“Honrar a las parteras indígenas: salvaguardar la vida y el bienestar”.
Los Pueblos Indígenas representan alrededor de 6 por ciento de la población mundial, son guardianes del patrimonio cultural, custodios de ecosistemas vitales y contribuidores esenciales a nuestro futuro común. Sin embargo, en todo el mundo, sus derechos y su bienestar se enfrentan a amenazas desproporcionadas, algunas de las más duras guardan relación con la salud de madres y lactantes, ya que las complicaciones y muertes son mucho más prevalentes que en la población en general.
Por esta razón, en este Día Internacional de los Pueblos Indígenas, dedicamos la celebración a las parteras y parteros indígenas, se ha demostrado que mejoran los resultados para madres y bebés, incrementan la confianza en los sistemas de salud y garantizan la continuidad de la atención. En calidad de poseedores de conocimientos y líderes, también ayudan a preservar las lenguas, los valores y las prácticas que sostienen las culturas indígenas una generación tras otra.
Las Naciones Unidas están colaborando con los estados miembros y los pueblos indígenas para promover enfoques de la salud basados en los derechos. Los gobiernos deben reunir los datos faltantes que con demasiada frecuencia hacen que los pacientes indígenas sean invisibles en los sistemas de atención de la salud, y deben invertir más en capacitación sobre partería y cuidados natales. También es imprescindible que defendamos los derechos de las mujeres indígenas a tomar decisiones informadas sobre su propio cuerpo y cuidados.
La sabiduría tradicional puede proteger las nuevas vidas.
Juntos, velemos por que las parteras y parteros indígenas y las comunidades a las que atienden dispongan de todo lo necesario para prosperar.
* Secretario general de la Organización de Naciones Unidas
Mano dura contra migrantes debilita la economía: industria estadunidense
De La Redacción
Periódico La Jornada Domingo 9 de agosto de 2026, p. 19
Diversos grupos industriales de Estados Unidos, desde la construcción hasta la agricultura, expresaron a su gobierno preocupación a por la política de mano dura contra la inmigración, al argumentar que está debilitando causando caos y debilitando la economía, reportó CNN.
La escasez de mano de obra ha sido un problema persistente para múltiples industrias durante años, pero la reciente decisión de poner fin a las protecciones contra la deportación para 1.3 millones de personas que trabajaban legalmente en Estados Unidos, y la agresiva campaña de control migratorio a nivel nacional están exacerbando la situación, aseguraron sus representantes.
Uno de los temas clave para los contratistas son las medidas de la administración del presidente Donald Trump contra las personas que tienen permisos temporales para vivir y trabajar en el país, incluidos los beneficiarios del Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés).
Los empleadores se aseguran de que su plantilla esté en regla una semana, pero a la siguiente descubren que perdieron sus permisos porque la administración se los retiró, explico Brian Turmail, vicepresidente de imagen de la Asociación de Contratistas Generales de América.
“La campaña a favor del TPS ha sido muy intensa y genera inquietud en la economía”, declaró la presidenta y directora ejecutiva del Foro Nacional de Inmigración, Jennie Murray. El Congreso estadunidense podría otorgar al Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) la facultad de “perseguir ladrones al interior de tiendas departamentales en caso de que se apruebe un proyecto de ley que busca frenar el robo de mercancias”, reportó The Intercept.
Frustración del presidente por el manejo del ICE
Fuentes de la Casa Blanca revelaron que Trump está cada vez más frustrado con su secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, debido a desacuerdos en el manejo del ICE, luego de que sugirió que la inmigración cubre vacantes laborales, y también por intentar frenar operativos antimigrantes, entre otros temas.
Externalizar los flujos migratorios
Jorge Durand
09 de agosto de 2026 00:04
Estados Unidos ha logrado externalizar los flujos migratorios que se dirigían a su territorio al haber cerrado su frontera por medio de medidas discursivas, disuasivas, persecutorias y atrabiliarias.
Por mucho tiempo se habló y constató sobre la externalización de las fronteras. Una medida que permite a los países ricos trasladar el control migratorio a otros países, por medio de acuerdos monetarios, presiones diplomáticas, chantajes comerciales.
España, Italia y otros países de la Unión Europea, por ejemplo, negocian con diversos países africanos para que apoyen en el control de la población migrante, que se dirige a sus costas, para que se combata a los traficantes y tratantes, sea en el Mediterráneo o en Atlántico, con los países que tradicionalmente envían migrantes hacia las Islas Canarias.
En el caso mexicano, es una tradición realizar el trabajo sucio ¡gratis!, para impedir, dificultar, encarecer, detener y absorber a los migrantes que se dirigen hacia el país vecino.
Pero si la frontera de Estados Unidos está cerrada, totalmente, como pude constatar con datos estadísticos de México y Estados Unidos en una entrega anterior, tenemos que admitir que, en este caso, ya no se puede hablar de externalización de la frontera. Estados Unidos controla su frontera, no necesita de otros.
En realidad, se está dando un fenómeno nuevo, de externalización de los flujos migratorios actuales, que antes se dirigían a Estados Unidos. Por decirlo en sencillo, las causas que generaban esos flujos en los casos como Cuba, Venezuela, Haití y Nicaragua no han desaparecido y siguen ocurriendo, pero ahora los flujos se redistribuyen entre países latinoamericanos vecinos, que tienen mayor solvencia económica, requieren de mano de obra, tienen una legislación favorable, que tradicionalmente han acogido a migrantes y existen redes sociales maduras.
El caso de Cuba es paradigmático. Por más de medio siglo, los cubanos fueron privilegiados en cuanto a la política de asilo de Estados Unidos. Cuando los estadunidenses se hartaron de que los balseros llegaran a sus costas, se negoció que llegaran con los “pies secos”, es decir, por México. Curiosamente, cuando se cierra la puerta de Miami para las drogas y luego para la migración, todo recala en México.
Los cubanos ya no son bien recibidos en Estados Unidos, y el asunto va más allá, incluso los que tienen trámites de asilo y visas de residencia se han visto seriamente afectados. El idilio cubano-estadunidense ya no es como antes y no todos quieren ir a celebrar al café Versalles, en la calle 8, para que luego te deporten.
Pero se viene lo peor: el bloqueo actual, de estrangulamiento económico y petrolero, ha dejado en situación de marasmo a la economía cubana. Pero en el caso de la isla, como en el de Venezuela, cualquier solución que se dé a la intervención política o militar por parte de Estados Unidos va a generar flujos migratorios que ya no van a ir a parar al imperio, y tampoco se va a dar, a corto o mediano plazo, el retorno de sus emigrantes a sus países de origen.
La crisis económica y política de Venezuela no sólo fue culpa de la ineptitud de Nicolás Maduro, de la corrupción de los militares y del proyecto en sí. Lo que hundió hasta el fondo a Venezuela fueron las sanciones, amenazas y restricciones impuestas por Estados Unidos. Y eso provocó una explosión migratoria nunca antes vista en América y tiene como uno de sus responsables directos a Estados Unidos.
Pero de los 8 millones de emigrantes venezolanos, Estados Unidos sólo recibió a una mínima parte, a 1.2 millones, mientras Colombia aceptó a 2.8 millones, Perú acogió a 1.5, Brasil a 750 mil, Chile a 669 mil, Ecuador a 440 mil, México a 100 mil y en cifras menores a Uruguay, Argentina y Costa Rica.
La crisis de Haití tiene explicaciones históricas y presentes en sus propias limitaciones e incapacidades, además de desastres naturales y sociales, pero la espiral de caída hacia el deterioro absoluto hay que atribuirlo a la intervención de Estados Unidos y Francia, en el derrocamiento del presidente, electo democráticamente, Jean-Bertrand Aristide, y de ahí todas sus secuelas. Y fue Latinoamérica la que recibió los mayores flujos de migrantes haitianos, especialmente República Dominicana, Brasil y Chile, México.
Otra forma de externalizar los flujos es de deportar migrantes a terceros países que no son su lugar de origen. Una medida totalmente arbitraria que cuenta con la anuencia de países débiles, que son chantajeados o le deben favores al imperio.
Las guerras imperiales solían tener, como contrapartida, la llegada de migrantes de los países afectados, como fue el caso de Japón, Corea, Filipinas, Vietnam, etcétera. Pero ahora, el imperio se las ha amañado para revertir estos procesos y externalizar los flujos hacia otros países.
Es casi imposible lograr una reintegración plena, dicen deportados de EU
Denuncian procesos traumáticos tras detención de las autoridades: “nos tratan como si fuéramos criminales”
Jessica Xantomila
Periódico La Jornada Domingo 9 de agosto de 2026, p. 6
Para muchos de los mexicanos deportados de Estados Unidos que habían vivido más de una década en ese país, el proceso para lograr un plena integración social puede ser largo y casi imposible por los lazos que los mantienen atados a la nación vecina, principalmente su familia más cercana y los bienes económicos acumulados por los años de trabajo.
A ello se suma el esfuerzo de empezar de cero en México, es decir, encontrar un empleo formal, ahorrar para comprar o rentar una casa y poco a poco volver a satisfacer sus necesidades.
Para Manuel Sánchez, la deportación ha significado la ruptura de 40 años de vida en California, lo que ha implicado separarse de sus dos hijas mexicanas y un hijo y cuatro nietos estadunidenses, además de la preocupación por no saber qué pasará con sus pertenencias: casa, automóviles, ropa, entre otros.
Esa realidad le impone pensar que aunque pudiera quedarse en la Ciudad de México para trabajar y construir un hogar para sus hijas en caso de también ser deportadas, “es casi imposible”, porque lo que más quiere está del otro lado de la frontera. “Sueño en regresar y ver a mi familia, allá tengo todo, quién me espere. Fueron 40 años y sí pesan”, lamentó.
En entrevista, compartió que el proceso de detención y de retorno a México ha sido “traumático”. Agentes migratorios lo detuvieron el 13 de junio pasado en Van Nuys, mientras viajaba en su camioneta rumbo al trabajo.
“Me trataron muy feo, como un sinvergüenza y criminal, porque me pararon, me tumbaron al suelo, uno de ellos me puso sus rodillas en el lomo y me colocaron esposas en las muñecas”.
Señaló que fue ingresado al centro de detención migratoria Lancaster, donde estuvo 10 días, antes de su deportación a Chiapas, junto con más de un centenar de connacionales, incluidos niños. “Nos tratan como delincuentes”, reprochó.
Otro caso es el de Dayareli Castillo, quien junto con sus tres hijos regresó a México hace 11 meses y aún no han podido recuperarse plenamente.
En entrevista, relató que tras 20 años de vivir en Estados Unidos se vio obligada a volver porque a su esposo lo deportaron en julio del 2025 y quería evitar la separación familiar.
Para retornar, expuso, tuvo que buscar apoyo de organizaciones civiles y autoridades consulares porque dos de sus hijos, menores de edad, son estadunidenses. “Fue todo tan espontáneo, difícil y con mis niños pequeños no sabía qué hacer”.
Indicó que, tras un año, su esposo sigue sin conseguir un empleo formal, por lo que ayuda al negocio de la mamá de Dayareli; mientras los hijos, quienes ya estudiaban en Estados Unidos, enfrentan dificultades escolares por el idioma.
“Ellos llegaron sin saber leer ni escribir bien en español, por eso les está costando trabajo en la escuela”, aseveró.
La mujer, de 44 años de edad, mencionó que buscarán regresar a Estados Unidos para que sus hijos vivan allá, al ser su derecho como ciudadanos estadunidenses.
Pero mientras eso sucede, la familia aún intenta recuperarse “del shock” de la deportación, porque aseguran que “nuestros sueños se esfumaron”.