Foto Afp Foto autor
Ap
24 de marzo de 2026 17:48
California demandó al gobierno del presidente Donald Trump para bloquear lo que, según afirma, es una apropiación de poder sin precedentes: usar autoridad de emergencia para forzar el reinicio de una operación petrolera en alta mar que fue cerrada hace más de una década.
En la demanda, presentada ante un tribunal federal de San Francisco, se indica que una orden emitida el 13 de marzo por el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, excede su autoridad en virtud de la Ley de Producción para la Defensa, una norma de la era de la Guerra Fría.
“Por más que el presidente Trump afirme que existe una supuesta emergencia energética nacional, simplemente no es cierto”, declaró el fiscal general Rob Bonta a los periodistas. “Estados Unidos ya produce significativamente más petróleo y gas de lo que usamos; es una afirmación completamente inventada, destinada a congraciarse con la industria petrolera”.
La disputa legal enfrenta al gobierno de Trump y a Sable Offshore Corp. contra autoridades de California y grupos ambientalistas, y se produce mientras los precios del combustible se disparan tras el conflicto con Irán. Sable, que compró el sistema a ExxonMobil en 2024, dijo a sus inversionistas que la producción podría aumentar de unos 30 mil barriles de equivalentes de petróleo por día a más de 50 mil si reinicia sus operaciones, enviando crudo a refinerías en Los Ángeles, Bakersfield y el Área de la Bahía.
California argumenta que la ley de poderes de emergencia está pensada para priorizar contratos durante emergencias, no para anular la ley estatal ni forzar el reinicio de un oleoducto. El estado afirma que el gobierno no cumplió con los requisitos básicos de la ley, que incluyen demostrar una escasez real de energía.
La orden de Wright marcó la intervención federal más agresiva hasta ahora en una disputa de años. Una opinión legal emitida el 3 de marzo por el Departamento de Justicia de Estados Unidos había sentado las bases, al concluir que la orden de emergencia podría prevalecer sobre la ley estatal e incluso anular un decreto federal de consentimiento de 2020 que exige la aprobación del jefe de bomberos del estado de California antes de que el oleoducto pueda reiniciar sus operaciones.
Ap
24 de marzo de 2026 17:48
California demandó al gobierno del presidente Donald Trump para bloquear lo que, según afirma, es una apropiación de poder sin precedentes: usar autoridad de emergencia para forzar el reinicio de una operación petrolera en alta mar que fue cerrada hace más de una década.
En la demanda, presentada ante un tribunal federal de San Francisco, se indica que una orden emitida el 13 de marzo por el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, excede su autoridad en virtud de la Ley de Producción para la Defensa, una norma de la era de la Guerra Fría.
“Por más que el presidente Trump afirme que existe una supuesta emergencia energética nacional, simplemente no es cierto”, declaró el fiscal general Rob Bonta a los periodistas. “Estados Unidos ya produce significativamente más petróleo y gas de lo que usamos; es una afirmación completamente inventada, destinada a congraciarse con la industria petrolera”.
La disputa legal enfrenta al gobierno de Trump y a Sable Offshore Corp. contra autoridades de California y grupos ambientalistas, y se produce mientras los precios del combustible se disparan tras el conflicto con Irán. Sable, que compró el sistema a ExxonMobil en 2024, dijo a sus inversionistas que la producción podría aumentar de unos 30 mil barriles de equivalentes de petróleo por día a más de 50 mil si reinicia sus operaciones, enviando crudo a refinerías en Los Ángeles, Bakersfield y el Área de la Bahía.
California argumenta que la ley de poderes de emergencia está pensada para priorizar contratos durante emergencias, no para anular la ley estatal ni forzar el reinicio de un oleoducto. El estado afirma que el gobierno no cumplió con los requisitos básicos de la ley, que incluyen demostrar una escasez real de energía.
La orden de Wright marcó la intervención federal más agresiva hasta ahora en una disputa de años. Una opinión legal emitida el 3 de marzo por el Departamento de Justicia de Estados Unidos había sentado las bases, al concluir que la orden de emergencia podría prevalecer sobre la ley estatal e incluso anular un decreto federal de consentimiento de 2020 que exige la aprobación del jefe de bomberos del estado de California antes de que el oleoducto pueda reiniciar sus operaciones.
Popularidad de Trump cae a nuevo mínimo de 36%, tras ofensiva en Irán y alza de combustible
Reuters
24 de marzo de 2026 16:10
Washington. De acuerdo con una encuesta de Reuters/Ipsos, la popularidad del presidente estadunidense, Donald Trump, cayó en los últimos días a su nivel más bajo desde que regresó a la Casa Blanca, afectada por la subida de los precios del combustible y el rechazo generalizado a la guerra contra Irán.
La encuesta, de cuatro días y que finalizó el pasado lunes, reveló que el 36 por ciento de los estadunidenses aprueba la labor de Trump, lo que se compara con el 40 por ciento de la encuesta de Reuters/Ipsos de la semana pasada.
La opinión de los estadunidenses sobre Trump se ha deteriorado significativamente en lo que respecta a su gestión de la economía y el costo de la vida, porque los precios de la gasolina se han disparado desde que Estados Unidos e Israel lanzaron ataques coordinados contra Irán el 28 de febrero.
Solo el 25 por ciento de los encuestados aprobaba la gestión de Trump en materia de costo de la vida, una cuestión que fue el eje central de su campaña para las elecciones presidenciales de 2024.
Solo el 29 por ciento del país aprueba la gestión económica de Trump, la valoración más baja de cualquiera de las administraciones presidenciales de Trump e inferior a cualquier índice de aprobación económica de su predecesor, el demócrata Joe Biden.
Analistas señalaron que la encuesta apunta a un presidente que se enfrenta a una importante oposición pública. "Es importante que la gente sepa que el presidente comprende su sufrimiento y que la ayuda está en camino", indicó Amanda Makki, estratega política republicana y abogada.
La valoración general de Trump era del 47 por ciento en los primeros días de su presidencia y desde el verano boreal pasado, se había mantenido en torno al 40 por ciento, pero sigue sobre el mínimo de su primera administración, del 33 por ciento y ligeramente por encima del mínimo de Biden, del 35 por ciento.
La guerra en Irán podría estar cambiando eso para un presidente que asumió el cargo prometiendo evitar "guerras estúpidas".
La encuesta reveló que el 35 por ciento de los estadunidenses aprueba los ataques de Estados Unidos contra Irán, frente al 37 por ciento de la encuesta de la semana pasada. Alrededor del 61 por ciento desaprobaba la ofensiva, en comparación con el 59 por ciento de la semana pasada.
La encuesta, realizada en línea y de alcance nacional, recabó las respuestas de mil 272 adultos estadounidenses y tuvo un margen de error de tres puntos porcentuales.
Mullin jura oficialmente el cargo como el noveno Secretario de Seguridad Nacional
El presidente estadunidense Donald Trump observa mientras el recién juramentado secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, habla en el Despacho Oval de la Casa Blanca en Washington, D.C. Foto Afp Foto autor
la redacción
24 de marzo de 2026 13:02
Markwayne Mullin juró este martes como el noveno secretario del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) en una ceremonia en la Casa Blanca, quien ahora buscará hacer cumplir la política migratoria del presidente Donald Trump en sustitución de Kristi Noem, quien fue despedida este mes.
En su juramento ante la fiscal general, Pam Bondi, Mullin declaró que: "No me importa de qué color sea su estado. No me importa si son rojos o azules. Al fin y al cabo, mi trabajo es ser Secretario de Seguridad Nacional y proteger a todos por igual, y eso es lo que haremos".
Trump lo elogió como "una persona fuerte, profesional y justa", mientras Mullin y su esposa, Christie, observaban: “No me cabe duda de que cuando Markwayne tome las riendas del DHS, luchará por la seguridad nacional, por Estados Unidos, por garantizar la seguridad del país y por hacerlo realmente fuerte, como debe ser”.
El mandatario añadió que "el Departamento que Mullin toma el control está actualmente cerrado por matones demócratas de izquierda radical en el Congreso que han bloqueado toda la financiación para el DHS porque están tratando de proteger a delincuentes inmigrantes ilegales... En los últimos días, hemos visto las horribles consecuencias del extremismo mortal de los demócratas a favor de las fronteras abierta”.
Solidaridad con Cuba no es filantropía, es futuro
La solidaridad revolucionaria, en cambio, se sitúa en el terreno de la causalidad, no busca mitigar la injusticia, sino abolir las condiciones que la producen. Foto Marco Peláez Foto autor
Fernando Buen Abad Domínguez
25 de marzo de 2026 00:01
Solidarizarse con Cuba no es un gesto accesorio ni una concesión sentimental en la retórica de la beneficencia; es, en su sentido más profundo, una afirmación histórica del porvenir. No se trata de un acto moral aislado, sino de una práctica consciente que interpela la estructura misma de las relaciones sociales contra el capitalismo contemporáneo. Allí donde el orden dominante pretende someter toda vinculación humana al cálculo mercantil, la solidaridad con Cuba emerge como una negación activa de esa lógica, como una praxis que revela la posibilidad concreta de organizar la vida sobre fundamentos distintos: cooperación en lugar de competencia, dignidad en lugar de lucro, comunidad en vez de atomización.
Porque la experiencia cubana, lejos de ser un objeto exótico para la contemplación distante, constituye un campo de tensiones donde se expresa, con particular claridad, la lucha de clases en escala internacional. Su persistencia no puede comprenderse sin atender a la hostilidad sistemática que enfrenta: bloqueo económico, agresiones mediáticas, sabotajes financieros, aislamiento diplomático. Estas formas de violencia no son anomalías, sino instrumentos estructurales de una dictadura económica que castiga toda tentativa socialista. En este contexto, la solidaridad no es un suplemento ético, sino una necesidad estratégica.
Defender a Cuba es, en última instancia, defender la posibilidad misma de que los pueblos decidan su destino sin someterse a la dictadura del capitalismo en su fase imperial. Reducir la solidaridad a filantropía implica despolitizarla, despojarla de su contenido histórico y convertirla en un gesto compatible con el orden existente. La filantropía, en su versión burguesa, no cuestiona las causas de la desigualdad; se limita a administrar sus efectos, reproduciendo así la estructura que dice aliviar.
La solidaridad revolucionaria, en cambio, se sitúa en el terreno de la causalidad, no busca mitigar la injusticia, sino abolir las condiciones que la producen. Por eso, solidarizarse con Cuba no consiste en “ayudar” desde una posición de superioridad, sino en reconocerse en una misma trama de explotación y resistencia. Es un acto de identificación material con una lucha que desborda las fronteras nacionales. Y la conciencia de clase encuentra en este vínculo un momento de expansión cualitativa.
En un mundo donde la ideología dominante promueve la fragmentación, la competencia y el individualismo, la solidaridad internacionalista reconstruye la unidad de los explotados como sujeto histórico. No se trata de una abstracción moral, sino de una mediación concreta, la comprensión de que las condiciones de vida de los trabajadores en cualquier parte del mundo están determinadas por una misma lógica de acumulación que opera a escala global.
Así, la defensa de Cuba no es un asunto “externo”, sino una dimensión de la lucha interna contra las formas locales de dominación. Esa ofensiva ideológica imperial contra Cuba busca precisamente impedir esta comprensión. Mediante la saturación mediática, la distorsión informativa y la fabricación de calumnias, se intenta instalar la idea de que el modelo cubano es un fracaso intrínseco, una anomalía condenada por su propia naturaleza. Este relato oculta deliberadamente las condiciones materiales en las que se desarrolla la experiencia cubana, ignorando el peso decisivo del bloqueo y las agresiones externas.
Pero, más aún, busca desactivar la potencia simbólica de Cuba como referencia revolucionaria. La batalla, por tanto, no es sólo económica o política, sino semiótica; se disputa el sentido mismo de lo posible. En este terreno, la solidaridad adquiere una dimensión comunicacional decisiva. No basta con denunciar las agresiones; es necesario construir un campo de significación revolucionario que permita comprender la experiencia cubana en su complejidad y en su densidad histórica. Esto implica romper con las categorías impuestas por la ideología dominante y elaborar un lenguaje capaz de nombrar la realidad desde la perspectiva de los pueblos. La solidaridad se convierte así en una práctica de producción de sentido, en una intervención consciente en la lucha por la hegemonía cultural.
Cuba representa, en su forma concreta, una organización social que desafía la propiedad privada de los medios de producción y la subordinación de la vida al capital. Esta tentativa no es perfecta ni está exenta de contradicciones, pero su existencia misma constituye una amenaza para el orden dominante, y es atacada con intensidad.
Y por eso su defensa adquiere un carácter estratégico para superar el capitalismo. La solidaridad, en este sentido, no es una opción entre otras, sino una condición de posibilidad para la construcción de alternativas históricas. La fraternidad revolucionaria, como horizonte de lo nuevo, no puede reducirse a una consigna vacía. Es una práctica que exige organización, compromiso y claridad teórica. Implica reconocer que la emancipación no será el resultado de acciones aisladas, sino de un proceso colectivo que articule luchas diversas en un proyecto común.
En este marco, la relación con Cuba no debe entenderse como una adhesión acrítica, sino como un diálogo activo, una interacción que permita aprender de sus logros y de sus dificultades, integrando esa experiencia en una perspectiva más amplia de transformación social. Porque el futuro que se afirma en la solidaridad con Cuba no es una promesa abstracta, sino una posibilidad inscrita en las contradicciones del presente.
Allí donde el capitalismo muestra sus límites —crisis recurrentes, desigualdad creciente, devastación ambiental—, se abre la necesidad de pensar y construir formas de vida alternativas. Cuba, con todas sus tensiones, encarna una de esas formas posibles. Defenderla es, por tanto, defender la apertura de la historia frente a la clausura que impone el capital.
La solidaridad revolucionaria con Cuba es una forma de autodefensa histórica. No se trata sólo de proteger a un país, sino de preservar la posibilidad de imaginar y construir un mundo distinto. En un tiempo donde la ideología dominante insiste en que no hay alternativas, cada gesto de solidaridad afirma lo contrario, que la historia no está cerrada, que el futuro no está determinado, que la emancipación sigue siendo una tarea abierta.
Y esa afirmación, lejos de ser un acto de fe, es una práctica concreta que se inscribe en la lucha cotidiana de los pueblos. Así, la solidaridad deja de ser un adorno moral para convertirse en una herramienta de transformación. No es caridad, es conciencia; no es asistencia, es alianza; no es pasado, es porvenir. En ella se condensa la certeza de que la emancipación no será un regalo, sino una conquista colectiva, y que esa conquista comienza allí donde los pueblos se reconocen mutuamente como protagonistas de una misma historia en disputa.
*Doctor en filosofía
Cuba, Trump: política interna
Con esta desafortunada aventura, Trump alebresta cada vez más con mayor reciedumbre a su oposición interna. La imagen de Estados Unidos en el mundo se ha deteriorado a límites no deseados.
Foto Ap Foto autor
Luis Linares Zapata
25 de marzo de 2026 00:01
La isla, historia y pobladores forman un hermoso país. Trump, en cambio, es un individuo que nunca debió ser presidente de nuestro vecino del norte. Pero ambos son, casi necesariamente, sujetos de la política interna nacional. Lo son, qué duda, por la más estricta y vigilada, la más pensada y sentida preocupación de esta nación. Tanto el personaje como la penosa situación que impone a los cubanos hoy en día, se han situado dentro del horizonte la mirada, las preocupaciones y el sentimiento de los mexicanos.
Uno, el presidente, referente ineludible de seguridad en sus varias acepciones. La Cuba actual, sometida al más burdo, desparpajado e inhumano tratamiento, busca sortear el indeseado sitio, inescapable por ahora. Ante los dos extremos se ha situado, por deber y pasión, la presidenta de México. Y entre esos dos referentes ha venido circulando parte sustantiva de su tiempo y energía disponible.
Y, por lo que puede otearse, así seguirá por tiempo indefinido. Lo cierto es que estas dos pinzas que modelan su presente tienen mucho qué decir del presente nacional y de la textura del gobierno. Una de esas pinzas para defenderse con soltura de las presiones cotidianas y la otra para probar qué tan resilientes tendremos que ser para encontrar una salida que pueda auxiliar las tribulaciones de ese pueblo valiente. Lo que no se puede desechar como simple mal entendido o mal comprendido asunto de interés propio lo exige Cuba porque es, en verdad y por querencia, vital para los mexicanos.
Sin importar que neciamente se le niegue, afirme o acepte con firmeza tal categoría. Y de ahí habrá que partir para las alternativas que deberán diseñarse. La misma ejecución de planes y proyectos tampoco podrá ser puesta en duda. Varios de ellos se diseñan cuidadosamente con el paso de los días. La triste y torpe expectativa expresada por algunos difusores de cargar la culpa y responsabilidad a los sucesivos gobernantes de Cuba es parte de lo que ha llevado a tan difícil penuria actual. Gritos y acusaciones que son en realidad proyección de miedos, odios y desprecios clasistas.
No se les puede reconocer el mínimo valor de juicio a individuos que soslayan con intencionalidad perversa el efecto de un diseño imperial salvaje, abusivo y criminal. Buscar minimizar el sitio –o bloqueo si se quiere definir de esta manera– que han sufrido los cubanos es, además de supinamente tonto, una desvergüenza, carente de absoluta empatía. La élite americana junto con la cubana en el exilio, llegó hasta la manufactura y exportación de plagas, así como dinamitar aviones en vuelo para lograr sus aviesos propósitos. Sólo la continua negación de ciertas terapias y medicinas forman un cuadro imperdonable.
Hieren lo íntimo de las personas y oscurecen los trabajos sanitarios. Pero no se pueden olvidar, tampoco, los bloqueos de bienes, sabotajes, crímenes, uso ilegal de sistemas de control monetario y bancarios. Sin descartar y ningunear miles de formas adicionales usadas casi diariamente para impedir el sano desarrollo de su economía y el bienestar. Sobre todo si se considera el caso de una estructura financiera que no tiene los resortes indispensables para aplicar con efectividad contramedidas que los ayuden a sortear tales carencias impuestas y que la equilibren.
La última tropelía de ese espíritu imperial sin pizca humana lo presenta el bloqueo energético impuesto. Prohibir, a cualquier país enviar a los cubanos la indispensable dotación –aunque sea mínima– implica disponibilidad a peligrosa confrontación. Si no la ha habido es por cálculo precautorio de los demás. Trump en sus alardes parece arriesgarlo todo. No importa que en otras muchas circunstancias guerreras se retracte enredado en mentiras y promesas.
Con esta desafortunada aventura, Trump alebresta cada vez más con mayor reciedumbre a su oposición interna. La imagen de Estados Unidos en el mundo se ha deteriorado a límites no deseados. La oposición local, sea la partidaria, mediática o empresarial, endurecida ante los muchos y variados riesgos que acarrea este presente conflictivo, no cesa de lanzar premoniciones. Las acostumbradas catástrofes por venir se apilan veloces y recaen sobre la misma tranquilidad y laboriosidad ciudadana.
El gobierno de los morenos sigue empeñado en mejorar estándares económicos para asegurar la justicia distributiva prometida. La preparación de la competencia electoral venidera marcha con sus propias precauciones y tirones. El panorama parece propicio para la continuidad de la llamada Cuarta Transformación en sus modalidades mejoradas.