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Raúl Zibechi
15 de mayo de 2026 00:01
En los últimos años han proliferado los analistas que se autodenominan “geopolíticos”, dedicados a interpretar la realidad global y, de modo muy particular, las relaciones interestatales entre grandes y medianas potencias. Incluso en los movimientos de abajo, la tentación geopolítica está presente, llevando a algunos a tomar partido por China o Rusia, aunque otros también han optado por Irán, sin detenerse en la defensa de los pueblos (no de los gobiernos) ante las agresiones imperiales.
Son muchos los analistas geopolíticos que no dejan de hablar sobre la decadencia de Estados Unidos, que aseguran es un proceso inevitable que culminaría en el corto plazo, incluso durante la guerra contra Irán. Las presidencias de Donald Trump parecen estar avivando esta tendencia, de modo que el corto plazo, el inmediatismo, impide ver el largo proceso de decadencia que no empezó ayer ni va a terminar mañana. Frente a este conjunto de opiniones, que en no pocas ocasiones sustituyen a los análisis rigurosos, Immanuel Wallerstein se erige como quien fue capaz de enarbolar la mirada de la larga duración, inspirado en uno de sus maestros, Fernand Braudel.
En más de una ocasión, el historiador francés dijo que los acontecimientos son polvo, y lo contrapuso al largo plazo (la larga duración) que, dijo, es la mirada de los sabios. Comentaré un puñado de los importantes aportes de Wallerstein, centrándome en dos trabajos: “Estados Unidos y el mundo: ayer, hoy y mañana”, de 1992, y “Paz, estabilidad y legitimación: 1990- 2025/2050”, de 1994.
El primer comentario es que quienes ahora hablan hasta el cansancio de la decadencia de Estados Unidos deberían saber que Wallerstein comenzó a analizarla ya en la década de 1970, y que en las dos décadas siguientes se empeñó en profundizar esta convicción. Si fue capaz de preverla con tanta anticipación, no fue por una cuestión ideológica, sino atendiendo a los ciclos históricos de nacimiento, madurez y decadencia de todas las hegemonías globales en los últimos cinco siglos. Esto lo llevó a asegurar que el periodo entre 1990 y 2025/2050 “será muy probablemente un periodo de poca paz, poca estabilidad y poca legitimación”.
En consecuencia, el sistema-mundo (otro de sus aportes conceptuales al pensamiento crítico) ingresará en un periodo de caos sistémico que provocará múltiples bifurcaciones, y se restablecerá el equilibrio cuando se imponga uno de los caminos y se llegue a un nuevo orden sistémico. Lo segundo que quiero destacar es que Wallerstein situaba el comienzo de la decadencia de Estados Unidos y del sistemamundo capitalista en la “revolución mundial de 1968”, un concepto que también acuñó y que tiene la gran virtud de colocar la causa del declive del imperio en las luchas de clases, de pueblos y de las diversas opresiones, y no en la competencia entre potencias, como suelen hacer los analistas geopolíticos actuales.
Ésta no es sólo una cuestión política, sino básicamente ética y de coherencia analítica, ya que suscribió la máxima de Marx sobre la centralidad de las luchas de clases en la historia de la humanidad. Cuestión que tomó muy en serio y atravesó su mirada del sistema, que no colapsará por las supuestas leyes económicas, las crisis de sobreproducción o los deseados límites ambientales y sociales, sino por la organización y la resistencia de las y los de abajo.
Lo tercero es que en la década de 1990 comprendió que las vanguardias ya no eran necesarias y que la unidad y la disposición vertical de las fuerzas emancipatorias serían una traba para los cambios necesarios. En efecto, en el primero de los textos citados argumentó que, a la larga, los movimientos “sirvieron más para sostener el sistema que para minarlo”. Sus análisis comprendieron el sistema como un todo, incluyendo la “geocultura” liberal nacida al calor de la revolución francesa, ese el conjunto de ideas, valores y normas culturales que sostienen el sistemamundo capitalista y que comenzaron a agrietarse en torno a la revolución de 1968.
Entre ellas destaca que la pirámide antisistémica que llamamos centralismo democrático estuvo en la base de la deriva capitalista de los movimientos emancipatorios. A comienzos de los 90 pudo prever guerras nucleares locales, cuestión que recién ahora entra en el debate, y “una nueva peste negra” que aún no avizorábamos en el horizonte. Trazó relaciones entre la proliferación de nuevas enfermedades, como el sida, y la descomposición de la estatalidad, en un análisis que apuntaba que no hay varias crisis, sino una sola con múltiples manifestaciones. Elijo, para terminar, uno de sus asertos más profundos.
Dijo que la cima del sistema se está ampliando y que puede surgir un sistema con amplia libertad para la mitad de arriba y mucha opresión para la mitad de abajo. Esto sería un sistema estable: “un país mitad libre y mitad esclavo”, pero que por su estabilidad puede durar mucho tiempo. ¿No es esto, acaso, lo que está construyendo el progresismo?
Raúl Zibechi
15 de mayo de 2026 00:01
En los últimos años han proliferado los analistas que se autodenominan “geopolíticos”, dedicados a interpretar la realidad global y, de modo muy particular, las relaciones interestatales entre grandes y medianas potencias. Incluso en los movimientos de abajo, la tentación geopolítica está presente, llevando a algunos a tomar partido por China o Rusia, aunque otros también han optado por Irán, sin detenerse en la defensa de los pueblos (no de los gobiernos) ante las agresiones imperiales.
Son muchos los analistas geopolíticos que no dejan de hablar sobre la decadencia de Estados Unidos, que aseguran es un proceso inevitable que culminaría en el corto plazo, incluso durante la guerra contra Irán. Las presidencias de Donald Trump parecen estar avivando esta tendencia, de modo que el corto plazo, el inmediatismo, impide ver el largo proceso de decadencia que no empezó ayer ni va a terminar mañana. Frente a este conjunto de opiniones, que en no pocas ocasiones sustituyen a los análisis rigurosos, Immanuel Wallerstein se erige como quien fue capaz de enarbolar la mirada de la larga duración, inspirado en uno de sus maestros, Fernand Braudel.
En más de una ocasión, el historiador francés dijo que los acontecimientos son polvo, y lo contrapuso al largo plazo (la larga duración) que, dijo, es la mirada de los sabios. Comentaré un puñado de los importantes aportes de Wallerstein, centrándome en dos trabajos: “Estados Unidos y el mundo: ayer, hoy y mañana”, de 1992, y “Paz, estabilidad y legitimación: 1990- 2025/2050”, de 1994.
El primer comentario es que quienes ahora hablan hasta el cansancio de la decadencia de Estados Unidos deberían saber que Wallerstein comenzó a analizarla ya en la década de 1970, y que en las dos décadas siguientes se empeñó en profundizar esta convicción. Si fue capaz de preverla con tanta anticipación, no fue por una cuestión ideológica, sino atendiendo a los ciclos históricos de nacimiento, madurez y decadencia de todas las hegemonías globales en los últimos cinco siglos. Esto lo llevó a asegurar que el periodo entre 1990 y 2025/2050 “será muy probablemente un periodo de poca paz, poca estabilidad y poca legitimación”.
En consecuencia, el sistema-mundo (otro de sus aportes conceptuales al pensamiento crítico) ingresará en un periodo de caos sistémico que provocará múltiples bifurcaciones, y se restablecerá el equilibrio cuando se imponga uno de los caminos y se llegue a un nuevo orden sistémico. Lo segundo que quiero destacar es que Wallerstein situaba el comienzo de la decadencia de Estados Unidos y del sistemamundo capitalista en la “revolución mundial de 1968”, un concepto que también acuñó y que tiene la gran virtud de colocar la causa del declive del imperio en las luchas de clases, de pueblos y de las diversas opresiones, y no en la competencia entre potencias, como suelen hacer los analistas geopolíticos actuales.
Ésta no es sólo una cuestión política, sino básicamente ética y de coherencia analítica, ya que suscribió la máxima de Marx sobre la centralidad de las luchas de clases en la historia de la humanidad. Cuestión que tomó muy en serio y atravesó su mirada del sistema, que no colapsará por las supuestas leyes económicas, las crisis de sobreproducción o los deseados límites ambientales y sociales, sino por la organización y la resistencia de las y los de abajo.
Lo tercero es que en la década de 1990 comprendió que las vanguardias ya no eran necesarias y que la unidad y la disposición vertical de las fuerzas emancipatorias serían una traba para los cambios necesarios. En efecto, en el primero de los textos citados argumentó que, a la larga, los movimientos “sirvieron más para sostener el sistema que para minarlo”. Sus análisis comprendieron el sistema como un todo, incluyendo la “geocultura” liberal nacida al calor de la revolución francesa, ese el conjunto de ideas, valores y normas culturales que sostienen el sistemamundo capitalista y que comenzaron a agrietarse en torno a la revolución de 1968.
Entre ellas destaca que la pirámide antisistémica que llamamos centralismo democrático estuvo en la base de la deriva capitalista de los movimientos emancipatorios. A comienzos de los 90 pudo prever guerras nucleares locales, cuestión que recién ahora entra en el debate, y “una nueva peste negra” que aún no avizorábamos en el horizonte. Trazó relaciones entre la proliferación de nuevas enfermedades, como el sida, y la descomposición de la estatalidad, en un análisis que apuntaba que no hay varias crisis, sino una sola con múltiples manifestaciones. Elijo, para terminar, uno de sus asertos más profundos.
Dijo que la cima del sistema se está ampliando y que puede surgir un sistema con amplia libertad para la mitad de arriba y mucha opresión para la mitad de abajo. Esto sería un sistema estable: “un país mitad libre y mitad esclavo”, pero que por su estabilidad puede durar mucho tiempo. ¿No es esto, acaso, lo que está construyendo el progresismo?
México y Canadá: una alianza crucial entre potencias medias
Cameron MacKay*
En un mundo de tensiones comerciales, fragmentación geopolítica y creciente incertidumbre, Canadá y México están llegando a la misma conclusión: necesitamos profundizar nuestra asociación para construir un mundo mejor. En un momento en que las certezas se desvanecen, nuestra relación ya no es simplemente conveniente. Se ha vuelto estratégica.
Como dijo el primer ministro Carney: “Las potencias medias deben actuar juntas, porque si no estamos en la mesa, estamos en el menú”. Para Canadá, México es un socio clave en este esfuerzo: un país con el que queremos profundizar los lazos comerciales, fortalecer las cadenas de suministro y ampliar las oportunidades para empresas, trabajadores y comunidades en beneficio de todos nuestros ciudadanos. Al mismo tiempo, promovemos valores como los derechos humanos, el desarrollo sustentable, la solidaridad y la soberanía e integridad territorial de los estados.
La semana pasada, tuve el privilegio de acompañar al secretario Marcelo Ebrard y a cientos de líderes empresariales mexicanos en su misión comercial a Canadá. La delegación reunió a más de 240 empresas enfocadas en sectores como infraestructura, manufactura, energía, agroalimentación e innovación.
Las reuniones fueron productivas. Pero más allá de la agenda formal, algo más quedó en evidencia: un genuino sentido de urgencia. No sólo para fortalecer los lazos, sino para construir juntos algo más ambicioso. Como muchos participantes dijeron, el momento para una asociación más sólida entre Canadá y México no es mañana. Es ahora.
La visita de la delegación mexicana a Canadá se sumó al dinamismo generado por la misión comercial canadiense a México en febrero de 2026, que reunió a casi 400 delegados canadienses en la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, generando cerca de 2 mil reuniones entre empresas, emprendedores e inversionistas canadienses y mexicanos. El entusiasmo por ampliar la colaboración económica es inconfundible.
Ya hay señales concretas de esta relación en crecimiento. Grupo Bimbo anunció recientemente inversiones de aproximadamente 200 millones de dólares para modernizar sus operaciones en Canadá, mientras que Solar International Core Canada se comprometió a invertir 2 mil millones de dólares para construir una planta farmacéutica en Hidalgo. Estos anuncios reflejan un compromiso de invertir en ambos países, crear empleos, fortalecer las industrias y generar prosperidad compartida.
La cooperación entre Canadá y México es esencial si queremos que América del Norte siga siendo competitiva, resiliente y capaz de responder a una economía global cada vez más incierta. A medida que las cadenas de suministro se transforman y las presiones geopolíticas se intensifican, una coordinación más estrecha entre socios de confianza es indispensable.
No partimos de cero. Tenemos más de ocho décadas de una relación sustentada en la confianza, el libre comercio y la convicción de que nuestras economías complementarias se fortalecen cuando avanzan juntas. Hoy, nuestra relación comercial supera los 100 mil millones de dólares, con un comercio de bienes que se ha multiplicado por 13 desde la entrada en vigor del TLCAN, junto con crecientes vínculos en materia de inversión y servicios.
Sin embargo, cada vez que hablo con líderes empresariales, emprendedores e innovadores de ambos países, surge la misma observación: apenas estamos comenzando a comprender todo el potencial de esta relación.
Tras décadas de libre comercio, Canadá y México no sólo pueden hacer más juntos: deben hacerlo.
La presidenta Sheinbaum dijo: “queremos avanzar hacia una relación aún más dinámica y equilibrada que impulse la innovación y genere bienestar compartido". El trabajo reciente liderado por su administración, junto con el secretario Ebrard y el secretario Velasco, refleja una clara comprensión de que nuestra integración debe traducirse en inversión, innovación, mejores empleos y una mayor resiliencia económica para nuestras sociedades.
Estamos abriendo nuevos caminos en áreas como sostenibilidad, tecnologías limpias y resiliencia logística: sectores que definirán la competitividad y la seguridad económica en los próximos años.
Compartimos más que geografía. Compartimos la responsabilidad de construir cadenas de suministro más sólidas, atraer inversión estratégica, proteger los empleos y garantizar que el crecimiento económico beneficie a todos los miembros de nuestras sociedades.
La misión comercial de México a Canadá me dejó la convicción clara de que cuando trabajamos juntos, América del Norte se vuelve más fuerte, más resiliente y está mejor preparada para enfrentar los desafíos globales.
En septiembre pasado, nuestros líderes anunciaron la elevación de nuestra relación a una Asociación Estratégica Integral. Y ahora, estamos trabajando de la mano hacia un futuro mejor.
* Embajador de Canadá en México
Inversiones de mexicanos en el exterior equivalen a 9% del PIB
Cuadruplican ingreso de capitales productivos de 2025
En seis años se triplicó el monto de valores de EU en manos de connacionales
Dora Villanueva
Periódico La Jornada Viernes 15 de mayo de 2026, p. 16
Una riqueza de mexicanos equivalente a poco más de 9 por ciento del producto interno bruto (PIB) nacional se encuentra fuera del país, en centros financieros, y es transferida en forma de acciones, bonos, participaciones en fondos de inversión y depósitos bancarios asociados, de acuerdo con el Atlas del Mundo Offshore.
Con base en los estimados del PIB nominal que publica el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), ese 9 por ciento del PIB equivalía a 3 billones 267 mil 900 millones de pesos al cierre de 2025 (alrededor de 183 mil millones de dólares). Esta cifra es igual a 78 por ciento de los 4 billones 201 mil 513 millones de pesos que alcanzó la deuda externa de México en el mismo periodo, según la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.
Los datos recabados hasta 2023 muestran que prácticamente la mitad del patrimonio financiero extraterritorial de los hogares mexicanos (alrededor de un billón 670 mil millones de pesos, equivalentes a 4.6 por ciento) se encuentran en Estados Unidos; 0.65 por ciento en los centros financieros de Europa; 2.1 por ciento más en Asia y 1.7 en Suiza, en todos los casos como proporción del PIB, de acuerdo con la plataforma del Observatorio Fiscal de la Unión Europea.
El Atlas del Mundo Offshore reporta que, a nivel global, la riqueza financiera extraterritorial de los hogares ronda 7 por ciento del total desde el inicio del siglo, a pesar de los avances en transparencia fiscal internacional.
En el caso de México, estos recursos fuera del país se ubican por encima de la media global, en poco más de 9 por ciento del PIB de 2023, lo que en ese año representó alrededor de una quinta parte de la deuda pública del país.
“Si bien los países de altos ingresos aún concentran la mayor parte de estos activos, la proporción en manos de países de ingresos medios-altos ha aumentado. Al mismo tiempo, la geografía de la intermediación extraterritorial se está desplazando de Suiza hacia los centros financieros asiáticos, de Reino Unido y Estados Unidos”, apunta la plataforma.
En términos comparativos, los alrededor de 183 mil millones de dólares de riqueza de hogares mexicanos en centros financieros fuera del país prácticamente triplican las remesas del último año, que sumaron 61 mil 791 millones de dólares, de acuerdo con el Banco de México. O multiplican por 4.47 el flujo anual de inversión extranjera directa en el país, de 40 mil 871 millones de dólares el año pasado, según reportes de la Secretaría de Economía.
Flujos hacia Estados Unidos
Datos del Departamento del Tesoro estadunidense actualizados a febrero muestran que en siete años se triplicó la tenencia de mexicanos en valores de Estados Unidos. Esto incluye deuda pública, de agencias gubernamentales y bonos de corporativos privados, así como acciones.
En total, la tenencia de valores estadunidenses en manos de mexicanos pasó de 80 mil 55 millones de dólares en febrero de 2020 a 237 mil 420 millones en el periodo comparable de 2026, lo que resulta en un avance de 196.6 por ciento.
Sólo en bonos del Tesoro, la tenencia por mexicanos pasó de 40 mil 427 millones de dólares a 71 mil 920 millones, un aumento de 77.9 por ciento, mientras la posesión de bonos de agencias estadunidenses –títulos de deuda emitidos por empresas patrocinadas por el gobierno o departamentos federales– cayó 23.46 por ciento, de 8 mil 933 millones de dólares a 6 mil 837 millones entre enero de 2020 y el mismo mes de 2026.
En cuanto a los recursos de mexicanos en el sector privado de Estados Unidos, los registros muestran que la tenencia de bonos corporativos pasó de 5 mil 650 millones de dólares a 12 mil 282 millones (117.4 por ciento más), mientras en acciones se disparó 484.5 por ciento, de 25 mil 45 millones de dólares en febrero de 2020 a 146 mil 381 millones en el mismo mes de 2026.
México SA
Carlos Fernández-Vega
▲ La presidenta nacional de Morena, Ariadna Montiel, en imagen del miércoles pasado durante las mesas de diálogo con los partidos del Trabajo y Verde.Foto Germán Canseco
De un lado, la “gobernadora” Maru Campos hace limpieza industrial en su intento de evadir responsabilidades en el caso de la ilegal operación de agentes de la CIA en el estado (originalmente, defenestró al fiscal general de la entidad y ahora pasó a cuchillo al de Operaciones Estratégicas y Antisecuestro de Chihuahua, Guillermo Arturo Zuany Portillo) y –mediante la inacción del Congreso local, la difusión de videos más que mediocres y una gruesa pauta publicitaria para los medios– se lava las manos en la creencia, falsa desde luego, de que así apagará el “entuerto”.
Del otro, Morena cree que con marchas, manifestaciones y/o mítines partidistas logrará el objetivo de iniciar el procedimiento legislativo-judicial para desaforar a la “gobernadora”, de acuerdo con la convocatoria que ha hecho la flamante dirigente del guinda, Ariadna Montiel, quien hace un llamado a la militancia para que mañana se lleve a cabo una “movilización social” en Chihuahua para exigir juicio político contra la gringa blanquiazul por lo que ha sido documentado en su contra, es decir, la ilegal operación de agentes de la CIA en la citada entidad, con su venia, quien con toda desfachatez asegura que respetará dicha movilización, porque “hay garantías de legalidad, libre expresión y se permite el derecho a protestar”.
Pues bien, ni uno ni otro, porque el “asunto” de la “gobernadora” de Chihuahua (a quien todo le resbala, aunque está involucrada hasta las manitas) no se resolverá con la inacción del Legislativo estatal, los videos de ínfimo contenido y la gruesa pauta publicitaria para los medios, y mucho menos con marchas, manifestaciones, mítines o como quieran llamarles, sino por medio del procedimiento legal que claramente establece el artículo 110 constitucional: “Los titulares de los poderes ejecutivos de las entidades federativas (…) sólo podrán ser sujetos de juicio político por violaciones graves a la Constitución y a las leyes federales que de ella emanan” (como la de Seguridad Nacional), es decir, las que flagrantemente violó Maru Campos. Y para ello debe intervenir la Fiscalía General de la República (FGR), y el Congreso (diputados y senadores) desaforar y proceder judicialmente.
Así de sencillo, aunque siempre hay un pero: negociaciones políticas bajo el agua, arreglos en lo oscurito, “retrasos” artificiales para proceder, etcétera, etcétera, con lo que la “procuración de justicia” resulta especialmente lenta, si es que al final de cuentas llega a darse. Por ejemplo, ¿cuánto tiempo ha transcurrido desde que se anunció “juicio político” a Alejandro Alito Moreno (quien, por cierto, apoya a Maru Campos), a Cuauhtémoc Blanco y demás “joyas” de la política nacional? Todo, y siguen en sus puestos, con fuero y tan campantes. Y en la tienda de enfrente, en el reciente caso de Rubén Rocha –sin fuero– se puede proceder sin más que pruebas, pero no arrancan. Eso sí, los partidos políticos nunca se detienen si se trata de gritos, sombrerazos, “denuncias” y mentadas de madre en el Congreso, siempre en el plano retórico y propagandístico, porque los imputados gozan de cabal impunidad.
Y en el peloteo, la presidenta Sheinbaum pinta su raya: será la FGR “la instancia que determine, con base en las investigaciones que realiza actualmente, quiénes fueron los responsables de violar la Ley de Seguridad Nacional y la Constitución, al permitir la intervención de efectivos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos en el operativo para desmantelar un narcolaboratorio en la sierra Tarahumara”. Además, se deslindó de la convocatoria que hizo la dirigente de Morena, Ariadna Montiel, para realizar este sábado una movilización en la entidad norteña con el fin de pedir juicio político contra la gobernadora de Chihuahua, la panista María Eugenia Campos. “Es decisión de Morena; nosotros no intervenimos en eso, es una llamada del partido político; Morena tiene autonomía para desarrollar sus actividades” ( La Jornada, Alma E. Muñoz y Arturo Sánchez).
Entonces, no más pretextos ni negociaciones en lo oscurito para proceder contra la gringa: no será por medio de mítines, manifestaciones y/o concentraciones populares ni por la enorme capacidad de fingir demencia que tiene Maru Campos. No más largas y largas: hay que actuar ya. La justicia no puede estar condicionada a los “acuerdos” bajo la mesa, menos en un caso de violación constitucional.
Las rebanadas del pastel
Mientras lleva a cabo su masacre social para matar de hambre a los argentinos, el enloquecido Javier Milei nada impunemente en la enorme alberca de corrupción construida por su gobierno. Otro que está por caer.
X: @cafevega cfvmexico_sa@hotmail.com
