Periódico La Jornada Lunes 20 de julio de 2026, p. 22
Washington. El secretario de Estado estadunidense, Marco Rubio, se reunió ayer en Washington con el presidente libanés Joseph Aoun y elogió los esfuerzos de Beirut para recuperar la soberanía, desarmar a Hezbollah y avanzar hacia la paz con Israel en el Marco Trilateral respaldado por Estados Unidos.
“Ha destacado la valentía del gobierno de Líbano bajo la dirección del presidente Aoun por sus esfuerzos decididos para reivindicar la soberanía de Líbano, desarmar a Hezbollah y desmantelar su infraestructura terrorista y avanzar hacia la paz”, expuso el Departamento de Estado en un comunicado.
Ambos también discutieron la aplicación del marco tripartito suscrito entre Líbano, Israel y Estados Unidos para iniciar conversaciones formales con vistas a una paz y seguridad “duraderas” que legitima la presencia militar israelí en el sur de Líbano, precisó la cartera.
Además, el jefe de la diplomacia estadunidense “reafirmó” el “compromiso de Estados Unidos” para la “aplicación exitosa” de la resolución y su apoyo a las acciones del gobierno de Líbano para de igual manera lograr “la recuperación económica y un futuro mejor para el pueblo libanés”.
La presidencia libanesa manifestó en un mensaje en su sitio web que “Aoun también solicitó al secretario Rubio que reforzara el apoyo estadunidense al ejército y las instituciones de seguridad libanesas, y que tomara todas las medidas necesarias para consolidar el interés estadunidense en Líbano” en los ámbitos de inversión de diversos sectores, en particular energía, telecomunicaciones y transporte.
Tel Aviv y Beirut alcanzaron un entendimiento a finales de junio para dar paso a un acuerdo de paz, sin embargo, Israel continúa sus ofensivas contra Líbano. El ministerio de Salud libanés reportó que hasta el 7 de julio, los ataques israelíes cobraron la vida de unas 4 mil 320 personas y dejaron 12 mil 203 heridos desde que se reanudaron los enfrentamientos el 2 de marzo.
Trump y su guerra sin futuro
Tras 45 días de bombardeos aéreos emprendidos de manera injustificada por Estados Unidos e Israel en contra de Irán, respondidos por la república islámica con lanzamientos de misiles sobre localidades israelíes y sobre buena parte de las bases militares estadunidenses en la región del golfo Pérsico, el 7 de abril las partes alcanzaron un ambiguo acuerdo de alto el fuego que no alcanzó plena vigencia; sin embargo, Donald Trump, presionado por el agotamiento de sus medios antiaéreos, por el creciente repudio a la guerra en su propio país, por las nefastas consecuencias económicas de la conflagración y por consideraciones legales ineludibles, notificó al Congreso que las hostilidades “habían terminado”. Fue una mentira más: el 25 de junio volvió a atacar instalaciones iraníes, el 8 de julio dijo que el acuerdo de alto el fuego “ya no estaba vigente” y desde entonces la aviación y la Marina de Estados Unidos han mantenido una nueva campaña sistemática de bombardeos contra blancos iraníes. El régimen de Tel Aviv, por su parte, ha proseguido en Líbano un nuevo genocidio –adicional al que ha venido perpetrando en Gaza desde hace casi tres años–, pese a que el memorándum de Islamabad de abril estipulaba el fin de la invasión israelí en territorio libanés.
El pretexto de Washington para retomar las hostilidades ha sido que Teherán mantiene el control del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, una condición que estaba prevista en el acuerdo del cese del fuego y que la Casa Blanca ha interpretado de maneras contradictorias en lo que va de la guerra: primero exigió el libre tránsito en esa vía marítima –es decir, el retorno a la condición existente hasta que empezó su guerra contra Irán–, después pretendió bloquear a su vez el estrecho y luego Trump anunció que cobraría un peaje a las embarcaciones que lo transitaran. Atrás quedó el pretexto de impedir que la república islámica desarrollara armas nucleares, pese a que Irán siempre expresó que no tenía intenciones de hacerlo y que ha sido invocado desde hace décadas como una obsesión paranoica del primer ministro israelí.
Al margen de la propaganda de Benjamin Netanyahu, las motivaciones del régimen sionista para procurar la aniquilación de Irán son transparentes: convertir a Israel en un hegemón regional y eliminar los obstáculos para una expansión territorial sin precedente, de la que son ejemplos claros las apropiaciones ilegales de tierras en Cisjordania, la martirizada Gaza, Siria y el propio Líbano. Pero la razón bélica de Estados Unidos es mucho más confusa, enmarañada y, a fin de cuentas, autodestructiva. Si el trumpismo pretende apoderarse de los recursos petroleros de toda la región, ha quedado claro que carece de los instrumentos militares para lograrlo; si lo que busca es impulsar su industria militar, ésta no se encuentra a la altura de los requerimientos para cubrir todos los puntos estratégicos que Washington intenta mantener en Europa, Asia, Medio Oriente y el hemisferio occidental. Lo único claro es que Trump y su familia han engrosado su fortuna especulando con información privilegiada sobre las fluctuaciones del precio del petróleo que provocan los anuncios contradictorios de la Casa Blanca.
En suma, la nueva escalada bélica ordenada por el gobernante estadunidense seguramente causará muchas muertes y graves sufrimientos a las poblaciones de Irán y de sus vecinos, pero es muy probable que lejos de consolidar la presencia militar de Washington en la región, acabe por demolerla. La guerra de Trump no tiene futuro.
Precio del crudo sigue ruta de ascenso tras escalada bélica entre Teherán y Washington
Clara Zepeda
Periódico La Jornada Lunes 20 de julio de 2026, p. 22
Los precios del petróleo suben más de 2 por ciento en los primeros momentos de este lunes en los mercados asiáticos. Tras la escalada de los ataques en Estados Unidos e Irán durante el fin de semana, lo que añadió más presión a los mercados asiáticos –ya sacudidos por la caída de las acciones de las empresas de semiconductores–, los futuros del petróleo Brent saltaron 2.71 por ciento, hasta un máximo de más de cinco semanas en 90.49 dólares por barril; mientras los futuros del West Texas Intermediate subieron 2.31 por ciento, hasta 83.67 dólares por barril.
El intercambio de ataques de Estados Unidos e Irán durante el fin de semana avivó los temores de mayores interrupciones en el suministro de crudo en Medio Oriente.
Aunque los precios del crudo han aumentado nuevamente, éstos aún no llegan a los 100 dólares, que es lo que le preocupa al mercado, la escalada del conflicto entre Estados Unidos e Irán ha reducido drásticamente los flujos a través del estrecho de Ormuz y ha aumentado los temores de una crisis más profunda, particularmente después de que Irán advirtiera sobre el cierre del acceso al mar Rojo, en caso de que Estados Unidos ataque sitios de energía iraníes, lo que tendría un efecto dominó en las cadenas de suministro globales.
El dólar asoma ligeras ganancias a nivel mundial; mientras los futuros de los índices accionarios de EU abrieron al alza. Los índices Nikkei de Japón y el Kospi de Corea del Sur caen 4.03 y 0.76 por ciento, respectivamente.