miércoles, 15 de febrero de 2023

Hugo Chávez, vigente: mil batallas comunicacionales.

Fernando Buen Abad Domínguez*
Sabía muy bien Hugo Chávez que la comunicación de un solo hombre puede ser útil, en cierta medida, pero insuficiente para las metas superiores de una transformación humanista, de nuevo género, verdadera y duradera. Entre las mil batallas que Hugo Chávez libró, antes y durante su presidencia, hay que recordar la batalla comunicacional. Para nadie es nueva la crítica de Chávez a los modelos hegemónicos de los monopolios mediáticos. Una y otra vez emprendió análisis de fondo que escudriñaron economía e ideología de la comunicación mercantilizada preñada con servidumbre al imperio. Nunca dejaron de dolerle los estragos sicológicos de los mensajes con información deformada, destazada y francamente falaz, contra la sicología de las masas y contra la voluntad democrática de un pueblo que se declaró en transición revolucionaria. Chávez esbozó a su modo una economía política de la comunicación, su ética y su estética, que no excluyó, para propios y extraños, la autocrítica, la ironía y el sarcasmo. Temblaban muchos.
Algunas veces pude hablar con él y a fondo sobre esos temas. Alguna vez hablamos sobre la urgencia de una cumbre de presidentes en materia de comunicación (https://rb.gy/ouam9p) para establecer una mesa abierta a los problemas actuales advertidos por el Informe MacBride (1980) a propósito de la amenaza que representa la concentración monopólica de medios contra las democracias. Hablamos sobre la evaluación necesaria del gasto descomunal (público, privado o reservado) bajo el pretexto de la comunicación; hablamos de la dependencia tecnológica monstruosa; de los modelos académicos hegemónicos con tinte burgués y estragos teórico-metodológicos tremendos; hablamos de la necesidad de una ética nueva y una estética revolucionarias para la nueva libertad de expresión sin dictaduras mercantiles; hablamos de la revolución semántica y narrativa que urge antes de que nos asfixie la ideología de la clase dominante entre sus marasmos de estereotipos y palabrerío en sus armas de guerra ideológica.
Algunas veces hablamos en su oficina, otras en encuentros internacionales de la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad, o bien en privado luego de verlo saludar a su familia con afectos intensos y diversos según las edades. Es decir, era un tema permanente en su cabeza, imbricado con otros, y sabía detectar los faltantes y los problemas incluso en los acontecimientos más sutiles. Él era (y es) el comandante y líder de una revolución económica, política y cultural a la que no puede escapársele la supervisión permanente de los campos de lucha objetivos y subjetivos. Y no todo su equipo estaba siempre a la altura de las necesidades, los problemas y las soluciones. Ese equipo lo supo y lo sabe todavía. Me incluyo.
Con su muy venezolana intuición y sabiduría, su voz de mando y su cabeza revolucionada, Hugo sabía que sólo podría atender alguna parte de los problemas de la comunicación y él mismo se hacía vocero de mil y un escenarios donde era indispensable resaltar avances, retrocesos y demoras (juntos o revueltos) en el fragor de la guerra comunicacional, nacional e internacional, en su contra y en contra de la revolución socialista de Venezuela. A veces se exasperaba. Había, en algún momento, recursos económicos para atender y modernizar la infraestructura comunicacional, pero desesperaba por la dificultad de avanzar en la superestructura de la semántica y la narrativa necesarias –y urgentes– para el ritmo de la revolución, su extensión y profundidad. Sería injusto ignorar los aportes geniales de no pocos colaboradores o los avances enormes de los movimientos comunicacionales de las bases que con Hugo Chávez encontraron coyuntura tecnológica y semiótica para crecer exponencialmente. Pero todos sabían que lo hecho era insuficiente ante la realidad y ante la maquinaria burguesa descomunal orientada a destruir a la revolución y a su líder. Algo quedó pendiente y hoy es asunto vigente y urgente.
Lo escuché lamentarse de modos diversos, alguna vez con rayos y centellas léxicas, alguna vez con autocrítica personal y otras veces con impotencia y dolor sabiendo que miles de batallas silenciadas pueden provocar decepción y desorganización en las bases. El relato de las luchas no es cuestión literaria para el entretenimiento docto. Es una urgencia organizativa y moral que necesita la dirección para mantener en claro los dichos y los hechos de una revolución en marcha. La comunicación no es un oficio de merolicos, es una herramienta de combate para la revolución de las conciencias y eso lo sentía Hugo como una contracción amarga que excedía sus propias fuerzas y lo ponía ante limitaciones de riesgo político sobre hechos cotidianos o eventos excepcionales.
Hablamos, uno de tantos días, mientras yo comía una arepa y él una sopa, sobre el punto de no retorno comunicacional, uno de sus temas más profundos en el Plan de la patria que él comandaba. Sabía Hugo muy bien que el pueblo armado también con herramientas comunicacionales se empodera para construirse una libertad de expresión sin precedente y una verdadera revolución de conciencias. Que no se puede liberar la expresión profunda de las bases sin un despliegue táctico y estratégico de herramientas para la comunicación y sin un programa revolucionario para una semántica revolucionaria capaz de superar atavismos, dogmas y vicios expresivos inoculados por la ideología de la clase dominante. Que sólo habría revolución comunicacional cuando los temas y la praxis no dependan de un aparato burocrático y cuando se haya democratizado realmente la comunicación para una democracia nueva, sin la dictadura del capital. Lo sabía Hugo y nos dejó esas tareas como asignaturas pendientes para las generaciones actuales y las venideras. Y urge entrarle.
* Director del Instituto de Cultura y Comunicación y Centro Sean MacBride Universidad Nacional de Lanús

El regreso al infierno electoral
Bernardo Barranco V.
Bajo el sello de Grijalbo, está en circulación el libro titulado El regreso al infierno electoral. Las elecciones de 2023 y el juicio final del PRI, que tuve el honor de coordinar. Se presentan allí diversos ensayos que ayudan entender los principales ejes por los que transita la elección para gobernador que tendrá el 4 de junio su momento de verdad ante las urnas. Como todos sabemos, las elecciones mexiquenses, más allá de los clichés, tendrán un ascendente relevante en las presidenciales de 2024. El PRI llega mermado. Sus derrotas a escala federal han sido continuas; desde las intermedias de 2016, el tsunami obradorista de 2018 y, pese haber ido en alianza con PAN y PRD, en 2021, el PRI geopolíticamente se desvanece.
El infierno existe y se instala en la forma de hacer política en el estado de México. El infierno en las grandes tradiciones religiosas es un lugar o condición de castigo eterno. El infierno implica el tormento de aquellas personas o pueblos condenados como el lugar del pecado. En mitologías no cristianas, el infierno es el lugar que habitan de manera turbulenta los espíritus de los muertos malditos. Regresar al infierno electoral es volver a los territorios dominados por el poder desmedido y la mezquindad de retenerlo. El libro referido se inscribe en otro, titulado El infierno electoral (Grijalbo, 2017), que registró el enorme fraude electoral de 2017 que llevó la gubernatura a Alfredo del Mazo, heredero de una dinastía de gobernadores, como si se tratara de una monarquía bananera.
El estado de México es, electoralmente, el Sodoma y Gomorra de la antigüedad remota. Territorio de excesos, permisividad y perversión política. El desenfreno tiene una sola consigna: ganar a como dé lugar, ganar no importa cómo, ni cuánto ni a costa de quién. Dinero, dinero y más dinero son la fórmula perniciosa bajo tres principios del poder mexiquense: la corrupción, la disciplina y el sometimiento. Así ganó Alfredo del Mazo Maza; sin embargo, en la elección de 2017 en el Edomex, el PRI tuvo menos votos que Morena, de la maestra Delfina Gómez. Gana apenas la gubernatura gracias a los votos de sus aliados: Verde Ecologista, Nueva Alianza y Encuentro Social.
El PRI por sí solo no gana. La elección para gobernador en 2023 en el estado de México pone en juego la supervivencia del PRI no sólo en la entidad, sino a escala nacional. Pero sobre todo, se configuran las condiciones y humores políticos de las elecciones en 2024.
El libro está cimentado en ensayos de experimentadas plumas. Son diferentes aristas temáticas que ayudan a entender los intereses, entretelones, apuestas e interacciones de los actores mexiquenses. Desde la historia lejana y actual del llamado Grupo Atlacomulco hasta las amenazas de extinción de un partido invencible por más de 90 años en el poder. Se examinan las apuestas y ofertas de Morena, partido que amenaza con seriedad la hegemonía de una clase política rapaz que se ha impuesto en el Edomex. El lector descubrirá la corrupción política en periodos electorales, el uso proselitista de los programas sociales, en particular el Salario Rosa. El lector encontrará la perversa relación entre el poder político y los medios de comunicación. Se enfatiza en la forma en que el sistema asigna recursos, sean oficiales o subterráneos, así como la discrecionalidad con que reporteros, medios impresos y televisivos son premiados, reprimidos o controlados. Usted encontrará una rigurosa comparación entre las elecciones de 2017 y la de 2023. Morena ha crecido de tal manera que podríamos hablar, de manera poco sana, de una elección de estado versus un oponente que concurre con otra elección de estado. El libro penetra las intimidades del Instituto Electoral del Estado de México (IEEM). Se denuncia acoso laboral y violencia en razón de género, ejercida no por hombres, sino por las mujeres que detentan el poder en la institución. Por mi parte colaboro con un artículo que muestra la sumisión de los órganos electorales en la entidad. Parto de la hipótesis de que el IEEM nunca ha dejado de ser la vieja Comisión Electoral Estatal manejada por el gobierno y administrada por operadores políticos al servicio del sistema.
Los ensayistas son de primera. Periodistas experimentados, como Álvaro Delgado y mexiquenses como Francisco Cruz, Enrique I. Gómez, Tere Montaño e Israel Dávila. Académicos reconocidos como Alberto Aziz Nassif y Gabriel Corona. Hay tres autores de La Jornada, nuestra casa editorial: Fabrizio Mejía Madrid, Julio Hernández Astillero y su servidor. Mención aparte merece la participación de la maestra Verónica Veloz, ex titular de comunicación social del IEEM
El infierno electoral se perpetúa bajo el dominio de una clase política que se ha eternizado por generaciones. El infierno es un lugar gemebundo donde pululan existencias perversas y seres pecadores que han desobedecido las leyes de Dios, pero sobre todo han abandonado la decencia. En el fondo, asistimos en el Edomex a una relación pervertida entre ética y política. El uruguayo José Mujica lamenta el desvío de los principios éticos de la clase política, seducida por privilegios y corrupción del dinero público. El problema, la actual generación de políticos ha empobrecido la relación entre los valores sociales y la representación pública. Enrique Dussel, filósofo, dice: Padecemos una generación de políticos en México que carecen de calidad ética. Buscan enriquecerse y han naturalizado la corrupción al grado de que se ha cosificado y han desnaturalizando a la sociedad.