sábado, 30 de mayo de 2020

El estudiantado: ¿protocolo de una agonía?

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Ilán Semo
Una vez más, Giorgio Agamben ha despertado el asombro, el encono y, hasta cierto punto, un sentimiento de extrañeza en la opinión pública del viejo continente. Se trata de un texto publicado en el sitio del Instituto Italiano per gli Studi Filosofici el pasado 23 de mayo bajo el título: Requiém por los estudiantes. Con las medidas de confinamiento impuestas para impedir la diseminación del Covid-19, las universidades de todo el mundo –y no sólo ellas, también los sistemas escolares básicos– optaron por trasladar el conjunto de sus actividades –clases, seminarios, exámenes, congresos, conferencias– a las plataformas privadas en línea. En su mayor parte, las que vuelven disponibles los grandes conglomerados estadunidenses de las industrias de la hightech y los bigdata (Google, Facebook, Hotmail, Gmail, Whatsapp, etcétera).
Al principio se trataba de una respuesta imaginativa y llena de voluntad para no dejarse abatir por las condiciones del aislamiento impuestas por la epidemia. Las universidades se revelaron como una de las fuerzas que, en el momento más álgido del confinamiento, decidieron optar por otro camino para mantener en vida la reflexión colectiva, incluso sobre la sociedad que deberá emerger de la situación actual de crisis.
Pero lo que apareció como una solución de emergencia –sustituir la universidad presencial por un cúmulo de actividades educativas y administrativas virtuales suplementarias (en su mayor parte inconexas y rudimentarias por la prisa impuesta por el momento)– ha devenido gradualmente un esquema que muchas universidades en el mundo, como Harvard, por ejemplo, han empezado a adoptar como un formato que llegó para quedarse. Asistimos probablemente a una mutación de consecuencias aún impredecibles en el ámbito de la educación superior, y que habrá de transformar a la Universidad de una vez y para siempre. Esta es la primera tesis del texto de Agamben, a la cual respaldan muchos de los debates actuales que se desarrollan, no por casualidad, en la intimidad de las cerradas cúpulas administrativas y tecnocráticas que dirigen los centros de estudio o los ministerios de educación nacional. Algunas universidades han anunciado que permanecereran en el modo virtual hasta 2022, ya sin importar las constricciones que imponga o no el Covid-19.
Lo que hoy ya podría empezar a llamarse la agonía de la universidad presencial marca el fin gradual de la universidad tal y como la conocimos, tal y como aparece en una larguísima historia que se remonta al siglo X.
¿Cuál fue la función que cumplió la universidad en esa longeva historia? Antes que nada fue una institución que congregó bajo un solo techo la formación de estudiantes, propició las con-diciones elementales para el desarrollo de la investigación y los nuevos saberes –seminarios, bibliotecas, laboratorios, etcétera– y, sobre todo, emergió como un poder propio capaz de proteger la capacidad crítica y reflexiva de una sociedad sobre sí misma. Fue en el seno de las universidades teológicas de París y Amsterdam en los siglos XVI y XVII donde surgió el cartesianismo como una de las críticas más formidables a la concepción teológica del mundo. Las universidades ilustradas de los siglos XVIII y XIX harían posible la proliferación de teorías y críticas a las desigualdades sociales y la arbitrariedad del poder político características del mundo moderno. Y la universidad de la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI se convirtió en el centro por excelencia de visiones críticas de las experiencias totaltarias, el capitalismo, la desigualdad de géneros, el racismo y ahora la amenaza del higienismo.
La condición esencial de esta autonomía relativa de la universidad con respecto a los poderes fácticos –fundamento de lo que llamamos la autoreflexividad de las sociedades occidentales– fue la transformación del estudiantado en una forma de vida. Un extenso grupo de jóvenes dedicando una parte de la primera parte de su vida no sólo a estudiar y formarse, sino a convertir a su propia comunidad en la franja central de la re-flexividad, la rebeldía y la crítica que requiere toda sociedad para atenuar sus peores males. A la universidad se acudía también a formar grupos intelectuales y políticos, a promover innovadoras vanguardias artísticas y filósoficas, a tratar de vincular lo aprendido con una praxis inmediata o a emprender iniciativasde investigación científica impensables en las normas de cada época. De ello resultaba frecuentemente que esa comunidad se enfrentara a los requerimientos del mercado y el Estado para domesticar las mentes de una sociedad.
Con la universidad virtual nada de esto sucederá. No habrá más estudiantado como forma de vida. Dejará de existir esa comunidad crítica que en muchos momentos atenuó los lados más lúgubres de la vida moderna. Los estudiantes se convertirán en átomos aislados a merced de la tecnocracia educativa, absortos en sus pantallas individuales sin capacidad alguna para constituirse en un poder propio: el poder de la reflexión que da una colectividad basada en las relaciones que permiten su propia sobrevivencia como comunidad. La universidad virtual no será una voz en el horizonte de la sociedad, sino una institución sin alma, desalmada, dedicada a producir el nuevo proletariado que ya caminaba en los últimos años por sus pasillos. En ella se educarán técnicos y fuerza dócil de trabajo, ya no pensadores.
Sólo las universaidades que se alejen de la tentación de la virtualización total, lograrán preservar la encomienda que dio vida (y seguirá dando) al espíritu de la universidad.

Para reactivar su economía, Europa analiza reabrir las fronteras interiores
Foto        Pandemia.        Vuelven restricciones en Sudcorea
La decisión se tomará de manera colectiva con todos los países de la UE, señala ministro francés
▲ En Torrejón de Ardoz, España, el ayuntamiento instaló un punto temporal para realizar pruebas de Covid-19, mientras algunas regiones del país se preparan para reducir aún más las restricciones a partir del primero de junio.Foto Ap.      Afp y Europa Press
Periódico La Jornada.        Sábado 30 de mayo de 2020, p. 7
París. Europa se enfrenta al dilema de reabrir sus fronteras interiores para activar de nuevo su economía y recuperar el espacio de libre circulación, cuando en el mundo se registraron, hasta ayer, más de 362 mil muertos a causa del virus.
El primer ministro francés, Éduoard Philippe, declaró que Francia es favorable a que las fronteras interiores de la Unión Europea (UE) reabran a partir del 15 de junio, sin que se imponga una cuarentena a los viajeros.
La decisión se tomará colectivamente con todos los países europeos. Aplicaremos la reciprocidad si algunos países imponen una cuarentena de 14 días a los franceses, agregó Philippe.
Grecia señaló que autorizará, a partir del 15 de junio, la entrada de turistas procedentes de 29 países; una lista en la que no está España y que sí incluye, en cambio, a Alemania, Corea del Sur o China. Dinamarca, por su parte, sólo permitirá visitantes de Noruega, Alemania e Islandia a partir de la misma fecha.
El continente europeo, duramente afectado, con más de 176 mil fallecimientos en total, por 2.1 millones de casos, continúa su desconfinamiento tras la ralentizacion de la propagación del virus.
Suiza anunció ayer el fallecimiento de un bebé por coronavirus tras haber sido infectado en el extranjero, informó el Ministerio de Salud, el cual explicó que se trata de la primera muerte de un niño tan pequeño en el país.
Rusia registró un nuevo récord diario de fallecimientos (232), llevando el total a 4 mil 374 muertos.
En un intento de recuperar la normalidad, Austria volvió a abrir sus hoteles e infraestructura turística, y en Reino Unido, escuelas y comercios podrán hacerlo a partir del lunes.
En Francia, los museos, parques y cafés abrirán el martes (en el caso de París, sólo se podrá consumir en las terrazas) y se podrá viajar a más de 100 kilómetros de su casa. Además, anunciaron su reapertura para hoy los conocidos grandes almacenes Galeries Lafayette de la capital francesa.
En España, el gobierno aprobó la creación de un ingreso mínimo vital para combatir una pobreza agudizada por la crisis del coronavirus y que ha llevado a muchas familias a tener que pedir alimentos para sobrevivir.
La renta mínima vital garantizará 462 euros al mes (515 dólares) a un adulto que viva solo. En el caso de familias, a este mínimo se sumarán 139 euros (155 dólares) al mes por cada persona adicional, adulto o niño, con un máximo de mil 15 euros por hogar (mil 130 dólares), explicó el vicepresidente del gobierno y líder de la izquierda radical de Podemos, Pablo Iglesias.
Por otra parte, unos monos se lanzaron sobre un empleado de un hospital cerca de Nueva Delhi y se apoderaron de muestras de pruebas serológicas para Covid-19, lo que provocó el temor de que los primates contribuyan a propagar la enfermedad.
Los monos se llevaron tres muestras esta semana en Meerut, cerca de Nueva Delhi, antes de huir y trepar a los árboles cercanos. Uno de ellos masticó su botín.
Pero las otras dos muestras, descubiertas más tarde, no fueron dañadas, informó a la Afp el director de la Facultad de Medicina de Meerut, Dheeraj Raj, después de que las imágenes del hurto se convirtieron en virales en las redes sociales.
Las mezquitas de Turquía volvieron a abrir para acoger a los fieles musulmanes, más de dos meses después de que fueran cerradas para impedir la propagación del virus.
En mayo, el país empezó a dirigirse hacia una nueva normalidad, tras aligerar las estrictas medidas tomadas, y permitir la apertura de comercios, salones de belleza o peluquerías. Cafés, librerías, parques y playas reabrirán a partir del lunes.
Corea del Sur, un país considerado hasta ahora un ejemplo en el control de la enfermedad, restableció las restricciones tras haber recuperado la normalidad. Después de que los casos se dispararan el jueves, los parques y los museos quedarán cerrados dos semanas y se reducirá el número de alumnos en la zona metropolitana de Seúl.
Hasta ayer, la pandemia ha dejado 362 mil 769 muertos, 5 millones 885 mil 490 contagiados y 2 millones 468 mil 11 pacientes recuperados en el mundo, de acuerdo con la Universidad Johns Hopkins.