miércoles, 15 de febrero de 2023

Hallan a sobrevivientes en Turquía luego de 200 horas bajo los escombros.

La cifra de muertos se acerca a 40 mil
El terremoto, el peor desastre natural en 100 años registrado en esa región, afirma la OMS
▲ Seher, una joven de 15 años, es rescatada y trasladada a una ambulancia 210 horas después del terremoto en la provincia de Hatay.Foto Afp
Europa Press, Afp y Ap  Periódico La Jornada
Miércoles 15 de febrero de 2023, p. 25
Antakya. Los equipos de rescate turcos encontraron con vida ayer a varias personas que habían permanecido por 200 horas atrapadas bajo los escombros de edificios derrumbados a causa de los terremotos en Turquía y Siria, cuyo saldo se acerca a 40 mil muertos.
El sismo de hace una semana fue el peor desastre natural en 100 años en la región, con un balance de 39 mil 106 muertos, 35 mil 418 en Turquía y 3 mil 688 en Siria, afirmó la Organización Mundial de la Salud (OMS), el cual alertó que probablemente aumentará.
Asimismo, la OMS señaló que cerca de 26 millones de personas en ambos países necesitan ayuda humanitaria.
Más de 7 millones de niños fueron afectados por el devastador terremoto que golpeó a Turquía y Siria, aseguró el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), que expresó su temor de que hayan muerto muchos miles más.
El vicepresidente turco, Fuat Oktay, informó que las labores de rescate continuaban en las provincias de Hatay, Kahramanmaras –el epicentro– y Adiyaman. Los rescates parecían haber terminado en las otras siete provincias.
Las necesidades eran inmensas y la ayuda que llegaba no bastaba para cubrirlas. Buena parte del sistema de aguas de la región no funcionaba y los daños en el sistema planteaban riesgos de contaminación. El ministro turco de Salud, Fahrettin Koca, indicó que las muestras tomadas en decenas de puntos de la red indicaban que el agua no era potable.
Más de 41 mil 500 edificios quedaron destruidos o tan dañados que tendrían que ser demolidos, indicó el ministro de Medio Ambiente y Urbanización, Murat Kurum.
Una mujer de 35 años fue rescatada en la provincia de Kahramanmaras, epicentro de los sismos, cerca de 205 horas después de quedar atrapada por el derrumbe de su vivienda, informó la agencia de noticias turca, Anatolia.
Dos mujeres de 40 y 26 años fueron igualmente rescatadas en la provincia de Hatay tras 203 y 201 horas atrapadas, respectivamente, en un momento en que disminuyen las esperanzas de seguir encontrando a supervivientes.
Los hermanos Muhammed y Abdulbaki Yeninar fueron hallados con vida entre los escombros de un edificio de ocho plantas en Kahramanmaras. Abdulbaki relató que ambos pudieron alimentarse de polvos de proteínas que usa su hermano como suplemento alimenticio cuando va al gimnasio, indicó el diario turco Daily Sabah.
Por su parte, el secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Antonio Guterres, pidió casi 400 millones de dólares para ayudar a los 5 millones de sobrevivientes en el noroeste de Siria, región que por estar en poder de rebeldes ha recibido muy poca ayuda.
Las divisiones en el país están profundamente exacerbadas por 12 años de guerra civil. Pero por primera vez desde 2020 un convoy de ayuda de la ONU entró ayer en las zonas rebeldes del norte de Siria a través del paso fronterizo de Bab al Salama con Turquía, indicó un periodista de la agencia Afp.
En tanto, hombres armados asaltaron un hospital sirio donde recibe atención Aya, la niña que fue hallada bajo los escombros unida aún a su madre por el cordón umbilical, indicó un directivo de la clínica.

Colombia: transformación y resistencias
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, dirigió ayer un mensaje a la nación para explicar a los ciudadanos el sentido y la importancia de las reformas en materia de salud, pensiones y laboral que su gobierno presentó al Parlamento o se encuentra preparando. La esencia de las iniciativas impulsadas por el primer mandatario de izquierda en la historia de ese país reside en sustituir la mercantilización impuesta durante el periodo neoliberal por un sistema basado en los derechos y en la verdadera democracia; es decir, en que sea el pueblo y no el dinero quien mande en el Congreso, los juzgados y en el palacio presidencial.
En lo que fue la culminación de una jornada de multitudinarias manifestaciones de apoyo a sus propuestas legislativas, movilizaciones que se extendieron por decenas de ciudades colombianas, el ex alcalde de Bogotá llamó a sus compatriotas a convertirse en una multitud consciente de que tiene en sus manos tanto el futuro como el presente. Su discurso fue prolífico en reminiscencias al proceso de cambio que atraviesa México: afirmó que es el mundo económico el que debe entender el clamor social (a contrapelo de la lógica neoliberal, consistente en poner a las grandes mayorías al servicio de un puñado de plutócratas); denunció que el régimen pensionario está diseñado para las corporaciones, no para los trabajadores, y que el modelo de salud privatizado hace a la muerte ensañarse ahí donde hay pobreza. Condensó el significado de su programa en el exhorto a dejar de ser oligarquía y pasar a ser democracia.
Salvando todas las particularidades locales, el momento histórico que vive la nación caribeña es análogo al experimentado en Argentina, Chile o México, donde el mandato presidencial se ve acotado o incluso francamente saboteado por una sobrerrepresentación de las fuerzas opositoras en los Congresos. A través de su presencia en los órganos legislativos, tales oposiciones, que fungen como personeros de intereses oligárquicos derrotados en elecciones al Ejecutivo, ejercen un poder fáctico de veto sobre los nuevos rumbos elegidos en las urnas. En casos extremos, no se conforman con paralizar la administración pública, sino que subvierten el orden democrático derribando gobiernos elegidos de manera legal y legítima, como sucedió en diciembre pasado en Perú y en 2016 en Brasil.
De este modo, los parlamentos degeneran en trincheras de intereses corporativos y corruptos que pervierten el sistema de contrapesos y el principio de separación de poderes para obstaculizar el axioma supre-mo de toda democracia merecedora de ese nombre: la soberanía popular, por la que todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste, como lo plasma la Constitución de nuestro país. Cuando un gobierno progresista intenta introducir cambios, los voceros intelectuales y mediáticos de las oligarquías defienden leyes e instituciones creadas para imponer y perpetuar el neoliberalismo como si fueran el núcleo mismo de la vida democrática; maniobra de naturaleza orwelliana, pues llaman democracia a un sistema diseñado expresamente para excluir al pueblo de la toma de decisiones trascendentales.
Las democracias representativas formales que el empresariado, la clase política elitista y sus propagandistas en los medios y la academia pretenden vender como el único modelo posible de sociedad no impidieron que en Colombia se hiciera con el poder un paramilitarista como Álvaro Uribe, ni que en México se perpetrara un fraude electoral para instalar en Los Pinos a Felipe Calderón, así como no hicieron nada para refrenar la violencia desatada por estos individuos como forma de control social e imposición de sus intereses de grupo. Tampoco se inmutaron ante la rampante desigualdad o la denegación sistemática de derechos. En suma, están expuestas sus limitaciones y disfuncionalidades, por lo que es de obvia necesidad transformarlas a fondo si se desea construir un orden económico, político e institucional auténticamente democrático.