sábado, 13 de diciembre de 2025

EU pone fin a programas para reunir familias de siete países de AL

Argumenta mal uso del llamado “parole”
Ap, Afp y Reuters
Periódico La Jornada   Sábado 13 de diciembre de 2025, p. 19
Washington. El gobierno estadunidense suspendió los programas de reunificación familiar para ciudadanos de Colombia, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití y Honduras que tenían permiso de residencia temporal, conocido como “parole”.
“Este gobierno pone fin al abuso del parole humanitario que permitía a extranjeros insuficientemente evaluados eludir el proceso tradicional” de solicitud de reunificación, que posibilita traer a familiares a vivir al país, dijo el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) en un comunicado.
El DHS anunció que “pasa a restablecer el permiso a una evaluación caso por caso, tal como lo dispuso el Congreso”.
Usó como justificación que “el deseo de reunir a las familias no supera la responsabilidad del gobierno de prevenir el fraude y el abuso y de proteger la seguridad nacional y la seguridad pública”.
Los programas dedicados a Colombia, Ecuador, El Salvador, Guatemala y Honduras fueron implementados en 2023, cuando el demócrata Joe Biden era presidente de Estados Unidos.
Los de Cuba y Haití databan de 2007 y 2014, respectivamente, y fueron actualizados en agosto de 2023.
“‘Parole’ es por definición temporal, y por sí solo no constituye una base para obtener ningún estatus migratorio, ni equivale a una admisión en Estados Unidos” recalcó el DHS.
Asimismo, Washington retiró el estatus de protección temporal a los migrantes de Etiopía.
El DHS se congratuló esta semana de haber logrado la salida del país de más de 2.5 millones de inmigrantes ilegales, entre deportaciones forzadas, cifradas en 605 mil, y cerca de 1.9 millones de salidas voluntarias.
Usan fondos del Pentágono para perseguir migrantes
El gobierno del magnate republicano desvió 2 mil millones de dólares del Pentágono para financiar su cacería de migrantes y tiene planes de duplicar esa cifra en el próximo año fiscal, reveló un informe publicado por legisladores demócratas revisado por The Intercept.
El texto detalló que el Pentágono había asignado al menos mil 300 millones de dólares para recursos y despliegue de tropas en la frontera, 420 millones para la detención de inmigrantes en instalaciones militares en el país y en el extranjero, 258 millones para el despliegue de tropas en Los Ángeles, Portland y Chicago, y 40.3 millones para vuelos de deportación.
Por otra parte, el director del Centro Nacional contra el Terrorismo, Joe Kent, aseguró, sin aportar ninguna prueba, que “18 mil terroristas conocidos o sospechosos”, ingresaron a Estados Unidos durante la administración del ex presidente demócrata Joe Biden.
Kent afirmó también que de ellos, 2 mil “terroristas conocidos o sospechosos”, que su agencia identificó, llegaron como parte de las operaciones de transporte aéreo desde Afganistán, promovidas por Biden después de que ordenó, en agosto de 2021, el retiro de las tropas estadunidenses tras 20 años de ocupación.
Trump anuncia creación de la “visa platino”
El presidente Donald Trump anunció los preparativos para presentar una tarjeta “platino”, que concederá a sus poseedores “la posibilidad de pasarse hasta 270 días en Estados Unidos sin estar sujetos a impuestos sobre ingresos procedentes del exterior”, a cambio de una “contribución” de 5 millones de dólares.
El anuncio fue realizado en paralelo con el aviso del inicio de la venta esta semana de su prometida “tarjeta dorada”, que ofrece estatus legal y un eventual camino hacia la ciudadanía estadunidense para individuos que paguen un millón de dólares, y para corporaciones que desembolsen el doble por cada empleado nacido en el extranjero.
Trump presentó estas iniciativas como una forma para que Estados Unidos atraiga y retenga talento de alto nivel, todo mientras genera ingresos para las arcas federales.

El papel anestésico del mundial futbolero
Mascotas de la Copa Mundial de la FIFA 2026, Maple, el alce de Canadá, Zayu, el jaguar de México, y Clutch, el águila calva de Estados Unidos, llegando a la alfombra roja previo al sorteo final de la Copa Mundial de la FIFA 2026 en el Kennedy Center, en Washington D. C., Estados Unidos. 
Foto Xinhua  Foto autor
Fernando Buen Abad Domínguez*
13 de diciembre de 2025 00:03
Cada mundial futbolero funciona como un dispositivo gigantesco de anestesia social a escala planetaria mediante un despliegue simultáneo de negocios, publicidad, emoción, espectáculo y simulacro de identidad nacionalista colectiva, exageraciones hasta la náusea. Es un fenómeno que, en apariencia, celebra comercialmente la diversidad, la convivencia y la pasión deportiva, pero que, en su estructura profunda, se ha convertido en herramienta eficiente para desactivar el pensamiento crítico y encubrir las contradicciones más dolorosas del capitalismo global. 
Bajo esta maquinaria, millones de personas canalizan sus deseos, frustraciones y esperanzas hacia un acontecimiento que, lejos de convertirse en espacio de emancipación, sirve para reforzar la lógica del mercado y reproducir el orden dominante; olvidarse de las realidades más crudas. El opio del balón. 
Será un año de “reformas laborales”, pero durante las semanas del Mundial (incluso mucho antes y después), la atención colectiva se divorcia de la realidad cotidiana y se concentra en un relato épico cuidadosamente diseñado por vendedores. Las tensiones del empleo precario, la desigualdad estructural, el endeudamiento, la violencia, los recortes sociales y las crisis políticas quedan relegadas a un segundo o tercer plano, no porque hayan disminuido, sino porque el espectáculo ofrece una anestesia de escape que promete una ilusión de pertenencia y triunfo. 
El consumidor futbolero, que en su vida diaria carece de control sobre los procesos económicos que lo afectan, siente que participa en algo decisivo mediante la identificación simbólica con un equipo nacional, por el que paga fortunas inmensas. Esa identificación, sin embargo, está mediada por corporaciones, marcas globales, intereses financieros y organismos que han convertido el deporte de las patadas en un negocio multimillonario. 
El resultado es un dispositivo ideológico que transforma emociones legítimas en energía políticamente inutilizada. Su “mundial” no sólo desvía la atención, también reorganiza la sensibilidad social. La emoción colectiva es administrada y guiada por un guion previamente establecido, en el que cada partido se convierte en una narrativa de héroes, villanos, milagros y tragedias, diseñada para mantener al público en un estado de excitación emocional sostenida, bajo los monopolios mediáticos. 
La euforia es interrumpida por anuncios publicitarios que prometen felicidad instantánea en forma de consumo; las transmisiones repiten imágenes del pasado que consagran a jugadores como mitos modernos, mientras los estados aprovechan el entusiasmo para reforzar nacionalismos oportunistas y reactivar discursos patrióticos vacíos. La anestesia funciona porque la exaltación colectiva simula una comunidad que, en realidad, no se organiza para transformar su propia vida, sino para contemplar pasivamente un espectáculo ajeno a su control. 
Esa anestesia futbolera opera además mediante un mecanismo de sustitución simbólica; el triunfo del equipo nacional se presenta como triunfo del pueblo, aunque nada cambie en la vida material de ese pueblo. La victoria se experimenta como compensación simbólica que amortigua el descontento y reduce la propensión a la movilización política. En este sentido, el Mundial administra un goce colectivo que no conduce a ninguna transformación concreta, sino que recicla la frustración al final del torneo, preparando el terreno para que el ciclo comience nuevamente cuatro años después. Saturan el espacio público con mercancías ideológicas futboleras, análisis interminables, repeticiones, anécdotas, polémicas artificiales, narrativas emocionales y estrategias de mercadeo camufladas. 
La exageración premeditada crea un entorno donde resulta difícil mantener distancia crítica y donde incluso quienes no se interesan por el futbol quedan atrapados en el flujo simbólico que organiza la conversación pública. La lógica del rating se convierte en la lógica de la sensibilidad, y la opinión colectiva se moldea según las necesidades de las marcas, patrocinadores y corporaciones que sostienen el espectáculo. 
Esa anestesia también opera mediante la ilusión de igualdad. Durante el Mundial, se insiste en que “todas las naciones compiten en igualdad de condiciones”, como si la competencia deportiva eliminara mágicamente las desigualdades económicas, políticas y tecnológicas que atraviesan el planeta. 
Se presenta un escenario donde cualquier país puede “dar la sorpresa”, cuando en realidad la estructura económica del futbol profesional reproduce las desigualdades del sistema global: los mismos países dominan históricamente, las mismas potencias económicas controlan los clubes y las mismas corporaciones obtienen beneficios extraordinarios. El espectáculo oculta estas asimetrías bajo el brillo de la “fiesta deportiva”, transformando una estructura desigual en un show aparentemente democrático. 
Pese a todo, el futbol –como expresión humana– tiene un potencial liberador, creativo y comunitario. El problema no es el juego, sino su secuestro por parte de una industria que convierte la pasión popular en un flujo constante de capital. La tarea crítica consiste en recuperar el sentido humano del deporte e impedir que sea utilizado como instrumento de distracción masiva. 
Esto implica desarrollar una mirada capaz de atravesar la superficie del espectáculo y someter a crítica rigurosa los mecanismos económicos, políticos y sicológicos que lo sostienen. Solamente a partir de esa comprensión puede plantearse una práctica cultural que revalorice el juego como experiencia colectiva y no como mercancía emocional diseñada para neutralizar el descontento social. 
En vez de una comunidad anestesiada por el espectáculo, es necesario imaginar comunidades activas que organicen su energía emocional en torno a la solidaridad, la lucha por la justicia social y la creación de formas de vida más dignas. El desafío consiste en transformar la pasión popular en fuerza política y no en simple combustible para una maquinaria global que, mientras celebra el espectáculo, profundiza las condiciones que hacen necesaria la anestesia. 
En esa transformación reside la posibilidad de que la euforia colectiva deje de ser un paréntesis y se convierta en la construcción consciente de un mundo donde el juego vuelva a pertenecer al pueblo. Se trata de una anestesia que los pueblos pagan con sumas estratosféricas que van a parar al bolsillo de unos cuantos mercachifles. 
*Doctor en filosofía

“Entendimiento” de México y EU sobre Tratado de Aguas
Se liberarán 249.163 millones de metros cúbicos de líquido para el país vecino a partir de la próxima semana // El plan definitivo, a más tardar el 31 de enero
▲ A decir de Trump, nuestro país debe más de 986 millones de metros cúbicos .Foto Afp
Arturo Sánchez Jiménez
Periódico La Jornada   Sábado 13 de diciembre de 2025, p. 3
México y Estados Unidos alcanzaron ayer un entendimiento sobre la gestión del agua en la cuenca del Río Bravo, mediante el cual el gobierno mexicano se comprometió a liberar 249.163 millones de metros cúbicos de agua para Estados Unidos a partir de la semana del 15 de diciembre, mientras continúan las negociaciones para la retribución oportuna del déficit excepcional del ciclo de agua anterior y con la intención de concluir un plan definitivo a más tardar el 31 de enero de 2026.
El volumen acordado es ligeramente superior a los 246 millones de metros cúbicos, cuya entrega inmediata exigió esta semana el presidente estadunidense Donald Trump, aunque se mantiene muy por debajo de los más de 986 millones de metros cúbicos que, según el mandatario, México adeuda en total por el Tratado de Aguas de 1944.
Este tratado estipula entregas de líquido mutuas, y que Estados Unidos cumplirá con su cantidad de agua cada año, mientras que México podrá hacerlo en períodos de cinco años. El último lustro concluyó en octubre de 2025.
El acuerdo se anunció luego de que el lunes pasado, Trump acusó a México de violar el tratado bilateral de aguas y advirtió que impondría un arancel de 5 por ciento a los productos mexicanos si el líquido no se entregaba de manera inmediata.
En tanto, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha insistido que si bien México actúa bajo el principio de cumplir con los tratados internacionales, la defensa de los intereses nacionales y la garantía del abasto de agua para la población son la prioridad absoluta de su gobierno.
En un comunicado conjunto difundido anoche, ambos gobiernos señalaron que “han alcanzado un entendimiento sobre la gestión del agua para el ciclo actual y el déficit de agua del ciclo anterior bajo el Tratado de Aguas de 1944”, y reconocieron “la importancia crítica de las obligaciones de entrega de agua bajo el tratado y su impacto en nuestros ciudadanos”. También reafirmaron la necesidad de “aumentar el compromiso para mejorar la gestión oportuna del agua”.
El documento establece que México “tiene la intención de liberar 249.163 millones de metros cúbicos de agua para Estados Unidos, con entregas esperadas para iniciar en la semana del 15 de diciembre”, y precisa que ambos países revisaron “una serie de acciones para cumplir con las obligaciones del Tratado, incluida la retribución oportuna del déficit excepcional del ciclo de agua anterior”. En ese punto, se indica que los dos gobiernos “se encuentran en negociaciones y tienen la intención de finalizar el plan para el 31 de enero de 2026”.
No hubo violación, sino sequía extraordinaria
En un apartado firmado únicamente por México, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) subrayó que el país “no ha incurrido en violación alguna” al tratado.
Explicó que el acuerdo alcanzado se da en un contexto de “sequía extraordinaria y sin precedentes que ha afectado a usuarios de ambos países”, y que, aun así, México ha realizado entregas adicionales “siempre dentro del marco del tratado, la disponibilidad hidrológica y los límites operativos y de infraestructura de la región, sin afectar el agua para consumo humano y producción agrícola en la frontera”.
La SRE añadió que las acciones emprendidas en el último año demuestran que México cumple “conforme a la disponibilidad real del recurso”, y afirmó que el país continuará haciéndolo. Destacó que en las últimas semanas ambos países han trabajado “de manera intensa y coordinada” para definir una ruta técnica que permita atender el déficit del ciclo anterior con pleno respeto a los mecanismos binacionales y a la soberanía de cada país”.
Finalmente, el gobierno mexicano reiteró su disposición a colaborar “de manera constructiva” con Estados Unidos para asegurar un cumplimiento “mutuamente beneficioso” del tratado.