sábado, 24 de agosto de 2024

Declina candidato Robert F. Kennedy Jr para apoyar a Trump.

El candidato presidencial independiente Robert F. Kennedy Jr. anuncia que suspende su campaña presidencial en una conferencia de prensa el 23 de agosto de 2024 en Phoenix. 
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Afp
23 de agosto de 2024 14:49
Phoenix. El candidato independiente Robert F. Kennedy Jr, vástago del clan político más famoso de Estados Unidos, anunció este viernes que "suspende" su campaña para la presidencia y pidió el voto para el republicano Donald Trump en una decena de estados claves.
"Ya no creo que tenga un camino realista de victoria electoral", dijo Kennedy, durante un discurso en Arizona (sur), pero pidió a sus simpatizantes que voten por él en el resto de los estados en los que mantendrá su nombre en las papeletas.
Kennedy, de 70 años, condenó que se haya elegido a la vicepresidenta Kamala Harris como candidata demócrata sin pasar por unas primarias y citó una larga lista de agravios contra su antiguo partido que, según dijo, le habían llevado a dar su "apoyo al presidente Trump".
El candidato mencionó además varias historias extrañas, como que padece un gusano parasitario en el cerebro y que depositó un cachorro de oso muerto en Central Park, en Nueva York.
Su familia le da la espalda.
"La decisión de nuestro hermano Bobby de apoyar hoy a Trump es una traición a los valores que nuestro padre y nuestra familia más aprecian", dijo en X su hermana, Kerry Kennedy, activista de derechos humanos.
"Es un triste final para una triste historia", añadió.
La suspensión de la campaña de Kennedy se produjo un día después de que Harris cerrara la convención demócrata que la invistió con un discurso en el que pidió dejar atrás "la amargura, el cinismo y las batallas divisivas del pasado" para abrazar "un nuevo camino", cuando faltan 10 semanas para las elecciones.

Brasil: incendios forestales afectan a 30 ciudades y dejan 2 muertos
El gobierno estatal también advirtió de que los incendios forestales podrían propagarse rápidamente debido a las ráfagas de viento y arrasar grandes extensiones de vegetación natural. 
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Reuters
23 de agosto de 2024 19:45
Sao Paulo. El estado brasileño de Sao Paulo informó el viernes por la noche de que 30 de sus ciudades estaban afectadas o cercadas por focos de incendios forestales, y que dos personas que intentaban contener las llamas en una planta industrial habían muerto.
Las ciudades se han visto afectadas por el clima seco y caluroso de los últimos días, informó el gobierno en un comunicado.
El gobierno estatal también advirtió de que los incendios forestales podrían propagarse rápidamente debido a las ráfagas de viento y arrasar grandes extensiones de vegetación natural.
Por el momento, el gobierno no ha informado de que las llamas alcancen directamente la ciudad de Sao Paulo, la mayor de América Latina por población, con más de 11 millones de habitantes.
Sin embargo, los medios de comunicación locales informaron de que el humo cubría algunas partes del cielo de la capital del estado.
El gobierno dijo que dos empleados de una planta industrial en la ciudad de Urupes habían muerto el viernes mientras luchaban contra un incendio, sin dar más detalles.
El gobierno del estado de Sao Paulo ha creado un comité de emergencia para hacer frente a los incendios, que también han bloqueado total o parcialmente unas 15 carreteras.
La temporada de incendios forestales en Brasil suele alcanzar su punto álgido en agosto y septiembre.

Un réquiem por la verdad
Beñat Zaldua
Un niño de 11 años murió el pasado 18 de agosto atacado por un joven en un pueblo de Toledo, en España. Como resorte, las redes corrieron a denunciar al autor, árabe según unos, gitano según otros. Dos días antes, un pescador de la localidad de Arenys de Mar, en Cataluña, murió por las cuchilladas recibidas a manos de un migrante, según la información que circuló en un primer momento. Dos semanas atrás, el 30 de julio, fue un hombre de 40 años el fallecido en Valencia tras recibir varias puñaladas. Por las redes corrió como la pólvora la sentencia: Un inmigrante ilegal argelino decapita a un hombre español de 40 años.
No se trata de encender una falsa alarma sobre la inseguridad en Europa, nada más lejos de la realidad, sino de hacer notar que en estos tres casos –son muchos más, podríamos llenar varias páginas–, la autoría atribuida en las redes por perfiles de extrema derecha no se correspondía con la realidad. Los tres crímenes fueron perpetrados por ciudadanos españoles canónicamente blancos, igual que el asesinato de tres niñas en Southport, origen de los disturbios en Gran Bretaña, no fue obra de ningún solicitante de asilo, como se difundió en un primer momento.
El mecanismo (crimen-bulo-señalamiento-linchamiento) no es nuevo, pero viene agravándose con el tiempo. Las rectificaciones, las aclaraciones, los manidos fact-checking, siempre llegan más tarde y no logran una décima parte de la difusión obtenida por las falsas noticias. Los bulos viajan en Fórmula 1, la verdad lo hace en una carreta empujada por asnos.
Un noble animal en el que, por cierto, parece haberse inspirado la fiscalía al proponer, esta misma semana, el fin del anonimato en redes y nuevas capacidades punitivas como medio para acabar con los bulos y los delitos de odio asociados. Como si el problema fuese el anonimato. En un proceso judicial es relativamente fácil identificar a la persona detrás del nickname. Es más, no son pocos los que difunden estos bulos a cara descubierta, empezando por el flamante nuevo eurodiputado Luis Pérez, conocido como Alvise, experto en avivar y sacar partido económico de las bajas pasiones de hombres pretendidamente agraviados por el mundo que les rodea.
El problema, en el ámbito judicial, tiene más que ver con la importancia (poca, usualmente) que los propios jueces dan a estos bulos, pese a estar más que demostrado que las mentiras virtuales tienen consecuencias muy reales cuando es un grupo vulnerable el señalado. Véase lo ocurrido en Reino Unido con los musulmanes este mismo verano.
La desidia judicial queda de manifiesto, por ejemplo, en el caso del cartel electoral que Vox instaló en una valla publicitaria en 2021, pretendiendo comparar lo que cuesta a las arcas públicas mantener a un menor migrante no acompañado –al que presentaban encapuchado y amenazante– y lo que recibe como pensión una mujer mayor jubilada. Los datos eran manifiestamente falsos, pero los jueces archivaron las denuncias presentadas, concluyendo, textualmente, que con independencia de si las cifras que se ofrecen son o no veraces, estos menores migrantes representan un evidente problema social y político, incluso con consecuencias o efectos en nuestras relaciones internacionales, como resulta notorio. A la Audiencia Provincial de Madrid sólo le faltó pedir el voto por Vox. El problema, en España, no tiene tanto que ver con la ley, sino con quienes deben aplicarla.
Llegará el día en que los investigadores del futuro se pregunten, sorprendidos, cómo es posible que la época de los algoritmos, la inteligencia artificial y los servicios de fact checking 24 horas sea una de las épocas en las que más difícil resulta, a menudo, llegar a la verdad. Quizá una explicación se encuentre, siguiendo a Todorov en un desarrollo tecnológico que ha buscado más reproducir la actividad humana para llegar a sustituirla, que como un complemento capaz de elevar las capacidades de nuestra especie.
Sea como sea, es uno de los signos de los tiempos, no sólo en las redes. En este momento es materialmente imposible saber qué demonios ocurre en Ucrania, igual que se hace francamente difícil entender la secuencia que ha seguido a las elecciones en Venezuela. No tanto por el habitual cuestionamiento opositor, sino por posicionamientos menos habituales como los de Lula o Petro. De Boric ya mejor ni hablamos. También es difícil obtener información fiable sobre un Congo desangrado por la minería y golpeado ahora por la viruela del mono, o sobre una Indonesia alzada contra una reforma electoral y una Bangladesh tomada por los estudiantes. Los corresponsales de prensa son, desgraciadamente, una especie en peligro de extinción.
Pero esos mismos investigadores del futuro bien podrían preguntarse también si la verdad era algo que importaba en esta época, si la realidad gozaba de prestigio alguno. Pues no hay trampa ni ardid en el genocidio que Israel está cometiendo en Gaza. No hay ocultación, triunfa la transparencia. Y las consecuencias son nulas. ¿Cómo no va a tener la mentira vía libre, si la verdad no sirve para nada?