sábado, 31 de enero de 2026

Justicia de EU libera último lote de más de 3 millones de archivos relacionados a Jeffrey Epstein.

El Departamento de Justicia de EU reveló que se reveló el último conjunto de archivos sobre Jeffrey Epstein contemplados por el gobierno del presidente Donald Trump. 
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Reuters
30 de enero de 2026 11:55
Washington. El Departamento de Justicia de Estados Unidos publicó este viernes un nuevo y último conjunto ‌de archivos relacionados con el difunto delincuente sexual Jeffrey Epstein, en virtud de una ley aprobada en noviembre que exigía al departamento publicar todos los registros relacionados con Epstein.
Todd Blanche, fiscal general adjunto, declaró en una conferencia de prensa que el lote de archivos marcaba el final de las publicaciones previstas por el Gobierno de Donald Trump conforme a la ley. El nuevo conjunto incluye más de 3 millones de páginas, 2 mil videos y 180 mil imágenes, señaló.
Los archivos incluyen "extensas" censuras, comentó, dadas las excepciones de la ley que permiten tachar ciertos documentos, incluida la información que identifica a las víctimas o los materiales ‌relacionados con investigaciones en ⁠curso. Los archivos publicados hasta ahora han sido objeto de una censura severa, en algunos casos total, lo que ha frustrado a los legisladores.
Blanche defendió la lentitud de las publicaciones, alegando que los voluminosos expedientes requerían que cientos de abogados trabajaran día y noche durante semanas para revisarlos y prepararlos para ‌su publicación. ​La ley había fijado como fecha límite el 19 de diciembre de 2025, pero los funcionarios dijeron que requerían más tiempo para su revisión.
En un comunicado de prensa en el que se anunciaba la publicación de documentos el viernes, el Departamento de Justicia escribió: "Algunos de los documentos contienen afirmaciones falsas y sensacionalistas contra el presidente Trump que se presentaron a la Oficina Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) justo antes de las elecciones de 2020. Para que quede claro, las afirmaciones son infundadas y falsas, y si tuvieran una pizca de credibilidad, sin duda ya se habrían utilizado como arma contra el presidente Trump".
Trump no ha sido acusado formalmente de ningún delito en relación con Epstein y ha negado tener conocimiento alguno de los delitos.

Congreso de EU votará si inicia proceso contra los Clinton por desacato en caso Epstein
El ex presidente de EU, Bill Clinton, junto a la ex secretaria de Estado, Hillary Clinton, durante un discurso de la ex vicepresidenta estadunidense, Kamala Harris, el 1° de agosto de 2024. 
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Afp
21 de enero de 2026 12:11
Washington. Un comité de la Cámara de Representantes de Estados Unidos prevé votar este miércoles si inicia un procedimiento por desacato al Congreso contra el ex presidente Bill Clinton y la ex secretaria de Estado Hillary Clinton por su negativa a declarar ante la investigación sobre el delincuente sexual Jeffrey Epstein.
El Comité de Supervisión de la Cámara baja tiene en consideración dos resoluciones que acusan al ex presidente y a la ex secretaria de desobedecer hace una semana citaciones para comparecer en persona ante los investigadores.
De aprobarse, las medidas pasarían al pleno de la Cámara de Representantes, también de mayoría republicana, que decidiría si cita formalmente por desacato a los Clinton y los remite al Departamento de Justicia para una posible persecución penal.
Los legisladores examinan cómo las autoridades gestionaron investigaciones anteriores sobre Epstein, cuya muerte en 2019 en prisión, mientras esperaba su juicio por cargos de tráfico sexual, fue considerada un suicidio.
Los Clinton afirman que la investigación es utilizada para atacar a los adversarios políticos del presidente Donald Trump, quien a su vez fue años atrás amigo de Epstein y no ha sido llamado a testificar.

Europa: suicidio energético
El lunes pasado, el Consejo de la Unión Europea (UE) aprobó la prohibición de compras de gas natural licuado (GNL) ruso al inicio de 2027 y de gas bombeado por gasoducto para otoño del mismo año. De acuerdo con el presidente en turno del Consejo, el ministro de Energía, Comercio e Industria de Chipre, Michael Damianos, con dicha medida “el mercado energético de la UE será más fuerte, más resiliente y más diversificado. Nos desvinculamos de una dependencia perjudicial del gas ruso y damos un paso importante, en un espíritu de solidaridad y cooperación, hacia una unión de la energía autónoma”.
Las palabras de Damianos constituyen un monumental autoengaño y un ejemplo de cómo los integrantes de la Unión Europea se sabotean a sí mismos en el afán de destruir a Rusia. Los datos son contundentes: la reducción paulatina de las adquisiciones de hidrocarburos rusos desde el inicio de la guerra de la OTAN contra Moscú en territorio ucranio no ha llevado ni a la diversificación ni a la autonomía. Por el contrario, los 27 dependen de importaciones para satisfacer 90 por ciento de su consumo de petróleo y gas; el 61 por ciento del GNL del exterior ya proviene de Estados Unidos, y se estima que en los próximos años esta cuota alcanzará 80 por ciento. Es decir, se sustituyó una dependencia por otra mucho más lejana y costosa. Aquí también los números son elocuentes: mientras el gas estadunidense se vende en Europa por entre 33 y 50 megavatios hora (MWh), la molécula rusa tiene un precio de entre 20 y 27 MWh. El costo más bajo del hidrocarburo norteamericano es mayor que el precio más alto del euroasiático.
El sinsentido de comprar energía cara se traduce en que la UE ya gasta más de 427 mil millones de euros anuales en importaciones energéticas, lo cual supone una fuga de 2.5 por ciento de su producto interno bruto y la pérdida de hasta 1.5 puntos de crecimiento económico al año, ilustrada por el éxodo de industrias que abandonan el territorio comunitario para instalarse en Estados Unidos o China, donde la energía es hasta 80 por ciento más barata. Para Alemania, hasta hace poco la envidia de gran parte del mundo, el precio del gas estadunidense se mide en dos años de recesión y uno con dos décimas de crecimiento. Además, los europeos se expusieron a sí mismos a las bruscas fluctuaciones que caracterizan al desregulado mercado estadunidense: debido a las condiciones climáticas y a la especulación habilitada por ellas, el precio de referencia del gas extraído allí se disparó 50 por ciento en sólo cinco días, y 140 por ciento en las últimas semanas. El valor de venta del GNL en Europa pasó de 29 a 40 euros por MWh, y los expertos del sector prevén que los costos se mantengan altos por semanas o meses.
En pleno trumpismo, la catástrofe financiera se convierte también en humillación política. En su discurso en el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, Donald Trump criticó a Alemania por abandonar las plantas nucleares y el carbón en el intento de realizar su transición hacia fuentes de energía con bajas emisiones de gases de efecto invernadero. El magnate aseguró que por culpa de esas decisiones Berlín paga 64 por ciento más en sus facturas energéticas y produce 22 por ciento menos electricidad que en 2017.
Como es habitual, el discurso trumpiano está plagado de afirmaciones que van desde lo inexacto hasta la plena invención de una realidad paralela, pero resulta paradójico que los dirigentes alemanes tengan que digerir esos ataques cuando sus tribulaciones en materia de energía provienen de haberse subido al delirio rusófobo del ex presidente Joe Biden y de continuar pagando el sobreprecio de los hidrocarburos estadunidenses.
De concretarse el veto total al gas ruso, la Unión Europea reforzará su situación de dependencia hacia un aliado que cada día lo es menos, acelerará su pérdida de competitividad y abonará a la crisis de deuda a la que ya se dirige por financiar su hipermilitarismo mediante déficit. Incluso si logra su cometido de obligar a Moscú a retirarse de Ucrania estrangulando su economía, se trataría de otra derrota autoinfligida, pues tendría como vecino a una nación empobrecida, resentida, incapaz de absorber las exportaciones europeas como hacía antaño y sumamente volátil en su política interior y exterior.

Otra mirada sobre la historia universal
Cambian los mecenas, cambian los formatos, pero el método sigue siendo el mismo: explicar América sin América, ahora con micrófono, patrocinio y mucha seguridad. 
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Pablo Martínez*
31 de enero de 2026 00:01
Hace unas semanas vi un video corto en una red social donde una persona afirmaba que nunca existió la colonia de América, ni hubo saqueo y que los pueblos originarios no eran más que simples “culturas de piedra”. El comentario lanzado con tal ligereza y sin mayor sustento argumentativo se suma a la ya preocupante cifra de comentarios y publicaciones que aparecen cada vez con más frecuencia en los espacios digitales. Este tipo de discursos no sólo banalizan procesos históricos complejos, sino que reproducen viejos esquemas de pensamiento que parecían superados. 
Ante ello, considero pertinente recuperar la conferencia que el filósofo Enrique Dussel impartió en Ecuador en 2013, titulada “El gran camino de las culturas hacia el Este” (https://www.youtube.com/ watch?v=6GLzHSlGf4o&t=1s), en la que propone una crítica profunda a la forma en que se ha narrado la historia mundial y, en particular, la historia de América. Dussel parte de una idea central, gran parte de lo que aprendimos como “historia universal” es, en realidad, una construcción eurocéntrica; no se trata únicamente de los contenidos, sino del propio esquema con el que se organiza el pasado. 
Las categorías de Edad Antigua, Edad Media y Edad Moderna no son universales ni neutrales, sino formas europeas de periodizar la historia que terminan ocultando o minimizando los procesos históricos de Asia, África y América. Desde esta perspectiva, Europa aparece como centro y medida de la humanidad, mientras el resto del mundo queda relegado a la periferia, al atraso o a una supuesta prehistoria cultural. Dussel cuestiona con especial fuerza la noción del “descubrimiento” de América. América no fue descubierta porque ya existía, con pueblos, civilizaciones, sistemas políticos, saberes y formas complejas de organización social, nombrar ese proceso como descubrimiento suaviza lo que en realidad fue una invasión y un reordenamiento violento de territorios, economías y culturas. 
Negar la colonia o reducirla a un simple intercambio cultural implica ignorar una transformación estructural que marcó profundamente la historia del continente. Desde esta misma lógica, afirmar que los pueblos originarios eran “culturas de piedra” reproduce una jerarquización del conocimiento heredada del eurocentrismo; en América existieron civilizaciones con una enorme diversidad de oficios, saberes técnicos, conocimientos astronómicos, sistemas agrícolas avanzados y formas de organización política complejas. 
Reducirlas a una imagen primitiva no es una descripción histórica, sino una forma de deslegitimar su humanidad y su capacidad creadora. Dussel amplía esta crítica mostrando que Europa tampoco fue, durante la mayor parte de la historia, el centro del desarrollo mundial. Durante siglos, regiones como China, India y el mundo islámico ocuparon un lugar central en la producción, el comercio y la innovación tecnológica. 
China, por ejemplo, desarrolló mucho antes que Europa tecnologías fundamentales como el papel, la imprenta, la pólvora y la brújula, además de sistemas agrícolas e industriales altamente sofisticados. Hasta bien entrado el siglo XVIII, su nivel de producción y desarrollo tecnológico superaba o igualaba al de cualquier región europea. Desde esta perspectiva, el desarrollo europeo aparece como un proceso tardío que se nutrió de conocimientos, técnicas y experiencias provenientes de otras civilizaciones, muchos de los avances que hicieron posible la Revolución Industrial no surgieron de manera aislada en Europa, sino que llegaron a ella a través de largos procesos de intercambio, apropiación y, en no pocos casos, saqueo. 
Reconocer este hecho no busca remplazar un centro por otro, sino desmontar la idea de que Europa fue el origen exclusivo del progreso humano. Resulta peligroso que hoy se reactive la negación de la colonia y de la violencia ejercida sobre los pueblos originarios, pues se trata de una forma contemporánea de reproducir esquemas de dominación simbólica. Como sugiere Dussel, el eurocentrismo no es únicamente una herencia del pasado, sino una forma de pensar que sigue operando en el presente, especialmente cuando se normalizan discursos que minimizan la violencia histórica y despojan de dignidad a culturas enteras. 
Pensar la historia desde otro horizonte implica reconocer que no existe una sola narrativa legítima; sin ser historiador esta reflexión me conduce a cuestionar relatos clásicos de la conquista, como los de Francisco López de Gómara, quien escribió sobre América sin haber pisado nunca el continente. Lo alarmante es que esa tradición parece gozar de excelente salud, hoy reaparece en versiones renovadas, defendidas con entusiasmo por historiadores de cabecera del poder empresarial, siempre dispuestos a negar la colonia, celebrar la hispanidad y absolver la conquista desde la comodidad de un estudio televisivo. Cambian los mecenas, cambian los formatos, pero el método sigue siendo el mismo: explicar América sin América, ahora con micrófono, patrocinio y mucha seguridad… aunque con la misma distancia histórica de hace 500 años. 
*Profesor