sábado, 13 de diciembre de 2025

Cierran campañas presidenciales en Chile; mañana, votaciones.

El aspirante conservador José Antonio Kast acusa al gobierno de “destruir todo” // Las 40 horas laborales no se tocan, defiende la candidata comunista Jannette Jara
▲ Jeannette Jara, postulada por el Partido Comunista Chileno, y José Antonio Kast, del Partido Republicano, en actos de proselitismo.
Foto Afp
Aldo Anfossi   Corresponsal
Periódico La Jornada
Sábado 13 de diciembre de 2025, p. 20
Santiago. En Chile, la militante comunista Jeannette Jara, abanderada de la centroizquierda que en noviembre ganó la primera vuelta presidencial (26.9 por ciento), y el republicano pinochetista José Antonio Kast (23.9 por ciento) cerraron sus respectivas campañas de cara a la segunda vuelta de mañana, a la cual el conservador llega con aparente ventaja.
Ese favoritismo se sustenta en que la suma de votos que el 16 de noviembre obtuvieron los tres candidatos derechistas en competencia, alcanzó 51 por ciento; y a que quien llegó tercero, el populista Franco Parisi (19.7 por ciento) llamó a votar “nulo” en el balotaje.
Jara concluyó su campaña en la ciudad de Coquimbo, 450 kilómetros al norte de la capital chilena, donde, ante unos 20 mil partidarios, llamó a no dejarse arrastrar por la campaña de miedo que atribuyó a Kast, a defender las conquistas sociales que, estima, el ultraderechista pondría en riesgo en una eventual presidencia.
“Coquimbo sabe que nada llega por azar (…). Por eso es tan importante defender lo conquistado. Y así como tenemos derechos sociales, también tenemos derechos laborales que defender”, expresó.
Proclamó también que “las 40 horas se defienden, no se tocan”, en alusión a la reducción de la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales que ella logró aprobar cuando fue ministra del Trabajo, pese al voto en contra de los republicanos de Kast.
“También para combatir los abusos y la corrupción. Todos los delitos van a ser perseguidos en mi mandato, y las penas las cumplirán los delincuentes, sea que tengan 30 años o 70 años”, afirmó, aludiendo a la intención no negada por Kast de poner en libertad a condenados por delitos de lesa humanidad.
Kast cerró campaña en Temuco, 600 kilómetros al sur de Santiago, donde se esmeró en asociar a Jara como continuadora de la administración de Gabriel Boric, al cual no ha dejado de atacar.
“Este gobierno lo tuvo todo para hacer las cosas bien. No les faltó nada, no tuvo pandemia, no tuvo un estallido (social). Prometió solucionar todo y lo destruyó todo. Fueron capaces de destruir la educación en Chile, de destruir la pensión de salud, de quitarle el sueño de la casa propia a millones de chilenos”, dijo.
Se estima que unos 8.5 millones de electores sufragarán el domingo, de los casi 15 millones obligados a hacerlo, bajo la ley chilena.

Vicepresidenta española exige a Pedro Sánchez “cambio radical” en su gabinete
Yolanda Díaz señala “máxima gravedad” por presunta corrupción en el gobierno y en el PSOE denuncias de acoso sexual // Dimite titular de igualdad de ese partido
Armando G. Tejeda   Corresponsal
Periódico La Jornada  Sábado 13 de diciembre de 2025, p. 20
Madrid. La vicepresidenta segunda del gobierno español, Yolanda Díaz, y representante de la coalición de izquierdas Sumar, reclamó al presidente socialista, Pedro Sánchez, un “cambio radical y profundo” en el equipo de gobierno ante lo que califico de “situación insoportable”, derivada de los presuntos casos de corrupción investigados por la justicia y por las denuncias de cuatro casos de presunto acoso sexual contra dirigentes del Partido Socialista Español (PSOE).
En una entrevista televisiva, Díaz afirmó que “la situación es de máxima gravedad y requiere cambiar el gobierno de arriba a abajo porque así no se puede continuar, porque todo es un delirio. Así que toca actuar y reaccionar, se acabaron las reflexiones”. La también titular del ministerio de Trabajo explicó haber presentado tales exigencias a Sánchez.
Los presuntos casos de corrupción en el seno del gobierno y del PSOE se dividen en cuatro ramas: la trama de las mascarillas durante la pandemia, el fraude fiscal en la comercialización de hidrocarburos, los amaños de obra pública a cambio de “mordidas” y la del tráfico de influencias.
A esto se suman las denuncias por acoso sexual, que dañan uno de los lemas históricos de la izquierda en la defensa de la igualdad entre hombres y mujeres, que incluyen desde ayer dos nuevos casos: el del ex alcalde de Belalcázar, Francisco Luis Fernández, quien dimitió tras la publicación de unos mensajes que dirigió a una trabajadora del municipio; y el del alcalde de la localidad valenciana de Almussafes, Toni González, quien además es el número dos del partido en la región, señalado de acoso sexual por dos mujeres militantes del PSOE.
En tanto, ayer Silvia Fraga, secretaria de Igualdad del PSOE gallego, dimitió al cargo debido a la decisión de la dirección del partido de no informarle de las denuncias de acoso sexual contra el ex presidente de la diputación de Lugo y alcalde de Monforte Lemos, José Tomé, luego de que el líder socialista en Galicia, José Ramón Besteiro, reconoció que supo del caso en octubre pasado.
En el marco de la investigación policial sobre la denuncias de corrupción en torno al partido gobernante, ayer continuaron los registros y la inspección en la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, en la sede de la paraestatal Correos, en direcciones generales dependientes del ministerio de Hacienda, en el ministerio de Transición Ecológica y en la vicepresidencia primera del gobierno, que encabeza María Jesús Montero, “madrina” política de uno de los principales investigados en la trama, el ex presidente de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales, Vicente Fernández.
Se realizaron también una veintena de requerimientos de información en las sociedades públicas Sepi, Sepides, Enusa y Mercasa, y en domicilios de Madrid, Zaragoza, Sevilla y Navarra.
El gobierno español está formado por una coalición entre el PSOE y Sumar, que a su vez agrupa a cuatro partidos de izquierda, entre ellos el histórico Izquierda Unida (IU) y el Partido Comunista Español (PCE).

Los españoles y México
José M. Murià
Parece absurdo pedir perdón, nomás, por las barbaridades cometidas hace 500 años, cuando muchas más pueden considerarse hasta la fecha. Sin embargo, puede ser una buena ayuda para ir estableciendo una relación más armónica entre ambos países que un grupo de españoles deje establecido su repudio por lo que reprueban que hicieron salvajes y voraces antepasados a las civilizaciones originales mexicanas, aunque hayan pasado ya casi cinco siglos.
Tal sería el caso también si las relaciones contemporáneas tomaran en cuenta la valiosa cauda de migrantes españoles que hallaron refugio del abominable franquismo peninsular que, a la sombra y con el respaldo de Hitler y Mussolini, se estableció en España en 1939 y, aun después de a desaparición de éstos, se sostuvo hasta mediar los años 70.
Bien se sabe qué hubiera sucedido con tantos españoles de ideas “civilizadas” si no hubieran hallado cobijo seguro en México, además de buenas condiciones para desarrollarse personal y profesionalmente. Es muy curioso que no falten peninsulares hoy que tienen la cara dura de asegurar que no fueron más de unos 10 mil… Por lo menos, hasta 1942, el número de acogidos, gracias a lo cual salvaron la vida o, al menos, la libertad, merodea los 40 mil.
Pero no acabó ahí la cosa: parientes y amigos de los “refugiados” cruzaron también “el charco” a fines de los 40 y principios de la década siguiente, cuando se pudo hacer a “la buena”, aunque también tenían casi todos motivos sobrados para huir del franquismo.
En su mayoría, tales refugiados resultaron un alimento para México, aunque sus descendientes pueden dividirse entre quienes se mexicanizaron y los que se conservaron españolistas a ultranza y, peor aún, algunos que llegaron incluso a denostar la mexicanidad, no obstante los beneficios que de ella gozaron.
Por fortuna, con el paso del tiempo, los de categoría humana, sin perder el respeto por su origen, se convirtieron en mexicanos de verdad y, lo mismo que sus progenitores, han resultado muy benéficos para nuestro país.
Ello separó a unos y a otros y, claro, han sido los “mexicanistas” quienes, lo mismo que sus padres e, incluso, sus abuelos, han destacado muy favorablemente en el ámbito nacional.
Es el caso de que muchos ni siquiera dan fe de sus orígenes, entre otras cosas porque no es necesario y ello no les representa valor alguno. A fin de cuentas, nuestro país está formado por una retahíla de mexicanos cuyos padres o abuelos o algunos de ellos no nacieron aquí.
No sé si eso es a favor o en contra, pero es el caso de que tales mexicanos los son plenamente y, en general, de valía.
Lo que sí es cierto, aunque parece olvidarse a veces, es que México no tan sólo fue el único país que abrió las puertas de tal manera, sino que incluso hizo muchas y atinadas gestiones para que pudieran escapar de la Europa “facha”, gracias a lo cual muchos incluso salvaron la vida.
Poco se recuerda, por caso, la enorme gesta de don Gilberto Bosques Saldívar, representante de México en la Francia que no fue sometida por completo por los nazis, aunque bastante fascista resultó ser el mariscal Pétain, quien fue su gobernante.
Bosques fue primero –1939– cónsul general, luego embajador de México y finalmente hasta hecho prisionero por los nazis en virtud de todo lo que hizo a favor de los franceses y de otras nacionalidades, empezando por los españoles que habían logrado escapar del fascismo de sus paisanos.
No en vano, sendos homenajes le brindan, por ejemplo, nombres de calles de las ciudades de Viena y de Marsella, mientras en España casi no hay testimonios de gratitud.
A veces los españoles pierden de vista que la gran ayuda mexicana no consistió solamente en recibir y amparar a tantos miles de ellos en México, sino también en dar lugar a que tantos perseguidos allá fuesen protegidos para asilarse y salvarse acá.
Pero es el caso, vale reiterarlo, de que también dieron lugar a que, al principiar los años 50, muchos más parientes y amigos hallaron cobijo y refugio en esta tierra nuestra. Creo que puede hablarse en total de una cifra cercana a 50 mil españoles que, a fin de cuentas, por una vía o por otra, encontraron seguridad y el modo digno de vivir en nuestro país.

Europa en busca de autoestima
"Negocien con sus homólogos. Ustedes son la Unión Europea. Son 450 millones de personas y una economía de 20 mil millones de dólares. Actúen como tal”, así fue la demanda del economista Jeffrey Sachs en el Parlamento Europeo. Foto Afp  Foto autor
Beñat Zaldua
13 de diciembre de 2025 00:01
“Negocien con sus homólogos. Ustedes son la Unión Europea. Son 450 millones de personas y una economía de 20 mil millones de dólares. Actúen como tal”. La demanda del economista Jeffrey Sachs en el Parlamento Europeo, el pasado mes de marzo, sonaba casi a súplica. Nueve meses después, es ya un ruego colectivo. 
La nueva estrategia de seguridad nacional (ESN) de la Casa Blanca, que para delicia de los historiadores futuros ha puesto por escrito lo que la administración Trump venía ya haciendo, deja sin argumentos a los pusilánimes dirigentes de la Unión Europea. Contemporizar ha dejado de ser una opción. La peor parte se la llevan en el resto del continente americano, con el particular corolario a la Doctrina Monroe, pero a este lado del Atlántico, el terremoto no es menor. Déjenme compartir una versión europea del sismo. 
Trump arremete contra la Unión Europea, convierte en un zombi andante a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y anuncia sin tapujos la intención de entrometerse en procesos electorales a favor de la extrema derecha. La nueva ESN no sólo rompe la ficción acerca de una relación igualitaria entre socios, sino que dinamita muchos de los tótems sobre los que se ha erigido la Unión Europea. 
En Bruselas siguen dando señales de no haber entendido nada. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, tardó seis días en decir algo, que más bien fue nada: “Se supone que nadie debe interferir en los asuntos europeos”. La responsable de Exteriores, Kaja Kallas, fue todavía peor: “Lo que podemos extraer de esa estrategia de seguridad es que seguimos siendo aliados de Estados Unidos. No siempre vamos a estar de acuerdo en todo”. 
Sólo el presidente del Consejo Europeo, António Costa, dio signos de haber comprendido algo: “Ahora está claro. Los discursos de Vance en Múnich y los tuits de Trump se han convertido en la doctrina de Estados Unidos. Y debemos actuar de manera acorde”. 
¿Cuál es esa manera? Para empezar, hacerse valer y tomarse en serio a uno mismo. 450 millones de personas son más de las que viven en Estados Unidos. Si cada país europeo mira a Washington desde su pequeñez, resulta casi comprensible achicarse. Pero el conjunto comunitario, bien articulado, es una potencia en toda regla. Como país, sería el tercero más poblado del globo. 
La propia ESN certifica que “el comercio trasatlántico sigue siendo uno de los pilares de la economía mundial y de la prosperidad estadunidense”. Dicho en plata: 25 por ciento de los ingresos de las grandes tecnológicas estadunidenses provienen de Europa. Apple, Google, Meta y la Casa Blanca pueden poner el grito en el cielo cada vez que Bruselas pone una multa a una de las grandes tecnológicas –cada vez son más pequeñas–, pero no se van a ir del continente. No van a renunciar a un cuarto de su pastel. Va siendo hora de comprender las fortalezas propias. 
Y una vez asumida la mayoría de edad, a Europa le toca reformularse. Nada indica que los acontecimientos vayan a discurrir por este cauce, porque las mayorías son las que son, pero el fin relativo de la tutela estadunidense abre, objetivamente, una ventana de oportunidad. El momento ha situado a la izquierda continental en una tesitura extraña, porque pareciera que, para hacer frente a Trump, ahora toca defender una Unión Europea largamente criticada desde posiciones progresistas. 
Pero entre el repliegue abanderado por la extrema derecha y la actual Unión Europea, diseñada para la circulación de bienes y capitales en detrimento de la aspiración emancipadora de sus pueblos y habitantes, hay un término medio que pasa por recuperar viejos estandartes sobre otra Europa posible. Hay que hacerlo mientras se camina, pero reconstruir y recuperar la utopía no es un esfuerzo baldío. 
Sobre todo porque hay bases sobre las que hacerlo. Para ello hay que mirarse al espejo con un poco de autoestima. La narrativa instalada sobre Europa es la de un continente viejo, lleno de achaques, con una economía que no funciona.¿Pero de qué hablamos cuando hablamos de economía? ¿De verdad funciona mejor la economía de un país como Estados Unidos, con una esperanza de vida menor y unas ratios de desigualdad mucho mayores? Medirlo todo en función del producto interno bruto aleja los análisis de la economía real. 
La reciente encuesta realizada por Cluster 17 para Le Grand Continent da algunas pistas sobre los anhelos ciudadanos, que no se alinean, en términos generales, con la ola reaccionaria. Excepto en el Estado francés –uno de los eslabones más débiles de la cadena europea–, en todos se apuesta por una combinación estatal-continental como mejor forma de protegerse de los riesgos actuales. El 55 por ciento de los encuestados rechaza elegir entre Pekín o Washington a la hora de relacionarse con las grandes potencias y 48 por ciento considera ya a Trump como enemigo, frente a sólo 10 por ciento que lo califica de amigo. 
Y por encima de todo, 74 por ciento quiere seguir formando parte de la Unión Europea, una cifra que baja a 65 por ciento cuando se pregunta sobre el apego al euro, la moneda común. En esta brecha está una de las claves: el ideal de la unidad europea sigue en pie, es la forma neoliberal en la que se ha desarrollado la que muestra síntomas de un desgaste irreversible.