domingo, 4 de abril de 2021

La vacuna, una realidad.

Antonio Gershenson
Por fin se está concretando en la Ciudad de México el programa de vacunación que tantas expectativas ha generado. Y sin mayores trámites burocráticos, la población adulta mayor nos hemos podido proteger contra el Sars-Cov-2, un virus que ha demostrado gran potencia, como otros que han diezmado a la humanidad. Ha sido una experiencia emotiva el hecho de vacunarse, gratuitamente, sin privilegios y sin complicaciones para asistir al lugar de inoculación.
La sorpresa fue, aunque ya se tenía información de la forma eficaz en que han venido aplicando las vacunas, la calidad de la atención, que no se había visto en años recientes. Aunque también se tienen noticias de que en otros estados de la República ha habido irregularidades. En la CDMX ha sido un buen encuentro con otra forma de atención médica. Allí mismo, en el centro de vacunación, tuve atención de un médico muy joven, pero con la actitud de un conocedor especialista. Me comunicó que no tendría problema con la vacuna por el hecho de estar llevando un tratamiento médico.
Ya aclaradas las dudas, me condujeron con gran atención y amabilidad al lugar donde aplican la vacuna. El gimnasio, gran espacio de la prepa, estaba repleto, pero con un flujo ágil de gente que llegaba o que salía ya vacunada. Siempre organizadamente, íbamos tomando nuestro lugar conforme se nos instruía. El ambiente, lejos de ser de tensión por la inyección, era de festejo.
Por seguridad, la enfermera me mostró la jeringa nueva, todavía en su envoltura; me mostró también la pequeña botella que contenía la solución con el nombre Sinovac y, enfrente de mí, cargó la jeringa y me vacunó. Debo decir que no sentí dolor alguno, ni en ese momento ni horas después. Tampoco tuve ningún síntoma de los que me informaron que podrían aparecer. Después del periodo de observación, ya en otro sitio del plantel, recibimos otras instrucciones para el cuidado posterior y para estar al pendiente de la fecha en que se aplicará la segunda dosis.
En un segundo plano, ha sido emotivo regresar al lugar donde inicié mi carrera universitaria. La Preparatoria 5 José Vasconcelos, de Coapa, fue un lugar que, en lo personal, me dio las directrices, no sólo en mi vocación profesional, sino también en mi vida privada.
Después de 63 años una nueva cita me llevaría de nuevo a mi antiguo plantel, el más rural de la Ciudad de México. Me invaden los recuerdos de los años estudiantiles. Mis maestros, mis compañeros. Las clases se mezclaban con las jornadas de ajedrez en las bancas largas laterales a la, entonces pequeña, biblioteca. Vienen a mi memoria, también, las prácticas de lanzamiento de cohetes fabricados por nosotros mismos, en un área despejada del estacionamiento, un motivo de alegría para nosotros. Eran los inicios de los años 60, tiempos de euforia por los lanzamientos tanto de la Unión Soviética como de Estados Unidos.
La compra de las vacunas es una muestra de la realidad a la que tenemos que voltear sin miramientos: México no produce ese tipo de biológicos. Los gobiernos neoliberales terminaron con la industria de las vacunas que benefició por muchos años a la población. Somos sobrevivientes, gracias a la movilización del personal de la Secretaría de Salud, que pese a la falta de infraestructura y de personal especializado y suficiente, así como del escaso material y equipo para enfrentar la pandemia, pudo enfrentar la situación.
El sector salud que, en otros tiempos, antes de la debacle económica originada por los gobiernos tecnócratas, fue uno de los más fuertes. Con un futuro prometedor y con un desarrollo tecnológico aceptable, fue deteriorándose a causa de los ilegales desvíos presupuestales.
La movilización para conseguir las vacunas, lejos de ser un simulacro para demostrar fuerza política o para acallar las voces recalcitrantes anti-AMLO, fue realmente una hazaña lograda para beneficio de toda la población. Por el simple hecho de que las únicas proveedoras cercanas eran las farmacéuticas estadunidenses, ya estábamos en cierta desventaja. Empresas con las que se tuvo que negociar, además de hacerlo también con el presidente saliente de ese país, sin tener la certeza de que lo pactado con Trump sería respetado por el virtual ganador demócrata. Estados Unidos es productor de ese importante biológico, pero no olvidemos que su punto de vista es netamente comercial. La vacuna es un gran negocio para sus empresas farmacéuticas.
Pero, no obstante haber conseguido remesas que permitieron dar inicio, sin mayor tardanza, al programa de vacunación para todo el país, se presentaron adversidades y retrasos en la entrega por parte de algunas farmacéuticas. Gracias a la movilización de Marcelo Ebrard Casaubón, canciller de México, el retraso momentáneo de la aplicación de las vacunas se solucionó con la búsqueda de otras farmacéuticas en Inglaterra, China, Rusia e India. Debemos reconocer, asimismo, el seguimiento puntual de Jorge Alcocer Varela y Hugo López-Gatell Ramírez, cuya conducción del grupo que diseñó y echó a andar el programa, lograron remontar los problemas de la escasez de material, equipo y personal para la atención de pacientes. Y lograron, de igual forma, la coordinación para activar la vacunación.
Somos más de 700 mil adultos mayores los ya vacunados. Eso nos convierte en una potencial barrera contra el propio coronavirus. Lamentamos la pérdida de tantas personas que no tuvieron la oportunidad. Con nuestra inmunidad, estamos garantizando la protección de otros familiares o personas cercanas. Podemos decir que la vacuna es una realidad.
antonio.gershenson@gmail.com

Desde otras ciudades
Los sin techo, grupo prioritario a inmunizar en el Reino Unido
▲ Más de 30 millones de británicos han recibido la vacuna. El gobierno ha puesto en marcha una enorme campaña para convencer a la población de inmunizarse.Foto Afp
Dispuesto a vacunarse inmediatamente, pese a tener 25 años, Mac exclama: ¡No quiero morir del Covid!, en el marco de la campaña masiva desplegada en el Reino Unido que puso a las personas sin hogar entre los grupos prioritarios a la inmunización.
Sin techo desde los 18 años, este joven inglés que oculta sus largos rizos rubios bajo la capucha de una sudadera deportiva, recibió la oferta en el refugio nocturno donde ahora duerme.
Es uno de los hospedajes temporales visitados por el doctor Alex Fitzgerald-Barron en Winchester, ciudad al sur de Inglaterra, en un esfuerzo por hacer llegar la vacuna a estos pacientes de alto riesgo.
Si atrapan el Covid-19 tienen muchas más probabilidades de acabar en el hospital y morir, aunque sean jóvenes, asegura.
En Reino Unido, con casi 127 mil muertos, el gobierno incluyó recientemente a los sin techo entre los grupos prioritarios para la vacunación en una campaña masiva que llegó ya a 30 millones de personas.
Fitzgerald-Barron, como un puñado de otros doctores, había empezado antes utilizando su criterio médico para clasificarlos como enfermos extremamente vulnerables, uno de los primeros grupos inoculados. Mientras otros utilizan clínicas móviles en pequeñas ambulancias, este doctor se basta con una pequeña nevera que conecta en su automóvil.
Fitzgerald-Barron localizó a 114 personas de las que 74 accedieron a vacunarse, lo que considera un buen resultado logrado gracias a una relación de confianza personal.
Tuve que ir adonde ellos estaban para explicarles lo que era, seguro de que si hubiesen recibido un simple mensaje escrito nadie habría pedido cita por recelo del sistema.
Cuando comenzó la pandemia hace un año, el gobierno británico pidió a los concejos municipales albergar a todas las personas que durmiesen en la calle, incluso en hoteles. Desde entonces, afirma haber invertido 700 millones de libras (965 millones de dólares) y alojado a 37 mil personas.
Durante toda la pandemia, Mac ha estado un único mes en un hotel. Era increíble, tenía una habitación preciosa, era como vivir una vida normal, trabajaba más porque tenía una base sólida, mientras explica que suele laborar como jardinero.
Jasmine Basran, de la asociación Crisis, que trabaja con los sin techo a nivel nacional, insiste en que el gobierno debe establecer aún su estrategia para después del actual confinamiento. Fitzgerald-Barron teme que cuando vuelva a los albergues para la segunda dosis de la vacuna, en abril, algunas de las personas ya no estén allí.
Afp