Carlos Fernández-Vega
▲ En la imagen, Bernard Madoff –quien murió ayer a los 82 años de edad– al salir del Tribunal Federal de Estados Unidos en 2009, tras declararse culpable de fraude.Foto Afp
Muchas han sido las crisis económicas en las últimas cuatro décadas, con resultados socialmente desastrosos tras aplicar la clásica receta neoliberal, y como no saben de otra, en la sacudida que ha potenciado la pandemia del Covid-19 la fórmula mágica de los tecnócratas se repitió: deuda y más deuda para enfrentar las consecuencias, sin importar el altísimo costo para la población, y fortalecer las finanzas públicas.
¿Resultado? Obviamente, el mismo que a lo largo de 40 años, y en consecuencia sólo en el pandémico 2020 el nivel de endeudamiento de los países subdesarrollados se incrementó 20 puntos porcentuales del producto interno bruto conjunto, independientemente de que colapsaron sus de por sí frágiles arcas nacionales, con un costo social espeluznante, y sus economías cayeron libremente. Y de cereza, los países en desarrollo están al borde de una crisis de deuda, lo que amenaza con crear un mundo post-pandémico muy divergente.
En su Informe de Financiamiento para el Desarrollo Sostenible 2021, la Organización de Naciones Unidas no descubre el hilo negro; de hecho, parece que la única novedad es la fecha de presentación, porque en reportes de crisis anteriores el balance ha sido siempre de mal en peor y, cada vez que sucede, a muchísimo peor. Sin embargo, no está de más subrayar lo sucedido en 2020 y las terribles consecuencias de aplicar siempre las mismas recetas.
El informe de la ONU advierte que el apoyo fiscal para mitigar los impactos del Covid-19 ha empujado la deuda pública a niveles récord, sin dejar a un lado que ya estaban elevados antes de la pandemia. Ésta desató una conmoción compuesta de economías en contracción, caída de ingresos y aumento de gastos, empujando el endeudamiento en todos los grupos de ingresos. Se espera que la deuda represente 274 por ciento del PIB global.
El creciente servicio de la deuda (pago de intereses, fundamentalmente) en los países subdesarrollados desvía gasto público y divisas que deberían destinarse a contener la pandemia. Tal servicio supera 25 por ciento de los ingresos fiscales disponibles en 2020 en más de la mitad de ellos y supera 40 por ciento de los ingresos fiscales en una cuarta parte.
Muchos países subdesarrollados ingresaron a 2020 en una posición vulnerable, con la deuda pública y externa ya en niveles elevados antes de la pandemia. El balance resulta delicado, por lo que es urgente actuar de inmediato para evitar otra década perdida.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe también participó en el citado informe, y, de acuerdo con sus observaciones, esta región en desarrollo resulta ser la más afectada por la pandemia, puesto que representa 8.4 por ciento de la población mundial, pero concentra 30 por ciento de las muertes por Covid-19. Además, sufre la peor contracción del producto interno bruto en 120 años, con una caída de 7.7 por ciento en 2020.
La Cepal subraya que “la recuperación sostenible con igualdad requiere acceso equitativo a las vacunas, mayor liquidez y reformas en la arquitectura financiera internacional que aseguren la inclusión de todos los países en vías de desarrollo, independientemente de su ingreso. “La pandemia magnificó las brechas estructurales de la región en materia de desigualdad, espacio fiscal limitado, baja productividad, informalidad y fragmentación de los sistemas de protección social y salud. La región sigue siendo la más endeudada del mundo en desarrollo (79 por ciento del PIB) con el mayor servicio de la deuda externa en relación con las exportaciones de bienes y servicios (57 por ciento). El aumento generalizado del endeudamiento… ha disparado sus necesidades de deuda”.
En síntesis, la pandemia llevó a muchos gobiernos a recurrir a la fórmula mágica del neoliberalismo, sólo para que un año después sus deudas alcancen niveles históricos, sus economías se encuentren en el suelo y sus poblaciones cada día más afectadas y vulnerables. ¿En serio no tienen otra receta que funcione?
Las rebanadas del pastel
Avanza la reforma a la Ley de Hidrocarburos. Ayer, la Comisión de Energía de la Cámara de Diputados aprobó por mayoría el dictamen y pasa al pleno… En marzo del presente año el número de trabajadores afiliados al IMSS rebasó la barrera de los 20 millones, aunque se mantiene ligeramente por abajo del registro en igual mes pero de 2020.
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Covid-19: tiempo para reflexionar
Asa Cristina Laurell
Durante las últimas semanas la pandemia ha dado un respiro a los mexicanos, a los directamente involucrados en su combate y a la población en general. El sistemático avance de la vacunación también alienta. Todavía no sabemos cuál va a ser la repercusión de la fuga del encierro a la playa durante la Semana Santa. Este compás de espera debe ser aprovechado para sistematizar y evaluar equilibradamente las experiencias vividas y conocimientos adquiridos durante la pandemia.
Es necesario analizar varias de sus vertientes después de más de un año de experiencias. Conviene hacerlo así porque generalmente están mezcladas en la narrativa sobre la emergencia. En este sentido habría que evaluar e incluir por lo menos las siguientes cuestiones: la epidemiología del SARS-CoV-2, el proceso de atención y la nueva comprensión de lo clínico, conocimientos nuevos sobre el virus y la política de salud. Es una separación conceptual, pero sirve para sacar aprendizajes tanto para las autoridades de salud y la práctica clínica como para el público.
El conocimiento epidemiológico de la SARS-CoV-2, entendido como su comportamiento en los colectivos humanos específicos, ha avanzado mucho. Queda fuera de duda el uso del cubrebocas. Sabemos hoy que las principales características del paciente que condicionan un alto desenlace mortal son edad avanzada y sexo masculino, así como condiciones socioeconómicas precarias. También está probado que es un virus que muta con cierta frecuencia y da origen a variantes nuevas con distintas características en cuanto a su contagiosidad y la gravedad del cuadro clínico; por tanto, de la letalidad.
Cuando se prolongan los procesos de vacunación, por falta de acceso a las vacunas o de recursos para comprarlas, hay nuevas mutaciones y una posposición de la inmunidad de rebaño. A nivel mundial este retraso de la vacunación es obsceno y fatal para todos, tanto para los países que no acceden a las vacunas como para los países ricos. Por ello, los organismos supranacionales como la OMS y la ONU, un grupo importante de países del Sur y algunos OSC pregonan que las vacunas deben ser un bien público, fuera de la esfera de las ganancias privadas. Un último pronóstico epidemiológico es que el Covid-19 es una nueva enfermedad que permanecerá con un comportamiento endémico.
A los investigadores hay que recordarles dos principios básicos de la investigación epidemiológica frecuentemente olvidados. El primero es que la calidad de los datos es determinante para los resultados obtenidos; se aplica el dicho de si entra basura, sale basura. Este tema tiene particular importancia en México, donde la autoridad sanitaria reconoce que los datos son subestimados, tanto el número de contagiados como los fallecidos por Covid-19 y no en la misma proporción. El segundo principio es que una asociación estadística no comprueba una relación causal, principio crecientemente olvidado en cuanto avanzan las técnicas estadísticas.
La experiencia clínica adquirida en el tratamiento de millones de enfermos y contagiados y la presencia de muchos grupos de investigación han permitido avanzar en la comprensión de cómo orientar la atención de los pacientes. Este nuevo conocimiento abarca por lo menos dos temas básicos. El primero es cuáles son los criterios para hospitalizar inmediatamente a un paciente o, por el contrario, para tratarlo en su casa. Se ha tenido una letalidad alta, pero ahora una revisión dirigida permite clasificar el riesgo preciso del paciente. Hoy existe cierto consenso respecto de los criterios para el internamiento temprano, qué medicamentos usar y el éxito del tratamiento en cuidados intensivos con especialistas. También hay seguimiento y desarrollo del tratamiento domiciliario con entrega de un paquete y supervisión sistemática con un protocolo y una televisita hecho desde las unidades de atención de primer nivel y un enlace directo del enfermo con su médico. Estos nuevos conocimientos han demostrado tener un impacto importante sobre la letalidad.
Es necesario incorporar todos estos elementos en la nueva política de salud formulada por los gobiernos. Esto pasa por una revisión autocrítica de las políticas de salud instrumentadas hasta ahora respecto a la pandemia. Tarea especialmente urgente es la educación amplísima de la población sobre las características de Covid-19 para que tenga elementos objetivos de juicio sobre el tema, que es la única vacuna eficaz contra la infodemia. Sirve además para aprovechar de manera positiva el gran interés por la salud que ha despertado la pandemia.
