la redacción
06 de marzo de 2026 13:02
Ciudad de México. El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, participará este sábado 7 de marzo en la cumbre “Escudo de las Américas”, un encuentro que se celebrará en Doral, Florida y que estará encabezado por el presidente Donald Trump, informó el Departamento de Estado.
De acuerdo con el comunicado del Departamento de Estado, Washington recibirá a varios aliados del hemisferio occidental “para promover la libertad, la seguridad y la prosperidad en nuestra región”.
“Esta histórica coalición de naciones trabajará unida para impulsar estrategias que frenen la injerencia extranjera en nuestro hemisferio, las bandas y cárteles criminales y narcoterroristas, y la migración irregular y masiva”, añade el texto.
De acuerdo con los organizadores al encuentro asistirán:
• El presidente de Argentina, Javier Milei. • El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz Pereira.
• El presidente electo de Chile, José Antonio Kast. • El presidente de Ecuador, Daniel Noboa.
• El presidente de Costa Rica, Rodrigo Chaves Robles. • El presidente de El Salvador, Nayib Bukele.
• El presidente de República Dominicana, Luis Abinader. • El presidente de Guyana, Irfaan Ali.
• El presidente de Honduras, Nasry Tito Asfura. • El presidente de Panamá, José Raúl Mulino.
• El presidente de Paraguay, Santiago Peña.
• El presidente de Honduras, Nasry Tito Asfura. • El presidente de Panamá, José Raúl Mulino.
• El presidente de Paraguay, Santiago Peña.
• La primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar.
El conflicto en Irán es un “error” e “ilegal”: Pedro Sánchez, presidente de gobierno de España
Pedro Sánchez insistió en que el conflicto iniciado por EU e Israel contra Irán “está fuera de la legalidad internacional y es un error extraordinario. Es bueno ayudarse entre aliados cuando se tiene razón y también decir que es un error extraordinario cuando se está cometiendo. Es una guerra ilegal que vamos a pagar”. Imagen del 6 de marzo de 2026. Foto Europa Press Foto autor
Armando G. Tejeda, corresponsal
06 de marzo de 2026 10:42
Madrid. El presidente del gobierno español, el socialista Pedro Sánchez, explicó su postura ante la guerra abierta en Medio Oriente: “Tenemos la misma determinación en decir no a la guerra en Irán y en ser solidarios con un estado miembro de la Unión Europea (UE) víctima de ese conflicto”. Es decir, que mantiene su rechazo a la intervención bélica iniciada por Estados Unidos (EU) e Israel, que calificó de “error” y de “guerra ilegal”, y, al mismo tiempo, defiende la decisión de haber enviado a Chipre la fragata más grande y letal de su flotilla, la Cristóbal Colón, que tiene la encomienda de realizar únicamente labores de “defensa”. El mandatario español también anunció que esta decisión no la someterá al escrutinio del Parlamento.
Después de que el presidente de EU, Donald Trump, tildara al gobierno español “aliado terrible” y de “perdedor”, además de amenazarlo con romper las relaciones comerciales bilaterales mediante un “embargo”, el mandatario español volvió a referirse al conflicto, del que no hablaba desde su declaración institucional del pasado martes, en la que enarboló el “no a la guerra” de su administración.
Sánchez dio una rueda de prensa conjunta con el primer ministro de Portugal, Luis Montenegro, después de mantener un encuentro bilateral en la localidad andaluza de La Rábida, y en la que respondió algunas preguntas de los medios de comunicación, que le trasladaron las dudas que hay en torno a la postura del gobierno, entre ellas si es compatible entonar el “no a la guerra” y enviar al mismo tiempo una fragata militar a Chipre, y si esa decisión se puede adoptar sin someterla a votación en el Congreso de los Diputados.
Sánchez explicó que el envío de la fragata hacia el Mediterráneo oriental desde su despliegue inicial en el Báltico, junto el portaviones francés Charles de Gaulle, es a petición de Chipre, un país que también forma parte de la UE y de la Alianza Atlántica (OTAN): “Hemos dado apoyo en una misión de protección, defensa y rescate. Es una misión defensiva, nada ofensiva”. Después explicó que precisamente por la naturaleza “defensiva” de la operación no está obligado por ley a aprobarla en el Congreso, con lo que está avalada por la Ley de Defensa Nacional aprobada en 2005.
Sánchez volvió a comparar la situación actual con la guerra de Irak del 2003: “Hace 23 años un presidente del Gobierno nos metió en una guerra ilegal y tardó diez meses en comparecer en el Congreso”. Además insistió en que la guerra iniciada por EU e Israel contra Irán “está fuera de la legalidad internacional y es un error extraordinario. Es bueno ayudarse entre aliados cuando se tiene razón y también decir que es un error extraordinario cuando se está cometiendo. Es una guerra ilegal que vamos a pagar”, aseguró.
Sin hacer alusión directa al presidente Trump, Sánchez expresó su “enorme respeto” por la instituciones de ese país y su “admiración por el pueblo estadunidense”, al insistir en que “esta escalada bélica es una amenaza real para la prosperidad de las familias y empresas y va a impactar sobre todo en las economías domésticas, así que la disyuntiva no es si estamos a favor del régimen de Irán o no, sino si estamos a favor de la legalidad internacional y el respeto a los derechos humanos. Siempre hemos manifestado nuestra oposición a la represión del régimen iraní contra su población, particularmente contra mujeres y niñas, pero eso no significa que se deba violentar el orden internacional”, afirmó.
Pentágono investiga probable responsabilidad de fuerzas de EU en ataque a escuela de niñas en Irán
En esta fotografía aérea difundida por el Centro de Prensa Iraní, se observa a los dolientes cavando tumbas durante el funeral de los niños fallecidos en un supuesto ataque a una escuela primaria en Minab, provincia iraní de Hormozgan, el 3 de marzo de 2026. Afp Foto autor
Reuters
06 de marzo de 2026 10:42
Washington.- Investigadores militares estadunidenses creen que es probable que las fuerzas estadunidenses fueran responsables de un aparente ataque contra una escuela de niñas iraníes que causó la muerte de decenas de niñas el sábado, pero aún no han llegado a una conclusión definitiva ni han completado su investigación, según informaron dos responsables estadunidenses a Reuters.
Reuters no pudo determinar más detalles sobre la investigación, incluyendo qué pruebas contribuyeron a la evaluación provisional, qué tipo de munición se utilizó, quién fue el responsable o por qué Estados Unidos podría haber atacado la escuela.
El secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, reconoció el miércoles que el ejército estadunidense estaba investigando el incidente.
Los responsables, que hablaron bajo condición de anonimato para discutir asuntos militares delicados, no descartaron la posibilidad de que surjan nuevas pruebas que eximan a Estados Unidos de responsabilidad y apunten a otra parte responsable del incidente.
Reuters no pudo determinar cuánto tiempo duraría la investigación ni qué pruebas buscan los investigadores estadounidenses antes de que se pueda completar la evaluación.
La escuela de niñas de Minab, en el sur de Irán, fue alcanzada el sábado pasado durante el primer día de los ataques de Estados Unidos e Israel contra el país. El embajador de Irán ante la Organización de Naciones Unidas en Ginebra, Ali Bahreini, dijo que el ataque mató a 150 estudiantes; después las autoridades iraníes subieron la cifra a 171. Reuters no pudo confirmar de forma independiente el número de víctimas mortales.
El Pentágono remitió las preguntas de Reuters al Mando Central del Ejército de Estados Unidos, cuyo portavoz, el capitán Timothy Hawkins, dijo: "No sería apropiado hacer comentarios, dado que el incidente está siendo investigado".
La Casa Blanca no hizo comentarios directos sobre la investigación, pero la secretaria de prensa Karoline Leavitt dijo en una declaración a Reuters: "aunque el Departamento de Guerra está investigando actualmente este asunto, el régimen iraní ataca a civiles y niños, ".
Cuando se le preguntó sobre el incidente durante una rueda de prensa el miércoles, Hegseth dijo: "Lo estamos investigando. Por supuesto, nunca atacamos objetivos civiles. Pero lo estamos analizando e investigando".
El secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, dijo a los periodistas el lunes que los Estados Unidos no atacarían deliberadamente una escuela.
"El Departamento de Guerra lo investigaría si se tratara de un ataque nuestro, y les remito a ellos su pregunta", dijo Rubio.
Hasta ahora, las fuerzas israelíes y estadunidenses han dividido sus ataques en Irán tanto geográficamente como por tipo de objetivo, según dijeron un alto cargo israelí y una fuente con conocimiento directo de la planificación conjunta. Mientras Israel atacaba bases de lanzamiento de misiles en el oeste de Irán, Estados Unidos atacaba objetivos similares, así como objetivos navales, en el sur.
La Oficina de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU), sin decir quién creía que era responsable del ataque a la escuela, pidió el martes que se llevara a cabo una investigación.
"La responsabilidad de investigar el ataque recae en las fuerzas que lo llevaron a cabo", dijo la portavoz de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU, Ravina Shamdasani, en una rueda de prensa en Ginebra.
Las imágenes del funeral de las niñas el martes se mostraron en la televisión estatal iraní. Sus pequeños ataúdes estaban cubiertos con banderas iraníes y pasaron desde un camión a través de una gran multitud hacia el lugar de enterramiento.
Atacar deliberadamente una escuela, un hospital o cualquier otra estructura civil probablemente constituiría un crimen de guerra según el derecho internacional humanitario.
Si se confirmara la participación de Estados Unidos, el ataque se situaría entre los peores casos de víctimas civiles en décadas de conflictos estadunidenses en Medio Oriente.
Hegseth arremete contra la prensa estadunidense por usar las bajas en Irán para "hacer quedar mal" a Trump
Foto Afp Foto autor
Ap
06 de marzo de 2026 10:17
Washington. Las declaraciones del secretario de Guerra, Pete Hegseth, de que la prensa estadunidense enfatiza las bajas de Estados Unidos en la guerra con Irán porque “quiere hacer quedar mal al presidente” recuerdan algo que ha perdurado a lo largo de muchas décadas y conflictos: la tensión y el temor ante las noticias que recuerdan a los estadunidenses el costo humano de la guerra.
Hegseth arremetió contra las “noticias falsas” durante su sesión informativa en el Pentágono sobre la guerra, al referirse a los seis reservistas del ejército de Estados Unidos que murieron en un ataque iraní contra un centro de operaciones en Kuwait.
“Cuando unos cuantos drones logran pasar u ocurren cosas trágicas, es noticia de primera plana”, afirmó el secretario. “Lo entiendo. La prensa solo quiere hacer quedar mal al presidente. Pero intenten, por una vez, informar sobre la realidad. Los términos de esta guerra los fijaremos nosotros en cada paso”.
La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, redobló la apuesta cuando Kaitlan Collins, de CNN, le preguntó más tarde sobre el comentario en su propia conferencia de prensa. “Ustedes toman cada cosa que dice esta administración e intentan usarla para hacer quedar mal al presidente. Eso es un hecho objetivo”, sostuvo Leavitt.
A quienes vivieron la guerra de Vietnam en la década de 1960 les costaba sacudirse los recuerdos de imágenes explícitas transmitidas noche tras noche a los hogares a través de un invento entonces reciente: la televisión. Muchos creían que el impacto acumulado de ver ese sufrimiento todas las noches convirtió a los estadunidenses de partidarios en escépticos.
Desde entonces no se han visto en esa medida escenas tan vívidas e íntimas de la acción militar de estadunidenses, un legado que sigue vigente con la guerra que el presidente Donald Trump y Hegseth libran ahora en nombre de Estados Unidos.
“Para muchos presidentes, la lección parecía ser: no permitan que las realidades de la guerra entren en las salas de estar de la gente si pueden evitarlo”, señaló Timothy Naftali, investigador principal de la Escuela de Asuntos Internacionales y Públicos de la Universidad de Columbia.
Hoy, las imágenes de la guerra que ve el público pueden parecerse a un videojuego —explosiones que iluminan el cielo vistas desde lejos—, con el dolor mucho más en privado.
Generaciones atrás, durante la Segunda Guerra Mundial, los periodistas estaban integrados en las fuerzas armadas, y muchos se convirtieron en nombres conocidos: los reporteros Ernie Pyle y Walter Cronkite, los fotógrafos Robert Capa y Margaret Bourke-White. Sin embargo, esos fueron los días anteriores a la televisión.
Vietnam
Vietnam fue, posiblemente, la guerra estadunidense más accesible para los reporteros. Los periodistas desplegados en el país enviaban de regreso un flujo constante de muerte y destrucción.
Cronkite, para entonces presentador en CBS-TV del noticiero nocturno más popular en Estados Unidos, informó desde Vietnam en 1968 y concluyó que la única salida racional era una paz negociada. “Si he perdido a Cronkite”, dijo el presidente Lyndon Johnson, “he perdido a la clase media estadunidense”.
Durante la Guerra del Golfo en 1991, el presidente George H.W. Bush se enfureció por las imágenes televisivas presentadas en pantalla dividida que mostraban los ataúdes de miembros de las fuerzas armadas de Estados Unidos enviados de regreso al país mientras él, aparentemente sin saber el momento en que ocurría, bromeaba con reporteros sobre otro tema en la Casa Blanca. El Pentágono prohibió la cobertura de esas ceremonias, al afrmar que era para proteger la privacidad de los familiares de los fallecidos, aunque los críticos decían que el verdadero objetivo era evitar mostrar imágenes de ataúdes.
Esa prohibición, con algunas excepciones, se mantuvo hasta que el presidente Barack Obama la levantó en 2009.
Los reporteros que se acercaban al campo de batalla en las guerras libradas por las fuerzas armadas de Estados Unidos en la década de 2000 probablemente enfrentaban restricciones a sus movimientos, si es que se les permitía estar allí. Jessica Donati, reportera de The Wall Street Journal y Reuters que cubrió la guerra en Afganistán, escribió para el Modern War Institute en 2021 que “hoy en día es más fácil para los periodistas en Afganistán integrarse con los talibanes que con las fuerzas armadas de Estados Unidos”.
La naturaleza de esta guerra —que se libra a miles de kilómetros del territorio continental estadunidense y en la que aún no hay soldados en el territorio iraní— ha limitado el número de bajas estadunidenses y, por lo tanto, las ha hecho más perceptibles. Varios periodistas han señalado que la cobertura de las bajas militares es anterior a la presidencia de Trump. La declaración de Hegseth “es una manera distorsionada de ver el mundo”, dijo Jake Tapper, de CNN. “Ahistórica”.
“Los medios de comunicación cubren a los miembros de las fuerzas armadas caídos porque han hecho el máximo sacrificio por su país”, explicó. “Es un tributo. Es un honor”.
Ha habido relativamente poca cobertura desde el terreno en Irán. Un equipo de CNN encabezado por Frederik Pleitgen se convirtió el jueves en el primer grupo de periodistas de una cadena de televisión con sede en Estados Unidos en entrar al país, y él pasó el día recorriéndolo a toda prisa hasta llegar a Teherán.
Dan Lamothe, reportero de asuntos militares de The Washington Post, publicó en redes sociales que los comentarios de Hegseth no lo detendrán y que seguirá cubriendo las bajas de la guerra, como se ha hecho bajo presidentes de los dos principales partidos políticos.
“Estos esfuerzos no siempre han sido perfectos”, escribió Lamothe. “Pero han puesto de relieve los sacrificios de los miembros de las fuerzas armadas estadounidenses y de sus familias, y las deficiencias que a veces permitieron que ocurrieran estas muertes. Seguiremos haciéndolo. Es demasiado importante como para detenerse”.
Cuando Robert H. Reid fue editor principal de Stars and Stripes entre 2014 y 2025, descubrió que la audiencia del periódico, principalmente miembros de las fuerzas armadas, quería algo más que cifras en bruto cuando morían estadunidenses en acciones militares. Querían conocer detalles sobre la vida de quienes servían: dónde crecieron, a quiénes dejaron atrás, cuáles eran sus pasiones, contó.
Dentro de 10 o 20 años, muchas de estas personas serán olvidadas por todos salvo por quienes las amaron. Pero por lo que dieron por su país, merecen reconocimiento por sus vidas, dijo Reid, que ha sido corresponsal internacional de The Associated Press durante la mayor parte de su carrera.
“El público necesita saber que la guerra no es un videojuego”, afirmó Naftali. “Afecta a las personas”.
Marco Rubio
Fabrizio Mejía Madrid
Una de las diferencias entre las presidencias de Obama y Trump hacia Cuba es que, mientras uno pretendió abrirla a la inversión en telecomunicaciones, energía, turismo y agricultura, la otra estaba y está dirigida por Marco Rubio y se orienta a un triunfo personal, disfrazado de compromiso ideológico. Obama estuvo dispuesto, incluso, a ceder la base militar de Guantánamo, donde se encerró a supuestos terroristas sin juicio ni realmente investigación legal, para lograr un acuerdo de apertura que había sido diseñado desde los lobbies que predominan en el Partido Demócrata: American Airlines, Delta, US Airways, además de Netflix, Apacargo, Airlift, para el desarrollo portuario. Las farmacéuticas tienen especial interés en los avances de Cuba en medicamentos y vacunas y Western Union en sus remesas.
Por su parte, el cubano favorito de Trump, Marco Rubio, aparenta ser más duro e ideológico. Hasta trucó su propia biografía familiar para hacerse un exiliado de la revolución cubana y cosechar simpatías entre la oposición de Miami. Un reportaje en 2011 del Washington Post mostró que los papás, Mario y Oriales Rubio, emigraron a Florida el 27 de mayo de 1956, durante la dictadura de Fulgencio Batista y el reinado en la isla de ITT, United Fruit, y la mafia. Fidel Castro, Raúl, y el Che estaban en ese año en México apenas preparando el desembarco para irse a la Sierra Maestra. Rubio no es un exiliado de la revolución, sino un inmigrante económico, como muchos de los que hoy ataca la retórica de Trump.
El periodista del Washington Post, Manuel Roig-Franzia, publicó después una biografía donde evidencia que el abuelo de Rubio, Pedro Víctor García, llegó como inmigrante a Nueva York, pero no sobrevivió. Regresó a Cuba. Tampoco logró hallarse ahí, y volvió ilegalmente a Estados Unidos. Lo arrestaron y se ordenó su deportación pero la eludió durante cinco años, como muchos a los que hoy persigue el ICE.
La familia de Rubio tampoco es católica, como después dijo para atraer a sus votantes. La familia vivió en Las Vegas y se hizo mormona. Entre los nueve y los 13, Rubio practicó la religión familiar y hasta llegó a ir al show de los Osmonds. Luego se hizo bautista evangélico, pero dice que también va a la iglesia católica. Así también ha pasado por reaganiano, el Tea Party, a crítico de Trump (en 2016 lo llamó “estafador” y se burló de que era un junior que había heredado su fortuna) y ahora es el secretario de Estado de Trump. En 2016 consideró estratégico colocarse como hijo de una mucama de un hotel para contrastarse con el magnate pero, ahora, con el magnate en la presidencia, ya es un leal seguidor de Make America Great Again. Es decir, a Rubio se le saltan las costuras de su ambición desmedida. Cuando, durante su primer informe en días pasados, Trump le dijo que a Rubio lo quería la gente, el secretario de Estado no quiso pararse e hizo un gesto de humildad ensayado.
Él tiene dos pretensiones con Cuba: que los de Miami vuelvan a la isla y él ser el presidente de ellos. Lo ha hecho en su estilo taimado: reprodujo un tuit de un usuario que lo postulaba junto con la respuesta de Donald Trump: “¡Me suena bien!” Desde su ascenso en 1998, cuando era pro inmigrantes y se decía “salvador de Nancy Reagan” porque alguna vez la detuvo de tropezar, a Rubio lo apoya la vieja Fundación Nacional Cubano Americana que Jorge Mas Canosa fundó en 1981 para financiar Radio Martí. Mas Canosa era un terrorista que se entrenó para la fallida invasión a Bahía de Cochinos en 1961 y continuó hasta las bombas en hoteles de La Habana en 1997 y el intento de asesinar a Fidel Castro –uno de decenas– durante la cumbre de Isla Margarita, en Venezuela. Los Mas entraron en declive con la muerte de su paterfamilias y ahora son dueños del equipo de futbol de Miami que tiene a Lionel Messi.
Desde el 2016, a Rubio lo apoya otro lobby, Inspire America Foundation (IAF), una organización que tiene políticos, catedráticos muy connotados, y empresarios. Los políticos son los congresistas Ileana Ros Lehtinen, que apoyó el bloqueo con las leyes Torricelli y la Helms-Burton en los años 90, Carlos Curbelo, representante de Florida, Lincoln Díaz-Balart, que abogó por las elecciones sin comunistas a cambio de levantamiento del bloqueo, y Tomás Regalado, ex alcalde de Miami. Las propuestas de IAF son: echar para atrás los cambios de Obama, fortalecer Tv Martí, negar visas a los miembros del gobierno y el ejército cubano, y hacer campañas en Cuba, como la de Inspire America que dirige Marcell Felipe, un abogado que propuso que se prohibieran las remesas a la isla y que defendió que Bacardí se pirateara la marca de un ron cubano, Havana Club, que se produce en Cuba y comercializa el corporativo francés Pernod. Dicen los de Miami que las ganancias del ron “financian la represión”.
Además de éstos, los donantes a las campañas electorales de Rubio han sido el lobby pro Israel y la Coalición Judía Republicana; la industria de armas; GEO Group, la empresa de prisiones privadas; Norman Braman, dueño de los Eagles de Philadelphia; Larry Elison, de Oracle, que hace negocio con bases de datos; el especulador de las coberturas de riesgo, Paul Singer; y el zar del azúcar en Florida, Pepe Fanjul.
Pero eso fue antes. Rubio, ahora, se reivindicó en un discurso en Múnich como defensor de “los valores occidentales”. Para ello, presumió su origen español como una herramienta para hacerse agradable al discurso de la Ibedrósfera de Vox. Lo hace ahora que los “valores occidentales” están reducidos a uno solo: el racismo. Para él, la ideología es, como en muchos casos del trumpismo, sólo una herramienta para escalar posiciones. Ha cambiado su historia familiar, su religión, su postura política varias veces; tantas que, cuando se le cuestiona, ya su respuesta preferida es decir que no se acuerda. Esta semana parece que Marco Rubio quiere un cambio de régimen en Cuba porque quiere ser como Henry Kissinger: alguien que reordene al mundo, aunque sea para mal de todos los demás. Pero eso durará mientras esa impostura le sea útil.
Operación Farsa Épica
La “farsa” es el mejor término para hablar de la manera en cómo un mandatario que hasta hace poco se presentaba como el único capaz de traer la paz mundial con su “arte del trato” cambió sin parpadear esta retórica. Foto Afp / archivo Foto autor
Maciek Wisniewski
07 de marzo de 2026 00:01
Aunque desde el sábado pasado la Casa Blanca se ha empeñado en presentar al mundo la operación Furia Épica como la culminación del arte de la guerra –si bien no existe una declaración específica al respecto, pero para qué en su momento Donald Trump y su ghostwriter (Tony Schwartz) decidieron titular El arte de la negociación (The Art of the Deal, 1987), la conocida recopilación de las memorias y las “tácticas” de bienes raíces del magnate neoyorquino, si no para evocar al clásico de Sun Tzu−, tras una semana de bombardeos conjuntos estadunidenses e israelíes sobre Irán; lo único realmente “épico” de ella ha sido la desconexión entre la realidad y el espectáculo mediático del presidente estadunidense y sus funcionarios.
Y la “farsa” es el mejor término para hablar de la manera en cómo un mandatario que hasta hace poco se presentaba como el único capaz de traer la paz mundial con su “arte del trato” cambió sin parpadear esta –falsa y absurda, pero repetida ad nauseam– retórica por la de “infligir el máximo daño y sufrimiento” y como uno que no sólo criticó, sino que supuestamente “aprendió” de la debacle estadunidense en Irak (2003) se acaba de meter en apenas un par de días –según Trump el régimen iraní se iba a caer en 48 horas– en un pantano potencialmente parecido (o peor), mientras incluso la propia guerra de G. W. Bush se empezó a frustrar, según sus propios objetivos, sólo unos meses después del ataque.
De allí los desesperados, cambiantes y contradictorios intentos de justificar esta guerra (a la que en realidad nunca ha habido una justificación) y los igualmente desesperados, cambiantes y contradictorios intentos de definir sus objetivos y su horizonte, algo que nunca ha sido claramente delineado (“traer a los iraníes de vuelta a la mesa de la negociación”, “obliteración del programa nuclear iraní”, “libertad para la gente”, “un deal a lo Venezuela”, “el cambio total de régimen”, etcétera). Y si bien −si uno es lo suficientemente viejo para acordarse− podría parecer difícil de topar lo absurdo de algunas de las declaraciones de Bush Jr. de hace unos veintitantos años –“Nuestros enemigos son innovadores y tienen recursos, y nosotros también.
Ellos nunca dejan de pensar en nuevas formas de dañar a nuestro país y a nuestra gente, y nosotros tampoco” (NPR, 5/8/04)−, o de Donald Rumsfeld −“(…) hay cosas conocidas que sabemos; cosas que sabemos que sabemos. También hay incógnitas conocidas; es decir, sabemos que hay cosas que no sabemos. Pero también hay incógnitas desconocidas; aquellas que no sabemos que no sabemos” (C-Span, 12/2/02)− para Trump y su administración, y este bien podría ser su propio eslogan promocional, “no hay cosas imposibles”. Como cuando, presentándolo básicamente como un “logro” y un criterio por el que juzgar el “éxito” de su ataque, el presidente, mezclando libremente la “lógica” bushiana con la rumsfeldiana, admitió que la gente que Estados Unidos había identificado como posibles sucesores al poder en Irán… ha sido asesinada el fin de semana: “El ataque fue tan exitoso que eliminó a la mayoría de los candidatos. No será nadie en quien pensábamos porque todos están muertos. El segundo o tercer puesto está muerto” (ABC, 3/3/26); y en otra declaración del mismo día: “La mayoría de las personas que teníamos en mente han muerto.
Y ahora tenemos otro grupo. Es posible que también estén muertos, según los informes. Así que supongo que se avecina una tercera ola. Muy pronto no sabremos quiénes son” (Fox News, 3/3/26). No pues… Sun Tzu, von Clausevitz, von Moltke, todos los grandes estrategas de la guerra –los dos últimos alemanes, al igual que el propio abuelo de Trump que, de hecho, huyó en 1885 del Reino de Baviera a EU para evitar el cumplimiento de su servicio militar– no le llegan ni a los talones al presidente. Y que además, como un buen estratega, ya el domingo −como escribió uno de los periodistas–, en un desesperado afán de fijar algún escenario en el que podría declarar la victoria y dejar todo atrás, llamaba a todos y decía cualquier cosa, “tirando espaguetis a la pared” (a ver qué se pegaba).
Igualmente, pronto la operación Farsa (a.k.a. Improvisación) Épica se volvió extremadamente “flexible”, como igualmente aseguró Trump (Casa Blanca, 2/3/26) en un intento de afirmar “que el tiempo está de su lado”, siendo la “flexibilidad” un eufemismo para “no tenemos un plan de salida”. Pero tranquilo, todo va bien: “Califico esta guerra con un 15 sobre 10” (Afp, 4/3/26), dijo un par de días después el presidente, el tipo de puntuación que difícilmente funcionaría siquiera en El Aprendiz.
Aun así, sólo en un mundo indistinguible de los reality shows, saturado del kitsch y los clichés, el secretario de defensa/guerra de un país −en este caso Pete Hegseth− pudo haber comparado la situación de Irán con la del futbol americano: “El equipo sabía qué jugadas ejecutar porque sus primeras series ofensivas estaban guionadas. Pero ahora que el partido ha comenzado y la carga está en marcha, no saben qué jugadas pedir, y mucho menos cómo formar una reunión y pedirlas” (Yahoo, 4/3/26). “Increíble”, ni siquiera empieza a describirlo.
Como en caso de tantas otras decisiones de Trump (los aranceles vienen a la mente), la guerra en Irán es medio pensada, mal concebida y constituye una repetición de errores pasados: de la tragedia a la farsa, de vuelta a la tragedia, enjuagar y repetir... Sólo que ahora a mayor escala y con consecuencias potenciales aún más graves. Para disimularlo la Casa Blanca ya empezó a definirla como “una operación militar especial” (sic). Por más viejo que sea y por más que lo intente no me puedo acordar quién y cuándo hizo algo parecido y como va esta historia.