prolífico campo en las exploraciones históricas contemporáneas; en rigor, fundó una perspectiva inédita para descifrar las estructuras profundas que rigen las vidas individuales de una sociedad: la microhistoria.
Sin siquiera proponérselo, Ginzburg elaboró una postura que trajo consigo una inversión historiográfica radical: el terror, la histeria, la ira, la condición general de desafuero revelan su rostro más abismal no en los discursos y los gestos del espectáculo que ofrecen monarcas, jueces y prelados, sino en la angustia y las catástrofes que provocan en la vida cotidiana de la gente. Nunca hubo tales brujas. Fue una construcción inquisitorial para expropiar a las mujeres de la soberanía sobre sus propios cuerpos. Tampoco hubo tal “conspiración”. Fue una estrategia de una monarquía para combatir rebeliones campesinas que, frente a un raudo proceso de centralización, defendían sus tierras y formas de vida. Ahora los rostros de lo demoniaco contaban con un registro iconográfico.
Lo que la microhistoria descifra no es el detalle pintoresco, sino el umbral donde el poder se vuelve capilar. Porque el terror no reside en el edicto del rey ni en la bula del papa; reside en la manera en que la sospecha se instala en el vecino, en el pozo, en el cuerpo de la mujer que sabe de hierbas. La Inquisición no persiguió brujas porque existieran; las produjo como objeto de saber para, al mismo tiempo, desposeer a la mujer de su propio cuerpo, confiscar tierras campesinas y disciplinar la rebeldía rural en el mismo gesto con que se centralizaba el poder monárquico.
El libro que lo consagró, El queso y los gusanos, lleva este “método” a la pregunta por la relación entre la cultura y los aparatos de la inquisición. En 1599, Menocchio, un molinero del pueblo de Friuli, es acusado de divulgar ideas herejes. En su cabeza, en la que se mezclan indistintamente lecturas aleatorias provenientes de la Reforma protestante y de la revolución en curso en las ciencias astronómicas (Copérnico, Kepler, Bruno, Galileo) ha empezado a desarrollarse una visión del origen del cosmos que perturba e inquieta a la gente del pequeño pueblo. No falta quien lo denuncie.
Ya en el tribunal inquisitorial, el oidor no cabe en su asombro cuando escucha la peculiar versión de Menocchio que contrasta escandalosamente con la del Génesis: “Yo he dicho que por lo que yo pienso y creo, todo era un caos, es decir, tierra, aire, agua y fuego juntos; y aquel volumen poco a poco formó una masa, como se hace el queso con la leche y en él se forman gusanos, y éstos fueron los ángeles; y la santísima majestad quiso que aquello fuese Dios y los ángeles; y entre aquel número de ángeles también estaba Dios, creado también él de aquella masa y al mismo tiempo, y fue hecho señor con cuatro capitanes, Luzbel, Miguel, Gabriel y Rafael”.
En suma, un relato completo sobre el origen del universo, la aparición de los seres y las peculiaridades de Dios. En el principio todo era un caos en el que se entremezclaban los cuatro elementos (agua, tierra, viento y fuego); a Menocchio se le ocurre lo que conoce: la metáfora de la leche. Después esa masa se consolidó dando lugar al universo, al igual que la leche cuando deviene queso. Acto seguido, los seres brotan espontáneamente del cosmos.
En toda esta evolución, Dios no es el creador, sino otro ser de la misma sustancia que los demás. Y con ello, la versión del molinero abatía toda jerarquía divina. En principio, un antecedente del panteísmo que más tarde elaboraría Spinoza. Y es el momento en que el inquisidor decide no declarar al molinero loco, sino condenarlo a la hoguera.
Más que heurística, la hipótesis de Ginzburg es estratégica. Porque lo que él llama “lenguajes radicales de la historia” no son discursos marginales que vienen a enriquecer el relato central; son, más bien, el pliegue donde el orden se vuelve contra sí mismo, donde la filosofía, al encontrarse con la cultura popular, deja de ser filosofía para convertirse en una tecnología de desorden.
Ese matrimonio no erosiona los fundamentos del orden desde afuera; lo hace desde el intersticio, desde aquel lugar donde el poder ya no puede distinguir entre lo verdadero y lo falso, entre lo lícito y lo abyecto, y se ve forzado a situarse, él mismo, en la frontera de su propio absurdo.
A unas semanas de su deceso, el legado de Ginzburg es el de un pensador que hizo de la historia un ejercicio permanente del asombro.