domingo, 28 de junio de 2026

A 43 años de la huelga del Sutin.

Antonio Gershenson
Artículo póstumo escrito poco antes de su fallecimiento el 5 de junio
Han pasado más de cuatro décadas desde aquel esperado estallido de la huelga del Sutin. Un gran logro y también el resultado del trabajo organizado y disciplinado que siempre procurábamos. Una manifestación de lucha que, hoy, una pequeña parte de la población recuerda todavía. Entre ellos, los involucrados en el tema de la energía nuclear en nuestro país. Una huelga única en su clase y que pudo haber cambiado el rumbo del sustento energético en México.
En 1983, el 30 de mayo, trabajadores del sector nuclear, Sindicato Único de Trabajadores de la Industria Nuclear (Sutin) levantaron la voz en protesta por las pésimas condiciones laborales, pues en aquel entonces, el ex presidente Miguel de la Madrid Hurtado y el Poder Legislativo habían expuesto la integridad de los trabajadores del Sutin. Obreros, investigadores, científicos, entre otros, defendieron los derechos laborales que les correspondían por ley, sin embargo y no obstante el éxito organizativo de la huelga, ésta fue diezmada por el gobierno neoliberal en turno.
Pero, la derrota no fue sólo para el Sutin, fue un gran golpe para el desarrollo de la industria y soberanía energética de México. El resultado fue que nuestro país continuó sumergido, aún más y hasta la fecha, en el consumo y dependencia total de los combustibles fósiles.
¿Cómo impactó la derrota de la huelga del Sutin? En pocas palabras y en boca de los que estuvimos presentes en aquel movimiento sindical, fue como ver una puerta enorme cerrándose en nuestras narices. El gobierno, fiel a las órdenes del gobierno de Estados Unidos, cumplió con las medidas impuestas por aquel gobierno para hacer del nuestro, un país dependiente de la industria de los hidrocarburos. Como país petrolero, importaba ser sustentable en la producción de una energía no renovable, aunque menos limpia e independiente.
En resumen, se sabe bien que la soberanía económica de México ha sido destrozada desde los gobiernos del PRI y posteriormente del PAN. Vendiendo a diestra y siniestra las empresas nacionales y los recursos naturales de nuestro país. Los beneficiados han sido, como ya lo sabemos, las industrias privadas extranjeras y algunas del país. Pasó con los ferrocarriles nacionales, minería, teléfonos de México, televisoras del Estado y claro, la desaparición de la empresa paraestatal Uramex, entre otras. Pero, hoy empezamos a contar otra historia.
El Sutin en aquel entonces sabía por dónde era la jugada de aquel mandatario y su gobierno autoritario y represor. En principio, acabar con los movimientos democráticos sindicalistas, pues eran un verdadero peligro para el México capitalista que ellos defendían. Su tarea principal: golpear al sector nuclear. Pues se sabe bien que México depende en su totalidad de la energía de combustibles fósiles y, en este caso, la energía nuclear era un obstáculo para las alternativas de suministro energético, ya que la dependencia del petróleo, así como el gas natural eran un negocio muy ambicioso que tanto empresas privadas como los gobiernos en turno presionaban a México para que sólo fueran este tipo de energéticos los que se utilizaran abierta y libremente como la únicas fuentes de energía.
Si aquella huelga del Sutin hubiera tenido éxito, México tendría hasta la fecha otro panorama. Pero nunca es tarde. Aquella manifestación de legítima lucha organizada nos deja, no una, sino varias lecciones de aprendizaje. Las tareas continúan: la lucha sigue, lograremos una transición energética limpia y barata que mejorará las condiciones de vida para la población mexicana.

El derecho a morir
Elena Poniatowska
La muerte es un tema sensible que nos toca a todos. La asociación civil Libertad para Morir está impulsando una iniciativa para la Ciudad de México que busca la legalización de la asistencia médica para morir: la eutanasia, con el fin de que una persona que ha llegado a la conclusión de que prefiere morir a seguir con el sufrimiento de una grave enfermedad pueda recibir ayuda para morir con dignidad.
La presidenta de la asociación, Asunción Álvarez, sicóloga e investigadora del Departamento de Siquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina de la UNAM, y la antropóloga Ana Luisa Liguori, miembro del consejo asesor de la misma, impulsan esta iniciativa que busca recolectar 20 mil firmas de ciudadanos (25 por ciento del padrón electoral) para que su propuesta se discuta de manera obligada en el Congreso de la Ciudad de México.
–Pueden firmar quienes tengan su INE de la Ciudad de México. Es sencillo, pero deben tener la aplicación móvil Apoyo Ciudadano de dicho instituto y seguir las instrucciones.
–¿Y cuántas firmas han logrado conseguir?
–Nos faltan muchas, tenemos poco tiempo juntándolas, calculo que son mil 500. Si una persona que está a favor de esta iniciativa invita a otra a firmar, podemos llegar a la meta de 20 mil firmas. También es importante difundir esta propuesta para que la gente esté informada y participe.
–¿Qué significa esta iniciativa?
–Que podamos tener libertad hasta el último momento de nuestra vida para decir: “ya no quiero vivir, pero quiero morir bien y con la gente que yo quiera que me acompañe y que el médico que me ayude no corra ningún riesgo”.
“La mayoría de la gente muere en un contexto de atención médica en el que primero se cura (si esto es posible), pero puede llegar un momento en que, a pesar de toda la ayuda, el enfermo diga: ‘yo no quiero seguir viviendo así’. Si se aprueba esta iniciativa, a lo mejor no llegamos a usarla, pero necesitamos que exista.”
En su libro La eutanasia, en coautoría con Arnoldo Kraus, publicado en 1998, Asunción Álvarez señala: “Hablar de eutanasia es intrincado: significa pasar de la vida a la muerte a solicitud del enfermo y con la participación directa del médico. Implica fundir deseos en decisiones nada comunes: permitir o producir la muerte como último recurso médico”.
–¿Los médicos pueden negarse a ayudarle a un paciente a morir?
–Respetamos la autonomía de las personas, la libertad hasta el final, también la de los médicos. Los médicos no están obligados a aplicar la eutanasia, pueden negarse, se respeta la objeción de conciencia. Todas las instituciones tendrían que asegurarse que habrá médicos que brinden esta ayuda cuando la soliciten los pacientes que cumplan los criterios legales establecidos en la iniciativa que impulsamos.
–¿Se puede lograr en México una ley que avale a la eutanasia?
–Hemos avanzado en lo que se puede elegir para tener un mejor final de vida. Podemos rechazar tratamientos porque sentimos que prolongan una vida que ya no queremos o porque no queremos sus efectos secundarios. Ése es un avance. Podemos y debemos recibir cuidados paliativos, una atención integral para tener la mejor calidad de vida posible en la enfermedad. Todavía no contamos con el desarrollo que se necesita para los cuidados paliativos y mucha gente no tiene acceso a éstos. Hay ciertos sufrimientos que los cuidados paliativos no pueden aliviar, tanto físicos como emocionales o existenciales.
–Pero, doctora, ¿el sufrimiento no es subjetivo?
–Claro, sólo el enfermo puede definirlo. Debemos considerar que puede haber condiciones de vida en las que la persona diga: “para mí ya es una vida indigna de vivir”. Buscamos que el paciente pueda expresar ese deseo y se respete, es decir, que ejerza su libertad. Estamos convencidos de que decidir cómo y cuándo morir también es parte de la vida.
–¿Y si uno se arrepiente en el último momento?
–La persona puede cambiar de opinión. Por ejemplo, ya decidimos que queremos una muerte médicamente asistida, tenemos todo listo y al último momento decidimos que siempre no, se respeta esa decisión. Lo contrario es el problema, cuando sí quieres morir, pero no te lo permiten.
–Pero, ¿cómo saben que la gente en general está a favor de una ley así?
–La asociación por el Derecho a Morir con Dignidad (DMD) hizo dos encuestas nacionales, una en 2016 y otra en 2022. Los resultados son estadísticamente válidos. Muestran que más de 70 por ciento de los encuestados en la Ciudad de México están de acuerdo con tener derecho a recibir ayuda para morir. Con base en esas encuestas, tenemos pruebas claras de que los mexicanos y las mexicanas sí quieren tener esa opción.
“Cuando ya tiene la autorización a fin de recibir la ayuda para morir, esa persona será quien establezca cuándo quiere morir. La experiencia en otros países muestra que hay hombres y mujeres que gracias a eso viven con una paz y una tranquilidad que les hace disfrutar lo que les queda de vida; unos incluso ya no llegan a utilizar la ayuda porque se sienten muy seguros de tener ese control. Cada individuo decide por sí mismo.
–¿En todo el país? ¿En todas las clases sociales?
–La iniciativa es para la Ciudad de México únicamente. La idea es tener suficientes votos para que entre al Congreso local y ya después avance en otros estados.
–¿Por qué empezar en la Ciudad de México?
–Porque es la ciudad más progresista del país. Pedro Morales, de Libertad para Morir, un extraordinario abogado con gran pericia técnica, ha fundamentado jurídicamente la iniciativa. Además, en 2017, cuando se constituyó la Ciudad de México, entre las garantías de los ciudadanos se encuentra el derecho a una vida digna que incluye o implica una muerte digna. Lo que nos falta es contar con una ley de asistencia médica que respalde este derecho. Creo que todos, si somos honestos, conocemos personas que han vivido la tragedia de vivir más allá de lo que les resulta aceptable. Creemos en la autonomía. Debe ser la persona la que decida “hasta aquí llegué” y no tener que recurrir a un suicidio que resulte violento o hasta sale mal. Estamos convencidas de que la eutanasia es un derecho humano. Es importante reducarnos en el tema de la muerte. Es nuestra responsabilidad redactar y declarar nuestra voluntad anticipada para que, en caso de que lleguemos a una situación en que no podamos ya participar, las personas que nos cuiden tengan muy claro lo que queremos. El tema de la muerte propia se tiene que fomentar, incluso entre los jóvenes. La encuesta proporcionó estadísticas válidas, se hizo por grupos de edad y curiosamente los jóvenes son quienes más apoyan la ayuda para morir a diferencia de las personas mayores de 60 años.
“Elena, nos falta hablar más de la muerte. Hablar de qué queremos y qué no queremos al final de nuestra vida es indispensable. La muerte digna no debe ser un tabú. Gustavo Ortiz, del Colegio de Bioética, publicó un artículo sobre nuestra responsabilidad ante la propia muerte y son alarmantes los datos: un porcentaje bajísimo de personas en México hace testamento y ni hablar de una voluntad anticipada. Los seres humanos tenemos derecho a una vida digna y, por lo tanto, a una muerte digna también.
“Tenemos hasta julio para que las personas a favor de la iniciativa nos apoyen con su firma. Para hacerlo, necesitan bajar a su celular la aplicación Apoyo Ciudadano del INE. En la página libertadparamorir.com.mx encontrarán las indicaciones para consultar la iniciativa. Esperamos que quienes estén convencidos de que es bueno que la eutanasia se discuta en el Congreso local, le dediquen unos minutos de su tiempo y la firmen.”